lunes, diciembre 28, 2009
Huella Ecológica.
Y bueno, estas cosas parece que me tocan a mi, o será que a mi me llaman mucho la atención y decido subirlas.
Todos los años, Gaby Herbstein, fotógrafa, hace un calendario para la Fundación Huesped (lucha contra el sida) en el que los famosos más trendy posan personificados dependiendo el tema tratado.
Este año la Fundación Huesped se quedó sin el calendario, le tocó a la Fundación Azara, y el tema es difundir la crítica situación ambiental de nuestro planeta.
Este calendario, tiene un poco que ver con el tema del que va a tratar mi tesis de licenciatura. La fotografía artística de alto impacto, por lo menos a mí estas fotos en particular, me gustaron, cada una me produjo un "impacto". Creo que consiguió un buen resultado estético y artístico. Busca dejar un mensaje, con un buen concepto y comunica muy bien una idea mediante la personificación de situaciones planetarias. Es bien publicitario, de lo que gusta ver, por que está bien hecho.
(Esta es mi opinión sobre este trabajo en particular de GH.)
Pero más allá de mi subjetiva opinión, ¿Creen que esto genera algún tipo de conciencia en los receptores? ¿Comunica lo que quiere comunicar y logra generar un cambio de conciencia? ¿o sólo pretende vender un lindo Calendario por que ser "ecológico" está DE MODA?
Esas cosas me dejaron pensando.
Dejo algunas de las fotos que más me gustaron y los invito a que vean el resto y opinen.
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1216234&pid=7976666&toi=6266
jueves, diciembre 24, 2009
domingo, diciembre 20, 2009
jueves, diciembre 17, 2009
Bueno, la cosa es así: El fin de semana se cumple un nuevo aniversario del 19 y 20 de diciembre de 2001. La fecha parece pasar cada vez más inadvertida. Esta vez se me ocurrió recordar otras cosas que pasaron al tiempo que De la Rúa se tomaba el helicóptero. Resulta que Oscar Brahim, se gana la vida como taxista, pero su verdadera actividad es otra. El tipo se baja del taxi, abre el baúl saca papeles y pinturas y se dedica a intervenir las vallas publicitarias con colage y pintura. Llamémosle "activismo gráfico" si quieren.
Lo interesante de Brahim que es que labura tanto con publicidad como con propaganda política y con espacios de la ciudad de mucha visibilidad como el puente de Juan B. Justo.
Hace cosas como éstas: http://picasaweb.google.com/aopusal/OscarBrahim#slideshow/5416214817333679170
(me volví china para tratar de embeber un slideshow y no pude)
Hay un documental al respecto llamado El taxista artista, pero no lo pude conseguir (quizás Seba tenga suerte). Por lo pronto, los dejo con una conferencia que dio en España hace 3 años, donde se puede ver y escuchar más claramente acerca de su laburo. http://theinfluencers.org/es/oscarbrahim
Era eso nomás.
Lo interesante de Brahim que es que labura tanto con publicidad como con propaganda política y con espacios de la ciudad de mucha visibilidad como el puente de Juan B. Justo.
Hace cosas como éstas: http://picasaweb.google.com/aopusal/OscarBrahim#slideshow/5416214817333679170
(me volví china para tratar de embeber un slideshow y no pude)
Hay un documental al respecto llamado El taxista artista, pero no lo pude conseguir (quizás Seba tenga suerte). Por lo pronto, los dejo con una conferencia que dio en España hace 3 años, donde se puede ver y escuchar más claramente acerca de su laburo. http://theinfluencers.org/es/oscarbrahim
Era eso nomás.
martes, diciembre 15, 2009
¿Y si el asombro llegara a su fin?
EL ARTE EN LA ERA DIGITAL
Hasta el siglo XX, el conocimiento que se tenía del arte de otros países era muy limitado, afirma Umberto Eco. Internet y las muestras itinerantes cambiaron eso. ¿Cómo afectará ese cambio la noción de gusto?, se pregunta el semiólogo italiano. Por: Umberto Eco
Los historiadores de la Edad Media nos dicen que el habitante de un pueblo difícilmente se mudaba a la aldea o pueblo vecino, distante a pocos kilómetros, pero era posible que visitara, como peregrino, Santiago de Compostela o Jerusalén. Sin embargo, aunque probablemente conocía las esculturas y vitraux de su propia iglesia, ¿qué podía haber visto o comprendido de las construcciones que cruzaba a lo largo de su peregrinaje? Es muy difícil querer ver algo que nunca se ha visto, algo que desafíe nuestra capacidad de percepción.
