domingo, febrero 28, 2010

tsunami de información

Ayer, sábado, me desperté a las 5.30 de la mañana. Encendí mi computadora, abrí el Word (quería escribir algo y volver tan pronto como fuera posible a la cama) y el Twitter. No esperaba demasiada actividad. Durante los fines de semana, mis contactos suelen ponerse más activos hacia el anochecer del domingo, pero ¿un sábado a las seis de la mañana? Resulta que me encontré con cosas como éstas:

Digamos que me desayuné con la noticia del terremoto, pero a esa hora, las seis, la cantidad y la manera en que se actualizaba la información, ya se había vuelto insoportable. Me abrumó muchísimo y eso que suelo tener twitter abierto buena parte del día los días hábiles (los fines de semana es otra historia). Así que después de un par de intentos a lo largo de la mañana decidí no abrirlo por unas horas. De verdad, nunca había visto tantos datos. Nunca tan rápido. Nunca en tan poco tiempo. Había nuevos tuits cada segundo: eran gestos de solidaridad, nuevos datos, quejas, comparaciones, datos de color, de todo...



Pronto llegaron noticias de que, colapadas las vías de telefonía celular, Twitter se había convertido en uno de los pocos medios a través de los cuales los chilenos podían comunicarse. Y se empezó -a las grandes cadenas les encanta aquello del "periodismo ciudadano"- a hablar de los "reportwiteros".



Además, usuarios de ustream y de justin.tv estaban trasmitiendo señales televisivas, Google ya había habilitado un servicio para buscar personas Para cuando se supo que había alerta de tsunami en la costa hawaiana, se habilitó una página que advertía minuto a minuto la situación y brindaba información útil. Además, desde la isla donde se graba la serie Lost, Jorge García (el actor que encarna a Hurley) avisaba, a través de su blog, que se había evacuado a un lugar más seguro y Dalton Cuse (productor ejecutivo de la serie) avisaba por Twitter que todo el equipo estaba a salvo.



Más allá de estos datos de color (alguno preocupado por la seguridad del elenco de Lost o sorprendido porque Luli Salazar se solidarizó desde su Facebook con "su amado" pueblo chileno), en un momento todos parecían hacer juntos la cuenta regresiva para el tsunami, que finalmente nunca llegó (por lo menos a Hawai).

Hacia la noche, la prensa televisiva chilena (señal a la que accedí vía justin.tv) repetía una y otra vez la importancia de Twitter a la hora de mantener las comunicaciones mientras el servicio de telefonía celular seguía colapsado. A eso de las 12 de la noche argentina llegaban noticias poco creíbles acerca de un periodista que había sido salvado gracias al uso de la aplicación.

No sé si tengo un balance para hacer, no sé si cabe una conclusión y si puedo elaborarla y creo que menos amerita un juicio. Lo único que sé es que, a priori, me impactó por un lado el rol que puede jugar la 2.0 en una tragedia y por el otro, la cantidad de información que son capaces de concentrar.

f.

martes, febrero 23, 2010

Ars


Theodore Géricault. La balsa de la Medusa. Museé du Louvre, Paris.
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¿Cómo se puede transformar una catástrofe en arte?

Hoy en día el proceso es automático. ¿Qué estalla una central nuclear? Tendremos una obra de teatro en los escenarios londinenses antes de un año. ¿Qué asesinan a un presidente? Podemos tener el libro o la película o el libro convertido en película o la película convertida en libro. ¿Una guerra? Envían a los novelistas.¿Una serie de asesinatos atroces? Escuchen los firmes pasos de los poetas. Tenemos que entender esta catástrofe, naturalmente; para entenderla, tenemos que imaginarla, para eso necesitamos justificarla y perdonarla, esta catástrofe, aunque sea mínimamente. ¿Por qué sucedió este demencial acto de la Naturaleza, este momento humano de locura? Bueno, por lo menos produjo arte. Pede que, en última instancia, las catástrofes sean para eso.

Se afeitó la cabeza antes de empezar el cuadro, eso lo sabemos todos. Se afeitó la cabeza para no poder ver a nadie, se encerró en su estudio y no salió hasta que hubo terminado su obra maestra. ¿Es eso lo que sucedió?

