sábado, diciembre 31, 2005

Sadismo y masoquismo

Escena en el infierno. Sacher-Masoch se acerca al marqués de Sade y, masoquísticamente, le ruega:

-¡Pégame, pégame! ¡Pégame fuerte, que me gusta!

El marques de Sade levanta el puño, va a pegarle, pero se contiene a tiempo y, con la boca y la mirada crueles, sadísticamente le dice:

-No.

Enrique Anderson Imbert.

viernes, diciembre 30, 2005

Final del juego



Como espermas que estallan al llegar al útero. Como fuegos de artificio que explotan en la retina. Como días que terminan porque a algún Papa u obispo o lo que fuera se le ocurrió que así debíamos contar los años. Como las personas que nadan de noche. Como los tímidos que se esconden de día. Como un texto mal escrito: este. Como los días que empiezan porque un par de miles de borrachos festejan sin saber qué. Como esperma del que da muerte. Como las cicatrices curadas y las otras (que también duelen). Como las vidas de la muerte. Como las risas de las lágrimas. Como las lágrimas. Como el incendio de los corazones (y no de Cromagnon). Como la quimera de todo -y de todos-. Como la canción más dulce y las más agria y la más linda. Como un beso de los ricos. Como un abrazo de esos en los que uno se hunde y se pierde. Como derrumbar una estructura que parecía fuerte. Como un corazón bien duro. Como una pelea. Como una sonrisa. Mejor que una reconciliación. Como los ciegos y los sordos y los mudos (sí, como todos nosotros). Como esperma del que se espera vida. Así son los días que fueron y los que vienen. Gracias por dejarme compartir un cachito de sus vidas.

lunes, diciembre 26, 2005

Le Grand Êcart

Un joven jardinero persa dice a su principe:
- ¡Sálvame! Encontré a la muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza.
Esta noche, por milagro, me gustaría estar en Ispahan.
El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la muerte y le pregunta:
- Esta mañana, ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?
- No fue un gesto de amezaza - le responde - sino un gesto de sorpresa. Pues la veía lejos de Ispahan esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahan.

Jean Cocteau

A veces la comunicación falla...

Miren....

Hola a todos!!! Antes que nada felices fiestas!!!!!!!

Les dejo una dirección de internet (era imposible subir todas las fotos) para que vean el laburo de el brasileño Sebastião Salgado, quien fotografió 41 países durante seis años y medio, preocupado por los millones de refugiados, emigrantes y desposeídos. Es muy interesante su laburo, antes de dedicarse a la fotografía fue economista, ya verán que las fotos analizan los modos de producción, los movimientos migratorios de las ciudades, etc...Es muy interesante espero que les guste!!!!
http://www.terra.com.br/sebastiaosalgado/

Saludos
Juli

viernes, diciembre 23, 2005

AOP sale a la calle en navidad (y hace historia)

Alemania, 1935. La pancarta que lleva la mujer dice "soy la mayor de las cerdas y sólo voy con judíos", mientras que la del hombre dice "soy judío y sólo llevo chicas alemanas a mi habitación".
(de The Hulton Getty Picture Collection 1930, p. 112)
Ya que el tema de la religión ha vuelto a nuestro blog qué mejor que ilustrar estos días navideños y estos comentarios con una foto (bien fuerte) de hace un par de décadas. ¡Qué mejor que compartir con ustedes una partecita de uno de mis regalos! (los aros no se prestan, la musculosa creo que no le entrará a nadie, aún no se puede postear música, por eso va una foto de estos libritos que tanto me gustan, aunque me faltan bastantes para completar los 10). A todos: festejen como más les guste (si son católicos vayan a misa, si no, quemen una iglesia, gocen con sus regalos, tiren fuegos artificiales, disfruten con sus compañías, con lo que sea). Gracias por este pedacito de año.

lunes, diciembre 19, 2005

De regreso....

Hola a todos.......bueno si ya volví de mis vacaciones!!!! UFA!!!
Hoy es el primer día que me conecto desde mi llegada, creo que ya me había olvidado de la pc!!. Lo primero que hice fue entrar al blog. Sinceramente se extrañaba a horrores.
Tengo varias cosas que contar de mi semana en el país de Carlitos Tevez (si, Brasil ya dejó de ser el país del carnaval y Pelé, para convertirese en el país del jugador del Fuerte Apache).
Paso a detallar algunas anécdotas.
Para aquellos que no saben, estuve una semana en Brasil, pero ojo no en la típica ciudad que esta llena de turistas argentinos, sino que optamos (mi amiga Corina y yo) por un lugar donde podamos estar mas en contacto con la cultura del país vecino.
La ciudad balnearia se llama Caraguatatuba, es una localidad que se encuentra a 200km de San Pablo, en el litoral brasileño. Es un lugar bellísimo, pero nos sorpendió demasiado.
El primer problema que tuvimos fue el idioma, jajaja si eso que decimos llamar "portuñol" no existe!!!. Pero a medida que pasaban los días ya íbamos acostumbrando el oído y por supuesto nuestras manos y el cuerpo entero para hablar al mejor estilo Araceli Gonzalez en Nano.
Una noche estábamos tomando algo en un lugar que laman "Quiosque", que no es un Kiosco, sino una especia de barcito que están en las playas donde hay músicos en vivo y se baila, un lugar maravilloso, ya que la música no te aturde y podes dialogar. Esa noche mientras tomabámos una cervecita y charlabámos sobre las experiencias del día se acerca un paulista a invitarnos a bailar, a lo que repondimos que no por nuestro mal desempeño con la música carioca (no estabamos en condiciones de hacer papelones). El muchacho se llamaba André, quien ante nuestra negativa se sentó muy amablemente y charlamos por largo rato (bueno, por lo menos "tratábamos" de hacerlo).
Nos preguntó de donde éramos, que hacíamos allí, nos comentó que estaba con algunos amigos y que solo habían llegado a Caragua por el fin de semana. Nosotras le dijimos que éramos argentinas y que estabamos de vacaciones.
Luego de un rato largo de charla, se acercó uno de los amigos de André, cuando nos escucho hablar y se dió cuenta que éramos argentinas, empezó a gritar: AYYYYYY ARSHENTINAS OU MAI DEUS CARLITOS TEVEZ!!!!!!!!!!! EU AMO A CARLITOS TEVEZ......Y A LA CUMBIA...EU SOY CUMBIERO!!!!!!!!
Ante tanto frenesí nuestras carcajadas invadieron el lugar. Fue increíble durante una hora estuvo repitiendo lo mismo y pidiéndonos por favor que le enviemos cumbia por mail.
Nos soprendimos bastante por tal actitud, sabíamos que los brasileros son fanáticos del fútbol, pero si alguna vez imaginábamos algún comentario futbolístico era del estilo "Pelé o Maradona".
Lo más soprendente fue cuando al insistir con su fanatismo por Tevez, dijo: EU QUIERO CONOCER EL FUERTE APACHE!!!!!
Yo tengo ciertas reflexiones antes esas palabras.....pero ya que el blog parece estar "raro", pido las suyas!!!!
Con el correr delos días voy a contarles mas, aún sigo de vacaciones laborales, pero estos 15 días que me quedan las pasaré en B.A. y creo que frente a la compu...

Abrazo...

Juli

sábado, diciembre 17, 2005

Con letra chica

Con letra chica

1.
Rodolfo se lo había dicho. Se lo había dicho tocándose los bigotes blancos que le caen pesados sobre los labios. Y si Rodolfo se lo decía tocándose los pelos de la cara; era cosa seria. Pero Francisco escuchó a Rodolfo como a uno de esos viejos que desconfían de todo pero que cuando van al supermercado no dudan en probar las nuevas salchichas orgánicas que les ofrece una promotora semidesnuda. Así escuchó Francisco al viejo, como a uno de esos que se quedan casi duros frente al televisor cuando ven que el protagonista de la novela de las dos se mancha una camisa demasiado blanca con jugo de piña para promocionar un revolucionario jabón para la ropa. Como a un viejo que habla con otros viejos del jabón para la ropa mientras juega a las bochas, así lo escuchó. Rodolfo era viejo pero no pelotudo. Aunque ahora los dos parecían de esa naturaleza encerrados en un cuartito de dos por dos.

- Si me hubieras prestado atención... – dijo Rodolfo.
- Sí, sí, no estaríamos acá – contestó Francisco interrumpido por un chillido fuerte.

El acá del que hablaba Francisco era un sótano frío y oscuro, un cuarto de dos por dos de la casa de Rodolfo en el que cabían el viejo, el joven y cinco guacamayos encerrados en cuatro jaulitas.
El sótano no tenía ventanas. Era como si el sol muriera antes de chocar contra las paredes, al menos eso le gustaba pensar a Rodolfo, que a pesar de la situación le dio fuego al joven para que encendiera una vela.

- ¡Qué vamos a hacer con estos bichos! No, no, si yo ya te lo dije antes...
- “Ojo, Paquito, cuidate que esto no es un pueblo chico” – el que hablaba con ironía era Francisco, que parecía haber escuchado la frase por lo menos unas cien veces.
- Ves... ¿No te lo dije yo? ¿Por qué no me hiciste caso si ya lo sabías? Esto no es un pueblo chico...

Paco quiso contestar pero Rodolfo lo dejó sin aire.

-¿Qué vamos a hacer con estos loros? ¡Eh! Yo ya estoy viejo... ¿y si empiezan a hablar? ¿Qué le vamos a decir a tu madre? ¡Eh!

Francisco sintió un calor que le atravesó el cuello y un sudor frío que le recorrió la espalda. Sólo después de pudo hablar.

- Veamos el folleto... A lo mejor...
- ¡Qué folleto ni qué folleto! Estos animales deben ser contrabandeados. En mi época, querido, te hubieran dado un soplamoco.

Francisco lo miró como preguntando qué quería decir esa palabra y no hizo falta más.

-Trompada, querido. Te hubieran dado una buena patada en el culo.

La luz de la vela, que les iluminaba la cara, sirvió para alumbrar el folleto que Francisco, a pesar de la negación de Rodolfo, leyó en voz alta.

- “Los guacamayos son animales muy sociales y afectuosos que necesitan atención diaria de su dueño o de aquella persona con la que el animal haya establecido un vínculo. Aprenden a imitar palabras con gran rapidez. Son muy inteligentes y necesitan distracciones para no verse sumidos en un estado de sopor que acabaría con ellos”.
- ¡A quién se le ocurre, eh! Que estos bicharracos sufren depresiones. ¡Por favor! Ya no saben qué inventar.
- Tal vez podríamos llevarlos arriba y ponerlos en mi pieza o en el living. Acá dice que se alimentan con semillas y con frutos.
- ¿Vos estás loco o se te piantó una neurona? Si llego a ver a alguno de estos loros arriba les pego un tiro a cada uno. Psssttt... Habráse visto...

La frase sonaba a sentencia y el sudor de la espalda de Francisco se había convertido en un manantial de aguas termales a domicilio.
Rodolfo le arrebató la vela y subió los siete escalones que separan el sótano de la cocina. Francisco, totalmente a oscuras, agarró el guante que venía con el folleto (y con los cinco guacamayos) y escuchando los graznidos de los loros, subió a ciegas.