Algunos han puesto en duda el hecho de que Marco Polo haya estado realmente en China, porque no habla de la Gran Muralla ni del té ni de los pies vendados de las mujeres. Pero se puede estar mucho tiempo en China sin saber verdaderamente qué beben los chinos, sin observar jamás los pies de una mujer, aunque sea por educación, notando como mucho que en la corte de Gengis Khan, las damas se desplazaban a pequeños pasos; y sin pasar por la Gran Muralla, o pasar por ella y tomarla como una fortaleza local.
Todo esto para decir que, hasta el siglo XX, el conocimiento que la gente tenía del arte de otros países era muy limitado. Por otra parte, si observamos los magníficos grabados de la China del sacerdote Athanasius Kircher, a partir de las reconstrucciones visuales (realizadas según las descripciones verbales de los misioneros), es muy difícil reconocer una pagoda.
¿Cuántas obras de arte de su propia civilización veía un ciudadano francés hasta el siglo XIX? El acceso a las colecciones privadas, e incluso a los museos, estaba reservado a una elite, y a lo sumo, a una elite urbana, hasta la invención de la fotografía.
Para saber, por ejemplo, a qué se parecía una obra de arte conservada en Florencia, se recurría a los grabados. ¡Ah! ¡Esos espléndidos libros de Lacroix donde las madonas de todos los siglos (bizantinas o del Renacimiento) tenían el rostro de las jóvenes que poblaron los relatos históricos de la época romántica!
Recordemos que una de las etimologías de la palabra "kitsch" –aunque las hipótesis son numerosas– es sketch, esquisse, esbozo sintético y apresurado: los caballeros ingleses, durante su "Grand Tour" de Italia, para guardar un recuerdo de los monumentos y galerías que visitaban, pedían a artistas callejeros que les hicieran un dibujo de la obra vista una sola vez, ejecutado rápidamente la mayoría de las veces. De ese modo, incluso la evocación de la experiencia artística directa pasaba por representaciones infieles.
Y no podemos decir que las cosas hayan mejorado con la invención de la fotografía. Para convencerse de ello, basta con consultar algunos libros conocidos de la primera mitad del siglo XX sobre historia del arte, hasta que fue posible la reproducción en color.
Lo mismo que pasaba con las artes visuales, sucedía con el mundo del espectáculo. Es conocido ese maravilloso cuento de Borges en el que Averroes, que busca en vano traducir de Aristóteles los términos "tragedia" y "comedia" (pues esas formas de arte no existían en la cultura musulmana), escucha hablar de un extraño suceso al que había asistido un visitante en China, donde personas enmascaradas y vestidas como personajes de otros tiempos, actuaban en un escenario de modo incomprensible. Le contaban lo que era el teatro, pero él no comprendía bien de qué se trataba. En el mundo contemporáneo, la situación se invierte. En primer lugar, la gente viaja muchísimo, a riesgo de ver en todas partes los mismos lugares, hoteles, supermercados y aeropuertos, todos parecidos los unos a los otros, tanto en Singapur como en Barcelona, y se ha hablado mucho sobre la maldición de esos "no lugares". Pero, sea como fuere, la gente ve y es posible incluso que un francés haya visto las pirámides o el Empire State Building, pero no el tapiz de Bayeux (un poco como su ancestro, el campesino medieval...).
El museo, antes reservado a las personas cultivadas, hoy es la meta de flujos continuos de visitantes de todas las clases sociales. Es cierto que muchos miran pero no ven, pero, a pesar de todo, reciben información sobre el arte de diferentes culturas. Además, los museos viajan, las obras de arte se desplazan. Se organizan suntuosas exposiciones sobre culturas exóticas, del Egipto faraónico a los escitas. El juego de préstamos recíprocos de obras de arte se convierte en vertiginoso, y a veces peligroso.
Puede decirse lo mismo de los espectáculos, y es indudable que un habitante de una ciudad del interior tiene más oportunidades de ver un espectáculo de la Berliner Ensemble o un nô japonés que la que tenían sus padres.
Agreguemos a esto la información virtual: no hablo del cine o de la televisión, que convierten casi en superflua una visita a Los Angeles, puesto que se la recorre mejor en una pantalla que embarcándose en una maratón frenética de una autopista a otra, sin entrar jamás en ningún centro habitado; hablo de Internet, que hoy pone a nuestra disposición todas las obras del Louvre, de la Galería Uffizi o de la National Gallery.
Esto provoca una internacionalización del gusto, y la prueba es la experiencia apasionante que vive aquel que entra en contacto con el mundo artístico chino: habiendo escapado recientemente a un aislamiento casi absoluto, los artistas chinos producen obras que difícilmente se distinguen de las que se exponen en Nueva York o en París. Recuerdo un encuentro entre críticos europeos y chinos, en que los europeos creían interesar a sus invitados al mostrarles imágenes de diversas búsquedas artísticas europeas, en tanto que los chinos sonreían, divertidos, porque ahora conocían esas cosas mejor que ellos.