La expedición partió el 17 de junio de 1816.
La Medusa encalló en el arrecife la tarde del 2 de julio de 1816.
Los supervivientes fueron rescatados de la balsa el 17 de julio de 1816.
Savigny y Corréard publicaron su relato de la travesía en noviembre de 1817.
El lienzo fue comprado el 24 de febrero de 1818.
El lienzo fue trasladado a un estudio mayor y tensado de nuevo el 18 de junio de 1818.
El cuadro fue terminado en julio de 1819.
El 28 de agosto de 1819, tres días antes de la inauguración del Salón, Luis XVIII examinó el cuadro y dirigió al artista lo que el Moniteur Universel llamó “uno de esos felices comentarios que al mismo tiempo juzgan la obra y estimulan al artista”. El rey dijo: “Monsieur Géricault, su naufragio no es ciertamente ningún desastre”.


Julian Barnes, Una historia del mundo en diez capítulos y medio. Extracto, vía Langosta. Lean este libro. Leanlo. No dejen de leerlo.

lunes, febrero 22, 2010

Picasso, Pablo

Período azul, período rosa, cubismo, surrealismo, etc., etc., etc.

Derrochó creatividad , fue él creador, a mi gusto, del siglo 20. Esos tipos que sabiéndolo todo desde la base, se dieron el lujo de salirse del molde, CREAR realmente y causar, lo que causa ver una de sus obras. No cualquiera.

Tuve la suerte de ver muchas obras de arte en museos increibles. Una de las tantas obras que llamó mi atención como pocas, fue “El sueño”, supongo que me inspiró paz, y las líneas, y los colores, qué se yo, me llegó. Creo que eso es lo de alguna manera busca el artista, mover un poquito algo en el receptor.

A mi me faltan años luz para serlo, tal vez, no lo sea nunca. Pero entiendo que busco cuando saco fotos, primero que se genere algo en mi, que mi foto me mueva, y si a alguien le mueve algo, ese es entonces el destinatario.

Esto es un poco en respuesta a Nacho, sobre una charla que tuvimos el otro día en mi balcón: me contaba de un arte “nuevo”, muy copado, el “light painting”. Pintar con luz, sólo posible mediante la fotografía. Claro.

No inventaron nada. Le comenté de esta serie de fotos, en las que Pablo, no solo hacía circulitos y cosas simpáticas, sino que hacía…bueno, magia.

Eso, es ser un creativo, que publicidad ni publicidad. Pffff.


Saludos
EH

sábado, febrero 20, 2010

Balnearios

Desde el verano que me hicieron ver este documental, no paro con el ritual de verlo reiteradas veces y hasta aventurarme a repetir lo que la voz en off enuncia.

Es un documental realizado por Mariano Llinas y consta de varias partes. Mi preferido es el episodio de las playas. Aqui les dejo parte del relato (y a no perderse los videos!!!)


Lejos de los grandes centros urbanos, lejos de los polos productivos e industriales, rodeados de campos fértiles, mieces y ganados, en una angosta franja costera compuesta básicamente por médanos, bosques y arenales; en una región remota, ventosa, improductiva e inútil, florece un inédito modelo de emplazamiento urbano: la "Ciudad Balnearia".
Durante la mayor parte del año, estas ciudades permanecen vacías. Las calles están desiertas; los negocios, cerrados; los hoteles, inactivos; los grandes edificios de departamentos, deshabitados.




Con una linea parecida, hay otro documental llamado "Construccion de una ciudad" (hoy conocida por sus famosas termas).
Sinopsis
En 1978 se decide llevar a cabo la construcción de la represa Salto Grande. El emprendimiento requería dejar bajo las aguas a la ciudad de Federación. Sus habitantes son mudados a otra ciudad y así pierden sus costumbres y su forma de vida.


Vicky Y

miércoles, febrero 17, 2010

Harvie Krumpet

Harvie Krumpet (Adam Elliot, Australia, 2003).
Quizá lo han visto. Yo lo encontré por primera vez hace unos días. Ganó el Oscar 2003 al mejor corto de animación.
"El problema con bailar desnudo es que no todo deja de moverse cuando la música termina".
Data: http://www.celuloide.com.ar/archives/2005/06/23/harvie-krumpet/
En YouTube hay versiones subtituladas.
Dura veintipìco de minutos.
Es una obra de arte, muchachos.
NS.

