domingo, septiembre 28, 2008

Una mirada marxista sobre la crisis económica de los Estados Unidos

Vía Héctor Díaz (U. CAECE)
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Hola a todos.
En el año 1929 se produce la crisis financiera en Wall Street. Groucho Marx contó su experiencia durante esa debacle accionaria.
Sin desperdicio.
Saludos
Héctor

El Crack del 29 en la mirada de Groucho Marx
La joda ha terminado
"...Muy pronto un negocio mucho más atractivo que el teatral atrajo mi atención y la del país. Era un asuntillo llamado mercado de valores. Lo conocí por primera vez hacia 1926. Constituyó una sorpresa muy agradable descubrir que era un negociante muy astuto. O por lo menos eso parecía, porque todo lo que compraba aumentaba de valor. No tenía asesor financiero ¿Quién lo necesitaba? Podías cerrar los ojos, apoyar el dedo en cualquier punto del enorme tablero mural y la acción que acababas de comprar empezaba inmediatamente a subir. Nunca obtuve beneficios. Parecía absurdo vender una acción a treinta cuando se sabía que dentro del año doblaría o triplicaría su valor.
Mi sueldo semanal era de unos dos mil, pero esto eran monedas en comparación con la montaña que ganaba teóricamente en Wall Street. Disfrutaba trabajando en el teatro pero el salario me interesaba muy poco. Aceptaba de todo el mundo confidencias sobre el mercado de valores. Ahora cuesta creerlo pero incidentes como el que sigue eran corrientes en aquellos días.
Subí a un ascensor del hotel Copley Plaza, en Boston. El ascensorista me reconoció y dijo:
-Hace un ratito han subido dos individuos, señor Marx, ¿sabe? Peces gordos, de verdad. Vestían americanas cruzadas y llevaban claveles en las solapas. Hablaban del mercado de valores y, créame, amigo, tenían aspecto de saber lo que decían. No se han figurado que yo estaba escuchándoles, pero cuando manejo el ascensor siempre tengo el oído atento. ¡No voy a pasarme toda la vida haciendo subir y bajar uno de estos cajones! El caso es que oí que uno de los individuos decía al otro: "Ponga todo el dinero que pueda obtener en United Corporation".
Le di cinco dólares y corrí hacia la habitación de Harpo. Le informé inmediatamente acerca de esta mina de oro en potencia con que me había tropezado en el ascensor. Harpo acababa de desayunar y todavía iba en batón.
-En el vestíbulo de este hotel están las oficinas de un agente de Bolsa -dijo-. Espera a que me vista y correremos a comprar estas acciones antes de que se difunda la noticia.
-Harpo -dije-, ¿estás demente? ¡¡Si esperamos hasta que te hayas vestido, estas acciones pueden subir diez enteros!!
De modo que con mis ropas de calle y Harpo con su batón, corrimos hacia el vestíbulo, entramos en el despacho del agente y en un santiamén compramos acciones de United Corporation por valor de ciento sesenta mil dólares, con una garantía del veinticinco por ciento.
Para los pocos afortunados que no se arruinaron en 1929 y que no están familiarizados con Wall Street, permítanme explicar lo que significa esa garantía del veinticinco por ciento. Por ejemplo, si uno compraba ochenta mil dólares de acciones, sólo tenía que pagar en efectivo veinte mil. El resto se le quedaba a deber al agente. Era como robar dinero.
El miércoles por la tarde, en Broadway, Chico encontró a un habitué de Wall Street, quien le dijo en un susurro:
-Chico, ahora vengo de Wall Street y allí no se habla de otra cosa que del Cobre Anaconda. Se vende a ciento treinta y ocho dólares la acción y se rumorea que llegará hasta los quinientos. ¡Cómpralas antes de que sea demasiado tarde! Lo sé de muy buena fuente.
Chico corrió inmediatamente hacia el teatro, con la noticia de esta oportunidad. Era una función de tarde y retrasamos treinta minutos la apertura del telón hasta que nuestro agente nos aseguró que habíamos tenido la fortuna de conseguir seiscientas acciones. ¡¡Estábamos entusiasmados!! Chico, Harpo y yo éramos cada uno propietarios de doscientas acciones de estos valores que rezumaban oro.
El agente incluso nos felicitó. Dijo:
-No ocurre a menudo que alguien entre con tan buen pie en una compañía como la Anaconda.
El mercado siguió subiendo y subiendo. Cuando estábamos de gira, Max Gordon, el productor teatral, solía ponerme una conferencia telefónica cada mañana desde Nueva York, sólo para informarme de la cotización del mercado y de sus predicciones para el día.
Dichos augurios nunca variaban. Siempre eran "arriba, arriba, arriba". Hasta entonces yo no había imaginado que uno pudiera hacerse rico sin trabajar. Max me llamó una mañana y me aconsejó que comprara unos valores llamados Auburn. Eran de una compañía de automóviles, ahora inexistente.
-Marx -dijo- es una gran oportunidad. Pegará más saltos que un canguro. Cómpralo ahora, antes de que sea demasiado tarde. Luego añadió:
-¿Por qué no abandonas el teatro y olvidas esos miserables dos mil semanales que ganas? Son chirolas. Tal como manejas tus finanzas, aseguraría que puedes ganar más dinero en una hora, instalado en el despacho de un agente de valores, que los que puedes obtener haciendo ocho representaciones semanales en Broadway.
-Max -contesté-, no hay duda de que tu consejo es sensacional. Pero al fin y al cabo tengo ciertas obligaciones con Kaufman, Ryskind, Irving Berlin y con mi productor Sam Harris. Lo que por entonces no sabía era que Kaufman, Ruskind, Berlin y Harris también compraban a crédito y que, finalmente, iban a ser aniquilados por sus asesores financieros. Sin embargo, por consejo de Max, llamé inmediatamente a mi agente y le instruí para que me comprara quinientas acciones de la Auburn Motor Company.
Pocas semanas más tarde, me encontraba paseando por los terrenos de un club de campo, con el señor Gordon. El día anterior, las Auburn habían pegado un salto de treinta y ocho enteros. Me volví hacia mi compañero de golf y dije:
-Max, ¿cuánto tiempo durará esto?
Max repuso, utilizando una frase de Al Jolson.
-Hermano, ¡todavía no has visto nada!
Lo más sorprendente del mercado, en 1929, era que nadie vendía una sola acción. La gente compraba sin cesar. Un día, con cierta timidez, hablé a mi agente acerca de este fenómeno especulativo.
-No sé gran cosa sobre Wall Street -empecé a decir en son de disculpa- pero, ¿qué es lo que hace que esas acciones sigan ascendiendo? ¿No debiera haber alguna relación entre las ganancias de una compañía, sus dividendos y el precio de venta de sus acciones? Por encima de mi cabeza, miró a una nueva víctima que acababa de entrar en su despacho y dijo:
-Señor Marx, tiene mucho que aprender acerca del mercado de valores. Lo que usted no sabe respecto a las acciones serviría para llenar un libro.
-Oiga, buen hombre -repliqué-. He venido aquí en busca de consejo. Si no sabe usted hablar con cortesía, hay otros que tendrán mucho gusto en encargarse de mis asuntos. Y ahora ¿qué estaba usted diciendo? Adecuadamente castigado y amansado, respondió:
-Señor Marx, tal vez no se dé cuenta, pero éste ha cesado de ser un mercado nacional. Ahora somos un mercado mundial. Recibimos órdenes de compra de todos los países de Europa, de América del Sur e incluso de Oriente. Esta mañana hemos recibido de la India un encargo para comprar mil acciones de Tuberías Crane.
Con cierto cansancio pregunté:
-¿Cree que es una buena compra?
-No hay otra mejor -me contestó-. Si hay algo que todos hemos de usar son las tuberías. (Se me ocurrieron otras cuantas cosas más, pero no estaba seguro de que apareciesen en las listas de cotizaciones.)
-Eso es ridículo -dije-. Tengo varios amigos pieles rojas en Dakota del Sur y no utilizan las tuberías.
Solté una carcajada para celebrar mi salida, pero él permaneció muy serio, de modo que proseguí:
-¿Dice usted que desde la India le envían órdenes de compra de Tuberías Crane? Si en la lejana India piden tuberías, deben de saber algo sensacional. Apúnteme para doscientas acciones; no, mejor aún, que sean trescientas.
Mientras el mercado seguía ascendiendo hacia el firmamento, empecé a sentirme cada vez más nervioso. El poco juicio que tenía me aconsejaba vender, pero, al igual que todos los demás primos, era avaricioso. Lamentaba desprenderme de cualquier acción, pues estaba seguro de que iba doblar su valor en pocos meses.
En los periódicos actuales leo con frecuencia artículos relativos a espectadores que se quejan de haber pagado hasta un centenar de dólares por dos entradas para ver My Fair Lady (Personalmente opino que vale esos dólares). Bueno, una vez pague treinta y ocho mil por ver a Eddie Cantor en el Palace. Cantor era vecino mío en Great Neek. Como era viejo amigo suyo cuando terminó la representación fue a verle en su camerino.
-Encanto -dijo Cantor-, ¿qué te ha parecido mi espectáculo?
Miré hacia atrás, suponiendo que habría entrado alguna muchacha. Desdichadamente no era así, y comprendí que se dirigía a mi.
-Eddie, cariño - contesté con entusiasmo verdadero-, ¡has estado soberbio!
Me disponía a lanzarle unos cuantos piropos más cuando me miró afectuosamente con aquellos ojos grandes y brillantes, apoyó las manos en mis hombros y dijo:
-Precioso, ¿tienes algunas Goldman Sachs?
-Dulzura -respondí (a este juego pueden jugar dos)-, no sólo no tengo ninguna, sino que nunca he oído hablar de ellas ¿Qué es Goldman Sachs? ¿Una marca de harinas?
Me tomó por ambas solapas y me atrajo hacia él. Por un momento pensé que iba a besarme.
-¿No me digas que nunca has oído hablar de las Goldman Sachs? -exclamó incrédulamente-. Es la compañía de inversiones más sensacional de todo el mercado de valores. Luego consultó su reloj y dijo:
-Hoy es demasiado tarde. La Bolsa está ya cerrada. Pero, mañana por la mañana, nene, lo primero que tienes que hacer es coger el sombrero y correr al despacho de tu agente para comprar doscientas acciones de Goldman Sachs. Creo que hoy ha cerrado a 156... ¡y a 156 es un regalo! Luego Eddie me palmoteó una mejilla, yo le palmoteé la suya y nos separamos.
¡Amigo! ¡Qué contento estaba de haber ido a ver a Cantor a su camerino! Figúrese, si no llego a ir aquella tarde al Teatro Palace, no hubiese tenido aquella confidencia. A la mañana siguiente, antes del desayuno, corrí al despacho del agente en el momento en que se abría la Bolsa. Entregué el veinticinco por ciento de treinta y ocho mil dólares y me convertí en afortunado propietario de doscientas acciones de la Goldman Sachs, la mejor compañía de inversiones de América
Entonces empecé a pasarme las mañanas instalado en el despacho de un agente de Bolsa, contemplando un gran cuadro mural lleno de signos que no entendía. A no ser que llegara temprano, ni siquiera me era posible entrar. Muchas de las agencias de Bolsa tenían más público que la mayoría de los teatros de Broadway. Parecía que casi todos mis conocidos se interesaran por el mercado de valores. La mayoría de las conversaciones se limitaban a la cantidad que tal y tal valor habían subido la semana pasada, o cosas similares. El fontanero, el carnicero, el panadero, el hombre del hielo, todos anhelantes de hacerse ricos, arrojaban sus mezquinos salarios -y en muchos casos sus ahorros de toda la vida- en Wall Street. Ocasionalmente, el mercado flaqueaba, pero muy pronto se liberaba la resistencia que ofrecían los prudentes y sensatos, y proseguía su continua ascensión.
De vez en cuando algún profeta financiero publicaba un artículo sombrío advirtiendo al público que los precios no guardaban ninguna proporción con los verdaderos valores y recordando que todo lo que sube debe bajar. Pero apenas si nadie prestaba atención a estos conservadores tontos y a sus palabras idiotas de cautela. Incluso Barney Baruch, el Sócrates de Central Park y mago financiero americano, lanzó una llamada de advertencia. No recuerdo su frase exacta, pero venía a ser algo así: "Cuando el mercado de valores se convierte en noticia de primera página, ha sonado la hora de retirarse."
Yo no estaba presente cuando la Fiebre del Oro del cuarenta y nueve. Me refiero a 1849. Pero imagino que esa fiebre fue muy parecida a la que ahora infectaba al todo el país. El presidente Hoover estaba pescando y el resto del gobierno federal parecía completamente ajeno a lo que sucedía. No estoy seguro de que hubiesen conseguido algo aunque lo hubieran intentado, pero en todo caso el mercado se deslizó alegremente hacia su perdición.
Un día concreto, el mercado comenzó a vacilar. Unos cuantos de los clientes más nerviosos fueron presos del pánico y empezaron a descargarse. Eso ocurrió hace casi treinta años y no recuerdo las diversas fases de la catástrofe que caía sobre nosotros, pero así como al principio del auge todo el mundo quería comprar, al empezar el pánico todo el mundo quiso vender.
Al principio las ventas se hacían ordenadamente, pero pronto el pánico echó a un lado el buen juicio y todos empezaron a lanzar al ruedo sus valores que por entonces solo tenían el nombre de tales. Luego el pánico alcanzó a los agentes de Bolsa, quienes empezaron a chillar reclamando garantías adicionales. Esta era una broma pesada, porque la mayor parte de los accionistas se habían quedado sin dinero, y los agentes empezaron a vender acciones a cualquier precio. Yo fui uno de los afectados. Desdichadamente, todavía me quedaba dinero en el Banco. Para evitar que vendieran mi papel empecé a firmar cheques febrilmente para cubrir las garantías que desaparecían rápidamente.
Luego, un martes espectacular, Wall Street lanzó la toalla y sencillamente se derrumbó. Eso de la toalla es una frase adecuada, porque por entonces todo el país estaba llorando. Algunos de mis conocidos perdieron millones. Yo tuve más suerte. Lo único que perdí fueron doscientos cuarenta mil dólares (o ciento veinte semanas de trabajo, a dos mil por semana). Hubiese perdido más pero era todo el dinero que tenía. El día del hundimiento final, mi amigo, otrora asesor financiero y astuto comerciante, Max Gordon, me telefoneó desde Nueva York. Todo lo que dijo fue:
-¡La joda ha terminado!
Antes de que yo pudiese contestar el teléfono se había quedado mudo...se suicidó.
En toda la bazofia escrita por los analistas del mercado, me parece que nadie hizo un resumen de la situación de una manera tan sucinta como mi amigo el señor Gordon. En aquellas palabras lo dijo todo. Desde luego, la joda había terminado. Creo que el único motivo por el que seguí viviendo fue el convencimiento consolador de que todos mis amigos estaban en la misma situación. Incluso la desdicha financiera, al igual que la de cualquier otra especie, prefiere la compañía. Si mi agente hubiese empezado a vender mis acciones cuando empezaron a tambalearse, hubiese salvado una verdadera fortuna. Pero como no me era posible imaginar que pudiesen bajar más, empecé a pedir prestado dinero del Banco para cubrir las garantías.
Las acciones de Cobre Anaconda se fundieron como las nieves del Kilimanjaro (no creas que no he leído a Hemingway), y finalmente se estabilizaron a 2 7/8. La confidencia del ascensorista de Boston respecto a United Corporation se saldó a 3,50. Las habíamos comprado a 60. La función de Cantor en el Palace fue magnífica ¿Goldman-Sachs a 156 dólares? En el punto más bajo de la depresión del mercado, podía comprárselas a un dólar por acción.
El ir al desahucio financiero no constituyó una pérdida total. A cambio de mis doscientos cuarenta mil dólares obtuve un insomnio galopante, y en mi círculo social el desvelamiento empezó a sustituir al mercado de valores como principal tema de conversación..."