2.
Francisco Eitchart tiene ahora, y por lo menos hasta dentro de unos meses, 21 años. Es alto y algo desgarbado. Tiene el pelo castaño, corto, pero no tanto como para impedir que algunos mechones caigan sobre su frente cuando se inclina para tomar el café de la mañana. Es un chico simple que disfruta de la suavidad del vapor de agua que sale de esa tasa de café y del olor a la tierra recién mojada. Cuando habla suele tocarse una dureza que tiene en la mano izquierda. Una cicatriz de chico, de cuando fue al lago pensando en juntar toda la arena que había en el fondo y volvió sin arena y con un corte al que le cosieron siete puntos. Esa marquita que le quedó para siempre porque se lo cosió la enfermera, porque era domingo y no había ningún doctor en el hospital del pueblo, suele recordarle de dónde viene. Porque Francisco no es de Buenos Aires y Rodolfo se encarga de recordárselo por lo menos unas cuatro veces al día. Nació en Alto Río Senguer, un pueblito de Chubut a pocos kilómetros del límite con Chile. “Un paraíso de la pesca” – suele decir Francisco cuando le preguntan. De hecho, su padre había empezado como pescador y con el tiempo, cuando las cosas mejoraron, logró abrir un criadero de truchas – “con restorán incluido” – agrega siempre Margarita, la hermana menor de Francisco, la única hermana, la menor de la familia.
Mientras su mamá se dedicaba a hacer el dulce de frambuesas que vendía a los turistas que pasaban por ahí, Francisco estudió durante toda su infancia, y, cuando no estaba estudiando se iba a las lengas a ver a los huemules y a los ciervos y después, escribía. Graciela, su maestra (y la de su padre y la de su abuela) decía que debía ser por esos enormes ojos celestes que eran como dos lagunas, así decía Graciela, que podía captar la belleza de las cosas y escribir así de bien. Fue ella la que le dio coraje para mandar sus cuentos al diario local, y de a poco, esos textos fueron ocupando una columna todos los fines de semana. Francisco se había convertido en la estrella del pueblo, si hasta Ricardo, del taller mecánico “Ricardito” (el de Sarmiento y Berwin) descolgó uno de sus posters para pegar el recorte del texto en el que Francisco exaltaba las bondades de su oficio. Así la conquistó a Camila, que había sido su compañera de banco durante toda la primaria. No la conquistó hablándole de gomerías, claro está, pero todos esos poemas de palabras gastadas que Francisco le envió, tuvieron su premio. El dos de junio de 1998 a orillas del lago Fontana, Camila y Francisco se besaron. En realidad fue Camila que después de decir casi treinta palabras en un segundo (sin repetir y sin soplar) le estampó un beso. En la boca. Con lengua.
Entonces él pensó que ahora podía escribir sobre el amor y sus colores, que escribiría desde la experiencia del amante apasionado, que después de ese beso... Después de ese beso Camila le dijo que se iba a Chile, que a su viejo lo habían ascendido y que no podía irse sin besarlo, que era una forma de agradecerle esos poemas. Francisco escuchó hasta “Chile” y después se sumió en un dolor que nunca había sentido. Cuando llegó a su casa pensó que de ahora en más escribiría sobre el dolor, sobre el verdadero dolor de los que sufren penas amorosas. Durante el verano se encerró en su cuarto a leer a Borges y a escribir. Pocas veces salía al pueblo porque no quería que comentaran. El pueblo no sabía que comentar, desconocía lo del beso en la laguna y sus penas de amor pero igual lo acompañaba. Él solito sin que le preguntaran nada decía que tenía un dolor más grande que el que le había producido la cicatriz de su mano izquierda pero que esos tipos de pena sólo podían curarse escribiendo como lo habían hecho Neruda o Borges.
Con el tiempo, esas heridas de las que hablaba Francisco parecieron curar y el invierno lo encontró trabajando en la FM Municipal. Fue allí dónde se enteró de los talleres literarios de Buenos Aires y donde pensó que si conocía las callecitas que describe Borges, o el edificio con setenta balcones y ninguna flor... Pensó que así podía convertirse en un verdadero artista. Una tarde mientras afuera nevaba les dijo a sus padres que quería ser escritor (- de enserio – agregó su hermana) y que debía viajar a Capital para formar parte de algún taller.

3.
Rodolfo Orias Azcuénaga suele tocarse los bigotes cuando habla en serio. Se los había dejado crecer a los 20 y ahora tiene 75 años. Cuando la madre de Francisco lo llamó desde Senguer los bigotes de Rodolfo parecían haber pasado por debajo de una topadora. En su adultez nunca había vivido acompañado pero no pudo decir que no. Es un hombre robusto y bastante fuerte que disfruta de la aspereza de la toalla que se pasa por la cara después de afeitarse la barba todos los miércoles y del ruido del agua que cae de algún aparato de aire acondicionado y que moja a algún desprevenido.
Rodolfo se licenció en psicología pero de esa etapa sólo queda un diván verde que ocupa buena parte del escritorio y que da a una reproducción de un cuadro de Dalí. Decidió dejar de ser psicólogo en 1984, aturdido por la personalidad del que fue su último paciente. El tipo, su último paciente, del que nunca reveló el nombre, era un capo en el negocio de la pornografía que acudió a una consulta para solucionar sus problemas con las mujeres. X, como Rodolfo gusta llamarlo, tenía problemas a la hora de mantener relaciones sexuales con sus mujeres de turno. Al parecer, cuando estaba por llegar al orgasmo X les pedía a sus acompañantes que imitaran ruidos de animales. Unas accedían en busca de un buen papel (tal vez se tratara de algún casting), otras, escandalizadas salían corriendo. Con ese planteo fue X y Rodolfo intentó ayudarlo hasta que en la última sesión no sólo le pagó 350 pesos de los honorarios en películas porno sino que en algún estado de trance comenzó a repetir todas las palabras que decía su psicólogo.
Rodolfo abandonó la profesión y se dedicó a dar clases especiales en todo el país. Siempre supo combinar el trabajo con el placer. A diferencia de Francisco, Rodolfo disfruta de la compañía femenina, aun de aquella que le da dolores de cabeza. De hecho, fue por una mujer que lo conoció a Francisco.
Había ido a Chubut a dar una conferencia acerca de “La sublimación del super yo y la pose del hombre frente a la sed de justicia”, cuando uno de sus colegas le sugirió que visitara Senguer, - “Un paraíso de la pesca” – dijo. Rodolfo no sabía pescar pero decidió darse una vuelta. Al llegar al pueblo, en la panadería, Rosa le regaló unas miradas y tal vez excitados por lo nuevo y por el olor a masa fresca terminaron en su cama matrimonial. Rodolfo sabía que Rosa era casada pero no le importó, era un pueblo chico y tal vez no volvería nunca.
Como era domingo y debía estar de vuelta en Capital el martes, después de lo de la panadería decidió ir a preguntar si la pista de aterrizaje que había visto aún servía. Cuando estaba en eso la vio venir a Rosa, moviendo sus carnes, corriendo en medias tres cuartos y bata por la pista. Rodolfo pensó que se trataba de un clásico caso de angustia post traumática agravada por la culpa, pero esta vez se equivocó. Rosa le dijo agitada, casi gritando, que no podía ir sola a la iglesia. Que su marido estaba en el hospital de El Maitén con un anzuelo en el ojo y que necesitaba un hombre para su sobrino. Rodolfo aceptó sumido, él sí, en una severa crisis ansiosa post traumática.
Rosa y su marido son los tíos de Paco y Jorge, el marido, el tío, debería haber sido su padrino de confirmación, pero con un anzuelo en el ojo la cosa se había complicado. Así, a último momento, Rodolfo se presentó ante Francisco y sus padres y durante la ceremonia tarareó canciones dedicadas a un dios al que no respeta. Hacia el final, con las valijas y todo, se despidió de la familia y para ser cortés les dejó sus datos.

4.
Después del llamado de la madre de Francisco, Rodolfo tuvo una semana para acondicionar una de las piezas de su casa. Él mismo fue a buscarlo a Retiro y en el taxi le dijo por primera vez:

- Mirá Francisco, esto no es Senguer, esto no es un pueblo chico, tenés que tener mucho cuidado, querido.

Francisco permaneció en silencio hasta la mañana siguiente, cuando sintió el vapor del café sobre su cara, cuando algún mechón rebelde cayó sobre su frente.

- Parece que tenés sed... – dijo Rodolfo.
- Sí, bueno... encontré el café, y... A la mañana siempre tomo café, me despierta. ¿Me pasarías el diario?
- Yo prefiero el té de hierbas, esos que te relajan, pero hay que tener cuidado, acá te venden manzanilla por tilo... ¿El diario querés?
- Sí, la sección cultura... o lo que haya.
- Esperá que termino de leer este artículo y te lo paso.
- Bueno – dijo Francisco que, después de tomar las últimas gotas de café, llevó el suplemento cultural a su pieza que quedó ahí sin ser leído durante una semana.

Además de las clases, Rodolfo suele jugar al póquer con amigos y llevar al cine a alguna señora mayor. Francisco casi siempre se queda solo, cuando no invita a Elvira, una chica de 19 años que vive en la casa de al lado. A juzgar por distancia con la que se tratan, los nenes (como los llama el viejo), sólo conversan o juegan a las cartas. A veces, Elvira le enseña computación a Francisco para que pueda comunicarse con su familia (que no tiene computadora).
Una noche de aburrimiento Elvira comenzó a revisar los cajones y a tirar calzoncillos y camisas por el aire hasta que encontró el suplemento cultural y leyó con voz seria:

- PRIMER CONCURSO DE CUENTOS “ZOOGRANJA”
1. Podrán presentarse al Premio "ZOOGRANJA" todas aquellas narraciones escritas en castellano que refieran la verdadera naturaleza del amor.
2. Las obras deberán ser inéditas y no estar premiadas en otros concursos.
3. La extensión de cada relato no superará las 35 palabras.
4. Las obras se remitirán por triplicado en papel
6. Los miembros de "Zoogranja: el pollo peruano para tu mesa" no podrán presentar obras al certamen.
7. Se establece un único premio de 5 guacamayos peruanos y un diploma acreditativo.

A Francisco se le abrieron los ojos cuando dijo que esa era su oportunidad de demostrarle a todos que es un buen escritor, de esos que viven la ciudad. Francisco echó a Elvira de la casa y se dedicó a escribir. Así estuvo durante una semana hasta que una mañana a la hora su café y del té de Rodolfo decidió hablar con el viejo cuando vio el anuncio del concurso peruano en la revista Gatopardo.

- Acá voy yo – dijo sin levantar los ojos que apuntaba a la mesa.
- ¿Te vas a Perú? ¿Ya lo sabe tu madre?
- No, no me voy a Perú, escribí un cuento para este concurso.

Después de decir esto, Francisco le habló de su don y de lo que decía Graciela acerca de sus enormes ojos celestes como lagunas.

