sábado, febrero 28, 2009
viernes, febrero 27, 2009
La ola y la sombra
¡Un hombre al mar!
¡Qué importa! El buque no se detiene por eso. El viento sopla; el barco tiene una senda trazada, que debe recorrer necesariamente.
El hombre desaparece y vuelve a aparecer; se sumerge y sube a la superficie; llama; tiende los brazos, pero no es oído: la nave, temblando al impulso del huracán, continúa sus maniobras; los marineros y los pasajeros no ven al hombre sumergido; su miserable cabeza no es más que un punto en la inmensidad de las olas.
Sus gritos desesperados resuenan en las profundidades. Observa aquel espectro de una vela que se aleja. La mira, la mira desesperado. Pero la vela se aleja, decrece, desaparece.
Allí estaba él: hacía un momento, formaba parte de la tripulación, iba y venía por el puente con los demás, tenía su parte de aire y de sol; estaba vivo. Pero ¿qué ha sucedido? Resbaló; cayó. Todo ha terminado.
Se encuentra inmerso en el monstruo de las aguas. Bajo sus pies no hay más que olas que huyen, olas que se abren, que desaparecen. Estas olas, rotas y rasgadas por el viento, lo rodean espantosamente; los vaivenes del abismo lo arrastran; los harapos del agua se agitan alrededor de su cabeza; un pueblo de olas escupe sobre él; confusas cavernas amenazan devorarle; cada vez que se sumerge descubre precipicios llenos de oscuridad; una vegetación desconocida lo sujeta, le enreda los pies, lo atrae: siente que forma ya parte de la espuma, que las olas se lo echan de una a otra; bebe toda su amargura; el océano se encarniza con él para ahogarle; la inmensidad juega con su agonía. Parece que el agua se ha convertido en odio.
Pero lucha todavía.
Trata de defenderse, de sostenerse, hace esfuerzos, nada. ¡Pobre fuerza agotada ya, que combate con lo inagotable!
¿Dónde está el buque? Allá a lo lejos. Apenas es ya visible en las pálidas tinieblas del horizonte.
Las ráfagas soplan; las espumas lo cubren. Alza la vista; ya no divisa más que la lividez de las nubes. En su agonía asiste a la inmensa demencia de la mar. La locura de las olas es su suplicio: oye mil ruidos inauditos que parecen salir de más allá de la tierra; de un sitio desconocido y horrible.
Hay pájaros en las nubes, lo mismo que hay ángeles sobre las miserias humanas; pero, ¿qué pueden hacer por él? Ellos vuelan, cantan y se ciernen en los aires, y él agoniza. Se ve ya sepultado entre dos infinitos, el océano y el cielo; uno es su tumba; otro su mortaja. Llega la noche; hace algunas horas que nada; sus fuerzas se agotan ya; aquel buque, aquella cosa lejana donde hay hombres, ha desaparecido; se encuentra solo en el formidable abismo crepuscular; se sumerge, se estira, se enrosca; ve debajo de sí los indefinibles monstruos del infinito; grita.
Ya no lo oyen los hombres. ¿Y dónde está Dios?
Llama. Llama sin cesar.
Nada en el horizonte; nada en el cielo.
Implora al espacio, a la ola, a las algas, al escollo; todo ensordece. Suplica a la tempestad; la tempestad imperturbable sólo obedece al infinito.
A su alrededor tiene la oscuridad, la bruma; la soledad, el tumulto tempestuoso y ciego, el movimiento indefinido de las temibles olas; dentro de sí el horror y la fatiga.
El frío sin fondo lo paraliza. Sus manos se crispan y se cierran, y cogen, al cerrarse, la nada. Vientos, nubes, torbellinos, estrellas; ¡todo le es inútil! ¿Qué hacer? El desesperado se abandona; el que está cansado toma el partido de morir, se deja llevar, se entrega a la suerte, y rueda para siempre en las lúgubres profundidades del sepulcro.
¡Oh destino implacable de las sociedades humanas, que perdéis los hombres y las almas en vuestro camino! ¡Océano en que cae todo lo que deja caer la ley! ¡Siniestra desaparición de todo auxilio! ¡Muerte moral!
