Si el arte produce cosas feas que con el tiempo se vuelven hermosas, la moda es al revés: produce cosas hermosas que siempre, con el tiempo, se vuelven feas. El mundo de la moda cambia sin parar, se necesita de dosis de energía realmente exageradas para seguirle el ritmo.
Es sorprendente, pero en el mundo de la moda es donde parece hacerse realidad el mito del científico loco que sueña con dominar el mundo. Hay dos, a lo sumo tres diseñadores que han conseguido repartirse la torta del buen gusto de manera equitativa. Un buen día uno de ellos se despierta y estipula al azar, por ejemplo: "Este año los sacos tendrán un solo botón". Y el mundo de la moda sufre un vuelco, todos comienzan a fabricar sacos de un solo botón, los sacos del año pasado, con dos botones, se saldan a precios irrisorios. De un momento a otro el aspecto del mundo cambia. Y todo por la voluntad de una sola persona, dos, tres a lo sumo.
Es difícil, por más que remontemos el curso de la historia, descubrir quién instauró la moda de la camisa de manga corta. Es algo que va contra la naturaleza misma de la prenda, la más versátil que imaginarse pueda. Convengamos que la camisa es algo así como el non plus ultra, el no va más de una prenda que exige hasta el máximo sus capacidades. Pensemos: podemos usarla adentro del pantalón o afuera, abrochada hasta el último botón, o con el último botón desabrochado; totalmente desabrochada o con los tres primeros botones abiertos; podemos usarla con o sin corbata, con el cuello dentro o fuera del saco; podemos usarla con gemelos o con el puño desabrochado, abierto, podemos arremangarla sobre la muñeca o convertirla en una camisa de manga corta arremangándola por encima del codo... La camisa de manga corta es un error de concepción, un tara en el diseño. La camisa de manga corta es un sinsentido, un error de la naturaleza (ya sé, ya sé que la naturaleza aquí no interviene, pero se entiende lo que trato de decir). Tal vez su única utilidad haya consistido (y siga consistiendo) en hacerle ahorrar tela al fabricante (aunque tenemos que convenir que no por eso salen más baratas). Si no se puede seguir escribiendo poesía después de Auschwitz, no se pueden seguir usando camisas de manga corta después de Un día de furia, el film de Joel Schumacher con Michael Douglas. Así es como las cosas pasan a la historia: algo las sume en la ignominia, de modo que su sola mención nos avergüenza. Así avanza la historia de la moda, a fuerza de hacernos sentir ridículos.
El guardarropas tiene que ser renovado constantemente. La regla general dice que hay que deshacerse de todo lo no fue usado en los últimos dos años. Como regla es un poco arbitraria, pero tiene mucho de cierto. Se puede seleccionar, uno puede quedarse con una remera particularmente adorada o un pulóver particularmente adorado y feo (de rombos, por ejemplo, azules y rojos), pero no está de más seguir la regla de los dos años.Esto marca la fecha de defunción de los pantalones pinzados: son historia. Ahora se usan pantalones ceñidos y rectos. Los pantalones pinzados se regalan, se donan, o en el peor de los casos se tiran a la basura. Y con las camisas de manga corta se visten espantapájaros.
Guillermo Piro, Revista First.
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