- Eso explica lo de Borges... – susurró Rodolfo
- ¿Qué decís?
- Nada, nada, pensaba que si vos escribís tan bien por tus ojos y si Borges era ciego entonces... Nada, no importa. Así que te vas a presentar a un concurso...
- Sí, el premio es en guacamayos peruanos, mucha plata parece. Si gano puedo pagarme un taller con algún escritor famoso y ayudarte un poco con la casa.
- No te preocupes por eso, querido. Y ¿ya tenés el texto listo?
- Sí, ayer terminé de revisarlo, está sobre la mesa del living. Si querés podés leerlo, a la tarde voy al correo.
- ¿Consultaste bien las bases? Guacamayos... Guacamayos... ¿Estás seguro de que eso es dinero? Mirá que estamos hablando de un país y no de un pueblito. Te pueden meter el perro... – dijo Rodolfo con las manos en los bigotes
- Ya averigüé, no te preocupes. A Elvira no le anda Internet pero el otro día en la calle leí las bases en una afiche.

Lo que decía Francisco era cierto, se había parado en plena esquina de Corrientes y Callao, estorbando el paso de la gente pensando que si leía la letra chica en un cartel tan grande, la letra no sería tan chica y no podrían estafarlo.
Rodolfo se fue sin decir nada y agarró la hoja que decía:

“El ciervo se mete en el agua y toma. En la orilla dos manos se aprietan fuerte. Allí el amor es puro. La sed calma y las manos acompañan la noche ¿Existe algo más lindo?”

5.
Esa misma tarde Francisco fue al correo y mandó el sobre. El único que llegó, por cierto, porque en Perú todos saben que Zoogranja utiliza la venta de pollos para el consumo familiar como fachada. Que en realidad venden guacamayos cotizados a unos 2500 euros. Todos saben que la policía estaba tras sus pasos y que debían deshacerse de la mercancía.
Todos saben que el guacamayo no es ninguna moneda.
Tan acorralados, los de Zoogranja decidieron dar por ganador al argentino Francisco Eitchart y notificarle que en breve recibiría el premio en su casa.
Así de fácil fue librarse de los bicharracos y aún más fácil escucharlo al viejo en la oscuridad del sótano decir que él se lo había advertido.
A pesar de las amenazas de Rodolfo, Francisco se ocupa de cuidar a los loros. Los alimenta en el sótano, les enseña palabras y cuando el viejo se va, Francisco distribuye las jaulas por toda la casa. Al azul y amarillo lo pone en su pieza, a los rojos de alas verdes los lleva a la cocina y a los verdes los cuelga en el escritorio al lado del falso Dalí.


Desde que ganó el premio Francisco sale más, decidió organizar un taller en Plaza Francia y hasta se animó a ir a la Universidad a preguntar por la carrera de Letras. A Elvira la ve por la ventana de su cuarto, está mucho más linda pero ya no se frecuentan.
Hoy por la madrugada cuando llevó las jaulas al sótano antes de que Rodolfo las descubriera, los guacamayos verdes empezaron a decir algunas palabras.

- ¡Ahí! ¡No pares!
- ¡Ay! ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!
- ¡Me gusta! ¡Dale! ¡Ahí, nena!

Rodolfo se despertó tarde, cuando Francisco se estaba yendo. Dormido, el viejo le recordó una vez más que tuviera cuidado, que Buenos Aires no es como Senguer, que no es un pueblo chico.
Francisco, el de los ojos celestes, el del beso en el lago, el del concurso, se animó a contestarle por primera vez.

- Vos también cuidate y cuidala a Elvira, mirá que esta casa no es muy grande.

domingo, diciembre 11, 2005

AOP sale a la calle III

- Queríamos tanto a Mirtha -
enero de 2005 - Tilcara - Jujuy
(a propósito de las mujeres paquetas y pacatas, AOP sale a la calle, hoy, desde la cama)

sábado, diciembre 10, 2005

Bailando a través de las colinas

Hace unos días volvió a mirar por enésima vez la pila de libros todavía no leídos. Tenía un mate en la mano y un cigarrillo apagado en los labios.

Pensó en la palabra “pila”.

Pensó en la palabra “pila” porque se escuchó a sí mismo mascullársela en ese estado de comunicación intrapersonal que suele cabalgar entre la autoconsulta y la autoconfirmación.

Pensó que en realidad “pila” no era la mejor palabra. “¿Bulto?”, “¿montón?”, “¿baobab?”.

Se decidió por “baobab”.

Esquivó por enésima vez el baobab de libros todavía no leídos. “En enero y febrero los liquido”, vomitó con soberbia. “En enero los liquido”, se corrigió con la humildad del achique. “En fin…”, y sonrió ante la contradicción.

En estos días esquivó por enésima vez el baobab de libros todavía no leídos y decidió dedicarse a releer Los miserables. Creyó que quizás la podría utilizar, de alguna manera que aún ignora, en sus clases del año que viene.

La señora del colectivo de media distancia que llega a los countries estaba emperifollada, anaranjada, arrugada más por la cama solar que por sus sesenta y pico de años. Subió con un par de bolsas cargadas de cosas que parecían caras, un diario enorme y un celular por el que hablaba y hablaba con alguien que parecía conformarse sólo con escuchar y escuchar. Ella se sentó al lado del pibe que estaba leyendo Los miserables. Ella lanzó alguna queja en voz alta sobre la falta (o el exceso) del aire acondicionado del colectivo.

Ella apagó el celular, acomodó sus bolsas, desplegó en toda su magnificencia su ejemplar de La Nación y bajó el respaldo del asiento hasta el punto en el que el pasajero de atrás esbozó un casi inaudible (pero contundente) “puta que lo parió”.

Pasaron un par de minutos. Ella reparó por fin en el muchacho que leía a su lado. Seguramente vio la tapa del libro. Por alguna razón sospechable, ella no pudo evitar comentarle: “Yo vi el musical cuando lo estrenaron en United States… ¿vos lo viste?”.

Él levantó la vista al frente y luego giró hacia ella. Se tomó un par de segundos para responder. Quiso ser simple y despojado. La miró con cortesía. Sonrió y dijo “No”. Bajó la vista otra vez. Fin.

Pero ella decidió continuar.

“Aaahhhh… No sabés lo que te perdiste”. Entrecerró los ojos, miró hacia el techo. Tuvo un orgasmo.

Él estaba cansado. Probablemente enojado. Escuchó sin querer escuchar. No quería escuchar. Y menos quería escuchar eso. Y también sucumbió a la tentación.

Él decidió contraatacar.

“¿Usted leyó la novela?”.

“Sí, claro…”.

Y ella marcó un número en el celular con una agilidad de taquígrafo. Se le cayó el diario encima de las bolsas pero no lo recogió. El ejemplar se fragmentó en varias secciones y el suplemento que hablaba de lo top que son las mesas de roble patinadas en turquesa fue a dar contra las zapatillas del muchacho. “Curioso”, pensó él. Cerró el libro y tomó el suplemento rebelde. Por menos de un segundo estuvieron a la par las palabras “Miserables” y “Mesas de roble patinadas son un top”. Él entregó el suplemento a la señora con una sonrisa seguramente cruel. Mientras tanto, algún ser contestó el llamado urgente, ella suspiró y empezó a hablar otra vez con alguien que sólo parecía escuchar. Cortó justo antes del momento en que debía bajarse del colectivo.

Él se bajó un buen rato después y se dedicó a otra cosa. Sabía que había ganado, pero se sentía pésimo. Creyó que la historia de Jean Valjean (historia que era la segunda vez que lo hacía llorar) no le había servido para nada. Y eso lo hizo llorar por tercera vez.

“Y estoy desnudo, si quieren verme, bailando a través de las colinas”.

Natalio Stecconi

jueves, diciembre 08, 2005

Imagine

Imagina que no hay cielo
es fácil si lo intentas
ningún infierno bajo nosotros
sobre nosotros solo cielo
imagina a toda la gente viviendo para hoy...

Imagina que no hay países
no es difícil de hacer
nada por que matar o morir
ni tampoco religión
imagina a toda la gente
viviendo la vida en paz...

Puedes decir que soy un soñador
pero no soy el único
espero que algún día te nos unas
y el mundo será uno.

Imagina nada de posesiones
me pregunto si puedes
ninguna necesidad de avaricia o ansias
una hermandad del hombre
imagina a toda la gente
compartiendo todo el mundo...

Puedes decir que soy un soñador
pero no soy el único
espero que algún día te nos unas
y el mundo vivirá como uno.

John Lennon (1940-1980)
Un tipo imprescindible entre tantos...

martes, diciembre 06, 2005

A la sombra de una gran palabra

Este pequeño texto pertenece a la pequeña introducción de la obra de un ensayista francés contemporáneo.
Veremos si cumple con su papel (o mejor dicho, con el que le impuse yo en esta ocasión)
“ En una secuela de la película de Jean-Luc Godard Vivre sa vis, Brice Parain, que interpreta en papel de filósofo, opone la vida cotidiana a la vida guiada por el pensamiento, que denomina asimismo vida superior.
Fundadora de Occidente, esta jerarquía siempre ha sido frágil y contestada. Pero hace poco que tanto sus adversarios como sus partidarios reivindican la cultura. En efecto, el término cultura tiene actualmente dos significados. El primero afirma la preeminencia de la vida guiada por el pensamiento; el segundo la rechaza: desde los gestos elementales a las grandes creaciones del espíritu, ¿acaso no es todo cultura? ¿Por qué privilegiar entonces éstas en detrimento de aquéllos, y la vida guiada por el pensamiento más que el arte de la calceta, la masticación de betel, o la costumbre ancestral de mojar una tostada generosamente untada con mantequilla en el café con leche de la mañana?
Malestar en la cultura. Está claro que nadie, actualmente, desenfunda se revólver cuando oye esa palabra. Pero cada vez son más numerosos los que desenfundan su cultura cuando oyen la palabra “pensamiento”...”

domingo, diciembre 04, 2005

ALGO HABRÁ HECHO... por la historia claro

"LO MALO DE VENDER Y ESCRIBIR MUCHOS LIBROS ES QUE SIEMPRE TERMINAN DESCUBRIENDO TUS PLAGIOS"

Primer fue Bucay, y todos arremetimos contra aquel regordete psicólogo/pseudofilósofo por haber plagiado parte de un libro a una escritora española. Lo tratamos de inmoral, mentiroso y hasta de delincuente. Admito que gran parte de los adejetivos que le cayeron al psicoanalista de Tinelli le quedaron cortos. Pero créanme que tengo mis serias dudas acerca de cuanto tiempo nos va a quedar esta "imagen mental sobre Bucay". La duración de las baterías que conectan al sistema nervioso de los argentinos, allí donde hace chispa y se almacena "la memoria", suele ser muy escaza. Mas yo diría, se sulfata con el paso del tiempo.
Ahora, nuevamente ocurre lo mismo. Idéntico "modus operandi", pero cambia el actor de la novela "plagiemos a los argentinos". Ahora se llama Felipe Pigna, renombrado y popular historador que por estos días lo veo más que a mi madre (y no es joda, ella está en Córdoba, y yo a Felipao, lo escucho en Mitre, en Canal 13, paso por las librerías y está riendo a mandíbula batiente desde los primeros puestos del ranking de libros de no ficción, los carteles publicitarios me avisan que este lunes no me lo tengo que perder en el impecable duo actoral junto a marito Pergollini,etc) Está absolutamnete en todos lados, vino a ser como el reemplazo del fenómeno omnipresente que encarnó "la noche del 10" hace unos meses atrás.
Pero en estos días su nombre no retumbó para bien. Una periodsita denunció al meniconado historiador de haberla plagiado en algunos pasajes de un capitulo de su libro "Mitos de la historia argentina", que dicho sea de paso ya va por la 13° edición.
Otra "viveza criolla", será chiquita, "insignificante" como dice Pigna, se le habrá pasado al de edición, o habrán fallado los correctores; como quiera que sea, la honestidad intelectual está en juego, y me parece que ésta le ganó por goleada. Y por supuesto, los mayores derrotados fuimos los que compramos sus libros.
Es muy paradójico escuchar como en su nuevo documental sobre la historia argentina (que lo ví, y me parece muy valeroso, y lo aplaudo por eso) critica las malas acciones de nuestros próceres, juzga a Sobremonte por huir con el tesoro de la corona que nos pertenecía, machaca contra Carlos María de Alvear y su sobrino Posadas, exhalta la corrupción de Rivadavia y los suyos,etc, pero yo me pregunto... ¿Y por casa cómo andamos? Es Sólo una pregunta...
A lo mejor se pueda responder con esta frase que la "tomé de prestado" de J.C. Baglietto(Ojo que lo cite,eh):