martes, febrero 16, 2010

Ab imo pectore

Quiero ir al Parque de la Costa.
Flor me conoce más de lo que yo me conozco y sabe que cuando se acerca mi cumple me pongo más arisco y arcano que de costumbre. Yo no quiero cumplir tantos años no merecidos en 2010. Me fatiga que que mis peores secuaces adolescentes de aquel entonces me manden fotos de sus hijos (mis sobrinos) y de su felicidad que, a pesar de mi recuerdo tan profundo e inefable como correría Beatle, me es borrosa y foránea en mi posmodernidad.
No quiero crecer. No quiero crecer más. Yo no nací para crecer.
Yo sólo quiero ir al Parque de la Costa. Quiero tomarme el 152 hasta el puentecito y de ahí empalmar el Tren de la Costa hasta la estación Tigre del Parque de la Costa. Quiero estar una semana antes buscando las monedas necesarias. Quiero ir en el tren y ver lo que va pasando mientras voy en el tren. El yuyo y el río y el tracatrac del tren. Quiero pegar la palma de mi mano chiquita en el vidrio del tren. Quiero ver cómo el río y las casonas me serpentean. Quiero bajarme del tren y abrir los ojos y mostrar mi sonrisa adolescente, esa que mi hermana adoró cuando me puso de patitas frente a la Casa Blanca en Washington por sorpresa. Esa "cara de cuando éramos chicos, de mi hermanito fascinado que tanto necesitaba reencontrar".
Yo sólo y únicamente quiero ir al Parque de la Costa. Quiero ir para mirar los juegos y no saber qué hacer. Quiero subirme al autito chocador para esquivar a los que quieren chocarme. Quiero subirme a la montaña rusa de agua que no es peligrosa, quiero entrar a la cueva de los monstruos para que no me asusten. Quiero comprar algodón de azúcar.
No quiero crecer, ni quiero seguir leyendo ni entristeciéndome ni enculturándome.
Yo sólo quiero ir al Parque de la Costa a buscar aquella "cara de cuando éramos chicos", antes de que anochezca, antes de que sea demasiado tarde, antes de que me olvide, antes de que me apague, antes de que los monstruos que no me asustan se den cuenta de que no me asustan.
Yo sólo y únicamente quiero ir al Parque de la Costa a hacer de cuenta que no está tan mal, por un ratito, que me haya tocado ser yo.

Quiero ir.

NS

Mi recurrencia



Hace unas semanas mi Inglaterra fueron dos artistas. Estaba leyendo a Caicedo y sobre Caicedo y se me aparecía una y otra vez la figura de Nick Drake. Los dos se suicidaron muy jóvenes. Uno era escritor, el otro músico.


Andrés Caicedo vivió al extremo. Se llenó de drogas y de rumbas. Tenía 25 cuando decidió matarse, se tragó 60 pastillas y dejó una prolífica obra literaria detrás. Es uno de los escritores latinoamericanos de culto, contracultural por excelencia, una especie de Keroac colombiano. Su On the road es Que viva la música.

Nick Drake (nació en Birmania, oh, sí, inglés) también es un artista de culto. Tenía 26 cuando no pudo más con sus depresiones. Se fue a dormir con muchos más antidepresivos en la boca de los que le habían prescripto. No se sabe a ciencia cierta si fue un accidente o un sucidio. Lo que sí se sabe es que dejó un puñado de canciones hermosas.

Ayer me encontré con ésta. Es de 1970. Hace unos años, la revista NME la eligió como la más grande canción de amor inglesa.




f.

lunes, febrero 15, 2010

Epílogo (inglés, obvio)

Si tuviera las alas de un gorrión,
si tuviera el culo de un grajo,
volaría sobre Tottenham mañana
y me cagaría en los bastardos de abajo.

CANCIÓN POPULAR INGLESA

viernes, febrero 12, 2010

MUESTRA


Harry-dijo Basilio Hallward, mirándolo directamente a los ojos-, todo retrato que se pinta con sentimiento es un retrato del artista, no del modelo. El modelo no es más que un accidente, la ocasión. No es a él a quien revela el pintor; quien se revela sobre la tela coloreada es más bien el pintor.



Somos 22 los que exponemos, mío es un 4,5% . Retratos de personajes.

Comprendí que estaba ante alguien cuya simple personalidad era tan fascinante que, si me abandonaba a ella, absorvería mi naturaleza entera, mi alma y hasta mi propio arte.


Oscar Wilde, El retrato de Dorian Gray.


EugeH


jueves, febrero 11, 2010

Todo muy inglés


A veces pasa, ¿no? Que la vida se va volviendo temática. Como si tuviera momentos dedicados especialmente a tópicos limitados y predeterminados. Tema: La Vaca. Y empiezan a aparecer vacas por todas partes. Quizá sea que nuestra percepción se ve modificada, a partir de una nueva información. Que descubrimos a un autor y empezamos a escuchar de él. Que descubrimos a un actor y empezamos a verlo en todos los canales. Que descubrimos una actividad y todo el mundo la practica.

Tema: Inglaterra.

