miércoles, noviembre 30, 2005

Globalización






Ya que hablamos de globalización en aop, se me ocurrió subir este chiste de Nik. A mi pareció original. ¿Uds. qué piensan?

Ale

martes, noviembre 29, 2005

“Hay algo peor que la angustia de la página en blanco. Algo peor que no tener ninguna historia que contar: es haber oído demasiadas, y no poder olvidarlas.”

domingo, noviembre 27, 2005

Apostilla a un día de furia

Un hombre pasa con un pan al hombro...

Un hombre pasa con un pan al hombro
¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?

Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo
¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?

Otro ha entrado en mi pecho con un palo en la mano
¿Hablar luego de Sócrates al médico?

Un cojo pasa dando el brazo a un niño
¿Voy, después, a leer a André Bretón?

Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre
¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo?

Otro busca en el fango huesos, cáscaras
¿Cómo escribir, después del infinito?

Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza
¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?

Un comerciante roba un gramo en el peso a un cliente
¿Hablar, después, de cuarta dimensión?

Un banquero falsea su balance
¿Con qué cara llorar en el teatro?

Un paria duerme con el pie a la espalda
¿Hablar, después, a nadie de Picasso?

Alguien va en un entierro sollozando
¿Cómo luego ingresar a la Academia?

Alguien limpia un fusil en su cocina
¿Con qué valor hablar del más allá?

Alguien pasa contando con sus dedos
¿Cómo hablar del no-yo sin dar un grito?



[El señor César Vallejo incluyó este poema en Poemas Humanos de 1939. Creo que no hace falta hablar de su vigencia.]

Ya que estamos con las fotitos...





...dejo estas fotos tomadas por este boludo argentino en diciembre (2001), enero y febrero (2002)

slds
Marcelo

viernes, noviembre 25, 2005

Apostilla a El país de los boludos


Los perros no leen boludo (sin coma)
Marcelo T. de Alvear y Azcuénaga - verano de 2003 -

jueves, noviembre 24, 2005

El país de los boludos

Cuando estoy en la sala de ensayo, grabando alguna banda o monitoreando que no hagan bolsa los amplis, siempre escucho el mismo remate. Cuando escucho una conversación en mis viajes en tren o en bondi, siempre todas las frases terminan - mayoritariamente - con la misma palabra.
Encontré este texto y quería compartirlo con ustedes.

¿Es realmente así?
Elija y gane.

Por José Pablo Feinmann

Bastará con verificar que –en el lenguaje de los jóvenes, sobre todo– la palabra boludo ha reemplazado al modismo, típico de la argentinidad, che. Hoy, los jóvenes no dicen: “Cortala, che”. No dicen: “Ni ahí, che”. No dicen: “No me cabe, che”. Los jóvenes dicen: “Cortala, boludo”. Dicen: “Ni ahí, boludo”. Dicen: “No me cabe, boludo”. Pareciera, la palabra “boludo”, un reconocimiento (tal vez no consciente) del estado de las cosas, no un agravio. Pero no nos adelantemos. En principio bastará con verificar este decisivo desplazamiento lingüístico: del tradicional “che” se ha pasado al “boludo”, extrayéndole toda connotación agresiva para, limándolo, mantenerlo en el nivel referencial. Así, cálidamente, se dice: “Escucháme, boludo”. O “no vayás, boludo”. O “el bondi te deja mejor que el subte, boludo”.

Nadie ignora todo lo que un buen chiste expresa de una situación social o política. Los chistes que ha generado el menemismo son interminables y todos dicen algo de la situación básica que los ha producido: el menemismo, por supuesto. Pero yo elegiría uno entre los más destellantes y representativos. Uno en que la palabra “boludo” es decisiva y denota una situación histórica. Un tipo le dice a otro: “¿Sabés cómo le dicen a Menem?” El otro tipo dice: “No”. El primero dice: “El rey de los boludos”. El otro pregunta: “¿Por qué?”. El primero explica: “Porque él es el rey y nosotros los boludos”. La gracia del chiste (si me lo preguntan, creo que se trata de un chiste muy gracioso y bien armado) radica en atribuirle, primero, a Menem, una expresión tradicionalmente despectiva: sería, en efecto, “el rey de los boludos”, es decir, el más boludo de todos, el más tonto, el más idiota. Sin embargo, luego, sorpresivamente (un chiste siempre, o casi siempre, esconde un remate sorpresivo), la expresión “el rey de los boludos” deja de ser despectiva y es valorativa, porque “el rey de los boludos” es un rey, es un monarca, alguien que gobierna y, como todo monarca, tiene súbditos. Estos súbditos tienen un nombre, que primero creíamos se atribuía al rey, pero no, no se atribuye al rey sino a los súbditos: porque “los boludos” son los súbditos, los súbditos del rey. De este modo “el rey de los boludos” es el monarca que ejerce poder sobre una especial categoría de súbditos llamados “los boludos”. Que somos, más exactamente, nosotros. El chiste, que en el inicio parecía agredir o señalar peyorativamente a Menem, nos señala, en su remate, a nosotros: los boludos somos nosotros y él es el rey, el monarca, el que nos transforma en boludos gobernándonos. Porque si por algo somos boludos es porque Menem es nuestro rey. Y lo hemos elegido.

Cuando alguien escucha este chiste se ríe, jamás se indigna. Nadie dice: “Yo no soy un boludo ni Menem es mi rey”. No, los buenos y sufridos (y boludos) argentinos nos reímos y decimos “qué buen chiste, boludo”. Y nos asumimos como boludos y ya está claro por qué hemos dejado de decir “che” para señalarnos y ahora decimos “boludo”. Porque es así: antes nos señalábamos diciéndonos “che”. Por ejemplo: un amigo, luego de despedirse, se va del bar y de pronto descubrimos que hemos olvidado decirle algo. Lo llamamos. Le gritamos “¡Che!”. No más. Ahora le gritamos: “¡Boludo!”.

Todo esto no lo digo porque sí. Se me ocurrió, como muchas otras cosas, tomando un café en el bar de la esquina de mi casa. Estoy con un amigo y mi amigo lee el diario. Lee los sucesos de Ramallo. Que la bonaerense acribilló a los secuestradores y a los rehenes. Eso lee. De pronto, me dice que el comisario a cargo declaró que le habían tirado a las gomas. A las gomas del coche en que se escapaban los asaltantes con los rehenes. Tiraron, parece, entre ochenta y ciento setenta balas. Ni una le pegó alas gomas. Mi amigo me mira y pregunta: “¿Nos toman por boludos?”. Le digo que sí, que por supuesto, que nos toman por boludos. Que hace tiempo nos toman por boludos. Tanto, que los argentinos ya no somos los “che”, somos “los boludos”.

Cuando Alsogaray decía “hay que pasar el invierno”, nos tomaba por boludos. Y después Onganía, y Lanusse, y el viejo Perón muchas veces, nos tomaron por boludos. Y cuando Videla decía “los desaparecidos están en el exterior” nos tomaba por boludos. Y cuando hablaron de la “campaña antiargentina” nos tomaron por boludos. Y cuando hicieron el Mundial y cuando le ganamos a Perú seis a cero nos tomaron por boludos. Y Alfonsín nos tomó por boludos cuando les dijo “héroes de Malvinas” a los carapintadas, y nos tomó por boludos cuando dijo “la casa está en orden”. Y Menem se hartó de tomarnos por boludos. Nos tomó por boludos durante más de diez años. Menem y los Yoma y María Julia Alsogaray y los que mataron a Cabezas y los que suicidaron a Yabrán. Todos nos tomaron por boludos. Y ahora los de LAPA y los acribilladores de Ramallo y los que ultrajaron tumbas judías en La Tablada y, antes, los que volaron la Embajada de Israel, los que volaron la AMIA esos –muy especialmente esos– nos tomaron por boludos. Y quienes los cobijan, quienes deberían descubrirlos y encarcelarlos y no lo hacen, esos, día a día, cada día que pasa un poco más, nos toman por boludos. Porque eso es lo que somos, porque al fin sabemos lo que somos: somos el país de los boludos. Hoy, al comandante Guevara no le dirían Ernesto Che. Le dirían Ernesto Boludo. Y no por culpa de él, sino nuestra.

Mi amigo, ahí, en el bar de la esquina, tristemente dobla el diario y lo deja sobre la mesa. Llama al mozo. Pide un café. Veo en sus ojos el destello de la bronca. De la indignación. Tal vez de la rebeldía. Me mira. Y dice: “No se puede seguir así”. El mozo le trae el café. Bebe un lento sorbito, con cuidado, como para no quemarse. Me mira otra vez y dice: “Hay que hacer algo, boludo”.Es un comienzo.

Santiago

martes, noviembre 22, 2005

Pensando en Lippman


Espero que les sea grato la gráfica. La musa fue el archivo de agradecimiento.

Charly. (Carlos, para los que no saben inglés)

PD: Sepan disculpar por el mal tratamiento de la imagen (fuente y diagramación), pero tenía ganas de hacerla rápida.