La mar es la inexorable noche social en que la penalidad arroja a sus condenados. La mar es la inmensa miseria. El alma, naufragando en este abismo, puede convertirse en un cadáver. ¿Quién lo resucitará?
Victor Hugo
(Los Miserables. Francia. 1862)EugeH
martes, febrero 24, 2009
Una historia épica
Alumno: Hola, si querías saber cuando tengo que inscribirme en las materias…
Señora poco amable: Tenés que venir ACÁ el 23.
(la puerta se cierra dejando a nuestro protagonista con infinidad de preguntas en la boca).
23 de febrero.
(Creo que no es necesario volver a repetir la secuencia)
Alumno: Si, me dijeron que tenía que venir hoy a inscribirme en las materias.
Señora poco amable: No, es A PARTIR de hoy, pero tenés que hacerlo por Internet.
A: (intentando conservar la educación y la calma) Ah está bien, pero no tendrás los horarios como para verlos? Pasa que tengo que arreglar los horarios en el trabajo y necesitaría saber por lo menos como son los horarios de cursada.
S.p.a.: No, eso no te lo puedo decir.
Amaga a esconderse en su bunker donde el aire acondicionado es adorado como un dios pagano de antaño. Nuestro guerrero nórdico en un rápido movimiento de lengua la detiene.
A: Por lo menos no tendrás los horarios de las materias optativas?
S.p.a.: No, todavía no están.
La puerta vuelve a imponer su voluntad y la comunicación se ve interrumpida por 2 centímetros de vidrio y acrílico.
Nuestro peregrino se sumerge en el maravilloso mundo de la navegación virtual solo para descubrir que es imposible anotarse a las materias.
24 de Febrero
A: Si, intente anotarme por Internet pero no me aparecen las materias.
S.p.a: No, me tenés que llamar cuando te estés por anotar para que te de un pase.
(si hacen mucho silencio pueden escuchar los quejidos de la lógica que todavía se retuerce de dolor luego de semejante ataque)
Esa misma tarde por teléfono.
A: Hola si, me estoy intentando inscribir a las materias por Internet y no me deja.
Voz poco amable: No, tenés que venir para acá.
Desconfiado nuestro amigo busca las cámaras ocultas del programa barato de televisión que evidentemente le esta jugando esta broma. Al no encontrarlas continúa.
A: Pero hoy pasé y me dijiste que tenía que llamarte que me dabas un pase.
V.p.a: Dame tu nombre y DNI.
…
V.p.a: Pero vos debes una cuota.
A: No, ya pague todo lo que debía.
Contesta, haciéndole una llave al cuello a su Libido que quería gritar “¡¡¡Desembolsé 1505 mangos la semana pasada y vos me venís a decir que falta una cuota subnormal!!”
V.p.a: Bueno, ahí te anoté
A: Muchísimas gracias, que tengas un buen día.
Tuuu tuuu tuuu…
Nacho.
domingo, febrero 22, 2009
jueves, febrero 19, 2009
Fútbol, tres

Durante el invierno de 1989, la temperatura fue muy rigurosa, y el campeonato de fútbol, en el campo que había detrás de la casa de Gould, fue suspendido a menudo por el estado impracticable del terreno. A veces se resignaban a jugar en condiciones imposibles, sólo para que el calendario no se fuera completamente al traste. Gould tuvo la oportunidad de verlos jugar, un día, sobre la nieve. El balón picaba y para el árbitro, por tanto, todo estaba de acuerdo con el reglamento. Un equipo llevaba camiseta roja. El otro, un uniforme a cuadros morados y blancos. Alguno llevaba guantes, y uno de los arqueros se había puesto un colbac en la cabeza, con las orejeras bajadas y atadas en la barbilla. Parecía un explorador antártico rescatado de un iceberg por un crucero del Club Med. A la mitad de la segunda parte, Gould salió de casa y ocupó su sitio habitual, detrás del arco de la derecha. El profesor Taltomar no estaba. Era la primera vez. Gould esperó un rato y luego volvió a su casa. Ganaron los de rojo, con un gol de chiripa en el duodécimo minuto de la segunda parte.
