lunes, febrero 09, 2009

Fútbol, dos



Borde del campo, tras el arco de la derecha. Estaban quietos allí, mirando. El profesor Taltomar con su colilla apagada en los labios. Gould con un gorro de lana en la cabeza, y las manos en los bolsillos.

Minutos y minutos.

Después Gould, mientras seguía mirando atentamente el juego, dijo:

-Horrorosa tormenta sobre el terreno de juego. Vigésimo minuto de la segunda parte. Centro desde la izquierda, el delantero del equipo visitante, en evidente fuera de juego, la para con el pecho, el árbitro pita, pero el silbato, lleno de agua, no funciona, el delantero patea con todo el empeine, el árbitro pita de nuevo, pero el silbato sigue fallando, el balón va al fondo de la red, el árbitro intenta pitar con los dedos pero se los llena de babas y ya está, el delantero sale como un poseso hacia el banderín del córner, se saca la camiseta, se apoya en el banderín, esboza un paso de alguna estúpida danza brasileña y acaba incinerado por un rayo que ha caído de lleno en el susodicho banderín.

El profesor Taltomar se tomó su tiempo para sacarse el cigarrillo de los labios y sacudir una ceniza imaginaria.

El caso era, objetivamente, complicado.

Al final escupió al suelo una hebra de tabaco y murmuró en voz baja:

-Gol anulado por posición indebida. Delantero amonestado por sacarse la camiseta. Transportadas fuera del campo sus cenizas, el banquillo puede efectuar el cambio necesario. Tras la sustitución del silbato arbitral y la instalación de un nuevo banderín de córner, se reemprende el juego con una falta que se lanza desde el punto exacto del fuera de juego señalado. Ninguna sanción para el equipo local. Sólo faltaría que fuera responsable de que el delantero contrario tuviera una mala suerte de la hostia.

Silencio.

Gould dijo

-Gracias, Profesor.

Y se marchó.

-Cuídate, hijo –murmuró el profesor Taltomar sin volverse siquiera.

El partido seguía con un cero a cero inamovible.

El árbitro corría poco pero sabía lo que se hacía.

Hacía un frío que pelaba.

Los chicos necesitan certidumbres.

4 comentarios:

Eugenia Hermida dijo...

Senasaci

Eugenia Hermida dijo...

Perdón, no se que toqué, sigo.

Estupendo, ahora entiendo muchas cosas (de futbol nada). Me encantó.

Claro, pragmático, frío. Tres cosas que siempre creí ley del pensamiento masculino. Una mentira más.
Lo ví en mi cabeza, hasta sentí el frío.

Siga, que gustó, así en cuotas.

Anónimo dijo...

muy bueno, como el anterior!
saludos.
MeGalómano!

Anónimo dijo...

Bonito, Pablo.
*
Hace mucho que no escribo anda original en forma de post. El fin de semana estuve revisando las primeras épocas del blog y me topé con textos que me hicieron sonreir con un dulzor melancólico. Leí desde noviembre de 2005 hasta el "Bendecida" de febrero de 2006. No mucho. Hay escritos que ya no recuerdo haber escrito y que saben ajenos.

Nos vamos poniendo tecnos.

NS