Desde que decidí irme a Londres mi literatura se llenó de Reino Unido: leí a Julian Barnes, y lo cité en un posteo del blog. Leí a Mark Haddon y a David Lodge. Pero sobre todo leí a Nick Hornby.
Después vi cómo alguien subía al mismo foro un video de Radiohead (banda inglesa, obvio) y cómo otro alguien recomendaba la película Alta Fidelidad.


Y ahí empieza el dislate: porque mi mundo interdiscursivo cuenta con algún dato irrelevante, digamos, como el que marca que Alta Fidelidad era una novela inglesa escrita por Nick Hornby. O que el propio Hornby escribió el guión de la última peli que logró atraparme del todo en el cine, An Education, que transcurre principalmente en Londres, que tiene retazos de Oxford (otro lugar que pienso visitar) y que también recomendé hablando del mismo tema en los comentarios de un video que alguien decidió postear. Enredado, ¿no? Tema: Inglaterra.

También podría decir que me enamoré de Hornby desde Fiebre en las gradas, su fanático libro futbolero, que leí también En Picado, que fue transformado en una película, y también me tragué Cómo ser buenos. Que quise comprar su último libro, Slam, para leerlo justamente en Inglaterra.
Que él mismo se mandó un mini ensayo extraordinario que se llama 31 canciones y que le encantaría a Flor.

Que todo lo que nombré lo recomiendo.

Pero sobre todo podría hablar de Inglaterra: de Londres, Oxford, Manchester, Liverpool y la expectativa.


Yo ahora me voy, pero nosotros volvemos. Seguramente habrá tiempo para más.
Los abrazo.
L>S>D>A

martes, febrero 09, 2010

El tiempo es veloz, tu vida esencial

Hola. Me pasaron por mail unas reflexiones atribuidas a Alejandro Dolina. Intenté corroborar la veracidad de esa atribución, pero cada vez que aparece este texto en la web se anuncia que pertenece a aquél sin brindar mejores detalles. El famosísimo tema de las fuentes y del copy-paste en internet. Cuando me ocurre esto suelo utilizar la técnica de la negación; es decir, intento encontrar algún dato que sospeche o niege la veracidad de la atribución. Tampoco encontré nada al respecto. (Se me dirá "pero quizá esa sospecha o negación, de existir, también debería ser chequeada en su veracidad..."). Aguante la mampostería borgeana, pero no es el punto.
Démosle algún crédito de confianza a este escrito que copio abajo y que me llamó la atención. Es probable que sea de Dolina. Y si no, es de un muy buen imitador.
Ustedes saben que todo lo relacionado con la educación me apasiona, tanto desde lo pedagógico y lo didáctico como desde lo filosófico y lo social. El texto trata sobre un tema inquietante y muy actual, y que suelo tratar en mis clases cuando se da la oportunidad, o cuando el grupo lo permite, o cuando noto que los pibes quieren "recibirse de" antes de haber aprendido a cambiarse los pañales.
Lamentablemente para mí, el discurso predominante va en contra. Vivimos en la época del "llame ya y obtenga su 'ab-shaper', no pierda tiempo en gimnasios ni sufra con dietas".