Groucho y yo (Groucho Marx)

viernes, septiembre 26, 2008

Opinión Publica 2º noche USAL

Profesor Natalio, que bueno es que haya tomado esta materia en nuestro curso. Mas vale tarde que nunca!!... gracias..

martes, septiembre 16, 2008

Un argentino en la distancia y la OP

Mi padre me preguntaba hoy a 10 mil km de distancia, como veía "la gente" acá lo que pasa con el gobierno, con la valija de Antonini, con Chavez, a lo que le respondí que mi acceso a "la gente" era limitado a las personas con las que hablo diariamente, a los diarios que "me gusta leer" a los programas televisivos "que se pueden ver", a la radio que escucho y a mis propias imagenes mentales de lo que es este mundo, a lo que mi padre me dijo que con eso era suficiente, que podía tener un panorama de lo que pasa y a lo que me vi obligada dar una soberbia respuesta de un "no entendés papa, es mucho mas complicado el tema de la OP" y aclaro que mi padre es un letrado de 56 años. Ahora encuentro una nota del Diario La Nación , sobre una encuesta de OP realizada en el Área Metropolitana, a 680 casos (piensen ustedes cuantas personas viven en el "área metropolitana") sobre "la imagen presidencial" y solo logro confundirme mas.
Me cuesta creerle a las encuestas, o si las creo me pregunto Por que?, creo que sirven, pero que en estos casos solo confunden y forman bandos de ciegos que no saben muy bien lo que realmente cree la mayoría o el resto. Por que el país es muy grande y las opiniones son diversas o no las hay en muchos casos sobre ciertas cosas.
Muchas veces me pasó y sobretodo en las elecciones presidenciales u'ltimas, de verdad creer que todo el mundo tenia que razonar como yo, que había cosas que eran obvias y que no se podían volver a cometer ciertos errores, que las encuestas mentían, y me equivoque, la mayoría del país no coincidió conmigo, coincidio con las encuentas. Acaso yo estoy equivocada, yo estoy confundida? Por que no me representan a mi sola las encuestas? Al final mi padre no tenia razón al preguntarme a mi?, Y al final creo que por ahí sí, ya que a la distancia se puede tener acceso a exactamente los mismos medios que acá. Pero con la diferencia que 'el, esta mas informado, mas leído, pero yo vivo y siento lo que pasa acá, la bronca de la gente, los comentarios de todos los días, la inflación, etc., etc., etc. Eso es estar informado? Me da autoridad para decirle lo que piensa la gente? Por eso cuanto "informan" de verdad las encuentas y los medios, y cuanto puedo captar yo, independientemente de los mismo? no lo se, todavia lo estoy descubriendo.
Aca va la encuesta por si interesa.

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1049992&high=Julio

Pardon pour les accents.

EH

jueves, septiembre 11, 2008

ROMANCE DE LA VENGANZA

Cazador alto y tan bello > como en la tierra no hay dos, > se fue de caza una tarde > por los montes del Señor. > Seguro llevaba el paso, > listo el plomo, el corazón > repicando, la cabeza > erguida, y dulce la voz. > Bajo el oro de la tarde > tanto el cazador cazó, > que finas lágrimas rojas > se puso a llorar el sol… > Cuando volvía cantando > suavemente, a media voz, > desde un árbol, enroscada, > una serpiente lo vio. > Iba a vengar a las aves, > mas, tremendo, el cazador, > con hoja de firme acero > la cabeza le cortó.
> Pero aguardándolo estaba > a muy pocos pasos yo... > Lo até con mi cabellera > y dominé su furor. > Ya maniatado le dije: > –Pájaros matasteis vos, > y voy a tomar venganza, > ahora que mío sois... > Mas no lo maté con armas, > busqué una muerte peor: > lo besé tan dulcemente > ¡que le partí el corazón!
> > Cazador: si vas de caza > por los montes del Señor, > teme que pájaros venguen > hondas heridas de amor... > >

Alfonsina Storni >
Es increible como escribía esta mujer!

domingo, septiembre 07, 2008

El ciego y el publicitario

Siguiendo con los textos ajenos, descubrí a través de una nota que un tío dedicado a la publicidad hizo para Horizonte A la historia del ciego y el publicitario.

Aparentemente, a través de cadenas de mails ha dado la vuelta al mundo. Y en Cannes una versión de este cuento recibió un premio. Posteriormente, el corto "Historia de un letrero" fue acusado de plagio por los creadores de "Una limosna por favor", otro corto muy pero muy parecido creado tiempo atrás.