Papá, ¿qué corno es el peronismo?

Este texto está extraído de http://mujergorda.bitacoras.com/1/esp/index.htm, es un weblog muy premiado. Además, es muy divertido y quiero compartirlo con ustedes. Recomiendo “aguasfuertes porteñas” de Arlt para profundizar en la nostalgia inmigro/argenta.
Espero ansioso sus opiniones.

Cuando era chica mamá me enseñó una propaganda de la radio que decía "Jabón Federal... evita la refregada". Una mañana que la estábamos tarareando en el recreo, vino una maestra y me dio vuelta la cara de un cachetazo: "¿Qué es eso de Evita la refregada?" —me dijo— "En la escuela no se habla de política, González".
Aquel fue el primer golpe que recibí por ser activista política, incluso antes de tener la regla y de saber nada de la democracia. Después la vida se llenó de peronismo y me dieron muchísimos más cachetazos: algunos de izquierda, otros de derecha, pero todos sonaban igual: ¡zácate!, y terminabas culo para arriba... Pero hay algo peor que vivir en un país peronista, y es casarse con alguien que se piensa que Perón y Evita son superhéroes interminables. Porque yo creo, y no es broma, que mi marido se piensa que Perón volaba.
El Zacarías fue una de esas criaturas que un día, durante el hambre de los años cuarenta, recibió uno de los regalos que hacía el General Perón a los chicos pobres. ¡Para qué, madre mía! ¡Qué gran error nacional que fue regalar esos juguetes! Desde ese momento el Zacarías es más peronista que gente, y no le importa un carajo lo que signifique.
Mi marido no votó nunca con la cabeza. Cuando está en el cuarto oscuro mira que la papeleta tenga el escudito y elige eso. ¡Pa'dentro! No le importa nada más: a veces ni mira los nombres. Hace treinta años que está pagando en cuotas los juguetes que le regaló Perón, pobre. Pero peor yo, la burra, que ni siquiera vi esos juguetes y también pago los platos rotos cada cuatro años.
Esto viene a cuento porque anoche el Caio y la Sofi estaban discutiendo en el patio, y entraron a la cocina acalorados, para preguntarle al padre quién de los dos tenía razón:
—Viejo —arremete el Caio—, yo digo que el peronismo es una religión, y la boluda ésta me dice que no, que es una enfermedad, como el botulismo. ¿No cierto que es una religión, que vos le rezás siempre a la foto de esa vieja chota con rodete, la que está en el garage?
El Zacarías aprieta un puño, imperceptible, y le tiembla el párpado como siempre que alguien blasfema contra Evita.
—Nada que ver, taradito —argumenta la Sofi—, es una enfermedad de antes, de la época de éstos. ¿No, mamá? —me pregunta— Si vos siempre decís que es una peste que viene de lejos, y que nadie tiene mayormente la culpa...
Trago saliva. Las criaturas se nos quedan mirando con los ojos como el dos de oro, esperando la palabra de los grandes, la respuesta definitiva sobre el peronismo. Mientras, el Zacarías se empieza a desabrochar el cinto por abajo de la mesa.
—¡Viejo controláte que son pre-adolescentes! —le digo—. Explicále las cosas con palabras, que los golpes no conducen a nada.
Pero ya es tarde. El Zacarías se levanta, henchido de justicia social, y revolea el cinturón al grito inconfundible de "¡vos no los defendás a estos hijos de puta!". Cuando mi marido dice así es porque no hay tregua posible, y los chicos saben que tienen que salir disparando, saltar la tapia y cortar campo por el terrenito de la vieja Monforte. Es eso o la muerte.
Cinco minutos después, mientras miraba por la ventana a mi familia perseguirse por la calle, cagándose a cinturonazos a la vista de los vecinos, me acordé de esa historia en la que Dios, hace muchos años, estaba repartiendo las virtudes de los países, mientras su secretario anotaba en una libretita.
—Los alemanes van a ser guerreros e implacables —decía Dios, y el secretario anotaba—... Los italianos va a ser trabajadores y espamentosos —decía—... Los yanquis, poderosos y descerebrados —el secretario anotaba—. Los argentinos van a ser buenos, inteligentes y peronistas...
—¡Epa, Jefe! —interrumpió el secretario—. Dijo tres virtudes en vez de dos. Sáqueles una a esta gente o los argentinos van a jugar con ventaja y después el resto se queja...
—Vos sabés muy bien que no me puedo echar para atrás, Jaime —dice Dios, pensando en una alternativa a su primera cagada celestial—. Hagamos lo siguiente. Anotálos con las tres virtudes, pero que solamente puedan elegir entre dos.
Y desde ese día, corazones, los argentinos que son como el Zacarías (peronistas y buenos) no pueden ser inteligentes; los que son inteligentes y peronistas no pueden ser buenos; y a los que son inteligentes y buenos —como es lógico— jamás se les ocurriría ser peronistas.
Cuando vuelvan los chicos de la calle, después de curarles las heridas y darles algo de comer, voy a ver si les explico el cuento y se dejan de preguntarle cosas al esquenún del padre.

Santiago

lunes, noviembre 21, 2005

Tam-tam

El puercoespín, de J. Barnes (Londres, 1992). Editado por Anagrama, Barcelona, 1994. Los fragmentos corresponden a las pp. 10-14.

Contexto: la historia se desarrolla a principios de los noventa en un país de Europa del Este anteriormente aliado a la URSS. Caída del comunismo, tensión entre el socialismo y el capitalismo entrante, la situación de miseria social abisagrada entre la responsabilidad del sistema anterior y las consecuencias de la conversión hacia el nuevo.

“Y en el bolsón del delantal, o en el bolsillo del abrigo si iban más arregladas, llevaban todas algún utensilio de cocina de tamaño considerable: un cazo de aluminio, un cucharón de madera, un afilador, o incluso, por si las circunstancias llegaran a exigir algún gesto amenazador, un pesado tenedor de trinchar.
La manifestación comenzó a las seis de la tarde, hora en que tradicionalmente las mujeres se hallaban en la cocina preparando la cena, por más que, últimamente, esta palabra, que designaba la principal comida del día, había pasado a significar un simple guiso caliente, entre caldo y estofado, a base de un par de nabos, un cuello de gallina –si era posible encontrarlo–, unas pocas hojas de verdura, agua y pan duro. Pero esa noche no iban a remover aquel mísero condumio con los cazos y cucharones que llevaban en los bolsillos. Esa noche sacaron sus utensilios y comenzaron a agitarlos en el aire, como saludándose unas a otras con una excitación algo tímida al principio. Hasta que se lanzaron.
(…) Se escuchó el primer golpe de un cucharón de aluminio contra un cazo. Durante unos instantes, mientras otras iban sumándose con respetuosa timidez, el ruido mantuvo un compás lento, pausado, como una irreal marcha fúnebre culinaria. Pero cuando el grueso de las manifestantes respondió a aquella invitación, los primeros momentos de solemne orden desaparecieron, y los intervalos de silencio se llenaron con el sonido de nuevos golpes dados por las mujeres que venían detrás (…)
Quienes participaban en la manifestación podían distinguir, gracias a la cercanía, las diferentes notas que sonaban: el débil y amortiguado chasquido del aluminio contra el aluminio; el timbre, más agudo y marcial, de la madera contra el aluminio; el sorprendentemente alegre tañido de la madera contra el hierro, que parecía llamar a fajina, y el pesado repiqueteo, como de martillo neumático, del aluminio al golpear contra el hierro. Aumentaba el estrépito a medida que se incorporaban a él más mujeres: un guirigay que nadie en la ciudad había oído antes y que resultaba aún más impresionante por su singularidad y su falta de ritmo: era machacón, opresivo, más hiriente que un grito de dolor.
(…) No hubo ninguna concesión a la palabra, porque durante meses, meses y meses no habían escuchado otra cosa que palabras, palabras y palabras: incomibles, indigeribles palabras. Hablaban con el metal, aunque no con el que solía hablar en ocasiones semejantes, el que dejaba una secuela de mártires. Hablaban sin palabras; argüían, bramaban, exigían y razonaban sin palabras; se quejaban y lloraban sin palabras (…)

(Gracias a Pablo)

Natalio Stecconi

AOP sale a la calle I



SAN SALVADOR DE JUJY - Enero de 2005 - A metros de la Terminal de ómnibus -

Dicen que una imagen vale más que mil palabras. ¿Será cierto? Y, en tal caso ¿cuánto vale una imagen que contiene palabras?

En fin, hemos visto cómo las palabras pueden borrarse con facilidad (no así su esencia). ¿Pasará lo mismo con las imágenes?

Para descontracturar un poco todo, propongo, desde este humilde lugar, salir a la calle desde una foto, debatir desde una imagen. Si este no es un buen ejemplo, pues bienvenido otro.

viernes, noviembre 18, 2005

Aviso

Algunos ya están enterados, pero otros se estarán desayunando al leer este aviso.

Por alguna razón técnica o humana desaparecieron los post cargados hasta el momento. Junto con ellos también se borraron los comentarios.