En fin. Perdón por el exordio bobalicón.
Va el texto.
Abrazos,
NS

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La aventura del conocimiento y el aprendizaje
Por Alejandro Dolina
La velocidad nos ayuda a apurar los tragos amargos. Pero esto no significa que siempre debamos ser veloces. En los buenos momentos de la vida, más bien conviene demorarse. Tal parece que para vivir sabiamente hay que tener más de una velocidad. Premura en lo que molesta, lentitud en lo que es placentero. Entre las cosas que parecen acelerarse figura -inexplicablemente- la adquisición de conocimientos.
En los últimos años han aparecido en nuestro medio numerosos institutos y establecimientos que enseñan cosas con toda rapidez: “…haga el bachillerato en 6 meses, vuélvase perito mercantil en 3 semanas, avívese de golpe en 5 días, alcance el doctorado en 10 minutos...”
Quizá se supriman algunos… detalles. ¿Qué detalles? Desconfío. Yo he pasado 7 años de mi vida en la escuela primaria, 5 en el colegio secundario y 4 en la universidad. Y a pesar de que he malgastado algunas horas tirando tinteros al aire, fumando en el baño o haciendo rimas chuscas.
Y no creo que ningún genio recorra en un ratito el camino que a mí me llevó decenios.
¿Por qué florecen estos apurones educativos? Quizá por el ansia de recompensa inmediata que tiene la gente. A nadie le gusta esperar. Todos quieren cosechar, aún sin haber sembrado. Es una lamentable característica que viene acompañando a los hombres desde hace milenios.
A causa de este sentimiento algunos se hacen chorros. Otros abandonan la ingeniería para levantar quiniela. Otros se resisten a leer las historietas que continúan en el próximo número. Por esta misma ansiedad es que tienen éxito las novelas cortas, los teleteatros unitarios, los copetines al paso, las “señoritas livianas”, los concursos de cantores, los libros condensados, las máquinas de tejer, las licuadoras y en general, todo aquello que ahorre la espera y nos permita recibir mucho entregando poco.
Todos nosotros habremos conocido un número prodigioso de sujetos que quisieran ser ingenieros, pero no soportan las funciones trigonométricas. O que se mueren por tocar la guitarra, pero no están dispuestos a perder un segundo en el solfeo. O que le hubiera encantado leer a Dostoievsky, pero les parecen muy extensos sus libros. Lo que en realidad quieren estos sujetos es disfrutar de los beneficios de cada una de esas actividades, sin pagar nada a cambio.
Quieren el prestigio y la guita que ganan los ingenieros, sin pasar por las fatigas del estudio. Quieren sorprender a sus amigos tocando “Desde el Alma” sin conocer la escala de si menor. Quieren darse aires de conocedores de literatura rusa sin haber abierto jamás un libro. Tales actitudes no deben ser alentadas, me parece. Y sin embargo eso es precisamente lo que hacen los anuncios de los cursos acelerados de cualquier cosa.
Emprenda una carrera corta. Triunfe rápidamente.
Gane mucho “vento” sin esfuerzo ninguno.
No me gusta. No me gusta que se fomente el deseo de obtener mucho entregando poco. Y menos me gusta que se deje caer la idea de que el conocimiento es algo tedioso y poco deseable.
¡No señores: aprender es hermoso y lleva la vida entera!
El que verdaderamente tiene vocación de guitarrista jamás preguntará en cuanto tiempo alcanzará a acompañar la zamba de Vargas. “Nunca termina uno de aprender” reza un viejo y amable lugar común. Y es cierto, caballeros, es cierto.
Los cursos que no se dictan: Aquí conviene puntualizar algunas excepciones. No todas las disciplinas son de aprendizaje grato, y en alguna de ellas valdría la pena una aceleración. Hay cosas que deberían aprenderse en un instante. El olvido, sin ir más lejos. He conocido señores que han penado durante largos años tratando de olvidar a damas de poca monta (es un decir). Y he visto a muchos doctos varones darse a la bebida por culpa de señoritas que no valían ni el precio del primer Campari. Para esta gente sería bueno dictar cursos de olvido. “Olvide hoy, pague mañana”. Así terminaríamos con tanta canalla inolvidable que anda dando vueltas por el alma de la buena gente.
Otro curso muy indicado sería el de humildad. Habitualmente se necesitan largas décadas de desengaños, frustraciones y fracasos para que un señor soberbio entienda que no es tan pícaro como él supone. Todos -el soberbio y sus víctimas- podrían ahorrarse centenares de episodios insoportables con un buen sistema de humillación instantánea.
Hay -además- cursos acelerados que tienen una efectividad probada a lo largo de los siglos. Tal es el caso de los “sistemas para enseñar lo que es bueno”, “a respetar, quién es uno”, etc. Todos estos cursos comienzan con la frase “Yo te voy a enseñar” y terminan con un castañazo. Son rápidos, efectivos y terminantes.
Elogio de la ignorancia: Las carreras cortas y los cursillos que hemos venido denostando a lo largo de este opúsculo tienen su utilidad, no lo niego. Todos sabemos que hay muchos que han perdido el tren de la ilustración y no por negligencia. Todos tienen derecho a recuperar el tiempo perdido. Y la ignorancia es demasiado castigo para quienes tenían que laburar mientras uno estudiaba. Pero los otros, los buscadores de éxito fácil y rápido, no merecen la preocupación de nadie. Todo tiene su costo y el que no quiere afrontarlo es un garronero de la vida.
De manera que aquel que no se sienta con ánimo de vivir la maravillosa aventura de aprender, es mejor que no aprenda.
Yo propongo a todos los amantes sinceros del conocimiento el establecimiento de cursos prolongadísimos, con anuncios en todos los periódicos y en las estaciones del subterráneo.
“Aprenda a tocar la flauta en 100 años”.
“Aprenda a vivir durante toda la vida”.
“Aprenda. No le prometemos nada, ni el éxito, ni la felicidad, ni el dinero. Ni siquiera la sabiduría. Tan solo los deliciosos sobresaltos del aprendizaje”.

domingo, febrero 07, 2010

Noticias, por Vicente Battista




Hace algunos años en la Feria del Libro me tocó integrar una mesa redonda en la que se discutía la libertad de prensa. En esa oportunidad señalé que los organizadores de la mesa se habían equivocado a la hora de convocar a los participantes. Dije que en lugar de invitar a distintos periodistas que trabajábamos en diferentes medios, tendrían que haber invitado a los propietarios de esos medios, ya que eran ellos quienes realmente digitaban la libertad de prensa. Sigo pensando lo mismo.