"SI LA HISTORIA LA ESCRIBEN LOS QUE GANAN, ESO QUIERE DECIR QUE HAY OTRA HISTORIA: LA VERDADERA HISTORIA, QUIEN QUIERA OÍR QUE OIGA"

-FERNANDO-

AOP sale a la calle II


SUPER HIGOS CON VIAGRA
SAN SALVADOR DE JUJUY - enero de 2005 - esquina del centro
Después de dos domingos AOP volvió a salir a la calle, otra vez en Jujuy. Es que a veces hace falta un poco de aire de otros lados, vientos más licenciosos...
(aclaro que después de leer el comentario de Pablo me vi obligada a completar esta serie de dos fotos, La de arriba es la primera, la de abajo, la segunda, claro, con pocos segundos de diferencia. Creo que servirá para aclarar mejor algunas cosas. Da otra sensación. Ya escribiré al respecto. Perdón si he sido impiadosa)

jueves, diciembre 01, 2005

La chispa adecuada

Sólo al pasar, pero fundamental.

Hoy no escribo para mí ni desde mí.

Polo estará contento allí donde esté (en el afiche, debajo del tren, en "el otro lado", en la página en blanco más repleta de la Historia).

Hemos oído demasiadas historias. Demasiadas anécdotas. Demasiadas veces la misma canción. Demasiadas tragicomedias de circunstancia. Demasiadas congratulaciones vacías. Demasiados chapoteos de pozo ciego.

Por eso, bienvenido el soplo de aire fresco. Resignifiquemos (revaloremos) las palabras necesarias:

FELICITACIONES
LICENCIADA FLORENCIA CODAGNONE

Desde aquí, sólo al pasar, pecando de estoico, pero fundamental.

Por esta vez dejemos de comer sopa de almejas y seamos más que nuestra reputación.

Aquí,

Natalio.

miércoles, noviembre 30, 2005

Globalización






Ya que hablamos de globalización en aop, se me ocurrió subir este chiste de Nik. A mi pareció original. ¿Uds. qué piensan?

Ale

martes, noviembre 29, 2005

“Hay algo peor que la angustia de la página en blanco. Algo peor que no tener ninguna historia que contar: es haber oído demasiadas, y no poder olvidarlas.”

domingo, noviembre 27, 2005

Apostilla a un día de furia

Un hombre pasa con un pan al hombro...

Un hombre pasa con un pan al hombro
¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?

Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo
¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?

Otro ha entrado en mi pecho con un palo en la mano
¿Hablar luego de Sócrates al médico?

Un cojo pasa dando el brazo a un niño
¿Voy, después, a leer a André Bretón?

Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre
¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo?

Otro busca en el fango huesos, cáscaras
¿Cómo escribir, después del infinito?

Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza
¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?

Un comerciante roba un gramo en el peso a un cliente
¿Hablar, después, de cuarta dimensión?

Un banquero falsea su balance
¿Con qué cara llorar en el teatro?

Un paria duerme con el pie a la espalda
¿Hablar, después, a nadie de Picasso?

Alguien va en un entierro sollozando
¿Cómo luego ingresar a la Academia?

Alguien limpia un fusil en su cocina
¿Con qué valor hablar del más allá?

Alguien pasa contando con sus dedos
¿Cómo hablar del no-yo sin dar un grito?



[El señor César Vallejo incluyó este poema en Poemas Humanos de 1939. Creo que no hace falta hablar de su vigencia.]

Ya que estamos con las fotitos...





...dejo estas fotos tomadas por este boludo argentino en diciembre (2001), enero y febrero (2002)

slds
Marcelo

viernes, noviembre 25, 2005

Apostilla a El país de los boludos


Los perros no leen boludo (sin coma)
Marcelo T. de Alvear y Azcuénaga - verano de 2003 -

jueves, noviembre 24, 2005

El país de los boludos

Cuando estoy en la sala de ensayo, grabando alguna banda o monitoreando que no hagan bolsa los amplis, siempre escucho el mismo remate. Cuando escucho una conversación en mis viajes en tren o en bondi, siempre todas las frases terminan - mayoritariamente - con la misma palabra.
Encontré este texto y quería compartirlo con ustedes.

¿Es realmente así?
Elija y gane.

Por José Pablo Feinmann

Bastará con verificar que –en el lenguaje de los jóvenes, sobre todo– la palabra boludo ha reemplazado al modismo, típico de la argentinidad, che. Hoy, los jóvenes no dicen: “Cortala, che”. No dicen: “Ni ahí, che”. No dicen: “No me cabe, che”. Los jóvenes dicen: “Cortala, boludo”. Dicen: “Ni ahí, boludo”. Dicen: “No me cabe, boludo”. Pareciera, la palabra “boludo”, un reconocimiento (tal vez no consciente) del estado de las cosas, no un agravio. Pero no nos adelantemos. En principio bastará con verificar este decisivo desplazamiento lingüístico: del tradicional “che” se ha pasado al “boludo”, extrayéndole toda connotación agresiva para, limándolo, mantenerlo en el nivel referencial. Así, cálidamente, se dice: “Escucháme, boludo”. O “no vayás, boludo”. O “el bondi te deja mejor que el subte, boludo”.

Nadie ignora todo lo que un buen chiste expresa de una situación social o política. Los chistes que ha generado el menemismo son interminables y todos dicen algo de la situación básica que los ha producido: el menemismo, por supuesto. Pero yo elegiría uno entre los más destellantes y representativos. Uno en que la palabra “boludo” es decisiva y denota una situación histórica. Un tipo le dice a otro: “¿Sabés cómo le dicen a Menem?” El otro tipo dice: “No”. El primero dice: “El rey de los boludos”. El otro pregunta: “¿Por qué?”. El primero explica: “Porque él es el rey y nosotros los boludos”. La gracia del chiste (si me lo preguntan, creo que se trata de un chiste muy gracioso y bien armado) radica en atribuirle, primero, a Menem, una expresión tradicionalmente despectiva: sería, en efecto, “el rey de los boludos”, es decir, el más boludo de todos, el más tonto, el más idiota. Sin embargo, luego, sorpresivamente (un chiste siempre, o casi siempre, esconde un remate sorpresivo), la expresión “el rey de los boludos” deja de ser despectiva y es valorativa, porque “el rey de los boludos” es un rey, es un monarca, alguien que gobierna y, como todo monarca, tiene súbditos. Estos súbditos tienen un nombre, que primero creíamos se atribuía al rey, pero no, no se atribuye al rey sino a los súbditos: porque “los boludos” son los súbditos, los súbditos del rey. De este modo “el rey de los boludos” es el monarca que ejerce poder sobre una especial categoría de súbditos llamados “los boludos”. Que somos, más exactamente, nosotros. El chiste, que en el inicio parecía agredir o señalar peyorativamente a Menem, nos señala, en su remate, a nosotros: los boludos somos nosotros y él es el rey, el monarca, el que nos transforma en boludos gobernándonos. Porque si por algo somos boludos es porque Menem es nuestro rey. Y lo hemos elegido.

Cuando alguien escucha este chiste se ríe, jamás se indigna. Nadie dice: “Yo no soy un boludo ni Menem es mi rey”. No, los buenos y sufridos (y boludos) argentinos nos reímos y decimos “qué buen chiste, boludo”. Y nos asumimos como boludos y ya está claro por qué hemos dejado de decir “che” para señalarnos y ahora decimos “boludo”. Porque es así: antes nos señalábamos diciéndonos “che”. Por ejemplo: un amigo, luego de despedirse, se va del bar y de pronto descubrimos que hemos olvidado decirle algo. Lo llamamos. Le gritamos “¡Che!”. No más. Ahora le gritamos: “¡Boludo!”.

Todo esto no lo digo porque sí. Se me ocurrió, como muchas otras cosas, tomando un café en el bar de la esquina de mi casa. Estoy con un amigo y mi amigo lee el diario. Lee los sucesos de Ramallo. Que la bonaerense acribilló a los secuestradores y a los rehenes. Eso lee. De pronto, me dice que el comisario a cargo declaró que le habían tirado a las gomas. A las gomas del coche en que se escapaban los asaltantes con los rehenes. Tiraron, parece, entre ochenta y ciento setenta balas. Ni una le pegó alas gomas. Mi amigo me mira y pregunta: “¿Nos toman por boludos?”. Le digo que sí, que por supuesto, que nos toman por boludos. Que hace tiempo nos toman por boludos. Tanto, que los argentinos ya no somos los “che”, somos “los boludos”.

Cuando Alsogaray decía “hay que pasar el invierno”, nos tomaba por boludos. Y después Onganía, y Lanusse, y el viejo Perón muchas veces, nos tomaron por boludos. Y cuando Videla decía “los desaparecidos están en el exterior” nos tomaba por boludos. Y cuando hablaron de la “campaña antiargentina” nos tomaron por boludos. Y cuando hicieron el Mundial y cuando le ganamos a Perú seis a cero nos tomaron por boludos. Y Alfonsín nos tomó por boludos cuando les dijo “héroes de Malvinas” a los carapintadas, y nos tomó por boludos cuando dijo “la casa está en orden”. Y Menem se hartó de tomarnos por boludos. Nos tomó por boludos durante más de diez años. Menem y los Yoma y María Julia Alsogaray y los que mataron a Cabezas y los que suicidaron a Yabrán. Todos nos tomaron por boludos. Y ahora los de LAPA y los acribilladores de Ramallo y los que ultrajaron tumbas judías en La Tablada y, antes, los que volaron la Embajada de Israel, los que volaron la AMIA esos –muy especialmente esos– nos tomaron por boludos. Y quienes los cobijan, quienes deberían descubrirlos y encarcelarlos y no lo hacen, esos, día a día, cada día que pasa un poco más, nos toman por boludos. Porque eso es lo que somos, porque al fin sabemos lo que somos: somos el país de los boludos. Hoy, al comandante Guevara no le dirían Ernesto Che. Le dirían Ernesto Boludo. Y no por culpa de él, sino nuestra.

Mi amigo, ahí, en el bar de la esquina, tristemente dobla el diario y lo deja sobre la mesa. Llama al mozo. Pide un café. Veo en sus ojos el destello de la bronca. De la indignación. Tal vez de la rebeldía. Me mira. Y dice: “No se puede seguir así”. El mozo le trae el café. Bebe un lento sorbito, con cuidado, como para no quemarse. Me mira otra vez y dice: “Hay que hacer algo, boludo”.Es un comienzo.