El profesor no volvió a aparecer por el campo, por lo que Gould se puso a buscarlo. Al final lo encontró en una residencia de ancianos, con una pulmonía que quizás fuera un cáncer, no se sabía muy bien. Estaba en su cama, y parecía haber encogido. Entre los labios tenía un cigarrillo sin filtro, apagado. Gould acercó la silla a la cama y se sentó. El profesor Taltomar tenía los ojos cerrados, quizás dormía. Durante unos instantes, Gould permaneció en silencio. Luego dijo:
-Cero a cero a dos minutos del final. El delantero se tira en el área, el árbitro pita penal. El capitán protesta poniéndose a chillar como un loco. El árbitro se cabrea, saca una pistola y le dispara a quemarropa. La pistola se encasquilla. El capitán se lanza sobre el árbitro y los dos acaban por el suelo. Acuden los jugadores y los separan. El árbitro se levanta.
El profesor Taltomar no se movió. Durante un rato, no se movió. Después se sacó lentamente el cigarrillo de de los labios, sacudió una ceniza imaginaria, y murmuró lentamente:
-Tarjeta roja para el capitán. Lanzamiento del penal. Prosigue el partido hasta el final del tiempo reglamentario, añadiendo los minutos perdidos durante la mencionada trifulca. Expulsión del árbitro de acuerdo con la regla número 18 del Estatuto del Cuerpo que dice: los chiflados no arbitran.
Después tosió y se colocó el cigarrillo entre los labios.
Gould sintió algo hermoso en su interior.
Permaneció un rato más, en silencio.
Cuando se levantó, dijo:
-Gracias, profesor.
El profesor Taltomar ni siquiera abrió los ojos.
-Cuídate, hijo.
miércoles, febrero 18, 2009
La crisis golpeó más fuerte de lo previsto
La recesión tuvo un efecto más profundo en la industria del marketing que lo anticipado hace seis meses, según un nuevo estudio de la Association of National Advertisers (ANA). En la investigación realizada en agosto solamente el 21% de los anunciantes encuestados había admitido que planeaba reducir sus presupuestos destinados a publicidad más del 20%. Hoy, los que contestan a esta pregunta afirmativamente son muchos más.
La segunda investigación que realizó la Association of National Advertisers sobre el impacto de la crisis en la industria publicitaria local arrojó resultados más drásticos que la realizada el pasado agosto.
Cada vez, más y más compañías están identificando recortes en costos y reducciones de presupuesto (93% de los encuestados sostuvieron estar haciéndolo, frente a un 87% que lo había afirmado hace seis meses). Además, en la última encuesta, un 37% de los encuestados admiten que está en sus planes reducir los presupuestos más de un 20%, y en la encuesta anterior, esta cifra era de apenas 21%.
Según el nuevo estudio, las primeras tres áreas en las que los anunciantes planean reducir costos en marketing y esfuerzos de comunicación son: viajes corporativos, reducciones en presupuestos de medios para campañas publicitarias y reducciones en presupuestos de producción de campañas publicitarias. También planean desafiar a las agencias a que reduzcan gastos internos, así como identificar reducciones de costos. Por último, también se pretenden eliminar o demorar proyectos nuevos.
Otra táctica que está ganando terreno entre los anunciantes a medida que avanza el nuevo año es nada menos que la reducción en la compensación de las agencias: el 48% admitió que apunta a recortar costos en esa área.
También hay que recordar que en agosto solamente un 53% de los anunciantes encuestados pensaban que sus presupuestos publicitarios se reducirían en los siguientes seis meses, mientras que en realidad esto le sucedió al 71%.
“En el panorama económico actual, hay una necesidad de construcción de marcas que sea adecuada para la época: que reconozca las circunstancias financieras de los consumidores y les ofrezca productos, servicios y soluciones que tengan en cuenta sus necesidades”, sostuvo Bob Liodice, presidente y CEO de la ANA. “Para algunos anunciantes, eso significará orientar su mix de medios a inversión promocional y marketing directo; para otros, significará crear un mensaje de marca nuevo, relevante y oportuno”, añadió.