Tengo hecho un backup del material hasta el 1 de noviembre, pues preveía que algo así podría suceder. Sucedió.

Lo que ven ahora aquí debajo son los post de mi backup cargados tal y como estaban en su forma original, respetando autores y cronología de aparición (por eso también he cargado las fechas originales).
Sólo faltan algunos pocos post que venían luego del de Magalí sobre la cultura de las Barbies. El gran Marcelo hizo una copia del post de Iván y muchos de los comentarios que estaban dentro. Marcelo me pasó todo por mail y también lo he cargado tal como él me lo envió.

El resto lamentablemente se perdió. Pero creo que hemos podido salvar bastante.

Si alguien conserva comentarios de alguno de los post, por favor que los cargue. Ojalá que el caso de Marcelo no sea el único.

He omitido los post de: Julieta y el cuento de Cortázar, el mío sobre la estadística de la ONU bajada a pequeña escala, el mío sobre el maquillaje, el mío con fotos viejas, el mío de cierre de AOP 2005 (es el mismo texto que está cargado en mis apuntes on-line, así como los avisos sobre los sondeos de los alumnos publicados en medios y la actualización del Latinobarómetro). Todo esto no lo tenía en backup porque no es tan esencial como vuestros textos originales.

Tranquilos. Seguimos aquí. AOP extramuros vive.

En la medida que pueda empezaré a hacer backups semanales o quincenales. Estuvimos escribiendo mucho y creo que un backup por mes es poco. Se me complica un poco con los comentarios, porque son más y mucho más cotidianos y/o seguidos... pero veré si puedo incluirlos también en el backup. Si alguien quiere darme un mano para este tipo de planes de contingencia, bienvenido.
Perdón por lo sucedido. Y gracias a Flor, Pablo, Marcelo y Luz que fueron los primeros en ayudarme a tratar de ver cuál era el problema y -más importante- cómo solucionarlo.


Cariños y a seguir,

Natalio

El poder oculto de la verdad

En mi estreno en los blogs, y de manera particular en este portal, del cual hace tiempo participo en forma pasiva, pero nunca había decidido expresarme hasta este momento. Quería compartir con todos, esta nota que escribió un conocido en un medio comunal, de no demasiada trascendencia. El artículo tiene como tema central la comunicación alternativa, pero aborda profundamente algunos conceptos básicos para todos los hombres. Por eso el tema de los medios alternativos me pareció una excusa para hablar de la traumática relación entre la verdad y el poder, sobre todo para los periodistas. Después de varios planteos internos con la nobleza de mi profesión, o particularmente críticas a aquellos que se encargan de degradarla, es bueno soñar un poco y pensar que se puede vivir y trabajar con los valores que desde chicos nos inculcaron. Sería responsable que nos comprometamos a respetar aquello que marca la matriz del periodismo: la verdad.

Iván.


LOS MEDIOS ALTERNATIVOS COMO BUSCADORES DE VERDAD

Antes de abordar lo que es para nosotros la Comunicación Alternativa, nos parece importante definir en primer lugar el concepto de “Verdad”: Juicio o proposición que no se puede negar racionalmente, expresión clara, sin simulaciones. Y en segundo lugar, el concepto de “Poder”, no como la facultad o potencia de hacer, sino como la suprema potestad rectora y coactiva del estado o el mercado.

La relación entre Verdad y Poder está en permanente conflicto, relación conflictiva de la que aquellos periodistas que se atan al concepto de verdad son las principales víctimas. Porque en el caso de muchos medios masivos, la indagación y la verdad se han convertido en entretenimiento y espectáculo, donde sólo importa cual fue el rating de Tinelli y Susana, la noche anterior. En consecuencia, es muy difícil la verdad en esta relación de conflicto con un poder, que también se ha convertido en entretenimiento y espectáculo, hablando de las vacaciones o las peleas mediáticas de los dirigentes políticos, como una fuga a los temas que deberían ser de la agenda pública cotidiana, como el problema energético, el saqueo de los recursos naturales, etc. Simplemente no se informa, simplemente se entretiene. Simplemente, no aparecen los grandes negocios, por no decir negociados.

Hay una sola forma de enfrentarse al poder, que es el “Testimonio”, quizás el concepto más claro de lo que es la indagación, que es la fuente de la libertad de expresión; es decir, el testigo, el que vio, el que puede describir. Acá entra en juego el concepto griego de la “Parresía”, que es la posibilidad de hablar, poder decir, y sobre todo decir la verdad. No es decir “El Río de La Plata es el más ancho del mundo”, porque es una verdad sin un riesgo. La Parresía implica decir la verdad frente al poder, implica asumir el riesgo de la persecución por parte del poder, consiste haber decidido que es más importante como obligación moral: decir la verdad que asumir el riesgo, y para los medios “alternativos” esto se vuelve inexcusable, como también debe serlo para el periodismo vocacional, para el periodista nato.

La deformación y la desviación de esta verdad, ha convertido a la libertad de expresión en un negocio capitalista más. Los medios de comunicación masivos, sobre todo la TV, se han transformado en el espectáculo público por excelencia, que hacen espectáculo de la tragedia, como en el caso Cromagñón, espectáculo de la política, como la pelea entre ministros de un mismo régimen, en fin, un espectáculo de las miserias de la comunidad

Ese divorcio entre la verdad que hay que decir, y la pragmática que hay que concesionar con el poder, ha enviciado la democracia, ha enviciado la república, y en el medio se perdió la verdad. Así, el poder y la pérdida de verdad, se empezó a medir, no tanto por lo que se decía, sino por lo que se escondía. El poder no está en lo que se dice: el poder está en lo que se esconde y en lo que no se dice, en lo que se omite. Entonces, ese mismo cinismo en el que cayeron muchos, terminó no sólo privando de libertad a las propias vocaciones periodísticas, sino privando al pueblo de su voluntad de saber, de decidir, de participar. ¿Cómo es posible que los pueblos decidan, si lo que tienen que saber, no lo pueden saber, porque no se puede publicar? O si cuando se tiene que publicar, en realidad ya es tarde, como en el caso de los sobresueldos del menemato. Es posible hablar del poder que se fue, pero no es posible hablar del poder que gobierna. Es preciso decirlo antes. La mayor opresión frente a los pueblos es la mentira, o el silencio, que es una forma de complicidad.

En esto deben jugar un papel fundamental los Medios Alternativos, siendo buscadores de verdad, quebrando el discurso único, enfrentando las hegemonías y los monopolios, llegando a la gente desde abajo, por los costados; burlando así el secuestro de la información ejercido deliberadamente por las corporaciones multimediáticas y los “feudos provinciales” del régimen actual, en pos del objetivo de sociabilizar y democratizar “toda” la información (no sólo una parte), formando así conciencia para la participación ciudadana. Pero el gran desafío de los Medios Alternativos, y de la Red Nacional que está en formación, será la de emprender este camino respetando la “diversidad de pensamiento” y la “independencia de criterios”, sin caer en los callejones sin salida de los dogmatismos, las doctrinas, y las ideologías exacerbadas, que sin quererlo, nos podrían llevar a combatir al “Discurso Único” con un errado “Contradiscurso Único”, de esta forma estaríamos combatiendo a una hegemonía con otra hegemonía, y el esfuerzo habría sido en vano. Desde nuestro punto de vista, muchos deben ser los contradiscursos al régimen, y desde distintos ángulos debe provenir la “contrainformación”, incentivando así el trabajo articulado entre los que conformamos el campo popular, y no las divisiones derivadas del sectarismo.

Por último, queremos cerrar la idea con un fragmento de la conferencia “Verdad, Poder y Comunicación” dictada en la Facultad de Derecho en Junio del año pasado: “Hay que diferenciar opinión de información. Muchos se muestran pluralistas con la opinión, porque la opinión no jode a nadie. Muy distinta es la información, que es que yo me pare ahí, muestre un papel y diga: el ministro tal se robó tanto, y esta es la prueba. Esto es un dato, esto no es ni de derecha, ni de izquierda, ni de nada. Es un dato, soy periodista comunico información. Otra cosa es que yo diga el ministro tal es un imbécil, esto es una opinión, no molesto a nadie. Me parece que el problema frente al poder no es opinar sino informar, para decirlo de otra manera: La información es revolucionaria”.