Más allá de la polémica, me pareció muy buena la historia.

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EL CIEGO Y EL PUBLICISTA


Había un ciego sentado en un andén en París, con una gorra a sus pies y un pedazo de madera escrito con tiza blanca: "Por favor, ayudeme, soy ciego".

Un publicista del área creativa, que pasaba junto a él, se detuvo y se dio cuenta de que había muy pocas monedas en la gorra. Sin pedir permiso, cogió el letrero, agarró la tiza, escribió otro anuncio, volvió a colocar el pedazo de madera a los pies del ciego y se fue.

Al caer de la tarde, el publicista volvió a pasar al lado del ciego que pedía limosna. Su gorra, ahora, estaba llena de notas y monedas. El ciego reconoció las pisadas del publicista y le preguntó si había sido él quien había reescrito el letrero, sobre todo queriendo saber lo que él había escrito.

El publicista respondió: "Nada que no esté de acuerdo con su anuncio, pero con otras palabras". Y, sonriendo, continuó su camino.

El ciego nunca supo lo que estaba escrito, pero su nuevo letrero decía: "Hoy es primavera en París y yo no puedo verla".
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HISTORIA DE UN LETRERO


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Siempre me gustó pensar que uno lleva su vocación a todos lados, y que el trabajo de uno, más allá del beneficio económico y la realización personal, puede ayudar a un tercero.

Hace mucho que no escribía y venía prometiendo un artículo un poco más profundo que el de Zambayonny. Espero haber cumplido.

Por último, también encontré googleando algo interesante para aquellos que sienten que siembran semillas de girasol en la arena: Geraea Canescens, o la audacia de la esperanza.

Saludos,
Mati

martes, septiembre 02, 2008

China: Capital Humano

Planeta Deporte

La prueba de la Gran Muralla

Por David Owen Financial Times
Martes 2 de setiembre de 2008


Hace dos años y medio, Tanni Grey-Thompson me dijo que los Juegos Paralímpicos de Pekín podrían representar la oportunidad más importante que ha tenido China de hacer cambios sociales para las personas discapacitadas. La más destacada atleta británica en silla de ruedas agregó: "No creo que tengan idea del efecto que les causarán los cuatrocientos cincuenta atletas discapacitados que irán a Pekín. Las cosas cambiarán".

Poco antes de que empiecen los Juegos, cosa que ocurrirá el sábado, Grey-Thompson está sentada en una pizzería de la capital china, confesando que se ha convertido en fanática de Pekín. Su declaración puede explicarse a partir de una serie de sucesos que, en el curso de las últimas semanas, han revelado que las actitudes de Pekín respecto de los minusválidos son favorables cuando se las compara con otros sitios. El último de esos episodios fue que el esposo de Grey-Thompson consiguió que en una bicicletería arreglaran sin problemas una pinchadura de su silla de ruedas por apenas 80 peniques. "En cualquier otro lado -dice ella-, hubiéramos tenido que recorrer siete u ocho kilómetros para que nos dijeran: «No hacemos estas cosas», o: «Son veinte libras»."
Habitualmente no resulta fácil definir cuáles son los beneficios que una ciudad anfitriona obtiene de los Juegos Olímpicos. Pero ese problema no se plantea esta vez en el caso de los Juegos Paralímpicos. Ellos se han convertido en una herramienta poderosa para lograr que una ciudad sea más "vivible" para sus habitantes y visitantes minusválidos.


Un ex funcionario griego de alto nivel me dijo que, antes de que fueran mejorados los hoteles de Atenas al prepararlos para los Juegos de 2004, sólo había alrededor de 40 habitaciones con accesos para sillas de ruedas en toda la ciudad. "Ahora, hasta la Acrópolis es accesible para personas discapacitadas", me explicó.Por supuesto, no debería hacer falta algo tan extravagante como un festival deportivo global para que se hicieran esas mejoras. Sin embargo, en el mundo real es difícil conseguir herramientas tan eficaces como un plazo inmutable y la inminente atención de un público global para lograr que los planificadores urbanos entren en acción.
En el caso de Pekín, las experiencias de Grey-Thompson sugieren que los preparativos han sido exhaustivos. Retirada ahora de las competencias paralímpicas, la deportista, que ha ganado varias medallas doradas, ha tenido tiempo de explorar la ciudad con su familia.


Durante un paseo de más de quince kilómetros, explica, sólo encontraron una sola vereda sin cordón preparado para sillas de ruedas. "Por todas partes, hay indicaciones táctiles para ciegos -dice-. Aparentemente, esta semana terminan con las mejoras para hacer el subterráneo accesible Son muy hábiles para hacer todo con gran rapidez." Debo decir que mi investigación revela que eran muy necesarias estas mejoras, por lo menos en un área: un colega destacado en Pekín me informa que las pocas instalaciones para minusválidos existentes en las líneas de subterráneo más antiguas, como las rampas, son aisladas y con frecuencia están interrumpidas por tramos de escaleras.

"Nunca en mi vida he visto a alguien discapacitado tomar el subte en China", dice.Grey-Thompson también está impresionada por la sensibilidad de sus anfitriones chinos. "Ningún chino me ha tratado de manera condescendiente desde que estoy aquí. Te aceptan tal como eres, te observan y aprenden. En casa, todo el mundo me trata de manera condescendiente, y ha sido igual desde hace veinte años."¿Pero Pekín puede pasar el test de la Acrópolis? Como Atenas cuatro años atrás, la ciudad anfitriona de estos Juegos Paralímpicos está situada cerca de una de las maravillas del mundo: la Gran Muralla china.Como ocurre en el caso de la Acrópolis, es algo tan espectacular que exige ser visitado. Pero durante mi propia visita a la muralla, en un lugar llamado Simatai -que, debo admitir, no es el acceso más próximo-, el último tramo a pie hasta llegar a la muralla era tan empinado que no vi cómo podría ser accesible para los deportistas paralímpicos que convergerían en la capital.

Lo que me dijo Grey-Thompson sobre este punto me dejó atónito. Sí, fue a sentarse en la Gran Muralla. Y eso porque después de ascender parte del camino en un funicular, tres hombres -dos choferes y un traductor- la llevaron en andas "fácilmente dos kilómetros" para recorrer el último tramo empinado. "Si hubiera estado en mi país -dice-, no hubiese llegado ni a cinco kilómetros de un lugar con las características y la altura de éste." Tal vez, no debería haberme sorprendido tanto: después de todo, ésta es la nación más populosa del mundo, y la potencia de sus recursos humanos ha sido evidente en la manera en que ha enfrentado toda clase de desafíos en este año singular, especialmente en la apertura de los Juegos.Puedo imaginar que habrá cantidad suficiente de robustos portadores para ofrecer a los atletas paralímpicos un servicio similar al que le proporcionaron a Grey-Thompson, en particular durante los últimos días de los Juegos Paralímpicos, cuando seguramente será mayor la demanda de visitas a la Gran Muralla. Sin embargo, los usuarios de sillas de ruedas que visiten la ciudad, tal vez, no sean tan afortunados. Grey-Thompson dice que quiere "regresar dentro de un año para ver cuál es la actitud reinante, y si se han producido más cambios". Si puede volver a sentarse en la Gran Muralla, eso será, por cierto, motivo de celebración.

Traducción: Mirta Rosenberg

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1045417&high=planeta

sábado, agosto 30, 2008

De esta miel no comen las hormigas

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INFORME > GOSSIP GIRLS
Para ellas, el lujo no es vulgaridad

La nueva generación de herederas que se miran en el espejo de los shows de ricos & famosos. ¿Querés ser Paris Hilton?

Txt. Nicolás Artusi. Producción: Victoria Cerruti

Pop Princess, sustantivo.
I.a. Término para designar a popstars americanas surgidas entre 1999 y 2002.
b. Desde el 2004, aplicado a estrellas de reality shows con influencia en la cultura de masas, como The Hills y Laguna Beach.
II. Uso extendido: toda heredera de una familia real del pop.

Oxford English Dictionary.
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Viernes, mediodía. El salón del McDonald's de Olivos parece el comedor del Elite Way School, aquel colegio de ficción donde la niña rica se declaraba rebelde, way: de un lado y otro del mostrador, todos de uniforme. Acá se impone el bilingüe y ahí donde "McNugget" se pronuncie con dicción británica habrá una alumna del Northlands. O del St. Charles. Come on, girls: las chicas se prestan a la modesta invitación del Sí!, que paga el almuerzo, y el cronista juega a ser testigo invisible de las charlas de estas princesas: "En mi colegio hay una chica peruana. Pobre".


En el prime time televisivo, Susana Giménez invita a embajadores de las últimas "tribus urbanas", y pregunta: "¿Qué es un cheto?". Chica emo: "Alguien que tiene mucha plata y va a comer a Las Cañitas". Susana: "¡Entonces yo soy cheta!". Si es cierto que las chetas ya llegan a los 60 años, ahora es el tiempo de las "Gossip Girls": estimuladas por una ola de programas como The OC, Laguna Beach, The Hills y, claro, Gossip Girl, una nueva generación de herederas que defienden su derecho a ser ricas, cursan los últimos años de la secundaria (dirán "high school") y se miran en el espejito, espejito, de Paris Hilton o Lauren Conrad, la "pop princess" 2.0: para ellas, el lujo no es vulgaridad.

"Tenemos en común un patrón de belleza: rubias, flacas y a la moda", se enorgullece Sofía (sólo acepta el convite de una Sprite. Cero): "En Gossip Girl muestran una parte de la historia: sólo la vida ideal, pero los ricos también tienen problemas". Carolina recuerda estas vacaciones en Nueva York, donde derrochó en doce pares de zapatos. Y si alguna zafa de la zancadilla progre del cronista ("¿cuánto vale un boleto de colectivo?") con la honestidad de la que sólo se mueve en remise ("ni idea"), Inés festeja las ocurrencias de Casi Angeles, donde los ricachones del colegio Rockland tienen la lengua aceitada: "A la pobre le dicen 'aceituna': negra, chiquita y rapidita". Risas. "¡Aguanten los huérfanos!", será la reacción de la mesa ante el brulote, aunque Carolina se sincera: "En la vida real, seríamos del Rockland".