León Bloy era poco gentil con el periodismo, lo llamaba: “el mingitorio de la literatura”. Ernesto Sabato, que tiene algunos puntos de coincidencia con el escritor francés, aconsejaba a los jóvenes escritores que trabajaran en una ferretería antes que en la redacción de un diario. Acerca del juicio de Bloy no vale la pena decir nada: está invalidado desde su propia enunciación. En cuanto al consejo de Sabato, casi todos los grandes autores alguna vez ejercieron como periodistas. Esa práctica no afectó su escritura, hasta puede decirse que contribuyó a mejorarla. No creo que la venta de tornillos y papel de lija perfeccione la prosa de nadie.

El “Yo Acuso”, de Emile Zola, publicado el 13 de enero de 1898 en la primera plana de L’Aurore, probó la inocencia del capitán Alfred Dreyfus. La investigación del escándalo Watergate, realizada por Carl Bernstein y Bob Woodward en el Washington Post provocó la renuncia del presidente del país más poderoso de la Tierra. Uno y otro caso se citan con republicano entusiasmo toda vez que se habla de periodismo independiente. ¿Independiente? Zola intentó publicar su célebre carta en Le Figaro, pero ese diario se negó a hacerlo, simplemente porque no adhería a la línea política que esa carta sustentaba. ¿El Washington Post hubiese publicado esa investigación en caso de haber mantenido relaciones cordiales con la administración Nixon?

La revista Noticias convocó a un jurado de notables, entre quienes estaban Nelson Castro, Magdalena Ruiz Guiñazú, Marcos Aguinis, Jorge Lanata, Beatriz Sarlo, Alfredo Leuco y Joaquín Morales Solá, para decidir cuál era el peor y cuál el mejor periodista del año. Como mejor eligieron a Joaquín Morales Solá (¿él se habrá abstenido?) y como peor a Orlando Barone. El resultado no sorprende: los periodistas que integraban el jurado son opositores al actual gobierno y Barone, bien se sabe, lo apoya abiertamente. Tampoco debería sorprender que los miembros de ese magno jurado compartan la doctrina de los medios para los que trabajan, cada cual es dueño de profesar la ideología que mejor le plazca o más le convenga. Lo que no me parece correcto es que se autoproclamen “independientes”. Cada vez que les oigo mencionar esa palabra, fatalmente recuerdo aquella vieja publicidad de RCA Victor: el perrito frente a la victrola atento a la voz de su amo.

El 16 de octubre de 2009 un grupo de manifestantes en Jujuy arrojó huevos sobre la figura del senador radical Gerardo Morales. Como consecuencia de ese hecho repudiable, Morales visitó distintos programas de TV y en todos ellos denunció a Milagro Sala como autora intelectual del atentado. Con el fin de reforzar su denuncia acusó a Milagro Sala de pegar a las mujeres, de practicar tiro al blanco y de contar con un ejército armado de cerca de 500 personas. No presentó una sola prueba de esas imputaciones. El mejor periodista del año obvió pedirle alguna evidencia de lo que el senador afirmara. Se limitó a poner cara de asombro y a farfullar alguna frase ininteligible de indignación. Los otros periodistas independientes que también lo entrevistaron repitieron el gesto. Ninguno de ellos cumplió con una norma básica de la profesión: preguntar, aunque esa pregunta incomode.

Hace un par de domingos, Néstor Kirchner fue el invitado especial de 678. Un programa de indudable apoyo al Gobierno, que entre otras cosas neutraliza, con buen humor, los ataques que formula la llamada corporación mediática. El conflicto Redrado era la noticia del día, en consecuencia uno de los panelistas le preguntó por qué lo habían puesto al frente del Banco Central siendo, como era, un Golden Boy, integrante del Grupo Chicago. Kirchner, rápido de reflejos, dijo que en aquella oportunidad no les quedó sino mover esa ficha, con el fin de no alarmar más de la cuenta a los grupos económicos; incluso hizo una broma: “¡No podíamos poner a Kunkel!”. Me reí del chiste y aguardé la lógica siguiente pregunta: “¿Por la misma razón ahora piensan nombrar a Mario Blejer, también hombre del Grupo Chicago y ex funcionario del FMI?”. Esa pregunta jamás se hizo. No es saludable copiar los gestos de la corporación mediática.