Santiago

martes, noviembre 22, 2005

Pensando en Lippman


Espero que les sea grato la gráfica. La musa fue el archivo de agradecimiento.

Charly. (Carlos, para los que no saben inglés)

PD: Sepan disculpar por el mal tratamiento de la imagen (fuente y diagramación), pero tenía ganas de hacerla rápida.

Papá, ¿qué corno es el peronismo?

Este texto está extraído de http://mujergorda.bitacoras.com/1/esp/index.htm, es un weblog muy premiado. Además, es muy divertido y quiero compartirlo con ustedes. Recomiendo “aguasfuertes porteñas” de Arlt para profundizar en la nostalgia inmigro/argenta.
Espero ansioso sus opiniones.

Cuando era chica mamá me enseñó una propaganda de la radio que decía "Jabón Federal... evita la refregada". Una mañana que la estábamos tarareando en el recreo, vino una maestra y me dio vuelta la cara de un cachetazo: "¿Qué es eso de Evita la refregada?" —me dijo— "En la escuela no se habla de política, González".
Aquel fue el primer golpe que recibí por ser activista política, incluso antes de tener la regla y de saber nada de la democracia. Después la vida se llenó de peronismo y me dieron muchísimos más cachetazos: algunos de izquierda, otros de derecha, pero todos sonaban igual: ¡zácate!, y terminabas culo para arriba... Pero hay algo peor que vivir en un país peronista, y es casarse con alguien que se piensa que Perón y Evita son superhéroes interminables. Porque yo creo, y no es broma, que mi marido se piensa que Perón volaba.
El Zacarías fue una de esas criaturas que un día, durante el hambre de los años cuarenta, recibió uno de los regalos que hacía el General Perón a los chicos pobres. ¡Para qué, madre mía! ¡Qué gran error nacional que fue regalar esos juguetes! Desde ese momento el Zacarías es más peronista que gente, y no le importa un carajo lo que signifique.
Mi marido no votó nunca con la cabeza. Cuando está en el cuarto oscuro mira que la papeleta tenga el escudito y elige eso. ¡Pa'dentro! No le importa nada más: a veces ni mira los nombres. Hace treinta años que está pagando en cuotas los juguetes que le regaló Perón, pobre. Pero peor yo, la burra, que ni siquiera vi esos juguetes y también pago los platos rotos cada cuatro años.
Esto viene a cuento porque anoche el Caio y la Sofi estaban discutiendo en el patio, y entraron a la cocina acalorados, para preguntarle al padre quién de los dos tenía razón:
—Viejo —arremete el Caio—, yo digo que el peronismo es una religión, y la boluda ésta me dice que no, que es una enfermedad, como el botulismo. ¿No cierto que es una religión, que vos le rezás siempre a la foto de esa vieja chota con rodete, la que está en el garage?
El Zacarías aprieta un puño, imperceptible, y le tiembla el párpado como siempre que alguien blasfema contra Evita.
—Nada que ver, taradito —argumenta la Sofi—, es una enfermedad de antes, de la época de éstos. ¿No, mamá? —me pregunta— Si vos siempre decís que es una peste que viene de lejos, y que nadie tiene mayormente la culpa...
Trago saliva. Las criaturas se nos quedan mirando con los ojos como el dos de oro, esperando la palabra de los grandes, la respuesta definitiva sobre el peronismo. Mientras, el Zacarías se empieza a desabrochar el cinto por abajo de la mesa.
—¡Viejo controláte que son pre-adolescentes! —le digo—. Explicále las cosas con palabras, que los golpes no conducen a nada.
Pero ya es tarde. El Zacarías se levanta, henchido de justicia social, y revolea el cinturón al grito inconfundible de "¡vos no los defendás a estos hijos de puta!". Cuando mi marido dice así es porque no hay tregua posible, y los chicos saben que tienen que salir disparando, saltar la tapia y cortar campo por el terrenito de la vieja Monforte. Es eso o la muerte.
Cinco minutos después, mientras miraba por la ventana a mi familia perseguirse por la calle, cagándose a cinturonazos a la vista de los vecinos, me acordé de esa historia en la que Dios, hace muchos años, estaba repartiendo las virtudes de los países, mientras su secretario anotaba en una libretita.
—Los alemanes van a ser guerreros e implacables —decía Dios, y el secretario anotaba—... Los italianos va a ser trabajadores y espamentosos —decía—... Los yanquis, poderosos y descerebrados —el secretario anotaba—. Los argentinos van a ser buenos, inteligentes y peronistas...
—¡Epa, Jefe! —interrumpió el secretario—. Dijo tres virtudes en vez de dos. Sáqueles una a esta gente o los argentinos van a jugar con ventaja y después el resto se queja...
—Vos sabés muy bien que no me puedo echar para atrás, Jaime —dice Dios, pensando en una alternativa a su primera cagada celestial—. Hagamos lo siguiente. Anotálos con las tres virtudes, pero que solamente puedan elegir entre dos.
Y desde ese día, corazones, los argentinos que son como el Zacarías (peronistas y buenos) no pueden ser inteligentes; los que son inteligentes y peronistas no pueden ser buenos; y a los que son inteligentes y buenos —como es lógico— jamás se les ocurriría ser peronistas.
Cuando vuelvan los chicos de la calle, después de curarles las heridas y darles algo de comer, voy a ver si les explico el cuento y se dejan de preguntarle cosas al esquenún del padre.

Santiago

lunes, noviembre 21, 2005

Tam-tam

El puercoespín, de J. Barnes (Londres, 1992). Editado por Anagrama, Barcelona, 1994. Los fragmentos corresponden a las pp. 10-14.

Contexto: la historia se desarrolla a principios de los noventa en un país de Europa del Este anteriormente aliado a la URSS. Caída del comunismo, tensión entre el socialismo y el capitalismo entrante, la situación de miseria social abisagrada entre la responsabilidad del sistema anterior y las consecuencias de la conversión hacia el nuevo.

“Y en el bolsón del delantal, o en el bolsillo del abrigo si iban más arregladas, llevaban todas algún utensilio de cocina de tamaño considerable: un cazo de aluminio, un cucharón de madera, un afilador, o incluso, por si las circunstancias llegaran a exigir algún gesto amenazador, un pesado tenedor de trinchar.
La manifestación comenzó a las seis de la tarde, hora en que tradicionalmente las mujeres se hallaban en la cocina preparando la cena, por más que, últimamente, esta palabra, que designaba la principal comida del día, había pasado a significar un simple guiso caliente, entre caldo y estofado, a base de un par de nabos, un cuello de gallina –si era posible encontrarlo–, unas pocas hojas de verdura, agua y pan duro. Pero esa noche no iban a remover aquel mísero condumio con los cazos y cucharones que llevaban en los bolsillos. Esa noche sacaron sus utensilios y comenzaron a agitarlos en el aire, como saludándose unas a otras con una excitación algo tímida al principio. Hasta que se lanzaron.
(…) Se escuchó el primer golpe de un cucharón de aluminio contra un cazo. Durante unos instantes, mientras otras iban sumándose con respetuosa timidez, el ruido mantuvo un compás lento, pausado, como una irreal marcha fúnebre culinaria. Pero cuando el grueso de las manifestantes respondió a aquella invitación, los primeros momentos de solemne orden desaparecieron, y los intervalos de silencio se llenaron con el sonido de nuevos golpes dados por las mujeres que venían detrás (…)
Quienes participaban en la manifestación podían distinguir, gracias a la cercanía, las diferentes notas que sonaban: el débil y amortiguado chasquido del aluminio contra el aluminio; el timbre, más agudo y marcial, de la madera contra el aluminio; el sorprendentemente alegre tañido de la madera contra el hierro, que parecía llamar a fajina, y el pesado repiqueteo, como de martillo neumático, del aluminio al golpear contra el hierro. Aumentaba el estrépito a medida que se incorporaban a él más mujeres: un guirigay que nadie en la ciudad había oído antes y que resultaba aún más impresionante por su singularidad y su falta de ritmo: era machacón, opresivo, más hiriente que un grito de dolor.
(…) No hubo ninguna concesión a la palabra, porque durante meses, meses y meses no habían escuchado otra cosa que palabras, palabras y palabras: incomibles, indigeribles palabras. Hablaban con el metal, aunque no con el que solía hablar en ocasiones semejantes, el que dejaba una secuela de mártires. Hablaban sin palabras; argüían, bramaban, exigían y razonaban sin palabras; se quejaban y lloraban sin palabras (…)

(Gracias a Pablo)

Natalio Stecconi

AOP sale a la calle I



SAN SALVADOR DE JUJY - Enero de 2005 - A metros de la Terminal de ómnibus -

Dicen que una imagen vale más que mil palabras. ¿Será cierto? Y, en tal caso ¿cuánto vale una imagen que contiene palabras?

En fin, hemos visto cómo las palabras pueden borrarse con facilidad (no así su esencia). ¿Pasará lo mismo con las imágenes?

Para descontracturar un poco todo, propongo, desde este humilde lugar, salir a la calle desde una foto, debatir desde una imagen. Si este no es un buen ejemplo, pues bienvenido otro.

viernes, noviembre 18, 2005

Aviso

Algunos ya están enterados, pero otros se estarán desayunando al leer este aviso.

Por alguna razón técnica o humana desaparecieron los post cargados hasta el momento. Junto con ellos también se borraron los comentarios.

Tengo hecho un backup del material hasta el 1 de noviembre, pues preveía que algo así podría suceder. Sucedió.

Lo que ven ahora aquí debajo son los post de mi backup cargados tal y como estaban en su forma original, respetando autores y cronología de aparición (por eso también he cargado las fechas originales).
Sólo faltan algunos pocos post que venían luego del de Magalí sobre la cultura de las Barbies. El gran Marcelo hizo una copia del post de Iván y muchos de los comentarios que estaban dentro. Marcelo me pasó todo por mail y también lo he cargado tal como él me lo envió.

El resto lamentablemente se perdió. Pero creo que hemos podido salvar bastante.

Si alguien conserva comentarios de alguno de los post, por favor que los cargue. Ojalá que el caso de Marcelo no sea el único.

He omitido los post de: Julieta y el cuento de Cortázar, el mío sobre la estadística de la ONU bajada a pequeña escala, el mío sobre el maquillaje, el mío con fotos viejas, el mío de cierre de AOP 2005 (es el mismo texto que está cargado en mis apuntes on-line, así como los avisos sobre los sondeos de los alumnos publicados en medios y la actualización del Latinobarómetro). Todo esto no lo tenía en backup porque no es tan esencial como vuestros textos originales.

Tranquilos. Seguimos aquí. AOP extramuros vive.

En la medida que pueda empezaré a hacer backups semanales o quincenales. Estuvimos escribiendo mucho y creo que un backup por mes es poco. Se me complica un poco con los comentarios, porque son más y mucho más cotidianos y/o seguidos... pero veré si puedo incluirlos también en el backup. Si alguien quiere darme un mano para este tipo de planes de contingencia, bienvenido.
Perdón por lo sucedido. Y gracias a Flor, Pablo, Marcelo y Luz que fueron los primeros en ayudarme a tratar de ver cuál era el problema y -más importante- cómo solucionarlo.