Hipersexuadas aun en la minoría de edad, más divinas que populares, todas con vocación artística (¡actuar, cantar, bailar!), las gossip girls sueñan con ser (casi) famosas mientras un fotolog las pueda convertir en estrellas ("Cumbio es una grasa, salió en Policías en acción", coinciden) y el Facebook multiplique la ilusión de tener un millón de amigos. "Gossip Girl capturó el zeitgeist, o espíritu de esta época", resumió Vanity Fair, la revista de mayor densidad de millonarios por centímetro cuadrado: "El punto exacto donde se unen el sex appeal y la sociología pop".
Mientras la Avenida del Libertador se empapela con afiches que acusan "montonera, mentirosa, atea y grasa", a cinco cuadras de la Quinta Presidencial de Olivos, las gossip girls hablan de la Presidenta: "La odio".

Sofía: -El otro vi a la hija en Rumi y le quise pegar.

Inés: -¿Fue en el Mini Cooper?

Todas: -Ay, qué horror.

La conciencia social se insinúa en el imperio de la carne picada ("una chica de mi colegio se enteró de la crisis del campo cuando viajó con la gira de hockey", se escandaliza Inés) y, como una ironía para el Gobierno que se anunció setentista, corren a la Presidenta por izquierda: "Con todos los pobres que hay... ¡ella está mejor vestida que Carla Bruni!".

En el mediodía del McComedor, la gossip girl se apronta para el turno tarde, con el jumper aún en la mochila: se cambiará en el baño. ¡Esto es valor! En el campus, las materias extracurriculares ("Robotics", "Scottish Dancing", "Magic Club") competirán con las disputas entre "casas", al estilo de la escuela Hogwarths, y con los restos de la alta suciedad: "Entre ricos se discrimina a los menos ricos. Los que tienen mucha-mucha plata, como los del colegio Lincoln, tratan a los otros de grasas y negros, aunque sean gente normal", analiza Sofía. Y si "odio música en mi idioma" será máxima para la habitué de la matiné de Sunset y Ku, el mundo ideal sólo queda al Norte, del conurbano y del continente: "¡Mis amigas no conocen el Obelisco!".

http://www.clarin.com/suplementos/si/2008/08/29/3-01748263.htm


NS

viernes, agosto 29, 2008

El crimen organizado hace que la Argentina sea ya un "sicariato"

Nota de Opinión. Por Alvaro Abós
Publicada en el diario La Nación el 29/08/08

El crimen organizado hace que la Argentina sea ya un "sicariato"
El Estado, impasible frente a este avance

Por Alvaro Abós Para LA NACION
¡Ni Dashiell Hammett podría haber imaginado un comienzo de novela así! En un desolado baldío de extramuros, un vecino descubre tres cadáveres acribillados. Corresponden a tres ciudadanos ejemplares. Buenos padres de familia que cuentan con sólidos ingresos y modernos autos. Viven en Pilar o en otros barrios de la clase media acomodada. El hallazgo tiene todos los ingredientes para convertirse en un "caso" que fascine a la opinión pública: truculencia, misterio y unas víctimas con las cuales la opinión pública biempensante puede sentirse identificada: los ejecutados no son unos ladroncitos cualquiera; el triple crimen no parece un ajuste de cuentas entre hampones, sino que salpica a "gente como nosotros". Después se sabrán otras cosas. Como en un thriller...
Pero esta novela argentina no sucede en el Poisonville de Cosecha roja. No hay un detective privado que resuelva el misterio. El investigador es el Estado. Por lo tanto, falla una de las reglas del género, la que prescribe que un crimen siempre debe ser resuelto.
Ojalá me equivoque, pero, ¿se resuelve algún crimen en la Argentina? El propio gobernador de la provincia pareció aliviado cuando dijo que el de General Rodríguez "es un crimen de la mafia", como diciendo: "No nos compete". O "nos supera". Por cierto que le compete, pues ¿hay algo más preocupante para la sociedad que la impunidad del crimen organizado?
Con el episodio de General Rodríguez nos desayunamos de que la narcomafia opera hace tiempo en el país. De que los barones del crimen internacional entran y salen como Pancho por su casa. Conforme lo han difundido profusamente en TV los opinadores "mafioespecialistas" que de inmediato proliferaron como hongos, la Argentina pasó de ser un país de tránsito para el narcotráfico a ser un país de cultivo. Como corresponde a nuestra nunca bien ponderada velocidad idiomática, se creó un neologismo: el "sicariato", país del sicario, es decir, paraíso del crimen por encargo. En eso se habría convertido la Argentina.
Estas y otras escalofriantes revelaciones no parecieron alarmar demasiado al ministro de Justicia, convencido como está de que el Estado ya ha asestado fuertes golpes a la mafia. ¿Qué golpes? De paso, mientras escuchábamos sus opiniones sobre tráfico ilegal de medicamentos y otros horrendos delitos, nos hemos desayunado con que, para el ministro, el "paco" no es una droga peligrosa. De hecho, el ministro de Justicia ni siquiera está seguro de que el "paco" exista ya que "no se sabe bien de qué sustancia está hecho".
Pero, entonces, ¿qué aspiran a la vista de cualquiera miles de chicos de la calle? ¿Una lavanda aftershave ?
Entre las actividades de Forza, uno de los tres asesinados en el baldío de General Rodríguez, estaba la gestión de un laboratorio que supuestamente falsificaba medicamentos, establecimiento que donó 200.000 pesos a la campaña electoral de la Presidenta. Una opinión pública ya sensibilizada por episodios como la valija de Antonini, sobre el que aún estamos esperando explicaciones, o por tantos otros casos de corrupción denunciados y nunca dilucidados, ha registrado, atónita, este nuevo eslabón de una turbia cadena ya muy larga.
Pero no es a las actividades de una de las víctimas del triple crimen a lo que quiero referirme, sino a la situación que el homicidio desnuda: el Estado está abdicando su obligación de garantizar la seguridad de sus ciudadanos. Es cierto que el narcotráfico es una lacra mundial, y por lo tanto sería ingenuo despotricar por que este flagelo salpica nuestras costas. Es cierto que el narcopoder es un jinete del Apocalipsis que se pasea rampante por el universo mundo. Sin embargo, una cosa es admitir la magnitud de un problema y otra es consentir la inacción ante él.
El crecimiento de la criminalidad suma a demasiados connacionales en el terror. Por grave que sea el problema, aún peor es comprobar que no basta con lo que hace el Estado para afrontarlo.
¿Ha creado el Estado cuerpos especiales de seguridad para enfrentar nuevas formas de delito? ¿Qué refuerzos presupuestarios destina el Estado a ese combate? ¿Ha inaugurado nuevas cárceles a tono con los avances mundiales en seguridad penitenciaria? ¿Utiliza -y cómo, si lo hace- los avances de la tecnología virtual para proteger a la población? ¿Se han abierto y/o diseñado escuelas y universidades que estudien estas cuestiones? En tal caso, ¿ cuándo esos profesionales estarán en actividad? ¿Es cierto que para el Estado es más importante perseguir el tránsito de narcóticos (o sus sustancias preparatorias) que su acopio o su fabricación?
Mientras redacto este artículo, un título en los diarios me llama la atención. Informa que se nombrarán magistrados especializados en la lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico, que se prepararán cuerpos de seguridad dotados de tecnología ultrasofisticada y que está a la firma un acuerdo nacional que suscribirán jueces, gobernadores, alcaldes, funcionarios, políticos y organizaciones sociales para hacer frente, todos juntos, a la lacra criminal. Pero esto sucede... ¡en México!
Hace ya un cuarto de siglo que la Argentina dejó atrás la pesadilla de la dictadura. Los policías que hoy combaten el delito en las calles del país estaban en el vientre de la madre o jugando con sonajeros cuando Bignone le puso la banda a Alfonsín. Hemos tenido tiempo de sobra no sólo para depurar las fuerzas de seguridad, sino para crear otras, desde cero. Unas fuerzas de seguridad democráticas, que batallen con eficacia contra el crimen.
Nada parece haberse hecho. En cambio, proliferan torvas memorias que a cada momento interfieren en el que debería ser un objetivo prioritario del Estado: proteger a la población. Hubo, en los albores de la democracia, un comisario llamado Juan Pirker, jefe de la Federal, que se puso a la tarea. Un policía ejemplar. Concitó el apoyo de la sociedad, que lo acompañó en lo que parecía una cruzada. Lamentablemente, aquel hombre se inmoló. Su salud no soportó la magnitud del reto. Un infarto masivo lo abatió sobre su despacho.
El Gran Buenos Aires es hoy una llaga que causa vergüenza a cualquier argentino bien nacido, porque allí pobreza y crimen se entrelazan. Mientras que la cantidad de villas miseria del segundo cordón ha crecido cuatro veces desde 2003, en uno de sus partidos emblemáticos, San Martín, se produce un robo cada cuarenta segundos.
Todo Estado de Derecho tiene dos deberes convergentes e irrenunciables: investigar y castigar los crímenes cometidos por fuerzas de seguridad en el pasado y controlar cualquier extralimitación en la represión actual del crimen. Pero incentivar climas de sospecha y hostilidad hacia los cuerpos de seguridad de un Estado de Derecho, basándose en el pasado, es un suicidio. No comprender la demanda de seguridad que hoy formula la población, sea cual fuere su condición social, es un error político garrafal. La protección ante el crimen no es de derecha ni de izquierda. Es un anhelo de cualquier comunidad. Tan legítimo y acuciante como la protesta contra la inequidad del ingreso o la ofensa de la pobreza.
El triple homicidio de General. Rodríguez y sus detalles macabros serán leídos por los medios de comunicación como un relato espeluznante. Es inevitable, porque la realidad, como siempre, es más imaginativa que cualquier ficción. Pero detrás del lívido rostro de esta novela policial de la realidad, existe un asunto de Estado. La mafia le dejó al asesinado Forza, en la puerta de su farmacia, una silla de ruedas, como tétrica advertencia de que le iban a tirar a las piernas. Le tiraron a la cabeza.
Francis Ford Coppola estuvo varios meses en Buenos Aires, caminando por sus calles, metiéndose en todos los rincones de la ciudad mientras preparaba y luego filmaba una película que aún nadie ha visto, pero que él tituló Tetro . El país del desolado baldío de General Rodríguez es un tétrico escenario criminoso. Ford Coppola, como gran artista de este tiempo, descifra la realidad mejor que cualquier funcionario o sociólogo de época. El leyó una Argentina que es tétrica.