¿Estamos destinados a ser barbies?

martes, noviembre 01, 2005

El profesor Stecconi nos dio como lectura obligatoria un fragmento del texto de Bauman ''En busca de la política''. Me parecieron sumamente interesante los temas que abordaba y la manera en que lo hacía. Pero creo que el tema que más me interesó fue el de la muerte.
Y como la sociedad le hace un ''culto al cuerpo'' para conservarlo en buen estado mientras estamos en vida.Por eso me parece relevante hacer una analogía de esa frase con uno de los temas que más me interesan y a la vez me aterrorizan: la cirugía estética.Por cuestiones personales, me hallo en una dicotomía de amor y odio hacia el tema. Amor porque me intriga como quedarán luego y trato de ver todos los programa que traten sobre eso; a modo de hobbie.
Odio porque me repugna ver que las personas se sometan a tanto dolor solamente para estar nivelados socialmente con las pseudo estrellas del espectáculo y para cumplir con los altos estereotipos que proponen la sociedad. Mejor dicho, los medios.La cirugía estética actual quisiera ser considerada como la fuente de la juventud. Y quizás es eso lo que tanto me molesta, no poder aceptar con la gracia que nos da el tiempo, las arrugas que adornan nuestros rostros. Porque yace una gran diferencia entre ''necesitar'' una cirugía y ''creer necesitarla''. Últimamente la gente se está creando más excusas y más complejos para ''poder necesitarla''.Me anonada ver por la calle a cada vez más gente que se ha retocado algo. Pero más que nada, que queda cada vez menos personas que no consideren hacerlo. La tensión y la tristeza que causa envejecer está puesto a modo de estigma social. ¿Qué sucedió con aquellos tiempos en el cuál el más viejo era el más sabio?La lucha contra el tiempo es cada vez más feroz. Pronto no se van a notar las diferencias entre una persona de 20 y una de 60... quisiera creer que eso se podría realizar con alguna poción mágica. Pero mutilar, quemar, estirar y corroer el cuerpo parecen la mejor alternativa.Pienso en alguna vez las barbies con las que solía jugar, se parecen mucho a algunas personas que veo caminando por las avenidas, a las que están en televisión.
Me horroriza pensar que esta ''moda'' se convierta en tradición y estemos todos destinados a ser físicamente de plástico, tan solo para decir: ''Yo vencí al tiempo''.

Magali Diaz Moreno.

Balance

viernes, octubre 28, 2005

El pensamiento único sobre la realidad se sostiene en uno de los clásicos principios asignados al discurso ideológico predominante: su fortaleza y aceptación radica en su capacidad para la descalificación de los discursos opuestos y diferentes.Escribo esto con cierto pesar y más dudas que certezas: temo que hayamos generado aquí (yo, el peor de todos) un lamentable sesgo. Chicas y chicos me han dicho que han entrado al blog pero no se han animado a escribir. Cierta percepción de niveles argumentativos e intelectuales que se hallan por encima de su supuesta capacidad y calidad de participación parecen haber hecho estragos.Sé de alumnas y alumnos maravillosos que no han escrito. Cada uno tiene su historia, y toda historia merece ser contada y escuchada. Tengo cuatro cursos de AOP, más o menos numerosos. Gente con vida interior que va más allá de una calificación en un parcial o de la suposición de que no los tengo en cuenta, de que no les sé el nombre, de que son tan sólo un número más en la lista, de que son un pasar coyuntural. Los conozco, no crean que no. Me ven un par de veces por semana, pero los adivino más o menos bien. Puedo arriesgar cómo piensan y qué piensan a partir de algún somero comentario en clase, de algún escrito meditado, de algunas palabras usadas en los parciales que denotan una bellísima sabiduría post-adolescente; sospechar tras sus movimientos, sus gestos, las ropas que deciden usar; hasta -aunque no lo crean- puedo inferir lo que trasluce más de una mirada silenciosa y sutil. Aprendí algunos trucos en estos años de docencia (empecé de pequeñín). Puedo arriesgar que los conozco más yo a ustedes de lo que ustedes conocen de mí. Eso lo apuesto con mi sangre. Es prepotencia de trabajo, como decía el amado Arlt.
Un amigo y colega me regaló un pensamiento maravilloso: no es que elegimos la docencia, sino que nos la impusieron. Es la marca escarlata. Yo no elegí ser profesor: lo tengo en mi ADN. La única vez que renegué de esto terminé pidiendo volver. Me estaba muriendo. No podía elegir, estaba (estoy) predeterminado cual sujeto de Huxley. Creo que por eso lo sufro tanto, lo vivo tanto, me hace tan pleno y me hace tan vulnerablemente humano.
¿Qué tiene que ver esto con el blog? Que yo también tengo mi historia. Y como sigo intentando conocerla es que trazo una empatía que me permite conocerlos a ustedes. He leído centenares de libros, les juro. A los 30 tengo casi todos los clásicos de la literatura universal encima. Pero no me importan los libros, sino lo que pude hacer de ellos. Son senderos que me permiten viajar, igual que la música y otras formas artísticas e intelectuales que aprendí a amar en mi niñez gracias a un par de padres y a algunos maestros que me supieron invitar a ello. Por eso escribo esto con cierto pesar y más dudas que certezas: temo que hayamos generado aquí (yo, el peor de todos) un lamentable sesgo.
AOP 2005 está llegando a su fin. Hoy necesito romper el sesgo. Vamos, que el pensamiento único carga con la imbecilidad de la concepción unívoca y acomodaticia de la realidad. La historia es del que la cuenta.
La maravilla está en la diversidad y en el esfuerzo por salir (pensantes) de la insoportable levedad del pensamiento único del ser.
Vamos. Los invito.


Natalio Stecconi

Espero no sea demasiado tarde...

martes, octubre 25, 2005

En principio te saludo Natalio, ya que sos el único al que conozco de los que leí en este Blog, (quizás el único que está haciendo una mueca semi sonriente a medida que sigue leyendo) al saber que junté coraje y me animé a escribir acá…De todas maneras saludo a todos los demás que andan dando vueltas por estos lares cibernéticos y por sus creaciones narrativas, las que hicieron que me animara a escribir estas minúsculas líneas y, ¿quién sabe? A formar parte de esta mini comunidad a la que de manera muy gentil fui invitado alguna vez…De tanto en tanto leía lo que se escribía y en cada párrafo me daba más miedo escribir algo, por la alta calidad narrativa de los autores o por el interesante contenido de las líneas expuestas. A veces y en el peor de los casos para mi inseguridad, las dos variables se juntaban dejando fuera toda aspiración e intento por ingresar a escribir algo en este lugar.
Sin embargo anoche, leía algunos comentarios publicados, hace casi un mes atrás… Que me hicieron juntar coraje, dejar temores de lado y escribir estas líneas.Los comentarios que encendieron el proceso de escritura contaban sobre los olores y como se los asociaba con imágenes, sentimientos, lugares y momentos. Poniendo en un lugar privilegiado a un sentido que al parecer siempre está entre los últimos.
Quizás porque no hay muchas personas que uno conozca, que carezcan del olfato, quizás porque no se los puede identificar a simple vista como a los ciegos. Y ojo que no hablo de cuando uno está resfriado y no puede oler nada, hablo de la falta del olfato de manera permanente.Sea por lo que fuere, es uno de los que en general, al imaginar tener que sacrificar algún sentido ronda por ser el más elegido.Al leer sobre éste en un comentario y luego leer que en tu cabeza, Natalio, se empezaba a gestar la idea de armar una unidad con algo de esa temática, para el 2006. No pude dejar de escribir esta humilde opinión y de recomendar uno de los libros que a mi criterio es uno de los mejores libros leídos hasta el momento y que quizás pueda formar parte de la lectura NO obligatoria de ésa futura unidad.
El libro en cuestión se llama El Perfume “historia de un asesino” de Patrick Süskind. Y era el libro que tenía el comienzo más brutal y truculento hasta que cierto profesor de AOP me hizo conocer “Vigilar y Castigar” de Michel Foucault. Posicionando a este último como vencedor en esa categoría.
De todas maneras el libro es muy bueno y quizás pueda servirte en el desarrollo de la unidad. Si no le encontrás uso, por lo menos los que no lo conocían léanlo que está muy bueno.
Un saludo a todos.

Drackull.