El 27 de mayo de 1957 Rodolfo Walsh publicó en el semanario Mayoría la primera entrega de lo que iba a ser Operación Masacre. Una junta militar gobernaba el país y Walsh se disponía a denunciar los fusilamientos de civiles ordenados por quienes presidían esa junta: el general Aramburu y el almirante Rojas. Los grandes medios guardaban respetuoso silencio: ser opositor se podía pagar con la vida. El texto de Walsh, además de fundar un subgénero literario, se iba a constituir en una muestra cabal de genuino periodismo. Los tiempos son distintos, lo sé, y lejos estoy de hacer comparaciones, pero me atrevería a asegurar que un jurado de notables “independientes” de aquella época no hubiera vacilado en nombrar a Rodolfo Walsh el peor periodista del año.


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Salió en el Radar de hoy. Lo posteo a propósito del post de unos días atrás, ese en el que desempolvamos nuestra capacidad discursiva. Es un gran artículo de Battista.


http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-5908-2010-02-07.html


Flor

viernes, febrero 05, 2010

My DC


El recuerdo lleva a la acción. Arlington. Cementerio. Fuerte, ¿no?

Fue hace menos de un año.

Miren, por favor, miren ese segundo plano de lápidas que no terminan nunca.

Mis disculpas al viajero por entrometer la imagen.
Saludos


L>S>DC>A

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Probemos algo distinto. Ahora me entrometo yo, y de una manera caprichosa y autoritaria. En lugar de comentar el post de L>S>DC>A según los dictámenes lógicos y lineales de estos recursos, me sumerjo en él y lo completo, lo arruino, lo tergiverso, lo colectivizo, lo insulto, lo riego.
La foto del cementerio es fabulosa. Ese segundo plano que huye hacia el horizonte es lo que le otorga a la imagen su excelencia estética.
Por fin, y aunque no está tan bien lograda como la de Pablo, agrego una foto propia de un lugar cercano al anterior. Se trata del río Potomac avanzando sobre la costa de Washington, con el Jefferson Memorial detrás.


NS

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Y ahora yo, caprichosa, yo, me les meto (aunque eso no es dado a las mujeres).
Intervengo.
El otro día me sentí viva. Lo contrario es la muerte.
Hace 3 años escribí: "Nadie está vivo hasta que se demuestre lo contrario".

En Ushuaia los muertos viven en el centro, frente al canal, en un lugar que no parece un cementerio.



Y una canción.



f.
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Este post es el más intervenido de la historia. Me colé yo también.

De mi último viaje a Washington, plena asunción de Obama, y lo que no sé si llamar, fanatismo, marketing, esperanza de cambio, moda.

Acá va una foto, de la puerta de un local de Ropa en pleno Georgetown, el barrio residencial más caro e histórico de D.C.

E.H.

Clarin.com - 5/2/10

NS

jueves, febrero 04, 2010

Una cosa lleva a la otra

Hola a todos. Estuve leyendo lo que escribieron y me causó un placer indescriptible.
Con respecto al programa 6,7,8, las veces que lo vi me pareció un producto fuera de lo común. A diferencia de otros programas de entretenimiento y/o de periodismo, este es más transparente que el agua destilada. Jodida la batalla cuando te ponen en su escudo la insignia de la honestidad discursiva, cuando te dicen "estoy hasta las manos con este gobierno, y cobro mi buen sueldo por defender esto gracias a lo que sale de tus impuestos, y me la banco".
Fer solicitó alguna crónica de mi parte, pero soy muy malo para hacer crónicas. El maestro indiscutible es Pablo. Pongo sólo un par de retratos muy interesantes de EE.UU., el lugar más admirado y criticado del mundo. El paladín de la libertad de prensa con argumentos irrefutables; el ogro que contó su propia versión mágica de lo que ocurría bajo la gestión Bush (y de la cual hoy todos se quejan... se cuecen habas también allá).
La primera foto es de la National Public Radio (NPR - http://www.npr.org/). Este medio, para tener una idea algo forzada, es algo así como nuestra Radio Nacional, sólo que realmente autónoma. Recibe sus fondos de las donaciones, tiene programación cultural, musical, magazines, etc. Y los informativos y programas periodísticos son bastante "objetivos" (entendiéndose por objetivos, en este contexto, "críticos al gobierno de turno").
La segunda foto es de un lugar que seguramente les agradaría a Flor, Pablo y Fer. Se llama "Newseum" (el nombre es un hallazgo creativo - http://www.newseum.org/). Es una estupenda hemeroteca audiovisual del presente y del pasado yanqui e internacional, retratado a través de los medios informativos. Las perlitas son: a) el monstruoso grabado de la primera enmienda constitucional sobre la libertad de prensa en el frente del museo (los de periodismo saben sobre esa enmienda... tiene un carácter poético-mítico insoslayable); y b), todos los días ponen en la entrada al edificio las portadas de todos los diarios de los estados de USA.