Por si alguno le interesa acá hay un link a la nota y uno a una mini bibliografía de Alvaro Abós publicada por la Fundación Konex en 2004

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1044297&pid=4977658&toi=6276

Saludos, Rosario Gonzalia

domingo, agosto 24, 2008

Backstage de un milagro menor

Por Hernán Casciari

Voy a contar algo que ocurrió hace un mes y que, por un momento, nos pareció un milagro de entrecasa. Podría narrar el milagro sin dar a conocer su lógica interna, escondiéndoles a ustedes la explicación que lo desbarata. Pero no haré eso, porque me quedaría un cuentito fantástico y nada más. Voy a narrar los hechos sin trucos. Ustedes verán a las marionetas pero también los hilos que las mueven. Dicho esto, la historia empieza con una mujer, sentada en un sillón, y sigue con una chica de once años que va en coche por la ruta.
La mujer, que también es mi madre, acaba de echar a todo el mundo de su casa (a los amigos, a los hermanos, a los nietos) porque necesita quedarse sola, llorar sola y esperar sola a que llegue el sueño. Hace cincuenta y dos horas que no duerme. Ahora intenta descansar y se desploma en el mismo sillón donde dos días antes murió su esposo, que también era mi padre.
Es la noche del once de julio, hoy hace un mes. Por primera vez en cuarenta años, esta mujer cierra la puerta de su casa sin que dentro viva nadie más.
El truco comienza en este párrafo, porque a diez kilómetros, por la ruta cinco, van en coche mi hermana, su marido y sus hijos, de regreso a La Plata después del entierro. Es de noche y nadie habla, porque ha sido un día muy triste y después una noche muy larga.
Una chica de once años, que se llama Manuela y es mi sobrina, se recuesta sobre la ventanilla a ver pasar las luces del camino; saca de su mochila un teléfono móvil y se pone a revisar los contactos. Nadie le presta atención.
Volvamos a Mercedes. La mujer que es mi madre aprovecha su primera soledad para desahogarse sin testigos. No ha podido hacerlo antes porque no tuvo un segundo sin compañía, sin abrazos o presencias. Se ha mostrado fuerte en todas partes: serena en el salón y en los pasillos de la casa velatoria, y también entera en las calles del cementerio, frente a la bóveda. Saludó, besó y agradeció a todo el mundo; cabizbaja y líquida, es verdad, pero sin desbordes. Ha durado cincuenta horas sin hacer un solo escándalo en público. Ahora, por fin, está sola.
Se pone a gritar como si la hubiesen quemado.
Lejos de allí, cruzando el peaje de Luján-Mercedes, uno de mis sobrinos observa el celular que maneja Manuela, su hermana. No es el teléfono de siempre, el rosa de juguete, sino uno distinto de color negro, que parece real. El hermano pregunta:
—¿De dónde lo sacaste?
Manuela no le responde y se queda mirando por la ventana. El hermano insiste:
—¿Es un teléfono de verdad?
Entonces Manuela se acerca a su oído y le contesta, en voz muy baja para que sus padres no la escuchen:
—Es el celular del abuelo Roberto —y también dice—: tiene crédito.
Como se ve, lo que va a pasar dentro de un rato no tiene nada que ver con un milagro, pero sigamos con los hechos naturales: en la que fue mi casa, en la que es mi casa, la mujer sigue con sus gritos. No son lamentos al azar, no son aullidos ni onomatopeyas salvajes, sino preguntas retóricas dirigidas a su esposo, en tono de reprobación y con timbre de barítono.
La mujer le reprocha al marido, en voz alta, la poca consideración que tuvo al no haber informado sobre su muerte, tan repentina y a destiempo. Se levanta del sillón y le habla. Las frases que dice no tienen sentido, por lo menos no en el terreno de la lógica, pero a la viuda le bastan y le sobran para desahogarse.
Ella sabe que gritar ¡por qué no me avisaste! no sirve para nada, pero lo dice de todas formas. Y lo repite, y lo repite una vez más, porque los reproches inútiles, en las casas vacías, suenan mejor con la insistencia.
Con el tiempo aprenderá a usar el pensamiento, a conversar en silencio, sin hacer uso de los gestos ni la boca, pero ahora la mujer es inexperta y le habla a su esposo a viva voz. Le habla al sillón, en realidad. Ya no le grita: de a poco la escena se convierte en una conversación típica del matrimonio, en una crisis menor, en uno de los muchos monólogos nocturnos en donde ella siempre gritó y el otro siempre hizo silencio.
—Siempre igual vos —le dice—. Cuando hay problemas, calladito.
En el coche dos de mis sobrinos duermen; Manuela no. Sigue mirando las luces por la ventanilla, con el teléfono todavía en la mano. Se llevó ese teléfono porque nadie más lo iba a usar, y porque ella todavía no tiene uno. Más tarde confesaría que no fue un robo: dos o tres veces quiso pedírselo a su mamá, pero ella siempre estaba llorando o dejándose abrazar por gente. En un momento se lo mostró a su abuela y le dijo, con mucha vergüenza:
—Chichita, ¿lo puedo usar yo ahora?
Y su abuela hizo que sí con la cabeza, pero era un sí a cualquier cosa, no estaba mirando a ninguna parte. Por eso ahora la chica piensa en la abuela triste, en su cara de agotamiento y pena, y siente culpa por haberla dejado sola, en Mercedes. Se despidieron en la puerta, sus padres le ofrecieron quedarse, o que se fueran todos a La Plata, pero la abuela no quiso:
—Alguna vez tengo que estar sola —dijo, y se encerró.
Su abuela es fuerte, piensa Manuela, ella no se habría animado a quedarse sola tan pronto. Es fuerte pero está triste. En once años, en toda su vida, Manuela no había visto nunca a Chichita con los ojos sin brillo. Entonces abre el teléfono y le escribe.
El hilo y las marionetas se unen en este segundo, porque al mismo tiempo que la nieta pulsa la primera letra del mensaje, la viuda, que conversa en casa con su esposo, le está pidiendo una señal al muerto.
—Dame una señal —dice la mujer, que es también mi madre, mirando el sillón vacío.
No es increíble, no es mágico que Manuela escriba su mensaje en este punto de la historia. Bien mirado, es natural. Es cierto que también pudo haber ocurrido primero una cosa y mucho después la otra, incluso con horas de diferencia, pero están pasando las dos a la vez y no debe asombrar a nadie.
La chica escribe en el coche mientras la mujer, en su casa, le pide a su marido —en voz muy alta— que le dé una señal. También le pregunta qué hará ella ahora, sin los hijos y sin él; cómo se recompone la rutina; dónde están las facturas y cómo se pagan; quiere saber si el tiempo cura; pretende que él la ayude a tramitar la pensión; le pide otra vez una señal; le dice que tendría que haber sido al revés, y dentro de veinte años; pero sobre todo al revés.
Mezcla la desesperación filosófica con el planteo doméstico, a veces en la misma frase. Habla con serenidad, pero ya sin control, a la vez que Manuela redacta una frase muy simple, de cuatro palabras, a sesenta kilómetros de allí:
—NO ESTÉS TRISTE, DESCANSÁ —es lo que escribe mi sobrina, y envía el mensaje. Después acomoda la cabeza en el hombro de su hermano, y se queda dormida.
Miremos por un instante cómo viaja el texto hasta un satélite, cómo rebota la frecuencia y se convierte en bytes. Veamos la escena desde todos los ángulos, para asegurarnos de que no hay milagro posible, que todo tiene la lógica del tiempo y del espacio.
Mientras las palabras de su nieta viajan en medio de la noche, la mujer sigue con su monólogo encendido. Sospecha que su esposo resultará un muerto tímido, como lo fue en vida, poco dado a lo trascendental, porque no aparece. Supone que le costará hacerse presente, dejarse ver. Y así se lo dice:
—Vos no sos la clase de tipo que se aparece después de muerto, yo sé que te da vergüenza, pero tenés que hacer un esfuerzo. Vos…
Entonces suena, en la casa vacía, el celular de la mujer. Ella se queda con la palabra en la boca y camina hacia el milagro falso, mientras se pone los lentes de leer de cerca. Observa, en la pantalla del teléfono, una frase imposible, en letras mayúsculas:
ROBERTO HA ENVIADO
UN MENSAJE DE TEXTO
La mujer, que es también mi madre, presiona un botón y repasa las cuatro palabras que hace diez segundos ha escrito Manuela desde el coche.
No estés triste, descansá.
Se queda un rato largo mirando la pantalla, con los dedos inmóviles. No parpadea ni respira. Tiene la luz verde del teléfono en los ojos, y los ojos muy abiertos.
Después la mujer sale del comedor más serena, sin mirar el sillón ni decir una palabra más. Tiene la garganta seca de tanto monólogo. Apaga las luces de la cocina, entra a su cuarto y se acuesta. Se queda dormida y descansa.
Al día siguiente ocurren otras cosas. No todas son maravillosas, pero tampoco todas son horribles.
La historia acaba así, no hay nada más. Podría haber explicado el cuento omitiendo las escenas del coche, y habría salido una historia más o menos prodigiosa, con una viuda que pide una señal y un marido muerto que le responde. Pero no fue así. Conté las cosas como fueron, con el backstage incluido, porque las anécdotas son mejores cuando no tienen nada del otro mundo.

jueves, agosto 21, 2008

ooh!

Los comunicadores prematuros comenzaron a comunicar.


http://alumnosusal.blogspot.com/


Convendra que comuniquemos?

A muchos de nosotros si.
A muchos de los otros, no.


Y bue.. es lo que mamamos.

jueves, agosto 14, 2008

AOP se distrae



La última vez que nos encontramos Jorge Luis Borges y yo, estábamos muertos.


Para distraernos, nos pusimos a hablar de la eternidad.