Cariños y a seguir,

Natalio

El poder oculto de la verdad

En mi estreno en los blogs, y de manera particular en este portal, del cual hace tiempo participo en forma pasiva, pero nunca había decidido expresarme hasta este momento. Quería compartir con todos, esta nota que escribió un conocido en un medio comunal, de no demasiada trascendencia. El artículo tiene como tema central la comunicación alternativa, pero aborda profundamente algunos conceptos básicos para todos los hombres. Por eso el tema de los medios alternativos me pareció una excusa para hablar de la traumática relación entre la verdad y el poder, sobre todo para los periodistas. Después de varios planteos internos con la nobleza de mi profesión, o particularmente críticas a aquellos que se encargan de degradarla, es bueno soñar un poco y pensar que se puede vivir y trabajar con los valores que desde chicos nos inculcaron. Sería responsable que nos comprometamos a respetar aquello que marca la matriz del periodismo: la verdad.

Iván.


LOS MEDIOS ALTERNATIVOS COMO BUSCADORES DE VERDAD

Antes de abordar lo que es para nosotros la Comunicación Alternativa, nos parece importante definir en primer lugar el concepto de “Verdad”: Juicio o proposición que no se puede negar racionalmente, expresión clara, sin simulaciones. Y en segundo lugar, el concepto de “Poder”, no como la facultad o potencia de hacer, sino como la suprema potestad rectora y coactiva del estado o el mercado.

La relación entre Verdad y Poder está en permanente conflicto, relación conflictiva de la que aquellos periodistas que se atan al concepto de verdad son las principales víctimas. Porque en el caso de muchos medios masivos, la indagación y la verdad se han convertido en entretenimiento y espectáculo, donde sólo importa cual fue el rating de Tinelli y Susana, la noche anterior. En consecuencia, es muy difícil la verdad en esta relación de conflicto con un poder, que también se ha convertido en entretenimiento y espectáculo, hablando de las vacaciones o las peleas mediáticas de los dirigentes políticos, como una fuga a los temas que deberían ser de la agenda pública cotidiana, como el problema energético, el saqueo de los recursos naturales, etc. Simplemente no se informa, simplemente se entretiene. Simplemente, no aparecen los grandes negocios, por no decir negociados.

Hay una sola forma de enfrentarse al poder, que es el “Testimonio”, quizás el concepto más claro de lo que es la indagación, que es la fuente de la libertad de expresión; es decir, el testigo, el que vio, el que puede describir. Acá entra en juego el concepto griego de la “Parresía”, que es la posibilidad de hablar, poder decir, y sobre todo decir la verdad. No es decir “El Río de La Plata es el más ancho del mundo”, porque es una verdad sin un riesgo. La Parresía implica decir la verdad frente al poder, implica asumir el riesgo de la persecución por parte del poder, consiste haber decidido que es más importante como obligación moral: decir la verdad que asumir el riesgo, y para los medios “alternativos” esto se vuelve inexcusable, como también debe serlo para el periodismo vocacional, para el periodista nato.

La deformación y la desviación de esta verdad, ha convertido a la libertad de expresión en un negocio capitalista más. Los medios de comunicación masivos, sobre todo la TV, se han transformado en el espectáculo público por excelencia, que hacen espectáculo de la tragedia, como en el caso Cromagñón, espectáculo de la política, como la pelea entre ministros de un mismo régimen, en fin, un espectáculo de las miserias de la comunidad

Ese divorcio entre la verdad que hay que decir, y la pragmática que hay que concesionar con el poder, ha enviciado la democracia, ha enviciado la república, y en el medio se perdió la verdad. Así, el poder y la pérdida de verdad, se empezó a medir, no tanto por lo que se decía, sino por lo que se escondía. El poder no está en lo que se dice: el poder está en lo que se esconde y en lo que no se dice, en lo que se omite. Entonces, ese mismo cinismo en el que cayeron muchos, terminó no sólo privando de libertad a las propias vocaciones periodísticas, sino privando al pueblo de su voluntad de saber, de decidir, de participar. ¿Cómo es posible que los pueblos decidan, si lo que tienen que saber, no lo pueden saber, porque no se puede publicar? O si cuando se tiene que publicar, en realidad ya es tarde, como en el caso de los sobresueldos del menemato. Es posible hablar del poder que se fue, pero no es posible hablar del poder que gobierna. Es preciso decirlo antes. La mayor opresión frente a los pueblos es la mentira, o el silencio, que es una forma de complicidad.

En esto deben jugar un papel fundamental los Medios Alternativos, siendo buscadores de verdad, quebrando el discurso único, enfrentando las hegemonías y los monopolios, llegando a la gente desde abajo, por los costados; burlando así el secuestro de la información ejercido deliberadamente por las corporaciones multimediáticas y los “feudos provinciales” del régimen actual, en pos del objetivo de sociabilizar y democratizar “toda” la información (no sólo una parte), formando así conciencia para la participación ciudadana. Pero el gran desafío de los Medios Alternativos, y de la Red Nacional que está en formación, será la de emprender este camino respetando la “diversidad de pensamiento” y la “independencia de criterios”, sin caer en los callejones sin salida de los dogmatismos, las doctrinas, y las ideologías exacerbadas, que sin quererlo, nos podrían llevar a combatir al “Discurso Único” con un errado “Contradiscurso Único”, de esta forma estaríamos combatiendo a una hegemonía con otra hegemonía, y el esfuerzo habría sido en vano. Desde nuestro punto de vista, muchos deben ser los contradiscursos al régimen, y desde distintos ángulos debe provenir la “contrainformación”, incentivando así el trabajo articulado entre los que conformamos el campo popular, y no las divisiones derivadas del sectarismo.

Por último, queremos cerrar la idea con un fragmento de la conferencia “Verdad, Poder y Comunicación” dictada en la Facultad de Derecho en Junio del año pasado: “Hay que diferenciar opinión de información. Muchos se muestran pluralistas con la opinión, porque la opinión no jode a nadie. Muy distinta es la información, que es que yo me pare ahí, muestre un papel y diga: el ministro tal se robó tanto, y esta es la prueba. Esto es un dato, esto no es ni de derecha, ni de izquierda, ni de nada. Es un dato, soy periodista comunico información. Otra cosa es que yo diga el ministro tal es un imbécil, esto es una opinión, no molesto a nadie. Me parece que el problema frente al poder no es opinar sino informar, para decirlo de otra manera: La información es revolucionaria”.

¿Estamos destinados a ser barbies?

martes, noviembre 01, 2005

El profesor Stecconi nos dio como lectura obligatoria un fragmento del texto de Bauman ''En busca de la política''. Me parecieron sumamente interesante los temas que abordaba y la manera en que lo hacía. Pero creo que el tema que más me interesó fue el de la muerte.
Y como la sociedad le hace un ''culto al cuerpo'' para conservarlo en buen estado mientras estamos en vida.Por eso me parece relevante hacer una analogía de esa frase con uno de los temas que más me interesan y a la vez me aterrorizan: la cirugía estética.Por cuestiones personales, me hallo en una dicotomía de amor y odio hacia el tema. Amor porque me intriga como quedarán luego y trato de ver todos los programa que traten sobre eso; a modo de hobbie.
Odio porque me repugna ver que las personas se sometan a tanto dolor solamente para estar nivelados socialmente con las pseudo estrellas del espectáculo y para cumplir con los altos estereotipos que proponen la sociedad. Mejor dicho, los medios.La cirugía estética actual quisiera ser considerada como la fuente de la juventud. Y quizás es eso lo que tanto me molesta, no poder aceptar con la gracia que nos da el tiempo, las arrugas que adornan nuestros rostros. Porque yace una gran diferencia entre ''necesitar'' una cirugía y ''creer necesitarla''. Últimamente la gente se está creando más excusas y más complejos para ''poder necesitarla''.Me anonada ver por la calle a cada vez más gente que se ha retocado algo. Pero más que nada, que queda cada vez menos personas que no consideren hacerlo. La tensión y la tristeza que causa envejecer está puesto a modo de estigma social. ¿Qué sucedió con aquellos tiempos en el cuál el más viejo era el más sabio?La lucha contra el tiempo es cada vez más feroz. Pronto no se van a notar las diferencias entre una persona de 20 y una de 60... quisiera creer que eso se podría realizar con alguna poción mágica. Pero mutilar, quemar, estirar y corroer el cuerpo parecen la mejor alternativa.Pienso en alguna vez las barbies con las que solía jugar, se parecen mucho a algunas personas que veo caminando por las avenidas, a las que están en televisión.
Me horroriza pensar que esta ''moda'' se convierta en tradición y estemos todos destinados a ser físicamente de plástico, tan solo para decir: ''Yo vencí al tiempo''.

Magali Diaz Moreno.

Balance

viernes, octubre 28, 2005

El pensamiento único sobre la realidad se sostiene en uno de los clásicos principios asignados al discurso ideológico predominante: su fortaleza y aceptación radica en su capacidad para la descalificación de los discursos opuestos y diferentes.Escribo esto con cierto pesar y más dudas que certezas: temo que hayamos generado aquí (yo, el peor de todos) un lamentable sesgo. Chicas y chicos me han dicho que han entrado al blog pero no se han animado a escribir. Cierta percepción de niveles argumentativos e intelectuales que se hallan por encima de su supuesta capacidad y calidad de participación parecen haber hecho estragos.Sé de alumnas y alumnos maravillosos que no han escrito. Cada uno tiene su historia, y toda historia merece ser contada y escuchada. Tengo cuatro cursos de AOP, más o menos numerosos. Gente con vida interior que va más allá de una calificación en un parcial o de la suposición de que no los tengo en cuenta, de que no les sé el nombre, de que son tan sólo un número más en la lista, de que son un pasar coyuntural. Los conozco, no crean que no. Me ven un par de veces por semana, pero los adivino más o menos bien. Puedo arriesgar cómo piensan y qué piensan a partir de algún somero comentario en clase, de algún escrito meditado, de algunas palabras usadas en los parciales que denotan una bellísima sabiduría post-adolescente; sospechar tras sus movimientos, sus gestos, las ropas que deciden usar; hasta -aunque no lo crean- puedo inferir lo que trasluce más de una mirada silenciosa y sutil. Aprendí algunos trucos en estos años de docencia (empecé de pequeñín). Puedo arriesgar que los conozco más yo a ustedes de lo que ustedes conocen de mí. Eso lo apuesto con mi sangre. Es prepotencia de trabajo, como decía el amado Arlt.
Un amigo y colega me regaló un pensamiento maravilloso: no es que elegimos la docencia, sino que nos la impusieron. Es la marca escarlata. Yo no elegí ser profesor: lo tengo en mi ADN. La única vez que renegué de esto terminé pidiendo volver. Me estaba muriendo. No podía elegir, estaba (estoy) predeterminado cual sujeto de Huxley. Creo que por eso lo sufro tanto, lo vivo tanto, me hace tan pleno y me hace tan vulnerablemente humano.
¿Qué tiene que ver esto con el blog? Que yo también tengo mi historia. Y como sigo intentando conocerla es que trazo una empatía que me permite conocerlos a ustedes. He leído centenares de libros, les juro. A los 30 tengo casi todos los clásicos de la literatura universal encima. Pero no me importan los libros, sino lo que pude hacer de ellos. Son senderos que me permiten viajar, igual que la música y otras formas artísticas e intelectuales que aprendí a amar en mi niñez gracias a un par de padres y a algunos maestros que me supieron invitar a ello. Por eso escribo esto con cierto pesar y más dudas que certezas: temo que hayamos generado aquí (yo, el peor de todos) un lamentable sesgo.
AOP 2005 está llegando a su fin. Hoy necesito romper el sesgo. Vamos, que el pensamiento único carga con la imbecilidad de la concepción unívoca y acomodaticia de la realidad. La historia es del que la cuenta.
La maravilla está en la diversidad y en el esfuerzo por salir (pensantes) de la insoportable levedad del pensamiento único del ser.
Vamos. Los invito.