Preguntas para el 2050

viernes, octubre 07, 2005

“El hombre, atrapado en su laberinto irracional”
No se si por defecto o por virtud, pero el ser humano tiende siempre a preguntarse por el futuro. Quiere saber que será de él y del mundo más adelante. Inspecciona en lo más profundo de su ser, enfrentándose a dilemas, que sabe de antemano no podrá responderse. Intenta indagar, aunque a veces se quede en el deseo meramente onírico, acerca de su destino no tan cercano. Imagina bucear en el túnel del tiempo, levitar en las bibliotecas del mañana y consultar las páginas de los libros de historia de otra época.
Pero como todo proceso de construcción, supone antes uno de deconstrucción. Y es allí, cuando el hombre se pregunta por el pasado y gira la vista para espiar por su espejo retrovisor qué era lo que sucedía un siglo atrás.
A fines de la década de 1930, comienzos de 1940, Alemania conmocionaba al mundo y principalmente a Europa con la irrupción de un líder político, que años más tarde se convertiría en uno de los más siniestros de la humanidad. El país, que todavía no podía retomar su color natural tras la feroz teñida de sangre que le significó la primera Guerra Mundial, se encontraba nuevamente en los albores de uno de los peores genocidios humanos. Vendría el ascenso de Hitler al poder y las nefastas consecuencias de la segunda guerra mundial. A pesar de ser una de los países más ilustrados del mundo, la sociedad alemana de la primera mitad del siglo veinte, convalidó atrocidades imperdonables. Este dato de la historia, echa por tierra el mito de que las clases ilustradas no se equivocan, y que sólo las “masas ignorantes” son arrastradas por la irracionalidad. Es cierto que Hitler conquistó a las masas, pero también es verdad que éstas se dejaron llevar por la impronta de un discurso racista y perverso.
Todavía hoy, a más de siete décadas de aquellos trágicos sucesos, nos preguntamos el porqué. Quizás este mismo proceso de pensamiento retrospectivo se lo hagan los habitantes del mañana, aquellos que vivirán el mundo que nosotros les dejamos.
Y así como nosotros hoy nos seguimos preguntando porqué existió un Hitler, un Stalin, un Franco, o un Mussolini, los muchachos del 2050 y años venideros se preguntarán por el cinismo de un tal Bush o por la perpetuidad de un viejo de barba (comandante para los amigos) llamado Fidel Castro. Pero todavía no somos conscientes de la difícil misión que les quedará a los historiadores, maestros y periodistas del futuro.
¿Cómo les explicarán a aquellas personas sedientas de información, que el hombre de estos tiempos, utilizó su inteligencia para desarrollar una carrera armamentista cada vez más eficiente en pos de destruir al enemigo, sin percatarse que al mismo tiempo destrozaba su propio mundo.? La complicación más evidente se presentará cuando los jóvenes del mañana, en ejercicio de su visión retrospectiva, se pregunten por el año 2000 e insistan en averiguar que fue lo que hicieron sus antepasados. Así como nosotros hace unos años atrás escuchábamos a nuestros profesores de historia hablarnos de Malvinas y de la victoria que le propinábamos a los ingleses, según palabras de un trasnochado gobierno de facto, en el futuro se preguntarán por Irak y Afganistán.
Galtieri mintió, y “el pueblo” en la plaza de mayo vitoreó aquel discurso que suponía la derrota británica a manos de los inexpertos jóvenes argentinos, convalidando de este modo su infamia y su inescrupulosidad. Bush también lo hizo, y los norteamericanos no sólo le creyeron, sino que redoblaron la apuesta y lo confirmaron en su cargo por cuatro años más. Las armas de destrucción masiva eran una gran máscara que ocultaba el real motivo de la invasión de los Estados Unidos a Irak: el petróleo. La guerra tuvo su rótulo: Justicia infinita. Sólo con el título uno suponía que hasta Dios se había convertido en un escriba al servicio de la Casa Blanca.
“A Osama Bin Laden lo quiero vivo o muerto”, dijo suelto de cuerpo ante las cadenas de televisión norteamericanas, que respondían adecuadamente mostrando lo conveniente.Y sus lugartenientes, no menos empapados en el rol de justicieros, proponían que los agentes de la CIA recuperen el permiso para matar primero y preguntar después. El país madre de la democracia censuró, escondió e ignoró a los que se atrevieron a pedir cordura.La CNN prometía desde sus decorados electrónicos y sus pulcros presentadores, con un español refinado y neutro, una campaña que alimente la ira del mundo contra cualquier sujeto sospechable de pertenecer o descender de la media luna de oriente.
Las dos guerras mundiales fueron para demarcar el territorio, la guerra fría para repartirse ideológica y geográficamente el mundo en dos, la guerra de Irak fue por el petróleo, y la que vendrá probablemente sea por el agua. ¿Quién lleva la cuenta? ¿Somos conscientes de la cantidad de vidas humanas que se pierden a diario por el capricho del hombre? ¿Cuándo será el día en que éste se sacie de tanta maldad y utilice su raciocinio para crear y no para destruir?
¿ Ocurrirá esto en el año 2050? Resulta improbable si persiste el actual estado de cosas; es factible que el hombre para aquel entonces esté pensando en que botón apretar para aniquilar a su enemigo en pos de montar una nueva guerra innecesaria; quizás le haya llegado la hora al hidrógeno. Posiblemente, las potencias mundiales de turno pondrán a este mineral como la excusa perfecta para los enfrentamientos bélicos del mañana.
¿Qué explicación “racional” nos darán en el 2050?

Fernando Pittaro

Las musas no poseen reloj

lunes, octubre 03, 2005

Me enferma un tanto el extremo y permanente análisis al que se somete a ciertos temas, textos, materias. A veces me da placer leer a Edgar Allan Poe sin pensar que lo que escribió fue producto de un elaborado proyecto y estructuración con planes fríamente calculados, brindados por un desacuerdo explícito con el orden social. Opaca mi capacidad de asombro pensar que CADA espejo, escalera o número encontrados en la obra de Borges no fueron aleatorios. No sé, hay algo en el proceso de escritura que tiende hacia una línea de corte instintivo. En "La sociedad de los poetas muertos" Robin Williams ofrece un discurso en el cual expresa el poder vital de la poesía. Es así: hay artes que nos hacen más llevadera la supervivencia, artes como la abogacía o la ingeniería. Y después están la literatura, la poesía, la lírica, artes sin las cuales, acorde al personaje de Williams, no podríamos vivir.85% instinto. A eso se remite la inspiración. No sólo es conjugar conocimientos, teorías, datos; en ocasiones se requiere un grado menor de mentalidad estructurada, para dar lugar a un plano mucho más creativo, abierto y espontáneo. Las musas no poseen reloj.Como un director de cine al que le cuesta disfrutar una película, porque está en constante alerta frente a los planos y tomas que su colega ha implementado. A mí hace un tiempo me viene costando abstraerme de los conceptos teóricos que pueblan mi mente al momento de sentarme frente a un diario, libro o texto. Me requiere un esfuerzo mayor de lo normal y una destreza particular por parte del autor para suscitar algún tipo de proceso de identificación e interés en mi persona. No pretendo la ignorancia ni la banalidad, y comprendo la necesidad de complementar conceptos y relacionar temáticas, para así conseguir un completo entendimiento de lo que estamos percibiendo. No voy a leer "Alicia en el País de las Maravillas" y pensar qué lindo cuentito me han contado. Pero debo admitir que de a ratos busco ese espacio. Y cuando Wilde me recuerda que los placeres sencillos son el último refugio de los hombres complicados, me siento un poco más comprendida y un tanto menos enferma...

Victoria Guazzone

"Volver al pasado"

miércoles, septiembre 28, 2005

Es inexplicable la sensación que se siente cuando se vuelve a la infancia, es como si la mente hiciera un viaje del cual jamás se desea regresar.Hace tiempo atrás viví una experiencia similar, caminaba por las calles del barrio que me vio crecer, y de repente mi cuerpo se inundó de una sensación inexplicable, comencé a sentir esos olores tan característicos de mi etapa edípica.Cerré los ojos y me sumergí en ese mundo soñado, me vi correr en el vivero, herencia de mis abuelos maternos, entre los rosales y jazmines, esa mezcla perfecta de lo dulce y pasional, ya no sentía mis piernas, más bien levitaba en el espacio.No quería regresar, mi mente hacía un esfuerzo sobrenatural, y entre cítricos y olivos me volví niña otra vez.Comencé a preguntarme que había quedado de aquella infanta traviesa que recibía retos, bastante seguidos, en sus primeras andanzas en bicicleta, ya que una y otra vez aparecía encima de alguna planta que estaba reservada para la venta. Y ni que pensar cuando mi viejo se pasaba las tardes sacándome las espinas de los rosales. Mi rostro desprendió una sonrisa cuasi cómplice por aquellas anécdotas.De lejos se oían murmullos de aquellos que alguna vez fueron mis vecinos, y que, hoy, sólo parecen cuerpos en formol, pero seguía resistiéndome a volver, a seguir caminado, dejando atrás aquella sensación sublime.En ese instante comenzaron a mezclarse otros recuerdos, me vi creciendo en cámara rápida, pasé por la escuela primaria, el colegio secundario, mis experiencias universitarias, hasta que de repente volví a lo que soy hoy, una mujer. Uff que palabra…Abrí los ojos y caminé hasta el ventanal de una casa, esos que tiene vidrios espejados, me paré enfrente y por primera vez en muchos años me di cuenta que ya no era Julietita o Gullia, como me llamaba mi nonno, había pasado a ser Julieta o Juli, como me llaman las personas que me rodean.Sentí que todo aquello que había soñado en esos escasos minutos, se volvían chiquititos, y muy, pero muy lejanos. Por un instante tuve muchos deseos de volver a aquellos años ochentosos, pero al mirarme me di cuenta que era en vano. “Ya no soy esa niña, aunque quedan residuos de ella”. Aquella reflexión despertó escalofríos en mi interior. Inmediatamente me alejé del ventanal, y seguí caminando, tenía ganas de volar, de volver el tiempo atrás. Sé que no es posible, a menos que cuente con la maquina del futuro que hizo famoso a Michael Fox.

Este breve texto lo comencé a escribir hace algún tiempo, ni sé por qué, hoy, vuelve a mí casi por casualidad. Quería compartirlo con ustedes. Saludos.

Juli.