Juan José Arreola

jueves, julio 31, 2008

The Pillowman

Había una vez un hombre que no se parecía a los hombres normales. Medía casi 2 mts. y medio de alto y estaba totalmente hecho de almohadas esponjosas de color rosa; sus brazos eran almohadas, sus piernas eran almohadas y su cuerpo era una almohada. Sus dedos eran pequeñas almohaditas y su cabeza era una gran almohada redonda. Los ojos eran como dos botones y su boca era grande y sonriente. Hasta se le podía ver los dientes, que también eran pequeñas almohaditas blancas.
Bien, el Hombre Almohada tenía que verse suave y seguro porque su trabajo era muy triste y difícil...
En los momentos en los que alguna persona estaba muy triste porque había tenido una vida atroz y sólo quería terminar con ella; sólo quería quitarse la vida para así deshacerse del dolor, con una hoja de afeitar, con una bala, inhalando gas, o saltando de algún lugar muy alto... Exactamente en ese momento, el Hombre Almohada lo encontraba, se sentaba a su lado, lo abrazaba suavemente, y le decía: -"Espera un momento"- y extrañamente el Hombre Almohada volvía el tiempo atrás, cuando esa persona era apenas un niño y la vida horrorosa que iba a tener aún no había empezado.
El trabajo del Hombre Almohada era hacer que ese niño o esa niña se suicidara, y así evitar los años de dolor que los llevaría, de todos modos, al mismo lugar: frente a un horno, frente a una pistola, frente a un lago. -"¡Pero nunca escuché de un niño suicidándose!"- podrían decir. Bueno, el Hombre Almohada siempre sugería que lo hicieran de una manera que se viera como un trágico accidente: les mostraba el frasco de pastillas que se veían como caramelos, les mostraba el lugar del río donde el hielo era más frágil, les mostraba la bolsa de plástico que no tenía agujeros para respirar y exactamente cómo ajustarla...
Pero no todos los niños querían seguir al Hombre Almohada. Hubo una niña, muy alegre, quien realmente no creyó cuando éste le dijo que su vida podría ser horrible, que su vida sería así... Entonces lo echó y el Hombre Almohada se fue llorando a mares.
A la noche siguiente la niña escuchó un golpe en la puerta de su habitación y dijo -"¡Andate Hombre Almohada, te he dicho que soy feliz, siempre he sido feliz y siempre seré feliz!"- Pero no era el Hombre Almohada. Era otro hombre y su mamá no estaba... Tiempo después ella se puso muy triste, y cuando tenía ventiún años y estaba sentada frente al horno a punto de suicidarse, le dijo al Hombre Almohada: -"¿Por qué no trataste de convencerme?"- Y él le respondió -"Traté de convencerte, pero eras demasiado feliz"- Y la niña, mientras encendió el gas, gritó lo más fuerte que pudo: -"¡Yo nunca he sido feliz!"-...
Cuando el Hombre Almohada tenía éxito en su trabajo, un niño moría de forma horrible. Y cuando el Hombre Almohada no tenía éxito, un niño tendría una vida horrible, crecería, sería un adulto que tendría una vida horrible, y moriría de forma horrible. Por esta razón, el Hombre Almohada lloraba todo el día.
Fue así que decidió hacer su último trabajo: cargó una pequeña lata de nafta y fue hasta un hermoso arroyo que él recordaba de cuando era niño. Cuando llegó, se sentó bajo un árbol y descubrió que a su alrededor había un montón de juguetes; un autito, un perrito de juguete y un kaleidoscopio. Cerca de allí había una casa rodante y el Hombre Almohada escuchó la voz de un niño que decía: -"Voy a salir a jugar, mamá"- y la mamá dijo: -"No vuelvas tarde para tu merienda, hijo" - "No, mamá,"- respondió el niño. El Hombre Almohada escuchó pasitos que se acercaban.. Pero no era un niño, era un pequeño Niño Almohada que dijo: -"Hola"- y el Hombre Almohada dijo: -"Hola"-. Los dos se sentaron bajo el árbol y jugaron un rato con los juguetes... El Hombre Almohada le contó sobre su trabajo triste y los niños muertos. El pequeño Niño Almohada entendió enseguida , porque él era un niño muy feliz, y sólo quería ayudar a la gente... Y sin decir una palabra más, el Niño Almohada se echó encima la lata de nafta y el Hombre Almohada le dijo -"Gracias"-, el Niño Almohada dijo: -"No hay problema. Le contás a mi mamá que no voy a volver a tomar el té"- y el Hombre Almohada dijo mintiendo -"Sí, por supuesto"-. El Niño Almohada encendió un fósforo, y el Hombre Almohada se sentó allí viendo como el niño se quemaba. El Hombre Almohada empezó a desvanecerse y lo último que vio fue la boca feliz y sonriente del Niño Almohada. Lo último que escuchó fue algo que ni siquiera había contemplado: los gritos de cientos de miles de niños a quienes él había ayudado a suicidarse, volviendo a la vida y teniendo que seguir adelante con sus frías y desdichadas vidas porque él no había estado allí para prevenirlos. Hasta escuchó los gritos de sus muertes, tristemente autoinflingidos, que esta vez, claro, iban a tener que cometer solos.


NS

martes, julio 22, 2008

Genio


Fui a ver Batman.

Como le debo cierto rigor a la certidumbre, quiero aclarar desde la primera línea de este texto naciente que, para mí, Christopher Nolan es el mejor director que tiene hoy la industria cinematográfica hollywoodense. Dije: para mí. Dije: hoy. Dije: Nolan.

Hay algo atrapante en su manera de narrar, en su inteligencia avasalladora, que obliga a ver y rever las peliculas que escribe y filma para encontrar sus errores, bucear entre sus guiños y rogocijarse con sus genialidades. Yo me quedo con éstas, que no son pocas.

Como muchos cinéfilos, descubrí su trabajo en Memento, quizá la peor de sus películas. Me interesó lo que vi y seguí su senda. Primero, hacia atrás, donde no había mucho: Following. Luego hacia adelante: Insomnia (mal traducida como Noches Blancas), El gran truco (peli de la que ya hablé y de la que me gustaría seguir hablando siempre) y Batman Begins.

Sinceramente, creo que recién cuando entró al mundo del comic y pudo plasmar lo que él sentía de sobre y por Batman fue que Nolan explotó como un genio. Esa peli fundacional de una zaga que promete ser larga resultó una obra artesanal a gran escala, en la que un director comprometido logró contar una historia interesante con conflictos reales y bajar al héroe de la idealización falsa a la que lo había llevado -entre otros- el gran Tim Burton.

Nolan suele trabajar con el barro, con la humanidad y sus faltas, con los defectos, con la moral, con la fuerza de la repetición, con la angustia, con el cariño, con el espectador. Nolan es un hombre que señala.

Y yo vi Batman.

Vi Batman y me encontré con una película de resultado incierto en la que se mezcla lo posible con lo increíble. Ahí me encontré -admito: a cuentagotas- con la complejidad en el desarrollo narrativo que tanto me gusta. Ahí me encontré con un personaje que encarna lo peor de todos y se erige sin dudas como lo mejor de la película: el Joker de Heath Ledger.

Vi Batman y entendí que lo mejor de mi director favorito es la creación de hombres, de mentes, de momentos de quiebre.

Vi Batman y me sentí incómodo por la fuerza sin reglas, así como de inconciente freudiano, que tiene Ledger, un hombre muerto que hace un papel tan oscuro como inmejorable.

Vi Batman y pensé que Nolan ya no logrará superar dentro de la zaga lo que hizo en su esfuerzo inicial. Pese a los rencores, a los llantos, a las frases, a los chistes, a la magia.

Vi Batman y me encontré con conflictos reales, con sociedades reales y con una conciencia crítica más allá de Hollywood.

Vi Batman, y me convencí de algo que ya sabía: hay hombres que luchan un año y son buenos.

viernes, julio 18, 2008

Efecto colateral


Con el "no" de Cobos, más allá de la pelea entre dos modelos de país que viene comentando L>S>D>A hace tiempo, surgió otra pregunta: ¿Se acabó la Argentina presidencialista, o fue la excepción que confirma la regla?.

Más allá del interés detrás del voto "no positivo", la candidatura presidencial para el 2011, la presidencia de su partido, el "afecto" de la gente y todo lo demás, Cobos pateó el tablero y le dijo "no" a la máxima autoridad del país.

¿Cómo se define eso?

Saludos,
Mati

sábado, julio 12, 2008

Todos los griegos son putos



Martes. Un café de muchas sillas y pocos pero fieles clientes. Siete de la tarde, siete y media quizás. Osvaldo y el Negro están ubicados en una de las mesas del fondo y esperan al resto de los muchachos.

MOZO.- Señores, buenas tardes, ¿Qué van a tomar?

OSVALDO.- Para El Negro lo mismo de siempre, Cacho. A mí tráigame un té con limón, ando medio dolorido del estómago.

EL NEGRO.- (mira a Osvaldo y se ríe) Hombre de café negro tomando té con limón... ¡Té con limón! (Cambia el tono emulando a un cantante de tango) Quién lo hubiera dicho Osvaldo, vos, que nos enseñaste a todos nosotros cómo hacer para no sufrir por una mina. Un té con limón, la verdad que no te lo puedo permitir… Cachito, traele un café negro.

OSVALDO.- (Frunce el ceño primero y luego se toma la panza, con una mueca de dolor) En serio Negro, téngame compasión, comí algo que me cayó mal, no sé qué fue, desde ayer a la noche que traigo una descompostura para el recuerdo…

EL NEGRO.- (mira a Osvaldo, luego al Mozo y hace un gesto de resignación) Bueh, traele el tecito… la verdad que habrás comido como lima nueva viejo, dejate de joder, así no hay estómago que aguante…

OSVALDO.- (mira el reloj) Negro, ¿a qué hora le dijeron que venían los demás? Ya son como las siete y media…

EL NEGRO.- Siempre llegan tarde, dejá, se pierden lo mejor que es estar con nosotros en la previa… Che, hablando de mariconeadas como tu tecito con limón, ¿sabías que todos los griegos son putos?

OSVALDO.- (agita las manos con palmas invertidas de abajo hacia arriba) Afloje con lo de maricón, le pido por favor… es un tecito con limón nada más ¿Nunca tomó una lágrima?

EL NEGRO.- En mi puta vida. Pero no importa. Contestáme lo que te pregunté ¿Sabías que todos los griegos son putos?

(Llega el mozo con el café negro y el té con limón. El Negro mira al mozo)

OSVALDO.- Gracias Cachito, acá el Negro me asegura que todos los griegos son homosexuales ¿Usted que cree?