Fuente: http://www.adlatina.com/notas/noticia.php?id_noticia=31017
Juanma
martes, febrero 17, 2009
domingo, febrero 15, 2009
AOP & las nuevas TICs
(Sólo por citar un lugar fácil: imagínense "la tragedia de los Andes" con una camarita de video...).
NS
jueves, febrero 12, 2009
lunes, febrero 09, 2009
Fútbol, dos
Borde del campo, tras el arco de la derecha. Estaban quietos allí, mirando. El profesor Taltomar con su colilla apagada en los labios. Gould con un gorro de lana en la cabeza, y las manos en los bolsillos.
Minutos y minutos.
Después Gould, mientras seguía mirando atentamente el juego, dijo:
-Horrorosa tormenta sobre el terreno de juego. Vigésimo minuto de la segunda parte. Centro desde la izquierda, el delantero del equipo visitante, en evidente fuera de juego, la para con el pecho, el árbitro pita, pero el silbato, lleno de agua, no funciona, el delantero patea con todo el empeine, el árbitro pita de nuevo, pero el silbato sigue fallando, el balón va al fondo de la red, el árbitro intenta pitar con los dedos pero se los llena de babas y ya está, el delantero sale como un poseso hacia el banderín del córner, se saca la camiseta, se apoya en el banderín, esboza un paso de alguna estúpida danza brasileña y acaba incinerado por un rayo que ha caído de lleno en el susodicho banderín.
El profesor Taltomar se tomó su tiempo para sacarse el cigarrillo de los labios y sacudir una ceniza imaginaria.
El caso era, objetivamente, complicado.
Al final escupió al suelo una hebra de tabaco y murmuró en voz baja:
-Gol anulado por posición indebida. Delantero amonestado por sacarse la camiseta. Transportadas fuera del campo sus cenizas, el banquillo puede efectuar el cambio necesario. Tras la sustitución del silbato arbitral y la instalación de un nuevo banderín de córner, se reemprende el juego con una falta que se lanza desde el punto exacto del fuera de juego señalado. Ninguna sanción para el equipo local. Sólo faltaría que fuera responsable de que el delantero contrario tuviera una mala suerte de la hostia.
Silencio.
Gould dijo
-Gracias, Profesor.
Y se marchó.
-Cuídate, hijo –murmuró el profesor Taltomar sin volverse siquiera.
El partido seguía con un cero a cero inamovible.
El árbitro corría poco pero sabía lo que se hacía.
Hacía un frío que pelaba.
Los chicos necesitan certidumbres.
jueves, febrero 05, 2009
Fútbol, uno
De vez en cuando, Gould bajaba e iba a situarse al borde del campo, atrás del arco de la derecha, junto al profesor Taltomar. Pasaban decenas de minutos sin decirse nada. Mirando siempre fijamente hacia el campo. El profesor Taltomar ya tenía sus años y, a sus espaldas, miles de horas mirando fútbol. El juego le importaba relativamente poco. Él contemplaba a los árbitros. Los estudiaba. Mantenía siempre en sus labios un cigarrillo sin filtro, apagado, y murmuraba frases como “lejos de la jugada” o “ley de ventaja, idiota”. A menudo sacudía la cabeza. Era el único que aplaudía acciones como una expulsión o la repetición de un penal. Tenía algunas certezas discutibles que resumía en una máxima con la que desde hacía años terminaba cualquier discusión: “las manos en el área son siempre voluntarias, el fuera de juego nunca es dudoso, las mujeres son todas unas putas”. Sostenía que el universo era “un partido jugado sin árbitro”, pero, a su manera, creía en Dios: “es juez de línea y se equivoca en todos los fueras de juego”. Una vez, medio borracho, admitió haber sido árbitro, cuando era joven. Después se sumió en un misterioso silencio.