Finalmente, basta con pensar en esos innumerables jóvenes de todos los países que reconocen una pieza musical sólo si está cantada en inglés...
¿Iremos hacia un gusto generalizado, a punto tal que ya no podremos distinguir el pop chino del pop norteamericano? ¿O bien veremos perfilarse formas de localización, de tal modo que las diferentes culturas producirán interpretaciones distintas del mismo estilo o programa artístico?
En todo caso, nuestro gusto quedará marcado por el hecho de que ya no parece posible experimentar asombro (o incomprensión) ante lo desconocido. En el mundo de mañana, lo desconocido, si todavía queda algo, estará solamente más allá de las estrellas. ¿Esa falta de asombro (o de rechazo) contribuirá a una mayor comprensión entre las culturas o a una pérdida de identidad? Ante este desafío, es inútil huir: es preferible intensificar los intercambios, las hibridaciones, los mestizajes. En el fondo, en botánica, los injertos favorecen los cultivos. ¿Por qué no en el mundo del arte?
©Le Monde y Clarín, 2009. Traduccion de Estela Consigli. Texto escrito para el Festival Reimes Scenes d'Europe, que se desarrolla hasta el 19 de diciembre.
Para los que no recuerden, hablamos de esto, el otro día. Me pareció interesante.
Eugeh
jueves, diciembre 10, 2009
Esto no es una pipa

Una estática de un video qué recorría incesantemente la mayoría de los medios de comunicación durante gran parte del tiempo en que estuvo desaparecida la familia Pomar.
La imagen parece elocuente. Algo malo le estaba sucediendo a este hombre que batía su mano como pidiendo auxilio y que se le adivinaba un rostro desencajado, rayano a la locura.
Veo a ese hombre, que no conozco, y se me disparan miles de hipótesis. Me mareo. Me hablan de un arma que se había comprado, mientras me refriegan una y otra vez esos gestos casi desquiciados. http://www.youtube.com/watch?v=DEqbXZXOH64
Temo el peor de los finales. Entro como un caballo.
La tele es la que alimenta mejor mis versiones más morbosas. Es terrible el poder de seducción de esa imagen en movimiento. Deudas de juego, problemas de infidelidad, drogas, venganzas, etc. etc. Divago, arriesgo hipótesis, como todos. Veo el rostro de ese hombre, y temo por su familia. Algo habrá hecho.
Veinticuatro días después, la quimera se evapora. No veo más esa foto. Se habrá perdido. En cambio, escucho a la mayoría de la gente de los medios refunfuñando por la incapacidad, probada al fin, de los investigadores. En la calle, tal vez instigados por ese discurso, se inhala el mismo aire inquisidor. Todos se deleitan por la torpeza del otro, pero nadie es capaz de admitir que estamos empapados en ella.
Todos nos olvidamos de nuestra propia estupidez. Borramos de un plumazo las barbaridades que dijimos. Seguimos en pantalones cortos vergonzosos de reconocer los errores.
La imagen parece elocuente. Algo malo le estaba sucediendo a este hombre que batía su mano como pidiendo auxilio y que se le adivinaba un rostro desencajado, rayano a la locura.
Veo a ese hombre, que no conozco, y se me disparan miles de hipótesis. Me mareo. Me hablan de un arma que se había comprado, mientras me refriegan una y otra vez esos gestos casi desquiciados. http://www.youtube.com/watch?v=DEqbXZXOH64
Temo el peor de los finales. Entro como un caballo.
La tele es la que alimenta mejor mis versiones más morbosas. Es terrible el poder de seducción de esa imagen en movimiento. Deudas de juego, problemas de infidelidad, drogas, venganzas, etc. etc. Divago, arriesgo hipótesis, como todos. Veo el rostro de ese hombre, y temo por su familia. Algo habrá hecho.
Veinticuatro días después, la quimera se evapora. No veo más esa foto. Se habrá perdido. En cambio, escucho a la mayoría de la gente de los medios refunfuñando por la incapacidad, probada al fin, de los investigadores. En la calle, tal vez instigados por ese discurso, se inhala el mismo aire inquisidor. Todos se deleitan por la torpeza del otro, pero nadie es capaz de admitir que estamos empapados en ella.
Todos nos olvidamos de nuestra propia estupidez. Borramos de un plumazo las barbaridades que dijimos. Seguimos en pantalones cortos vergonzosos de reconocer los errores.
fv
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