CACHITO.- No sabría decirle señor, nunca conocí a ninguno ¿Van a comer medialunas?

EL NEGRO.- No, dejá Cacho, seguí tranquilo, no le des bola a Osvaldo que deriva la situación para donde le conviene.



(El Mozo se va caminando con paso liviano, como arrastrado por el viento)





OSVALDO.- (agita con más insistencia las palmas de abajo hacia arriba) Negro, usted está faltando a la verdad. Usted vio conmigo la Eurocopa 2004 de fútbol ¿Me va a decir que los que ganaron aquel torneo pecaron de falta de hombría?

EL NEGRO.- Mirá, no estoy profundamente convencido de eso, porque pusieron como caballo, en eso tenés razón. Pero dejame explicarte, ¿Nosotros nos debemos a nuestros antepasados, no? (Enciende un cigarrillo, echa una bocanada de humo al viento y toma un poco de café negro)

OSVALDO.- (Lo mira atentamente, hace un gesto de aprobación) Sí, la verdad que en eso es genuino: somos igualitos a los tanos y los gallegos. Más a los tanos, creo, por una cuestión de personalidad, pero no podría asegurarlo, es mas bien algo intuitivo…

EL NEGRO.- (Renueva la mueca de aprobación de Osvaldo) Claaaro. Nos vamos entendiendo. Bueno, el otro día estaba mirando un documental en la tele y enganché una historia de griegos y no sé qué más. La cosa es que se estaban cagando a flechazos y espadazos por la batalla de Troya y esas cosas, la verdad que no tenía la más remota idea de quién peleaba. Pero había un tipo recontra cojudo, un tal Aquiles…

(Osvaldo deja abruptamente el café e interrumpe)

OSVALDO.- ¡Sí, Aquiles de Troya! (Se levanta y observando hacia el techo, agita las manos y recita): Un héroe como no hubo nunca, capaz de vencer a un ejército entero, el de los pies ligeros, el del talón endeble…

EL NEGRO.- Ese, ese. La cosa es que le pegó al primero, le pegó al segundo y entró a darle a lo que venía. Parecía un volante de esos todoterreno, como puede ser el Chicho Zapata, el de Central Córdoba. El tipo iba para adelante y no miraba contra quién pegaba (Levanta la mano y atraviesa el aire con una espada imaginaria). Tenía un escudo súper elegante Osvaldito, como un Armani, le quedaba fenómeno. Y entonces el tipo que relataba el documental empieza a hablar del escudo y la mar en coche. Que había metido el Sol, la Luna, el agua, la tierra ahí adentro. Parecía improbable, pero la primera la dejé pasar. Ya a la segunda, me empecé a hacer preguntas ¿Si sos tan cojudo, tantas cosas pones en el escudo? ¿Vas a tirar atrás el equipo? Mirá, vos sabes muy bien que no hay mejor defensa que un buen ataque. Con el escudo empecé a sospechar, empecé a sospechar…

(Agarra la taza y toma un sorbo largo de café negro)

OSVALDO.- Entiendo el punto, pero ¿A sospechar de qué? El escudo era una marca registrada de Aquiles (Vuelve a recitar con una mano en alto): “con triple cenefa brillante y reluciente, provisto de una abrazadera de plata. Cinco capas tenía el escudo, y en la superior grabó el dios muchas artísticas figuras, con sabia inteligencia”. Para que usted entienda Negro, es similar a lo que ocurría con el pelo de Sansón.

EL NEGRO.- ¿El pelo de quién? (Con ambas manos invertidas genera dos pirámides de diez dedos y las agita) ¿Dónde juega ese?




OSVALDO.- (Resignado) Déjelo ahi Negro, no se haga problema, demoraría demasiado tiempo en redondear el concepto. Sólo entienda que para Aquiles el escudo era lo que le daba verdadera fuerza, lo que le imponía rigor escénico.

EL NEGRO.- Ahí está el punto. Yo lo bancaba con la espada, cuando iba al frente, pero cuando empezó a ir para atrás con el escudito, cuando me dijeron que el tipo tenía (emula los gestos y el tono de voz de Osvaldo) el escudo como marca registrada dije: “A este le gusta recibir demasiado. Si no se la come pega en el palo”.

OSVALDO.- Pero Negro, sea bueno, no es tan así la cosa: Aquiles fue héroe de Troya, protagonista célebre de la Ilíada y la Odisea, el hombre más fuerte del mundo para muchos…

(El Negro interrumpe y pone una mano casi a la altura de la boca de Osvaldo)

EL NEGRO.- (Casi gritando) ¡Qué carajo me importa! A mi se me cayó un ídolo Osvaldo, lo seguí como una hora y media y recién al final, con la victoria consumada, el tipo del documental dice casi sin inmutarse: (emula una voz de locutor) “Los griegos toleraban la homosexualidad, de hecho Aquiles y Patroclo tuvieron una profunda amistad, y también un profundo amor entre sí. Aquiles también es famoso por ser el más hermoso de los héroes reunidos en Troya”. Patroclo, trolo. Aquiles, trolo. ¡Era trolo Aquiles! A esa altura, te confieso, estuve a punto de romper la pantalla de un zapatillazo…

OSVALDO.- (con tono sereno) Estimado Negro, es mitología, los griegos tenían un profundo respeto por la belleza del cuerpo, era otra concepción de la vida, no es como ahora, el tema es un poco más complejo.

EL NEGRO.- Dejame de joder, o sos macho o sos maraca. Las medias están para los pies. Entendé que es un ejemplo poco feliz el de este Aquiles para los chicos. Mucha pelea, mucho grito, pero en el fondo se la morfaba. Vos imaginate, me entero que ahora lo están enseñando en la escuela, que querés, me pongo como loco.

(Toma otro profundo sorbo de café y golpea la taza en la mesa)

OSVALDO.- Me parece que usted tiene un problema con la homosexualidad, está muy alterado con el tema. Levante la mirada por las esquinas, por las veredas. A su lado, mucha más gente de la que que usted piensa es homosexual y no tiene nada de malo, por favor, le pido que no sea retrógrado, el suyo es un pensamiento que venció hace bastantes años…

EL NEGRO.- ¿Vos no te la comerás, no? (Se levanta de la silla y trata de mirar el sector donde está sentado Osvaldo) ¿Dónde tenés el escudo, a ver, a ver? Tecito con limón, dolor de estómago, andá maricón…

OSVALDO.- (Señala con el dedo al Negro) Negro, con todo respeto: váyase a la puta que lo re parió. Y cuando llegue, disculpe a su madre de mi parte. (Se levanta de un salto de la silla)


EL NEGRO.- (Con ambas manos como abrazando el aire que lo separa a él de Osvaldo) ¡Pará Osvaldito, sentate! (Señala con el dedo hacia la puerta) Mirá, ahí viene Carlitos, ya están entrando los muchachos, no te calentés.

(Carlitos se acerca a la mesa)

CARLITOS.- ¿Cómo va muchachos? ¿De qué hablaban?

EL NEGRO.- Del escudo de Aquiles, Carlitos, sentate que te explico.

(Osvaldo se levanta de la mesa y mira a Carlitos)

OSVALDO.- Sí, Carlitos, deje que le cuente el Negro. (Mira el reloj) A mí ya se me hizo tarde. Aguántelo usted.

(Osvaldo camina con paso rápido hacia la puerta y abandona el Café)

CARLITOS.- (Observa atento a El Negro) ¿Y a éste qué le pasa, está en pedo?

EL NEGRO.- Dejalo Carlitos, dejalo. No soporta una charla intelectual, está en las boludeces, ¿sabés?. Te pregunto: ¿Vos sabías que todos los griegos son homosexuales?

CARLITOS.- ¿Todos?

EL NEGRO.- Bueno, la mayoría. Sacá a los de la Eurocopa del 2004. Sí, a esos mejor sacalos.




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L>S>D>A, Texto de Bruno Altieri. Gracias Brunito.

lunes, julio 07, 2008

Desencuentro


Hoy, hace unas horas, di lo que podría haber sido el último final de mi carrera. No lo sabré -no sabré si fue el último- hasta la semana que viene porque, como tenía que ser en honor a la incertidumbre, era un escrito.

Sin embargo estoy lejos de la felicidad exultante que me embargó después de todos los parciales y finales anteriores a éste.

También tuve un nervio particular, que precedió con más fuerza y más profundidad que nunca a mi experiencia evaluativa.

Quizá es porque antes, siempre, veía la opción de lo que seguía. El siguiente ya no existe.

¿Y ahora qué?

Se me ocurre que esa es una de las preguntas más inquietantes en una era de sobresaturación. Entre estímulo y estímulo: ¿Y ahora qué? Justo al decidir que uno quiere casarse, tener hijos y vivir con su mujer: ¿Y ahora qué? Cuando se pasa la vida, cuando se viene la muerte: ¿Y ahora qué? Después de dar el último final de la carrera: ¿Y ahora qué?

Este mismo día perdí la billetera. Le di muchas vueltas a la cuestión simbólica de la pérdida del dinero: fue el costo que tuvo, en definitiva, para mí, terminar definitivamente cualquier cursada en esta carrera.

Pero también saldé una deuda que no era monetaria.

Ojalá que apruebe.

