domingo, abril 30, 2006

Esta foto no está trucada + poema de Antunes

"Es extraña la forma en que levantan la mano para votar los embajadores de Estados Unidos y el Reino Unido en la ONU. Cuentan los allegados que al votar vociferan un saludo a ADOLF. Estados Unidos ya tiene vía libre para explotar el petróleo iraquí".
de La mala palabra Nº15 (julio de 2003)
Saiba (Arnaldo Antunes, del disco Saiba)
Saiba: todo mundo foi neném
Einstein, Freud e Platão também
Hitler, Bush e Sadam Hussein
Quem tem grana e quem não tem

Saiba: todo mundo teve infância
Maomé já foi criança
Arquimedes, Buda, Galileu
e também você e eu

Saiba: todo mundo teve medo
Mesmo que seja segredo
Nietzsche e Simone de Beauvoir
Fernandinho Beira-Mar

Saiba: todo mundo vai morrer
Presidente, general ou rei
Anglo-saxão ou muçulmano
Todo e qualquer ser humano

Saiba: todo mundo teve pai
Quem já foi e quem ainda vai
Lao Tsé Moisés Ramsés Pelé
Ghandi, Mike Tyson, Salomé

Saiba: todo mundo teve mãe
Índios, africanos e alemães
Nero, Che Guevara, Pinochet
e também eu e você

domingo, abril 23, 2006

AOP abre el arcón de los recuerdos...


... y se encuentra con el mágico mundo televisivo.
¿septiembre? de 2002 - Musimundo - Santa Fe y Callao

lunes, abril 17, 2006

Demodé

Si el arte produce cosas feas que con el tiempo se vuelven hermosas, la moda es al revés: produce cosas hermosas que siempre, con el tiempo, se vuelven feas. El mundo de la moda cambia sin parar, se necesita de dosis de energía realmente exageradas para seguirle el ritmo.

Es sorprendente, pero en el mundo de la moda es donde parece hacerse realidad el mito del científico loco que sueña con dominar el mundo. Hay dos, a lo sumo tres diseñadores que han conseguido repartirse la torta del buen gusto de manera equitativa. Un buen día uno de ellos se despierta y estipula al azar, por ejemplo: "Este año los sacos tendrán un solo botón". Y el mundo de la moda sufre un vuelco, todos comienzan a fabricar sacos de un solo botón, los sacos del año pasado, con dos botones, se saldan a precios irrisorios. De un momento a otro el aspecto del mundo cambia. Y todo por la voluntad de una sola persona, dos, tres a lo sumo.

Es difícil, por más que remontemos el curso de la historia, descubrir quién instauró la moda de la camisa de manga corta. Es algo que va contra la naturaleza misma de la prenda, la más versátil que imaginarse pueda. Convengamos que la camisa es algo así como el non plus ultra, el no va más de una prenda que exige hasta el máximo sus capacidades. Pensemos: podemos usarla adentro del pantalón o afuera, abrochada hasta el último botón, o con el último botón desabrochado; totalmente desabrochada o con los tres primeros botones abiertos; podemos usarla con o sin corbata, con el cuello dentro o fuera del saco; podemos usarla con gemelos o con el puño desabrochado, abierto, podemos arremangarla sobre la muñeca o convertirla en una camisa de manga corta arremangándola por encima del codo... La camisa de manga corta es un error de concepción, un tara en el diseño. La camisa de manga corta es un sinsentido, un error de la naturaleza (ya sé, ya sé que la naturaleza aquí no interviene, pero se entiende lo que trato de decir). Tal vez su única utilidad haya consistido (y siga consistiendo) en hacerle ahorrar tela al fabricante (aunque tenemos que convenir que no por eso salen más baratas). Si no se puede seguir escribiendo poesía después de Auschwitz, no se pueden seguir usando camisas de manga corta después de Un día de furia, el film de Joel Schumacher con Michael Douglas. Así es como las cosas pasan a la historia: algo las sume en la ignominia, de modo que su sola mención nos avergüenza. Así avanza la historia de la moda, a fuerza de hacernos sentir ridículos.

El guardarropas tiene que ser renovado constantemente. La regla general dice que hay que deshacerse de todo lo no fue usado en los últimos dos años. Como regla es un poco arbitraria, pero tiene mucho de cierto. Se puede seleccionar, uno puede quedarse con una remera particularmente adorada o un pulóver particularmente adorado y feo (de rombos, por ejemplo, azules y rojos), pero no está de más seguir la regla de los dos años.Esto marca la fecha de defunción de los pantalones pinzados: son historia. Ahora se usan pantalones ceñidos y rectos. Los pantalones pinzados se regalan, se donan, o en el peor de los casos se tiran a la basura. Y con las camisas de manga corta se visten espantapájaros.