Y ahora digo yo

viernes, septiembre 23, 2005

Me disgusta este título. Dudé en utilizarlo por pudor, pues connota un egocentrismo muy difícil de resistir en este tipo de recursos digitales. Barajé frases que sospeché más inteligentes, algunas paráfrasis de grandes textos, y quizá algún título de vieja canción. Finalmente decidí darme el gusto de usarlo mientras me zancadillo a mí mismo: un weblog no es ni más ni menos que un ego binario ilustrado. El “Y ahora digo yo”, aun en cruel atentando contra mi pudor habitual, no deja de ser una patente verdad referencial. Soy yo el que dice, por lo tanto lo aclaro y hasta lo redundo para terminar de hundirme el facón.
Cuando se escribe existe una mayor posibilidad (y ventaja) de elegir las palabras que uno cree adecuadas para la expresión de lo que se quiere reseñar, narrar, adjudicar. Esta es una de las diferencias clave entre el lenguaje oral y el escrito, y una de las razones de mayor peso por las que escribir (bien) lleva más tiempo que hablar.(Ahora mismo estoy eligiendo esas palabras, rastreándolas en un repertorio mental coleccionado durante años, combinándolas, sustituyéndolas, comparándolas, acariciándolas, husmeándolas, descartando algunas, observando cómo tiendo a repetir por hábito algunos nexos o adverbios –me conozco bastante en ese sentido– [dije “bastante”, otro adverbio], probando sinónimos, alternativas, denotaciones, elipsis, eventuales giros irónicos, posibilidades sintácticas… Autorreferencia cíclica de las ruinas circulares borgeanas: acabo de escribir este párrafo varias veces; ¿cuándo empezó y cuándo terminará? Esto que leen es el producto de mi decisión final que ya, mientras examinan, estoy pensando cómo rematar).
Sigo utilizándome como objeto de análisis (algo que me fascina). En este momento estoy escribiendo en el bloc de notas. Es decir, no lo estoy haciendo directamente en el weblog. De esta manera puedo corregir, agregar, quitar con una reserva de tiempo a mi favor. Pocas veces escribo “de un tirón”. El post de las baldosas de opinión pública, por ejemplo, fue escrito sin volver atrás la mirada. Esa es la razón por la cual no me gusta cómo quedó, pero ya está, que descanse así, como foto de un momento captado sin haber preparado la esce/coreografía.
Yo no sé si Pablo escribió habiendo preparado la esce/coreografía, o si se tomó un buen rato para elegir sus palabras, o si le salió como le salió –confusiones generadas mediante– por haber narrado “de un tirón”. No me importa. Podré estar más o menos de acuerdo con lo que dice (de hecho no comparto muchas de las cosas que enuncia) pero está fenómeno así. Podría objetar una pasión desmedida que atenta contra la virtud de la templanza tan necesaria en estos casos, podría cuestionar el facilismo discursivo que implica hablar en nombre de un alumnado que no es tan homogéneo como puede parecer a primera vista (cuidado con las estereotipaciones que siempre son reduccionistas: ese es uno de los temas por excelencia de AOP), de la confusión entre facultad y universidad, de la utilización de un weblog de una cátedra específica como si fuera el libro de quejas de una universidad, de la prescripción de una falta de dialéctica en las aulas anunciada como regla matemática.
Pablo estaba enojado, se notaba, y no tengo pruritos con que lo esté y, por qué no, con que lo escriba. Porque al escribirlo puede leerse a sí mismo. Porque un weblog (a pesar de mis indicaciones de la primera clase sobre una mínima circunscripción a los temas de la cátedra) está abierto a todas las plumas y opiniones. Porque al escribirlo y dejar pasar unos días, Pablo pudo ver –también con pasión– qué dicen otros de su apasionamiento, qué dice él mismo de sus ideas escritas con la claridad que él creía que tenían o tras las denuncias que alertaban sobre su posible falta, cómo las repiensa, cómo las recanaliza, cómo las acomoda y cómo (y hasta dónde) las defiende como inobjetables expresiones de sus convicciones.Estaría yendo contra mis principios si en lugar de enseñar unos cuantos contenidos conceptuales, procedimentales y actitudinales correspondientes a una asignatura me decidiera, en cambio, a adoctrinar gente. No puedo hacerlo, soy demasiado joven e iletrado para hacerlo. Y si fuera viejo y letrado, creo hoy que tampoco lo haría.
Máximo habló por mí al momento de citar los estados por los que muchos hemos atravesado (sin conocernos en ese maravilloso entonces) en la facultad. Este es el año número 13 para mí aquí. Muchos años. Un poco menos que la mitad de mi vida.Ahora soy yo el que habla –con permiso telepático– por Máximo. Algunos de los cabrones más duros de aquel entonces estamos dando clases hoy. Y algunos (entre los que me incluyo) empezamos a dar clases a una edad casi pecaminosa. Pero cuidado, que nuestra dureza no era una rebeldía hollywoodense. No insultábamos a nadie, no hablábamos sin fundamento, no criticábamos sin argumentar, no creíamos que lo sabíamos todo y, sobre todo, que sabíamos más que nuestros profesores. No tirábamos petardos ni caíamos ebrios al aula. No, para nada. Nuestra rebeldía no era atractiva, espectacular ni televisiva. La nuestra era una guerrilla realmente aburrida. Tan aburrida que las damas preferían a los que sí sabían cómo llamar la atención con tácticas más observables en el corto plazo. Es que nuestra rebeldía consistía en ser más bien sutil, planificada y despreciable: nos pedían 75% y dábamos 150%. Precisamente porque nos quejamos de muchas carencias y obscenidades es que la estrategia fue dar más de lo que nos pidieron. Seguimos estudiando como Aristóteles cuando decidió convertirse en el discípulo magistral de Platón aunque no estuviese de acuerdo con él. Para criticarlo mejor luego y con fundamentos, Aristóteles se comió media vida dentro de la Academia de aquél. Nos pusimos a pensar, sacamos fuerzas y voluntad desde nuestros bajofondos, pasamos varios años ahí adentro, convertimos odios y desasosiegos en usinas, dormimos poco, trabajamos mucho, investigamos, optimizamos el tiempo. En ese momento no había blogs porque no había internet. Sólo había bibliotecas físicas con olor a libros de papel, fotocopias muy caras y textos que costaban una buena parte de nuestro sueldo adolescente. Es una bendición que hoy estemos tratando de cambiar muchas de esas cosas desde adentro y asumiendo con responsabilidad la libertad que nos dan para eso. Es una bendición porque aquella rebeldía sutil y nada televisiva dio sus frutos y nos dejó una base impresionante para sostenernos cuando todo, a veces, parece acontecer en contra. Aun sin todas las computadoras que debieran existir, los bares para la yunta, la tinta de la impresora o las escaleras marmoladas de una casona oscura. Hice toda mi carrera sin una computadora en la que escribir mis ideas, al enorme restaurant/bar de la sede en la que cursé lo terminaron de construir al año siguiente en el que egresé, me juntaba a debatir en esquinas extrañas y pulperías de ocasión con gente amada e impresentable a la que hace rato que no veo (y me duele el alma por eso). Al celular le llamábamos “ladrillo” y sólo lo tenían nuestros jefes y algunos profesores de avanzada. Pasaba más tiempo en el viaje de ida y vuelta a la facultad que en las 4 horas de cursada… Ni qué decir cuando tenía que venirme desde mi pueblo hasta la Biblioteca Nacional a buscar un libro, o rondar librerías para encontrar cómo se escribía el apellido de cualquier autor que hoy está en el Google.
Pero lo más importante de todo (y de lo cual hoy me siento realmente orgulloso mientras hago el guiño melancólico y respetuoso que otorga el pasado que ya no volverá) es que mis mejores profesores, aquellos pocos que me marcaron para siempre y colaboraron con lo que luego pude hacer de mí, esos profesores, sentencio, sólo me hablaron. Me hablaron y me recomendaron a muchos de los señores que leí y que cambiaron mi forma de mirar en derredor, de ver la realidad, de verme a mí mismo. Esos profesores me hablaron en sus clases, y con la palabra (aun en aulas frías, o demasiado calurosas, o llovidas, o llenas de bancos malformadores de columnas y asentaderas, aulas despojadas de cualquier incentivo edilicio, de cualquier computadora, de cualquier audiovisual, de cualquier confort), esos profesores (reitero parado en la cúspide de la Bastilla) lograron que me olvidara de todo lo anterior, del desfase, de la hostilidad, de los no-bares y de las no-computadoras. Esos profesores hicieron de su palabra la semilla que no para de germinar en mí.
Pero un weblog es un ego binario ilustrado. No quiero hablar de mí, pero hablo de mí en la escapada.
Florencia, otra vez tenés razón.
Gracias por tomarse un rato para escribir aquí. A todos.