Natalio Stecconi

Espero no sea demasiado tarde...

martes, octubre 25, 2005

En principio te saludo Natalio, ya que sos el único al que conozco de los que leí en este Blog, (quizás el único que está haciendo una mueca semi sonriente a medida que sigue leyendo) al saber que junté coraje y me animé a escribir acá…De todas maneras saludo a todos los demás que andan dando vueltas por estos lares cibernéticos y por sus creaciones narrativas, las que hicieron que me animara a escribir estas minúsculas líneas y, ¿quién sabe? A formar parte de esta mini comunidad a la que de manera muy gentil fui invitado alguna vez…De tanto en tanto leía lo que se escribía y en cada párrafo me daba más miedo escribir algo, por la alta calidad narrativa de los autores o por el interesante contenido de las líneas expuestas. A veces y en el peor de los casos para mi inseguridad, las dos variables se juntaban dejando fuera toda aspiración e intento por ingresar a escribir algo en este lugar.
Sin embargo anoche, leía algunos comentarios publicados, hace casi un mes atrás… Que me hicieron juntar coraje, dejar temores de lado y escribir estas líneas.Los comentarios que encendieron el proceso de escritura contaban sobre los olores y como se los asociaba con imágenes, sentimientos, lugares y momentos. Poniendo en un lugar privilegiado a un sentido que al parecer siempre está entre los últimos.
Quizás porque no hay muchas personas que uno conozca, que carezcan del olfato, quizás porque no se los puede identificar a simple vista como a los ciegos. Y ojo que no hablo de cuando uno está resfriado y no puede oler nada, hablo de la falta del olfato de manera permanente.Sea por lo que fuere, es uno de los que en general, al imaginar tener que sacrificar algún sentido ronda por ser el más elegido.Al leer sobre éste en un comentario y luego leer que en tu cabeza, Natalio, se empezaba a gestar la idea de armar una unidad con algo de esa temática, para el 2006. No pude dejar de escribir esta humilde opinión y de recomendar uno de los libros que a mi criterio es uno de los mejores libros leídos hasta el momento y que quizás pueda formar parte de la lectura NO obligatoria de ésa futura unidad.
El libro en cuestión se llama El Perfume “historia de un asesino” de Patrick Süskind. Y era el libro que tenía el comienzo más brutal y truculento hasta que cierto profesor de AOP me hizo conocer “Vigilar y Castigar” de Michel Foucault. Posicionando a este último como vencedor en esa categoría.
De todas maneras el libro es muy bueno y quizás pueda servirte en el desarrollo de la unidad. Si no le encontrás uso, por lo menos los que no lo conocían léanlo que está muy bueno.
Un saludo a todos.

Drackull.

Preguntas para el 2050

viernes, octubre 07, 2005

“El hombre, atrapado en su laberinto irracional”
No se si por defecto o por virtud, pero el ser humano tiende siempre a preguntarse por el futuro. Quiere saber que será de él y del mundo más adelante. Inspecciona en lo más profundo de su ser, enfrentándose a dilemas, que sabe de antemano no podrá responderse. Intenta indagar, aunque a veces se quede en el deseo meramente onírico, acerca de su destino no tan cercano. Imagina bucear en el túnel del tiempo, levitar en las bibliotecas del mañana y consultar las páginas de los libros de historia de otra época.
Pero como todo proceso de construcción, supone antes uno de deconstrucción. Y es allí, cuando el hombre se pregunta por el pasado y gira la vista para espiar por su espejo retrovisor qué era lo que sucedía un siglo atrás.
A fines de la década de 1930, comienzos de 1940, Alemania conmocionaba al mundo y principalmente a Europa con la irrupción de un líder político, que años más tarde se convertiría en uno de los más siniestros de la humanidad. El país, que todavía no podía retomar su color natural tras la feroz teñida de sangre que le significó la primera Guerra Mundial, se encontraba nuevamente en los albores de uno de los peores genocidios humanos. Vendría el ascenso de Hitler al poder y las nefastas consecuencias de la segunda guerra mundial. A pesar de ser una de los países más ilustrados del mundo, la sociedad alemana de la primera mitad del siglo veinte, convalidó atrocidades imperdonables. Este dato de la historia, echa por tierra el mito de que las clases ilustradas no se equivocan, y que sólo las “masas ignorantes” son arrastradas por la irracionalidad. Es cierto que Hitler conquistó a las masas, pero también es verdad que éstas se dejaron llevar por la impronta de un discurso racista y perverso.
Todavía hoy, a más de siete décadas de aquellos trágicos sucesos, nos preguntamos el porqué. Quizás este mismo proceso de pensamiento retrospectivo se lo hagan los habitantes del mañana, aquellos que vivirán el mundo que nosotros les dejamos.
Y así como nosotros hoy nos seguimos preguntando porqué existió un Hitler, un Stalin, un Franco, o un Mussolini, los muchachos del 2050 y años venideros se preguntarán por el cinismo de un tal Bush o por la perpetuidad de un viejo de barba (comandante para los amigos) llamado Fidel Castro. Pero todavía no somos conscientes de la difícil misión que les quedará a los historiadores, maestros y periodistas del futuro.
¿Cómo les explicarán a aquellas personas sedientas de información, que el hombre de estos tiempos, utilizó su inteligencia para desarrollar una carrera armamentista cada vez más eficiente en pos de destruir al enemigo, sin percatarse que al mismo tiempo destrozaba su propio mundo.? La complicación más evidente se presentará cuando los jóvenes del mañana, en ejercicio de su visión retrospectiva, se pregunten por el año 2000 e insistan en averiguar que fue lo que hicieron sus antepasados. Así como nosotros hace unos años atrás escuchábamos a nuestros profesores de historia hablarnos de Malvinas y de la victoria que le propinábamos a los ingleses, según palabras de un trasnochado gobierno de facto, en el futuro se preguntarán por Irak y Afganistán.
Galtieri mintió, y “el pueblo” en la plaza de mayo vitoreó aquel discurso que suponía la derrota británica a manos de los inexpertos jóvenes argentinos, convalidando de este modo su infamia y su inescrupulosidad. Bush también lo hizo, y los norteamericanos no sólo le creyeron, sino que redoblaron la apuesta y lo confirmaron en su cargo por cuatro años más. Las armas de destrucción masiva eran una gran máscara que ocultaba el real motivo de la invasión de los Estados Unidos a Irak: el petróleo. La guerra tuvo su rótulo: Justicia infinita. Sólo con el título uno suponía que hasta Dios se había convertido en un escriba al servicio de la Casa Blanca.
“A Osama Bin Laden lo quiero vivo o muerto”, dijo suelto de cuerpo ante las cadenas de televisión norteamericanas, que respondían adecuadamente mostrando lo conveniente.Y sus lugartenientes, no menos empapados en el rol de justicieros, proponían que los agentes de la CIA recuperen el permiso para matar primero y preguntar después. El país madre de la democracia censuró, escondió e ignoró a los que se atrevieron a pedir cordura.La CNN prometía desde sus decorados electrónicos y sus pulcros presentadores, con un español refinado y neutro, una campaña que alimente la ira del mundo contra cualquier sujeto sospechable de pertenecer o descender de la media luna de oriente.
Las dos guerras mundiales fueron para demarcar el territorio, la guerra fría para repartirse ideológica y geográficamente el mundo en dos, la guerra de Irak fue por el petróleo, y la que vendrá probablemente sea por el agua. ¿Quién lleva la cuenta? ¿Somos conscientes de la cantidad de vidas humanas que se pierden a diario por el capricho del hombre? ¿Cuándo será el día en que éste se sacie de tanta maldad y utilice su raciocinio para crear y no para destruir?
¿ Ocurrirá esto en el año 2050? Resulta improbable si persiste el actual estado de cosas; es factible que el hombre para aquel entonces esté pensando en que botón apretar para aniquilar a su enemigo en pos de montar una nueva guerra innecesaria; quizás le haya llegado la hora al hidrógeno. Posiblemente, las potencias mundiales de turno pondrán a este mineral como la excusa perfecta para los enfrentamientos bélicos del mañana.
¿Qué explicación “racional” nos darán en el 2050?

Fernando Pittaro

Las musas no poseen reloj

lunes, octubre 03, 2005

Me enferma un tanto el extremo y permanente análisis al que se somete a ciertos temas, textos, materias. A veces me da placer leer a Edgar Allan Poe sin pensar que lo que escribió fue producto de un elaborado proyecto y estructuración con planes fríamente calculados, brindados por un desacuerdo explícito con el orden social. Opaca mi capacidad de asombro pensar que CADA espejo, escalera o número encontrados en la obra de Borges no fueron aleatorios. No sé, hay algo en el proceso de escritura que tiende hacia una línea de corte instintivo. En "La sociedad de los poetas muertos" Robin Williams ofrece un discurso en el cual expresa el poder vital de la poesía. Es así: hay artes que nos hacen más llevadera la supervivencia, artes como la abogacía o la ingeniería. Y después están la literatura, la poesía, la lírica, artes sin las cuales, acorde al personaje de Williams, no podríamos vivir.85% instinto. A eso se remite la inspiración. No sólo es conjugar conocimientos, teorías, datos; en ocasiones se requiere un grado menor de mentalidad estructurada, para dar lugar a un plano mucho más creativo, abierto y espontáneo. Las musas no poseen reloj.Como un director de cine al que le cuesta disfrutar una película, porque está en constante alerta frente a los planos y tomas que su colega ha implementado. A mí hace un tiempo me viene costando abstraerme de los conceptos teóricos que pueblan mi mente al momento de sentarme frente a un diario, libro o texto. Me requiere un esfuerzo mayor de lo normal y una destreza particular por parte del autor para suscitar algún tipo de proceso de identificación e interés en mi persona. No pretendo la ignorancia ni la banalidad, y comprendo la necesidad de complementar conceptos y relacionar temáticas, para así conseguir un completo entendimiento de lo que estamos percibiendo. No voy a leer "Alicia en el País de las Maravillas" y pensar qué lindo cuentito me han contado. Pero debo admitir que de a ratos busco ese espacio. Y cuando Wilde me recuerda que los placeres sencillos son el último refugio de los hombres complicados, me siento un poco más comprendida y un tanto menos enferma...

