viernes, noviembre 18, 2005

La Universidad como ámbito expulsivo

lunes, septiembre 19, 2005

Ey, un segundo. Observen hasta dónde se ha desplazado nuestro espacio de debate: hasta un escrito individual, en el vacío ciberespacial, dispuesto para el alcance voluntario de un alumnado limitado a imposiciones tecnológicas. Ni siquiera voy a empezar a hablar del sesgo económico-social que esto implica. Me limitaré a plantear lo supremo y único de mi pensamiento en este momento, a señalar la posibilidad de huida que posee cualquier lector ante una idea que no se parezca a aquella que hubiera deseado encontrar. Me limitaré a discutir la falta de una posición antagónica instantánea. Me limitaré a renegar la falta de discusión. La falta de riqueza dialéctica. La falta de crecimiento a partir de una sola idea. Algo no está bien.No quiero generar confusiones: mi búsqueda no es menospreciar las posibilidades de este medio que nos garantiza una expresión libre y sin ataduras formales. De hecho, celebro su existencia. Pero un blog es un blog. No es un aula, no es un claustro, no es un bar. No veo los ojos de mi interlocutor, no escucho su queja, ni su aprobación. Ni su grito de dolor ante mi burrada. Para graficarlo simplemente, estoy solo. Claro que decir "hablando solo" ya sería caer en la falsa imagen de una conversación que no sucede ni siquiera en el plano individual. Estoy escribiendo solo, exponiendo mis ideas (universitarias) bien alejado del ámbito de mis ideas (la Universidad) y de los destinatarios de mis ideas (los estudiantes universitarios). Sabrán disculpar mi insistencia: algo no está bien.Estamos desterrados de un lugar que nos pertenece. Muchos culparán a la era posmoderna, a la lógica televisiva o al abuso de los patrones en cuanto a la carga de su propia jornada laboral. La cuestión -sea quien sea el verdadero responsable- es que, hoy, el círculo de discusión académico universitario está confinado. Se encuentra (con esfuerzo), posteado en un foro común, que sólo puede existir de la mano de un profesor preocupado o voluntarioso. El aula es un sitio que ha perdido su significado real, un lugar de tránsito en el que se produce el seguimiento activo de una cantidad de textos que serán leídos durante la semana previa al parcial. Pero, así y todo, continúa siendo un refugio para la generación de ideas, para la inquietud, para el enfrentamiento ideológico, educacional y metodológico. En pocas palabras, sigue siendo un ámbito inclusivo: invita a llegar, invita a estar, invita a escuchar, invita a participar.La Universidad, en cambio, parece haber olvidado su rol principal como establecimiento productor de pensamiento crítico. Como institución, tiende a rebelarse ante uno de los componentes que forman su principio y esencia: el estudiante. Se ha convertido en un ámbito claramente expulsivo. En un monstruo de escaleras de mármol que decide escupirnos cada vez que cumplimos nuestro turno de clases. En nuestro edificio no hay un bar, pero a nadie parece sorprenderle esta realidad. Eso sin contar que una facultad como la de comunicación, cuya actividad principal gira alrededor de la escritura, posee apenas veinte computadoras (para, al menos, doscientos alumnos) y una impresora única cuyo funcionamiento es irregular.Contestemos preguntas: ¿Dónde nos juntamos a estudiar cuando se acercan los parciales? ¿Dónde tomamos un café entre hora y hora de cursada? ¿Dónde hacemos, estudiantes, los trabajos prácticos que nos solicitan? ¿Desde dónde bajamos los apuntes online que Stecconi pide para cada clase? ¿A qué distancia de nuestras aulas está ubicada la biblioteca? ¿Dónde podemos expresar nuestras ideas y dudas, nuestro análisis, nuestras certidumbres, nuestra repugnancia, nuestras aficiones? ¿En el aula?, es posible bajo ciertas circunstancias. ¿En la Universidad? Por supuesto que no.La Universidad -digámoslo con todas las palabras que puede decirse: EL SALVADOR- se ha convertido en un sitio ajeno. Es un sitio incómodo y de paso. Es un lugar que preferimos evitar. Es un lugar que sólo será visitado cuando sea indispensable. Es un lugar en el que conviene quedarse callado. Es un lugar en el que no formulo una pregunta cinco minutos antes del final de la clase para no permanecer allí después de hora. Es el opuesto a nuestro sillón favorito, ese que encontramos en el living de casa. Es el opuesto a la tranquilidad y a la familiaridad. Es, hoy por hoy, la negación de sí misma: es la no Universidad.Cuenten las veces -confío en que no serán tantas- que se han quedado conversando con sus compañeros dentro de ese edificio después de la una de la tarde. Algo no está bien. Esperemos, al menos, que la credencial inteligente tenga la suficiente capacidad intelectual como para debatir con nosotros cuando volvamos a casa, cuando estemos en el colectivo rumbo al trabajo o cuando veamos relegado nuestro discurso únicamente a los blogs.Por ahora parece nuestra única esperanza para que las ideas no se terminen cada día, cuando suena el último timbre.

L>S>D>A

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