Natalio Stecconi

Sobre "el refugio perdido" y la voluntad individual

MARTES, SEPTIEMBRE 20, 2005

Como considero que Natalio es un gran amigo (y sospecho -y espero- que el piense lo mismo), haré pleno abuso de este espacio que no es mío para hacer un comentario respecto del post que me precede.
Debo hacer una confesión: sobre este último, mi primera impresión fue de desagradable sorpresa. Luego mi humor cambió y me generó cierta ternura al sumergirme en un retorno a la inocencia y a cierto nivel de frescura de épocas pasadas.
No veo nada nocivo en la crítica, en la medida en la que sea constructiva y que no se transforme en un oscuro mesianismo; coartada intelectual y legitimación de una posición en la que nos "desembarazamos del problema". Fíjense que de esta forma caemos en el mismo reduccionismo que la izquierda cínica propone, o sea, ver los procesos sociales como ajenos a nosotros mismos, en donde la responsabilidad queda diluida "allá donde no nos toca".
Tengo que reconocer que mi visión también es parcial, ya que me unen a la USAL más de 10 años de convivencia, en donde he pasado por todas las relaciones posibles: alumno, egresado, graduado, ex-alumno, ayudante de cátedra y finalmente docente. En ocasiones me he sentido tan frustrado y despechado como el Sr. L>S>D>A. Otras he sentido -verdaderamente- un gran orgullo de pertenecer. Creo que estos dos sentimientos han sido exagerados y que como siempre, el criterio de lo razonable se ubica en un punto medio. Pero lo que se me debe reconocer, es que nunca, y digo NUNCA, he negado mi responsabilidad en el proyecto. En cualquier proyecto. Ya sea como alumno o docente, no le he dado la espalda a la historia y si en ocasiones las cosas no eran fáciles, la participación era innegable.
Por eso los invito a redimensionar lo que nuestro amigo L>S>D>A nos propone, pensando cuál es nuestra posición DENTRO del sistema que la USAL propone, y no ponernos en la visión cuestionadora desde FUERA del ecosistema comunicativo.
A propósito de esto último, siempre los soportes educativos han sido criticados: sí o no al powerpoint. Sí o no a Internet. Sí o no al aula. Clase expositiva o clase opinativa. Nos hemos perdido en dicotomías, y a la vez olvidamos que el verdadero espíritu educativo no está en los soportes o metodologías (sólo se expresa mediante éstos), sino en la actitud individual frente al conocimiento. Si no hacemos preguntas 5 minutos antes de que termine la clase, quiere decir que ya no sentimos pasión por lo que hacemos. Asociarse o comprometerse no tiene que ver con un bar, con una mejor infraestructura. Siempre tenemos los posibilidad de cuestionar y sobre todo cuestionarnos, sea cual sea el contexto. Siempre tenemos responsabilidad en lo que hacemos, aún en las condiciones más adversas (como a veces nos sucede en la USAL).
Estimado L>S>D>A, no se deje atemorizar por las frías escaleras de marmol (además es ud. ciertamente optimista al reconocer este material en las humildes escaleras de la facultad). Nadie quiere escupirlo. Hoy ud. se siente excluido y ajeno, pero como diría Aristóteles, "una golondrina no hace verano". Cuando sea ya un eximio egresado, a la distancia sentirá retornar el cariño perdido. Pero también será una ilusión, ya que "todo tiempo pasado fue mejor". Y volverá, le aseguro que volverá con una pasión más atemperada.


Máximo Paz

PD: una de las reglas básicas del periodismo es atribuir las fuentes y firmar las notas. Siempre que identificamos claramente al autor de los textos, les brindamos verosimilitud y veracidad. Nunca excluyamos nuestra autoría; es un signo de confianza en lo que nosotros mismos hacemos. Abrazo.

La Universidad como ámbito expulsivo

lunes, septiembre 19, 2005

Ey, un segundo. Observen hasta dónde se ha desplazado nuestro espacio de debate: hasta un escrito individual, en el vacío ciberespacial, dispuesto para el alcance voluntario de un alumnado limitado a imposiciones tecnológicas. Ni siquiera voy a empezar a hablar del sesgo económico-social que esto implica. Me limitaré a plantear lo supremo y único de mi pensamiento en este momento, a señalar la posibilidad de huida que posee cualquier lector ante una idea que no se parezca a aquella que hubiera deseado encontrar. Me limitaré a discutir la falta de una posición antagónica instantánea. Me limitaré a renegar la falta de discusión. La falta de riqueza dialéctica. La falta de crecimiento a partir de una sola idea. Algo no está bien.No quiero generar confusiones: mi búsqueda no es menospreciar las posibilidades de este medio que nos garantiza una expresión libre y sin ataduras formales. De hecho, celebro su existencia. Pero un blog es un blog. No es un aula, no es un claustro, no es un bar. No veo los ojos de mi interlocutor, no escucho su queja, ni su aprobación. Ni su grito de dolor ante mi burrada. Para graficarlo simplemente, estoy solo. Claro que decir "hablando solo" ya sería caer en la falsa imagen de una conversación que no sucede ni siquiera en el plano individual. Estoy escribiendo solo, exponiendo mis ideas (universitarias) bien alejado del ámbito de mis ideas (la Universidad) y de los destinatarios de mis ideas (los estudiantes universitarios). Sabrán disculpar mi insistencia: algo no está bien.Estamos desterrados de un lugar que nos pertenece. Muchos culparán a la era posmoderna, a la lógica televisiva o al abuso de los patrones en cuanto a la carga de su propia jornada laboral. La cuestión -sea quien sea el verdadero responsable- es que, hoy, el círculo de discusión académico universitario está confinado. Se encuentra (con esfuerzo), posteado en un foro común, que sólo puede existir de la mano de un profesor preocupado o voluntarioso. El aula es un sitio que ha perdido su significado real, un lugar de tránsito en el que se produce el seguimiento activo de una cantidad de textos que serán leídos durante la semana previa al parcial. Pero, así y todo, continúa siendo un refugio para la generación de ideas, para la inquietud, para el enfrentamiento ideológico, educacional y metodológico. En pocas palabras, sigue siendo un ámbito inclusivo: invita a llegar, invita a estar, invita a escuchar, invita a participar.La Universidad, en cambio, parece haber olvidado su rol principal como establecimiento productor de pensamiento crítico. Como institución, tiende a rebelarse ante uno de los componentes que forman su principio y esencia: el estudiante. Se ha convertido en un ámbito claramente expulsivo. En un monstruo de escaleras de mármol que decide escupirnos cada vez que cumplimos nuestro turno de clases. En nuestro edificio no hay un bar, pero a nadie parece sorprenderle esta realidad. Eso sin contar que una facultad como la de comunicación, cuya actividad principal gira alrededor de la escritura, posee apenas veinte computadoras (para, al menos, doscientos alumnos) y una impresora única cuyo funcionamiento es irregular.Contestemos preguntas: ¿Dónde nos juntamos a estudiar cuando se acercan los parciales? ¿Dónde tomamos un café entre hora y hora de cursada? ¿Dónde hacemos, estudiantes, los trabajos prácticos que nos solicitan? ¿Desde dónde bajamos los apuntes online que Stecconi pide para cada clase? ¿A qué distancia de nuestras aulas está ubicada la biblioteca? ¿Dónde podemos expresar nuestras ideas y dudas, nuestro análisis, nuestras certidumbres, nuestra repugnancia, nuestras aficiones? ¿En el aula?, es posible bajo ciertas circunstancias. ¿En la Universidad? Por supuesto que no.La Universidad -digámoslo con todas las palabras que puede decirse: EL SALVADOR- se ha convertido en un sitio ajeno. Es un sitio incómodo y de paso. Es un lugar que preferimos evitar. Es un lugar que sólo será visitado cuando sea indispensable. Es un lugar en el que conviene quedarse callado. Es un lugar en el que no formulo una pregunta cinco minutos antes del final de la clase para no permanecer allí después de hora. Es el opuesto a nuestro sillón favorito, ese que encontramos en el living de casa. Es el opuesto a la tranquilidad y a la familiaridad. Es, hoy por hoy, la negación de sí misma: es la no Universidad.Cuenten las veces -confío en que no serán tantas- que se han quedado conversando con sus compañeros dentro de ese edificio después de la una de la tarde. Algo no está bien. Esperemos, al menos, que la credencial inteligente tenga la suficiente capacidad intelectual como para debatir con nosotros cuando volvamos a casa, cuando estemos en el colectivo rumbo al trabajo o cuando veamos relegado nuestro discurso únicamente a los blogs.Por ahora parece nuestra única esperanza para que las ideas no se terminen cada día, cuando suena el último timbre.