Saludos. NS.

miércoles, febrero 03, 2010

The end


¿Quién se acuerda de los jugadores de ayer? ¿Quién se acuerda de los buenos, de los que tienen una gran casa, un Mercedes y una esposa genuinamente rubia? Esos que aparecían alguna vez en televisión, invitados por un cómico gordo. Desaparecían de la memoria tan pronto como dejaban de jugar. Fanfarrones mimados, contoneaban la pelota por última vez, saludaban a los hinchas y desaparecían por el túnel. De pronto, descubrían que allí hacía frío, y ya no se sentían tan altos, y nadie aplaudía. Y se daban cuenta de que aquello olía a meado y a desinfectante. Y veían por primera vez que no había más que una bombilla de 40 vatios recalentada y un suelo de hormigón debajo. Ya no había más hierba: si caes, esta vez dolerá de verdad. Y el túnel es el resto de tu vida.
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"Con las botas puestas". Julian Barnes, firmado como un seudónimo: Dan Kavanagh. Vía Langosta. Recién llegado y casi yéndose.

Saludos a todos.

martes, febrero 02, 2010

De periodistas e intelectuales






Mientras aguardamos ansiosos las crónicas de Natalio, trataré de ensayar una respuesta a una pregunta tan vigente:


¿Es correcto ser periodista y/o intelectual incondicional a un gobierno democrático?

El interrogante me surge por la conducta de Pagina 12, la fluctuante CN5, los miembros de Carta Abierta y algunos periodistas como Barone o como recientemente parece asomar Víctor Hugo Morales.

Alguien incondicional a las acciones de un grupo gobernante está confinado a formular buenos augurios.

El sometido, por ideario o conveniencia, realzará los logros y fustigará los reproches.

No importará, bajo los presupuestos de tan obcecada empresa, que ese grupo gobernante se esté enriqueciendo de a millones por coquetear activamente con el sector privado, dañe constantemente a las instituciones republicanas o admita honrar sus compromisos crediticios internacionales bajo un contexto de una población con 11 millones de pobres.

Es un escándalo ético detentar las funciones de periodista y/o intelectual y, bajo coordenadas tan arduas, exhibir un alineamiento incondicional con el gobierno. Ahí fue mi respuesta.

Obviamente, se puede estar del otro lado, como periodista y/o intelectual y, por sometimiento a múltiples intereses de opositores a ese grupo gobernante, únicamente se glorificarán los reproches y despreciarán u prescindirán los buenos resultados.

Desde ese punto, nada valdrán los esfuerzos y adelantos que se hicieron gracias a ese grupo gobernante en materia de enjuiciamiento a criminales de lesa humanidad, en reactivamiento económico o fortalecimiento de la región.

Creo que el equilibrio crítico es el ingrediente faltante.

Estimo que la función critica del intelectual y del periodista debe estar despojada de una posición subjetiva predeterminada sobre el grupo gobernante.

Su relevante cargo social requiere una objetividad que le permita denunciar duramente los gestos gobernantes maliciosos y destacar los aspectos beneficiosos de sus políticas.

Igualmente, como ya aprendí que en el mundo el ideal parece siempre utópico, tendría que elegir la opción menos mala que me propone éste vil mercado.

Sin dudas, entre un operador público que, por certidumbre ideológica o egoísta interés, apañe a un gobierno con defectos graves, y otro comunicador o celebrity del pensamiento que minimice sus logros y denuncie sus graves pecados, me quedaré con esté último.

Creo que, en el aspecto macro, causa menos daño minimizar un buen resultado que ocultar o negar una mala conducta del gobernante.

La gente, tarde o temprano, reconoce las buenas políticas de un gobierno. Pero, en cambio, la sociedad no siempre tiene la posibilidad de detectar o comprender las acciones dañinas de sus gobernantes, y cuando lo hace, llega demasiado tarde.

Por ende, prefiero que abunden las voces sobre está última antes que nuevamente logré monopolizar la tan dañina adulación.

Tambien me siento comodo con la realidad actual, donde la postura aduladora entra en minoría, y por ceguedad, deteriora solita su credibilidad.


fv