viernes, mayo 01, 2009

Escriba III (Hoy: los Kouroi)


No tengo mucho para decir. Uno solo sería un Kouros. El plural es Kouroi.

A ver qué hay por ahí, muchachos. Ofrezcan sus historias. Escriban.

Usted, lector. Escriba (III).

L>S>D>A

4 comentarios:

L>S>D>A dijo...

-Miren -dijo desde su sillón, detrás del escritorio, en la tarima, mientras apuntaba a la pantalla con su puntero láser.
-Miren esto.

Ellos miraron. Eran treinta, cuarenta quizá. Vencidos por el sueño y por el resplandor rojo de ese inmenso auditorio. Él siempre estaba arriba, en una tarima que se había plantado justamente para eso: para levantarlo y para erigirlo como símbolo de autoridad.

-¿Podremos bajar un poco las luces, Daniel?-, casi lo exigió, mirando hacia un vacío que al parecer tenía sentido personalidad y capacidad de acción. Las luces bajaron.

-Enseguida podrán reconocer una imagen que ya tenemos en la cabeza. ¿Lo ven? Esa frontalidad, ese hieratismo, ni un movimiento en el eje del cuello, los puños duros, apretados y los brazos pegados al cuerpo, ¿lo notan? Y está dando un paso adelante. Sí, ¿eh? Un pie adelante del otro. ¿No les recuerda a algo? Fijense bien. Es Egipto. Otra vuelta de Egipto. Estos muchachos, que quizá no hayan sido más que muchachos, son casi una réplica de aquellas colosales estatuas de Micerino.

Lo apabulló el desinterés. Una gran ola de nada como respuesta. No se dejó amedrentar.

-Se trata de esculturas de la grecia arcacica. Pero no de cualquier escultura. Si hay algo que distingue este tipo de obras es justamente lo que nos parece más moderno hoy, ¿eh?. ¿Lo notan? ¡Están desnudos!

Por alguna razón se quedó esperando una leve risa. Prosiguió.

-Esta desnudez no es un detalle más. Estos hombres están desnudos por una concepción griega del cuerpo. Estos cuerpos se muestran como son porque son cuerpos perfectos. Probablemente se tratara de dos jóvenes que acababan de ganar las olimpíadas, y por tanto, de dos jóvenes casi héroes. De dos jóvenes, en resumen, perfectos. Y por lo tanto de dos jóvenes desnudos. Era imposible pensarlo de otra manera.

Su discurso se encendía. No así sus alumnos.

-Estas estatuas se encontraron en el templo a Apolo. Eran sencillamente una ofrenda, un sacrificio al Dios. Y eso lo podríamos haber sabido con una sola observación: fíjense en esa media sonrisa, esa cara tan particular que compartían los faraones antiguos. Estos hombres están en estado de gracia. Y eso es buscado porque estas obras fueron concebidas para estar en el sancta sanctorum, en la casa del Dios, donde moraba la estatua de esa divinidad que no era -como hoy podemos pensarlo- la representación de esa divinidad. Esa estatua ERA el Dios. Y el estado de gracia de estas estatuas responde a que estaban EN PRESENCIA de ese Dios.

Más silencio. Una mujer, con algo de sobrepeso, pareció toser, al fondo. Poco más.

-Lo más probable es que tras su triunfo olímpico estos muchachos acudieran a un escultor. Porque esa victoria vino gracias al Dios Apolo, ¿eh? ¿Se entiende? Ellos, en su gratitud, le dejan al Dios una ofrenda. Esa ofrenda es su propia perfección, su perfección desnuda. Su cuerpo perfecto.

En la segunda fila una chica de lentes, no más de 20 años, parece desperezarse. Estira el brazo derecho bien alto pero, contra toda expectativa, lo deja allí plantado.

-Una pregunta profesor.

Él se queda pasmado. No es algo habitual. Intenta conservar la calma.

-¿Y las mujeres?

Ahora el que sonríe a medias es él, abrazado a su sillón, resguardado por su tarima, regodeado en un aura invisible. Se toca la cara con la palma de la mano y se echa hacia atrás, como paladeando el momento.

-¿Las mujeres? Las mujeres son todas unas putas.

Algo le dice que será su última clase.

Eugenia Hermida dijo...

Kou y Roi

Kou y Roi, son dos como los vió, dos como vos, dos como yo. Pero no, no por lo grosos, no por lo mosos los pienso yo hoy. Solo por lo sordos, solo por lo tontos, solo por lo locos. Dos, solo dos. Lucho Kou, luchó Roi, voló Kou, murío Roi. Lloró Kou, como lloró, por lo doloroso, y por lo oloroso. Y sordo Kou quedó y solo se quedó. No lo pensó y hongos tomó, alucinó, corrió y murió. Con Roi en el fondo volvió.

ciclotimica dijo...

esto me hace acordar a los "listen and write" del cole o a la bruja del mago de Oz mandando a los monos/murcielagos a buscar a la duena de los zapatitos rojos..

ciclotimica dijo...

pd: haciendo referencia al "escriban"