Guillermo Piro, Revista First.

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L>S>D>A

domingo, abril 16, 2006

La otra inseguridad, por Guillermo Jaim Etcheverry

En revista dominical del diario La Nación, 09/04/06. p. 162.

Casi la mitad de los jóvenes argentinos que completan la educación media tienen dificultad para comprender un texto. La experiencia cotidiana nos confirma que muchas personas, jóvenes y no tanto, no logran expresar con claridad lo que piensan. Esto no sólo ocurre entre nosotros: en Francia, uno de cada diez jóvenes de entre 17 y 25 años no lee ni escribe correctamente. El lingüista francés Alain Bentolila considera que esta situación genera lo que denomina inseguridad lingüística. La incapacidad de expresar con precisión el pensamiento propio en palabras y de recibir el del otro con exigencia termina encerrando a los jóvenes en un verdadero gueto social. Esta falencia los condena a la exclusión, los impulsa a la rebelión y, posiblemente, también a la violencia. La inseguridad lingüística desemboca, así, en una grave desigualdad social.

De acuerdo con Bentolila, el 10 por ciento de los niños que ingresan en los cursos preparatorios en Francia dispone de menos de 500 palabras en lugar de las 1200 que, en promedio, utilizan los demás. Esta pobreza lingüística hace que las mismas pocas palabras terminen refiriéndose a realidades distintas, hasta opuestas. Cuando se dispone de menos palabras, más se las utiliza, con lo que pierden precisión. Contamos con numerosos ejemplos de términos crecientemente empleados para denotar realidades muy diferentes. Cuando las palabras pierden su precisión, se acentúa también la tendencia a restringir la comunicación a un número limitado de personas. Esa pobreza lingüística estimula la conformación de guetos que la protegen, generándose una suerte de autismo social, una cofradía de fracasados. Se acentúa la desigualdad entre quienes poseen las palabras y los que, careciendo de ellas, no pueden discernir.

¿Cómo se llegó a esta situación? Aunque las causas son múltiples, tal vez la más importante sea el escaso interés por enseñar y aprender la lengua, tarea que no es tan natural como parece. En realidad, se trata de un arduo trabajo. Cuando un niño aprende a hablar, lo hace en el ámbito de su círculo reducido de convivencia: pocas palabras le bastan para indicar lo que quiere. Pero al abandonar ese ámbito y aventurarse en lo desconocido, necesita expandir su lenguaje para dirigirse a personas que jamás ha visto, a las que dice cosas sobre las que tal vez ellas no escucharon hablar. Para eso, el niño necesita la ayuda de los adultos, mediante una intervención comprensiva, pero exigente. Cuando no se entiende lo que los niños dicen, es necesario enseñarles, demostrarles que para el otro es muy importante comprenderlos. Hay que querer expandir el mundo para apoderarse de las palabras y hay que querer apoderarse de las palabras para expandir el mundo, como señala Bentolila.

Hoy se mira con simpatía esta lengua empobrecida y rudimentaria porque se la considera "lengua de jóvenes" y, por lo tanto, protegida por la veneración que despierta la "cultura juvenil". La actitud demagógica de no enseñar la lengua limita aún más las posibilidades de quienes necesitan apropiarse de la herramienta esencial para enfrentar al mundo. Mientras que quienes dominan la lengua – que son cada día menos – pueden utilizar las jergas sin riesgo, los desheredados de palabras quedarán excluidos, encerrados en guetos cada vez más vastos. El respeto de la especificidad cultural no justifica renunciar a un valor universal como es la posesión de muchas palabras, el capital intelectual humano por excelencia. La lengua es poder, ya que permite nombrar, describir y explicar no sólo lo que se ve sino, sobre todo, lo que no se ve. Por eso, es preciso reaccionar ante esta severa limitación del poder de las nuevas generaciones sobre el mundo, pues provisto de palabras el ser humano se lanza a la aventura de ser más creador y menos criatura.
NS

miércoles, abril 12, 2006

A la gran muñeca, por Esteban Peicovich

En La Nación, 11/04/06. www.lanacion.com.ar/796461

Me agradó el texto por la forma en que elabora conceptos no sólo a partir de la información, sino también a partir de la foto que la acompaña. Cuando lo leí me hizo acordar al escrito de Roncagliolo sobre la foto de prensa, y a nuestras propias interpretaciones de las fotos cargadas en este blog. Además, y siendo sincero, es increíble.