Gould le atribuía, no sin razón, un conocimiento desmesurado del reglamento, e iba a buscar en él lo que no conseguía encontrar en los insignes académicos que cotidianamente lo entrenaban para el Nobel: la certeza de que el orden era una propiedad del infinito. Así, lo que ocurría entre ellos era lo siguiente:
1- Gould llegaba y, sin tan siquiera saludar, se ponía junto al profesor, mirando fijamente al campo.
2- Durante decenas de minutos, no intercambiaban ni una palabra ni una mirada.
3- En cierto momento, Gould, sin dejar de mirar el juego, decía algo como: “Centro por la derecha, el delantero golpea al vuelo con la parte interior del pie derecho, le da de lleno al travesaño, que se rompe por la mitad, la pelota hace carambola con el árbitro, llega a los pies del extremo derecho que con la planta del pie derecho patea rozando el poste donde un defenor la para con una mano y despeja a la buena de Dios.”
4- El profesor Taltomar se tomaba su tiempo en sacar de sus labios el cigarrillo y sacudir una ceniza imaginaria. Después escupía al suelo alguna hebra de tabaco y murmuraba quedo: “Partido suspendido hasta arreglar el travesaño, con la consiguiente reclamación al club local por falta de mantenimiento del terreno de juego. Al reiniciarse el partido, penal contra el equipo visitante, y tarjeta roja para el defensor. Un partido de suspensión, si no hay apelación.”
5- Durante un rato seguían, sin comentarios, mirando el terreno de juego.
6- En cierto momento, Gould se marchaba de allí diciendo “Gracias, profesor”.
7- El profesor Taltomar murmuraba sin darse vuelta “Cuídate, hijo”.
Ocurría más o menos una vez por semana.
A Gould le gustaba mucho.
Los chicos necesitan certidumbres.
Una última cosa importante sucedía en aquel campo. De vez en cuando, mientras Gould estaba con el profesor, un balón salía rodando hacia fuera, hacia donde ellos estaban. A veces pasaba justo a su lado y se detenía unos metros más allá. Entonces, el arquero daba algunos pasos hacia ellos y gritaba: “¡La pelota!” El profesor Taltomar no movía ni un músculo. Gould miraba el balón, miraba al portero, y después se quedaba inmóvil.
-¡La pelota, por favor!
Turbado, acababa mirando al vacío, delante de sí, quedándose inmóvil.
martes, febrero 03, 2009
Apoyo al periodista Nelson Castro
Martes 3 de febrero de 2009
La Academia Nacional de Periodismo denunció que el levantamiento del programa Puntos de vista , que conducía Nelson Castro en Radio Del Plata, constituye un "gravísimo y arbitrario ataque contra la libertad de expresión".
"La acción combinada de oscuros intereses políticos y empresarios, y de inconfesables grupos de presión han conducido a la supresión de uno de los programas de mayor prestigio en el escenario cotidiano de la vida cultural argentina y han ocasionado un inestimable perjuicio a los requerimientos del interés público", declaró la institución en un comunicado, con la firma de su presidente, Bartolomé de Vedia, y su secretario general, José Ignacio López.
La academia recordó que Castro, miembro de número de la corporación, ejerció "la defensa del interés público durante muchos años, con impecable transparencia ética".
"La libertad de expresión requiere una vigencia permanente no sólo de los principios que garantizan el respeto irrestricto a la voluntad de las personas en el orden formal de los valores jurídicos, sino también un elemental acatamiento de los postulados éticos y morales que aseguran la transparencia de las relaciones en lo atinente a la continuidad y al desenvolvimiento de la actividad periodística", dijo la entidad.
Llamó, así, a la sociedad a "repudiar las presiones que se ejercen desde algunos ámbitos políticos para condicionar el trabajo periodístico y, sobre todo, para imponer condiciones que lesionan el nivel de independencia de los profesionales que se desempeñan en el ámbito de la comunicación social".
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1095941
Por mi parte repudio este tipo de cosas, y en manos de quienes, sino de los Comunicadores Sociales (nos), está el tratar de evitar que pasen.
EH