L>S>D>A

Baldosas de opinión pública

JUEVES, SEPTIEMBRE 15, 2005

Hay una pintada sobre la vereda que piso al bajar del colectivo que me lleva a mi pueblo.
El color de la pintura es blanco, un tópico que más allá del irrisorio detalle mucho parece contar sobre la intuición plástica del anónimo enunciador: las baldosas son de un rojizo cargado, casi bermellón.
Como dije, no hay firma responsable; la fuente se cobijó en el confortable vacío de la nadiedad. Pero esa pintada, aunque sin fuente visible, es un mensaje dirigido a alguien, y ese alguien fue explicitado nominalmente por el enunciador. Ese alguien tiene un nombre, nombre que mi memoria, esquiva como suele definirme, no ha sabido resguardar. Pongamos por caso que ese nombre es "Ana".
Deben existir miles de graffitis en todo Buenos Aires que están dirigidos a alguien. Pero este, en las baldosas que piso cada tanto, me llamó la atención por tres razones.
1) La primera razón es la ubicación. En todos estos años he visto pintadas en paredes, en vallas publicitarias, en portones, en ochavas, en los andenes del subte, en las garitas de los colectivos, en los asfaltos y hasta en automóviles que han cometido el error de no ir a pasar la noche al garage. Tengo una hiperinformación que me ha saturado de percepciones graffitescas. Veo pintadas por todos lados. Las veo, pero ya no las miro. No las miro porque las veo en todos lados. Entrópico, pero real.
Este graffiti, en cambio, fue visto y mirado. Está en la vereda, lo cual ya es un toque de distinción que lo hace particular. Pero tampoco está en cualquier lugar de la vereda. Está impostado en las baldosas más pertinentes de toda la cuadra: las que uno debe pisar indefectiblemente (salvo que se posean dotes de milagrosa elasticidad física) al bajar del colectivo en esa esquina.
Doy por descontado que cualquiera de nosotros, al bajar de un colectivo, mira dónde va a ir dirigido el pie que nos separará del móvil ya detenido y nos depositará en tierra firme. Pues bien, allí donde se posa la mirada escrutadora antecesora del pie, está el graffiti. No se puede no mirarlo, no se puede no leerlo, no se puede no pisarlo.
2) La segunda razón por la que me llamó la atención el graffiti es la decisión de exponer públicamente un mensaje dirigido intencionalmente a una sola persona. Esto barre con el resto de los graffitis globalizantes y dictatorialmente unificadores del estilo "Palermo es de Chaca" o "Aguante Mambrú". Este era de "él" hacia "Ana". Simple, contundente, sin soberbia absolutista, libre de unanimidades generadas por el uso de la violencia discursiva.
Él le quería decir algo a ella, pero ese decir estaba en un segundo plano en relación con la necesidad de él de hacerlo público. Él le decía a ella, pero me lo dejaba saber a mí. O mejor dicho: él le decía a ella, pero quería que lo supiera yo al bajar del colectivo. ¿Lo hizo él porque ella tomaba ese colectivo, bajaba en esa esquina, pisaba esas baldosas y, por determinismo físico, no podría dejar de ver el graffiti? Quizás. Pero también podría haberla llamado por teléfono, o mandarle una carta, o transmitírselo a través de una amiga noble y confidente, o enviarle un tecnológico mensaje de texto.
Podría. Pero la fenomenología nos sacude con lo irrefutable: allí está pintado un mensaje privado hecho público. Está en la vereda, y la vereda es pública. Es de él, es de ella, es de todos, y mía también.
En días en los que la privacidad parece resguardarse inexorablemente del acontecer público que la condiciona y conforma –a no ser que esa privatización del espacio colectivo requiera de una movilización de intereses particulares que puedan promoverlo como universal (para que por efecto deductivo beneficie sólo a unos pocos)–, él sintió y expresó la necesidad de decirme a mí que ese mensaje estaba dirigido a ella, pero que no podía resistir la pulsión de hacer que yo lo supiera. No para apoyarlo, ni para ayudarlo, ni para convertirme en un activista de su causa. Él necesitó, simplemente, que yo lo supiera. De otra forma (o con otra intención), él habría firmado la pintada.
Él necesitaba hacer pública su anónima moción personal.
En medio de saturaciones informativas y de mensajes que no terminan de ser recibidos por culpa del mensaje segundón con ansias de primeridad que ya viene empujando desde atrás, él encontró el lugar y la ocasión para decirme que necesita decirme que desea decirle algo a ella. Decirme que dice que le dice algo que ahora digo y difundo yo. Perfecto.
Él hizo pública su opinión privada, pero sin obligarme a aceptarla; tan sólo me la comunicó y me dejó la libertad de decidir si la acepto y comprendo o no. No trató de transmitirme que esa es la opinión o moción de la mayoría de mi pueblo, a la cual debería yo plegarme o, ante mi potencial incorformidad, saber guardar el prudente silencio de la minoría. Sólo compartió su opinión conmigo. Compartió su opinión (su sentir) con un nadie-alguien que baja cada tanto de un colectivo cada vez más casual.
El pibe anónimo hizo pública su opinión individual, y hoy me entretengo con el deseo de saber que con eso pudo sentirse grande y pleno, sin bregar por imposiciones, mayorías aludidas, persuasiones encubiertas o citas a resultados de sondeos que marcan la tendencia mayoritaria acorde con su ideología (o infantil capricho). Sólo quiso entablar comunicación, sólo quiso promocionar que la función fática aun importa.
3) La tercera razón por la que la pintada me atrapó es el contenido del mensaje. Simple, honesto, directo y antológico. Desde hace un tiempo ese contenido forma parte de la colección de frases jamás creadas o dichas por mí, pero que me representan como si alguna vez hubiera podido (aunque no supe hacerlo) crearlas y decirlas yo.
La pintada sobre la vereda que piso al bajar del colectivo que cada tanto me devuelve a mi pueblo dice: "Ana, gracias por regalarme un cachito de tu vida".


Natalio Stecconi

Huracán

jueves, septiembre 08, 2005

“Un día, en Estados Unidos, la coincidencia de un atasco de autopistas con una paralización del tráfico ferroviario impide que el personal de relevo acceda a un gran aeropuerto. Los controladores no relevados, vencidos por el estrés, provocan la colisión entre dos cuatrirreactores, que se precipitan sobre una línea eléctrica de alta tensión, cuya carga, repartida entre otras líneas ya sobrecargadas, provoca un black out como el que ya sufriera Nueva York hace algunos años. Salvo que esta vez es más radical y dura varios días. Como nieva y las calles están bloqueadas, los automóviles forman monstruosos atascos; en las oficinas, se encienden fuegos para calentarse, estallan incendios y los bomberos no logran llegar a los sitios para apagarlos. La red telefónica queda bloqueada bajo el impacto de cincuenta millones de personas aisladas que tratan de comunicarse. Se inician marchas por la nieve, que ocasionan víctimas que se abandonan en las calles.Los viandantes, privados de aprovisionamientos de toda clase, intentan apoderarse de refugios y mercancías; entran en acción las decenas de millones de armas de fuego vendidas en Norteamérica. Las fuerzas armadas asumen el poder, pero son víctimas también de la parálisis general. La gente saquea los supermercados, en los hogares se acaban las reservas de velas, aumenta el número de muertos a causa del frío y el hambre, y en los hospitales los enfermos mueren por falta de cuidados. Después de algunas semanas, cuando penosamente se restablezca la normalidad, los millones de cadáveres dispersos por las ciudades y el campo comenzarán a propagar epidemias y provocarán flagelos de dimensiones parecidas a los de la peste negra, que en el siglo XIV destruyó dos tercios de la población europea. Surgirán entonces psicosis ‘de contagio’ y se afirmará un nuevo maccartismo mucho más cruento que el primero. La vida política, que habrá entrado en crisis, se subdividirá en una serie de subsistemas autónomos e independientes del poder central, con ejércitos mercenarios y administraciones autónomas de justicia. Mientras la crisis continuará indefinidamente, quienes lograrán superarla con más facilidad serán los habitantes de las áreas subdesarrolladas, ya preparados para vivir en condiciones elementales de vida y de competencia, y se producirán grandes migraciones, que darán lugar a fusiones y mezclas raciales, importación y difusión de nuevas ideologías. La propiedad, menguada la fuerza de las leyes y destruidos los catastros, se apoyará en el solo derecho de usurpación. Por otra parte, la rápida decadencia habrá reducido las ciudades a una serie de ruinas alternadas con casas habitables, y habitadas por quienes hayan logrado apoderarse de ellas, mientras las pequeñas autoridades locales podrán mantener cierto poder construyendo recintos y pequeñas fortificaciones. En este momento, se estará ya en plena estructura feudal…”

Fragmento de “Hacia una nueva Edad Media” (1972), ensayo de Umberto Eco sobre una hipótesis apocalíptica de R. Vacca. Extraído de Eco, U. La estrategia de la ilusión. Barcelona, Lumen, 1999.

Natalio Stecconi

A nosotros, los periodistas

martes, septiembre 06, 2005

A nosotros, los periodistas, reiteradas veces nos hacen responsables de ser los formadores del fenómeno de la Opinión Pública. Muchas veces tal responsabilidad se la asignan a los medios de comunicación donde los receptores son sólo pasivos espectadores que no participan de los procesos formadores de dicho fenómeno.Muchas encuestas han demostrado que las instituciones contribuyen a la formación de nuestro objeto de estudio.Si bien, cada uno de estos actores son responsables, debemos preguntarnos: ¿Cuál es el papel que deberíamos cumplir exactamente y de qué forma, para obedecer a las expectativas de los ciudadanos que se comprometen con la Realidad Social y Política Argentina?

Julieta Porco