NS
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China es grande. Y Yao Defen es la china más grande. Mide 2,36 metros, tiene 34 años y el rostro de serena tristeza que se ve. Su talla la distingue entre 1.300.000 millones de paisanos y 6.500.00 millones de terrícolas. Es un caso único. La mujer de la silla, la cama, la camisa, la sábana, la ropa más grande del mundo. Y la que cada mañana, cuando los demás saltan del lecho inquietos por saber del clima, recordar la agenda o desafiar al reloj, ella recae, un día y otro día, en la pregunta más grande del mundo. La madre de todas las preguntas: ¿por qué?
Yao es hija de la paradoja. Sus padres no miden más de 1,55 metros. Como cuarta hija, ella pesó 3 kilos al nacer y alcanzó los 2 metros a los 15 años. Lo suyo fue crecer fuera de libreto. Un duende botánico se alojó en su anatomía y se alzó del suelo a velocidad de planta más que de persona. Hasta que un bisturí resolvió el misterio: un tumor en la pituitaria producía hormonas de crecimiento de más. La medicina paró el desborde y el listín quedó en los 2 metros y 36 centímetros.
Demasiada talla para ser feliz. Yao pesa hoy 179 kilos, calza 78 (medida europea) y es una gigante de yeso. Su salud frágil la alejó del posible consuelo del estrellato deportivo. De estar sana y ser hombre se llenaría de millones por acercar al aro una pelota. Pero no hay piedad con Yao. Su padre (devenido manager de ocasión) la convirtió en artista de circo. Un malhadado oficio sponsoreado por su padre que la hundió en la humillación. Durante dos años fue paseada por los pueblos chinos como un orgullo nacional: la mujer más alta del mundo (que lo es, pues supera por 5 centímetros a Sandy Allen, de Estados Unidos, que vive en una silla de ruedas). Pero el fin era obsceno. Vean al monstruo. Y ¡plin! caja.
Iletrada, y tan pobre como su familia, Yao fue maltratada por el dueño del circo y acabó en un hospital por los golpes que recibió. El cúmulo de desdichas no consiguió borrar su sonrisa. Yao es bella y sobrelleva con humor el destino que la distingue entre todas las mujeres. Al creciente y fenomenal ascenso de su cuerpo siguieron la insensibilidad paterna, la humillante exposición pública y los golpes de su patrón. El plácido nácar del rostro de Yao le da un aire curioso de muñeca. No es efecto casual. Solitaria en su enorme humanidad, recordará a menudo a las muñecas cajas chinas más pequeñas y normales que pasaron por su cuerpo hasta acabar disueltas en esta última de 2006 que es ella misma. Muñeca china en la que laten la melancolía y el estrés. Y, penetrante (como un grito que no cesa), esa madre de todas las preguntas. Llueva, haya sol o anochezca: ¿por qué?
En la doméstica fotografía Yao ocupa una silla a su medida y ofrece sus largos pies al ojo recolector de asombros de la cámara. No participa de la escena. Facilita la labor del cronista pero no parece estar muy presente. Como si hubiera dejado en la silla el maniquí de su excepción absurda y guardado su cuestionado yo en un cofre de siete llaves. El rostro muestra los signos de esta ausencia. En el interior de la casa puede verse la cama-catre en la que descansa sus excesivos huesos y mitiga el dolor que le causan. A su vera, una amiga de talla normal teje y conversa. Esta sería la foto menos noticiera del mundo de no haberse producido el desmadre celular que provocó su pesadilla hasta convertirla en una flor azteca. Irse hacia arriba a una invisible pero rara velocidad. Comenzar a ver cómo la altura de sus semejantes descendía hasta quedar igualada en un molesto y curioso cabecerío que ahora flota medio metro debajo de sus ojos.
Su historia de vida (es un decir) tiene repercusión mundial. Es una fama amarga que no alcanza siquiera para que se ocupen de ella como merece. En la exótica lotería de las curiosidades de la especie, la cotorrita de la suerte le entregó a Yao un regalo averiado. La talla mayor del planeta. Un récord que no cierra. Que sólo sirve para sufrir. Un récord contra natura. No hay médico ni filósofo ni mago que consigan que deje de dolerle la pregunta de su vida. Tampoco ayuda meterse en el embrollo de si Dios juega a los dados o no. Aquí hay algo simple y cruel. A la gran muñeca Yao le tocaron el 2, el 3 y el 6. Sus dados genéticos estaban cargados. ¿Por qué?

domingo, abril 09, 2006

lunes, abril 03, 2006

Ocultar información no es mentir... ¿o sí?

Hoy alguien puso en su nick del msn lo siguiente: "Ocultar información no es mentir". Yo pienso que esa afirmación es correcta pero, errar es humano, así que dejo abierta todo tipo de opinión. Todo depende del punto de vista del que se lo tome, o al menos eso creo.
Saludos.

Ale.