Victoria Guazzone

"Volver al pasado"

miércoles, septiembre 28, 2005

Es inexplicable la sensación que se siente cuando se vuelve a la infancia, es como si la mente hiciera un viaje del cual jamás se desea regresar.Hace tiempo atrás viví una experiencia similar, caminaba por las calles del barrio que me vio crecer, y de repente mi cuerpo se inundó de una sensación inexplicable, comencé a sentir esos olores tan característicos de mi etapa edípica.Cerré los ojos y me sumergí en ese mundo soñado, me vi correr en el vivero, herencia de mis abuelos maternos, entre los rosales y jazmines, esa mezcla perfecta de lo dulce y pasional, ya no sentía mis piernas, más bien levitaba en el espacio.No quería regresar, mi mente hacía un esfuerzo sobrenatural, y entre cítricos y olivos me volví niña otra vez.Comencé a preguntarme que había quedado de aquella infanta traviesa que recibía retos, bastante seguidos, en sus primeras andanzas en bicicleta, ya que una y otra vez aparecía encima de alguna planta que estaba reservada para la venta. Y ni que pensar cuando mi viejo se pasaba las tardes sacándome las espinas de los rosales. Mi rostro desprendió una sonrisa cuasi cómplice por aquellas anécdotas.De lejos se oían murmullos de aquellos que alguna vez fueron mis vecinos, y que, hoy, sólo parecen cuerpos en formol, pero seguía resistiéndome a volver, a seguir caminado, dejando atrás aquella sensación sublime.En ese instante comenzaron a mezclarse otros recuerdos, me vi creciendo en cámara rápida, pasé por la escuela primaria, el colegio secundario, mis experiencias universitarias, hasta que de repente volví a lo que soy hoy, una mujer. Uff que palabra…Abrí los ojos y caminé hasta el ventanal de una casa, esos que tiene vidrios espejados, me paré enfrente y por primera vez en muchos años me di cuenta que ya no era Julietita o Gullia, como me llamaba mi nonno, había pasado a ser Julieta o Juli, como me llaman las personas que me rodean.Sentí que todo aquello que había soñado en esos escasos minutos, se volvían chiquititos, y muy, pero muy lejanos. Por un instante tuve muchos deseos de volver a aquellos años ochentosos, pero al mirarme me di cuenta que era en vano. “Ya no soy esa niña, aunque quedan residuos de ella”. Aquella reflexión despertó escalofríos en mi interior. Inmediatamente me alejé del ventanal, y seguí caminando, tenía ganas de volar, de volver el tiempo atrás. Sé que no es posible, a menos que cuente con la maquina del futuro que hizo famoso a Michael Fox.

Este breve texto lo comencé a escribir hace algún tiempo, ni sé por qué, hoy, vuelve a mí casi por casualidad. Quería compartirlo con ustedes. Saludos.

Juli.

Y ahora digo yo

viernes, septiembre 23, 2005

Me disgusta este título. Dudé en utilizarlo por pudor, pues connota un egocentrismo muy difícil de resistir en este tipo de recursos digitales. Barajé frases que sospeché más inteligentes, algunas paráfrasis de grandes textos, y quizá algún título de vieja canción. Finalmente decidí darme el gusto de usarlo mientras me zancadillo a mí mismo: un weblog no es ni más ni menos que un ego binario ilustrado. El “Y ahora digo yo”, aun en cruel atentando contra mi pudor habitual, no deja de ser una patente verdad referencial. Soy yo el que dice, por lo tanto lo aclaro y hasta lo redundo para terminar de hundirme el facón.
Cuando se escribe existe una mayor posibilidad (y ventaja) de elegir las palabras que uno cree adecuadas para la expresión de lo que se quiere reseñar, narrar, adjudicar. Esta es una de las diferencias clave entre el lenguaje oral y el escrito, y una de las razones de mayor peso por las que escribir (bien) lleva más tiempo que hablar.(Ahora mismo estoy eligiendo esas palabras, rastreándolas en un repertorio mental coleccionado durante años, combinándolas, sustituyéndolas, comparándolas, acariciándolas, husmeándolas, descartando algunas, observando cómo tiendo a repetir por hábito algunos nexos o adverbios –me conozco bastante en ese sentido– [dije “bastante”, otro adverbio], probando sinónimos, alternativas, denotaciones, elipsis, eventuales giros irónicos, posibilidades sintácticas… Autorreferencia cíclica de las ruinas circulares borgeanas: acabo de escribir este párrafo varias veces; ¿cuándo empezó y cuándo terminará? Esto que leen es el producto de mi decisión final que ya, mientras examinan, estoy pensando cómo rematar).
Sigo utilizándome como objeto de análisis (algo que me fascina). En este momento estoy escribiendo en el bloc de notas. Es decir, no lo estoy haciendo directamente en el weblog. De esta manera puedo corregir, agregar, quitar con una reserva de tiempo a mi favor. Pocas veces escribo “de un tirón”. El post de las baldosas de opinión pública, por ejemplo, fue escrito sin volver atrás la mirada. Esa es la razón por la cual no me gusta cómo quedó, pero ya está, que descanse así, como foto de un momento captado sin haber preparado la esce/coreografía.
Yo no sé si Pablo escribió habiendo preparado la esce/coreografía, o si se tomó un buen rato para elegir sus palabras, o si le salió como le salió –confusiones generadas mediante– por haber narrado “de un tirón”. No me importa. Podré estar más o menos de acuerdo con lo que dice (de hecho no comparto muchas de las cosas que enuncia) pero está fenómeno así. Podría objetar una pasión desmedida que atenta contra la virtud de la templanza tan necesaria en estos casos, podría cuestionar el facilismo discursivo que implica hablar en nombre de un alumnado que no es tan homogéneo como puede parecer a primera vista (cuidado con las estereotipaciones que siempre son reduccionistas: ese es uno de los temas por excelencia de AOP), de la confusión entre facultad y universidad, de la utilización de un weblog de una cátedra específica como si fuera el libro de quejas de una universidad, de la prescripción de una falta de dialéctica en las aulas anunciada como regla matemática.
Pablo estaba enojado, se notaba, y no tengo pruritos con que lo esté y, por qué no, con que lo escriba. Porque al escribirlo puede leerse a sí mismo. Porque un weblog (a pesar de mis indicaciones de la primera clase sobre una mínima circunscripción a los temas de la cátedra) está abierto a todas las plumas y opiniones. Porque al escribirlo y dejar pasar unos días, Pablo pudo ver –también con pasión– qué dicen otros de su apasionamiento, qué dice él mismo de sus ideas escritas con la claridad que él creía que tenían o tras las denuncias que alertaban sobre su posible falta, cómo las repiensa, cómo las recanaliza, cómo las acomoda y cómo (y hasta dónde) las defiende como inobjetables expresiones de sus convicciones.Estaría yendo contra mis principios si en lugar de enseñar unos cuantos contenidos conceptuales, procedimentales y actitudinales correspondientes a una asignatura me decidiera, en cambio, a adoctrinar gente. No puedo hacerlo, soy demasiado joven e iletrado para hacerlo. Y si fuera viejo y letrado, creo hoy que tampoco lo haría.
Máximo habló por mí al momento de citar los estados por los que muchos hemos atravesado (sin conocernos en ese maravilloso entonces) en la facultad. Este es el año número 13 para mí aquí. Muchos años. Un poco menos que la mitad de mi vida.Ahora soy yo el que habla –con permiso telepático– por Máximo. Algunos de los cabrones más duros de aquel entonces estamos dando clases hoy. Y algunos (entre los que me incluyo) empezamos a dar clases a una edad casi pecaminosa. Pero cuidado, que nuestra dureza no era una rebeldía hollywoodense. No insultábamos a nadie, no hablábamos sin fundamento, no criticábamos sin argumentar, no creíamos que lo sabíamos todo y, sobre todo, que sabíamos más que nuestros profesores. No tirábamos petardos ni caíamos ebrios al aula. No, para nada. Nuestra rebeldía no era atractiva, espectacular ni televisiva. La nuestra era una guerrilla realmente aburrida. Tan aburrida que las damas preferían a los que sí sabían cómo llamar la atención con tácticas más observables en el corto plazo. Es que nuestra rebeldía consistía en ser más bien sutil, planificada y despreciable: nos pedían 75% y dábamos 150%. Precisamente porque nos quejamos de muchas carencias y obscenidades es que la estrategia fue dar más de lo que nos pidieron. Seguimos estudiando como Aristóteles cuando decidió convertirse en el discípulo magistral de Platón aunque no estuviese de acuerdo con él. Para criticarlo mejor luego y con fundamentos, Aristóteles se comió media vida dentro de la Academia de aquél. Nos pusimos a pensar, sacamos fuerzas y voluntad desde nuestros bajofondos, pasamos varios años ahí adentro, convertimos odios y desasosiegos en usinas, dormimos poco, trabajamos mucho, investigamos, optimizamos el tiempo. En ese momento no había blogs porque no había internet. Sólo había bibliotecas físicas con olor a libros de papel, fotocopias muy caras y textos que costaban una buena parte de nuestro sueldo adolescente. Es una bendición que hoy estemos tratando de cambiar muchas de esas cosas desde adentro y asumiendo con responsabilidad la libertad que nos dan para eso. Es una bendición porque aquella rebeldía sutil y nada televisiva dio sus frutos y nos dejó una base impresionante para sostenernos cuando todo, a veces, parece acontecer en contra. Aun sin todas las computadoras que debieran existir, los bares para la yunta, la tinta de la impresora o las escaleras marmoladas de una casona oscura. Hice toda mi carrera sin una computadora en la que escribir mis ideas, al enorme restaurant/bar de la sede en la que cursé lo terminaron de construir al año siguiente en el que egresé, me juntaba a debatir en esquinas extrañas y pulperías de ocasión con gente amada e impresentable a la que hace rato que no veo (y me duele el alma por eso). Al celular le llamábamos “ladrillo” y sólo lo tenían nuestros jefes y algunos profesores de avanzada. Pasaba más tiempo en el viaje de ida y vuelta a la facultad que en las 4 horas de cursada… Ni qué decir cuando tenía que venirme desde mi pueblo hasta la Biblioteca Nacional a buscar un libro, o rondar librerías para encontrar cómo se escribía el apellido de cualquier autor que hoy está en el Google.
Pero lo más importante de todo (y de lo cual hoy me siento realmente orgulloso mientras hago el guiño melancólico y respetuoso que otorga el pasado que ya no volverá) es que mis mejores profesores, aquellos pocos que me marcaron para siempre y colaboraron con lo que luego pude hacer de mí, esos profesores, sentencio, sólo me hablaron. Me hablaron y me recomendaron a muchos de los señores que leí y que cambiaron mi forma de mirar en derredor, de ver la realidad, de verme a mí mismo. Esos profesores me hablaron en sus clases, y con la palabra (aun en aulas frías, o demasiado calurosas, o llovidas, o llenas de bancos malformadores de columnas y asentaderas, aulas despojadas de cualquier incentivo edilicio, de cualquier computadora, de cualquier audiovisual, de cualquier confort), esos profesores (reitero parado en la cúspide de la Bastilla) lograron que me olvidara de todo lo anterior, del desfase, de la hostilidad, de los no-bares y de las no-computadoras. Esos profesores hicieron de su palabra la semilla que no para de germinar en mí.
Pero un weblog es un ego binario ilustrado. No quiero hablar de mí, pero hablo de mí en la escapada.
Florencia, otra vez tenés razón.
Gracias por tomarse un rato para escribir aquí. A todos.

Natalio Stecconi