L>S>D>A

PD: No parece haberles ido muy bien a los muchachos de periodismo en el primer parcial de AOP.

sábado, junio 28, 2008

Alternar

El planteo no era este preciso pero, decididamente, no se debe soñar. Esos sueños que cunden en las noches o nuestras almas inacabadamente, a propósito no son reales sino ideales, y en ese marco, fuera del pragmatismo, entre lo utilitario y lo esencial, dependerá de qué soñemos, se hayan dispersos y confusos los artilugios que gobiernan las redes de nuestros pensamientos, las redes sociales y las redes con las que atrapamos la misticidad corroída, para abandonarla luego en alguna plegaria condenable, perdida, cotidiana.
Simultáneamente, nuestros esbozos de fantasías, que pueden encontrarse cual transeúntes del divague, atacan nuestra realidad provisoria, potente y contigua, puesto que derivan a que las mentes tomen posesión de nuestro todo y nos subyuguemos a una alteridad ególatra, a un paralelismo siniestro. Es así como, sentados a la mesa, por ejemplo, asentimos, gesticulamos y ejercemos demás acciones como si en verdad estuviésemos allí, cuando en realidad, que no es “la realidad”, sino lo real pero trastocada según la mente trastornada en la que confluyen los pensamientos jugando al anonimato, nos vemos convertidos en mejores, o peores, responsables de causalidades, de series de hecho y sucesos en donde hacemos partícipes a un número inmensurable de personas que, homogéneamente, disfrutan de estar allí, esfera en la que pareciera no haber límites, disquisiciones, inhibiciones, escisiones, categorizaciones.
Tales asuntos tampoco son verídicos en esa realidad simbólica, aleatoria y ultrajada. En lo alternativo hallamos entonces las respuestas a todo…significativamente al todo nunca preguntado; aun así, nos mentimos asiduamente.
Al cabo de minutos – los periodos de horas indicarán patologías psiquiátricas avanzadas- es notable cómo la acción ha progresado en torno nuestro. Otra vez nos hemos perdido de “algo”. Un “algo” quizás poco fortuito, que no nos atavía, que permite, incluso, el uso de cualquier mediación del pensamiento conductista al alcance. He aquí un nuevo problema: ¿cómo ‘conducirnos ’, frente a qué estímulos – respuestas, si no hemos captado los inputs externos, si los emisores en verdad han malgastado tiempo y esfuerzos en un sinsentido por vez reiterada? Sólo nos guiamos por lo conspicuo y exterior y ahora nos exponemos como víctimas de la realidad verdadera cuando un comentario de nuestra distracción irrumpe en la línea metamorfoseada del pensamiento.
Nos preguntamos quién osa interrumpirnos y llamarnos “distraídos” cuando, contrariamente, estamos bien afinados y concentrados en la creación del submundo; el pretérito se escabulle y lo ulterior se profetiza. Mientras evacuamos nuestras mentes soberanas de cualquier hesitación acerca de la crueldad y el nivel de <> con las que nuestros contemporáneos, ciertamente poco ilusos e irrisorios, se acercan con promesas que siempre permanecerán en promesas, entornamos los ojos, desviamos la mirada, entumecemos las retinas y regresamos a las ilusiones, al Verbo encarnado en el sueño, a las cruces esfumadas, a las mentes atiborradas de pasiones incandescentes.
De una vez, nos extasiamos con lo oportunamente confiado a nuestra imaginación y creemos estar bebiendo del incólume elixir de la elección, la libertad, etc.. Mas yo me pregunto, inquiero, porque en verdad deseo satisfacer mis necesidades, ¿qué sucede cuando nuestras alteridades creadas, sin suministro más que la imaginación –que no se acaba pero se perturba- comienzan con reticencias, o bien a fascinar sobrecogedoramente, abrumar y matar al ensueño, dejando todo lo sublime a flote, y lo inaudito a la deriva? ¿ qué ocurre si, en vez de contar con un pensamiento constructivista, comenzamos a desbaratarnos, a castigarnos por lo que pensamos que haríamos en tal o cual ocasión, por violar nuestra libertad condicional como individuo inmerso en una sociedad civilizada, como padre, como hijo, y así el orden de las cosas?

Laméntense. Esa imaginación que tanto hemos ponderado, amigos, no es más que nuestra carcelaria prueba de que la voluntad es acotada: mientras más imaginamos, más creamos, y no ha devenido por nada durante siglos que los creativos se asemejan a los locos, pues es una connotación mayoritariamente absurda, mas quienes yerran son, en efecto, los que demasiado imaginan y poco concretan. Facto, facto, facto.*
Una vez más y esclarecido: aquellos que gozan en estados de hipnosis inventadas, que ríen –paralelos- y se desmoronan en llanto –reales- , todavía más lágrimas derramarán cuando ante sus ojos refunfuñe el presente pasado y sin meditar revelen y desnuden su mente traidora.
Amigos: han imaginado pero no han vivido, pues han existido con piloto automático, con excesiva inanición óntica, cual vegetales, en una realidad amalgamada, ya predispuesta al cambio, y se alzaron con el rabo inquieto bajo los mandatos de sus propias conjeturas. Peor aún, pueden hacer daño. El pensamiento no interactivo acumulado tiende a fallar: genéricamente es absurdo e inerte. Entonces, unimos los nodos de pensamiento y nos damos cuenta de su inexistencia en la vívida realidad y rara vez decantamos.
Conjuntamente, falla en el traspaso de lo ideal a lo real; falla en la percepción de la realidad; falla en la ilación y concatenación de los pensamientos; pensamientos malignos; disconformidad con lo real por su aparente diferencia con lo ideal/soñado/pensado; acumulación de realidades apáticas; sinnúmero de frustraciones, sea por inconcebible y descabellado nuestro querer, sea por el encuentro traumático con lo realmente real, o sea por el nefasto pasaje de uno a otro. Invadidos por lo infame, todo lo impoluto creado ha de desaparecer, sobrio de vivencias.
Ahora bien, si no desean ser ustedes quienes yerren, supliquen a sus demandas soslayarse y eviten el llanto, el llanto acumulado, la ira, las anestesias para el sueño (o para soñar) y vivan Carpe diem, menos atormentados. Hagan de sus días un sesgo, no banalicen las horas derrochando recuerdos, ni tampoco apaguen del todo a la bestia centrípeta, egoísta, competitiva: su imaginación.

A.N.
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*NA: El uso deliberado de este vocablo no debe interpretarse políticamente.

miércoles, junio 25, 2008

Más obviedades

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire.

No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca.

Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa.

Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes.

No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.


Por si alguien no lo había leído. Julio Cortázar. Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj. Cada vez es mejor. Cada vez.

Y para colmo, esto



¿Quién posee a quién?

sábado, junio 21, 2008

Obviedades

La sumatoria de experiencia, el nunca bien ponderado método inductivo, me señala que nadie va a comentar el texto que voy a postear a continuación. Pero la ilusión es terca, y aunque Flor parezca haber llevado sus letras a otros parajes, confío en despertar en alguna la inquietud o el pensamiento.

Porque a veces es interesante hablar de nosotros a partir de algo que parece muerto. O hasta errado. Hoy no hay otro drama que el campo.

Para seguir con mi línea rigurosa: ni fotos, ni videos.

Yo no sé bien qué pensar. Cuando releo todo me parece una vaguedad, una antigüedad, una paparruchada, un delirio. Sin embargo, algo en el escrito me inquietó. Profundamente.
Saludos.
L>S>D>A


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Torres gemelas (Alessandro Baricco, publicado como nota al pie en su ensayo Next: Sobre la globalización y el mundo que viene. Diciembre, 2001)

Ya. El 11 de septiembre. Con cierta lógica han sido muchos los que han dicho que la gloalización murió allí. E, indudablemente, un mundo al que ha vuelto la guerra, en que los mercados financieros están contra las cuerdas y la gente tiene miedo de subirse a un avión no es el mejor escenario para imaginarse felices perspectivas globalizadoras. Es decir, hablando en plata: es la negación de cualquier clase de proyecto de este tipo. Por ello, la globalizaciòn ha sido hibernada, por decirlo de algún modo, a la espera de tiempos mejores. Se ha ido evadiendo de los medios de comunicación y de los debates. Si todavía existe, lo hace principalemente de manera silenciosa, curándose las heridas.

Dicho esto, hay cosas con posterioridad al 11 de septoembre que dan qué pensar. Por ejemplo, políticamente nunca se había visto un mundo tan globalizado: tomando partido , casi unánimemente, por los Estados Unidos (N. de L>S>D>A: recordar que el artículo fue publicado dos meses después del atentado a las Torres). ¿Ha habido nunca una guerra en que se haya formado una alizanza tan vastaP Puede ser que la gente tenga miedo de subirse a un avión, pero simul´taneamente está haciendo pruebas para pertenecer a un enorme país global, que se mantiene unido por un único enemigo y por la defensa de los valores fundamentales de la convivencia civil. No está nada mal como entrenamiento para la globalización. Los desperfectos tácnicos se reparan, pero la creación de una conciencia colectiva permanece. No es absurdo pensar que, a largo plazo, el 11 de septiembre se revele más como un preciosísimo aglutinante que como una herida disgregadora. En aquellos días, la gente aprendió lo que seignifica ser ciudadanos del mundo: sin ese sentimiento particular, ninguna globalizacion sería realmente posible. Sentimientos de esta clase se forman en la conciencia colectiva con una lentitud de mutación genética: el 11de septiembre obtuvo en pocos días lo que años de paciente propaganda nunca hubieran pensado obtener. Fueron necesarios decenios para hacernos sentir, por lo menos un poco, europeos. En pocos días, ya todos éramos americanos.

Y luego está la cuestión de la guerra. Pensad en esto: no hay globalización sin paz. Y luego pensad en esto: ¿cuál es la más grande industria del mundo, la que hace circular la masa más grande de dinero? La industria del armamento. Y ahora pensad: ¿podría pasar sin problemas un proyecto de enriquecimiento colectivo que dejara de lado precisamente a los más ricos? Difícil. Y, en efecto, una de las grandes dificultades, que no se han dicho, de la globalización es pasar cuentas con ese problema. Ahora bien: la evolución del 11 de septiembre ha enfocado un modelo de solución posible. Final de ls guerras tradicionales (la globalización no las consiente) e inicio de una nueva guerra, interna, crónica, inevitable: la guerra contra el terrorismo. A falta de fronteras con eventuales enemigos, el gran golem descubre una especie de frontera interior, una primera línea que le discurre por dentro y que está en todas partes, invisible pero ferozmente real. Es un escenario de ciencia ficción, pero se está convirtiendo en algo de horrorosa actualidad. La guerra cambia de cara (y, en efecto, cuesta encontrarle un nombre: el único que se ha encontrado es ese penoso de "la nueva guerra"), pero simultáneamente entra en el tejido de la vida civil con una injerencia impensable. No han pasado más que unos meses y las noticias del frente se han convertido en una constante de nuestro paisaje, al lado de la información meteorológica o la sección de sucesos. Es un modelo de guerra en tiempos de paz. Es el modelo de una existencia posible: un mundo que vive en paz sin renunciar por ello a la guerra.

No digo, obviamente, que éste fuera el objetivo del 11 de septiembre. Digo que el 11 de septiembre ha originado este tipo de respuesta, y que esta respuesta dibuja un escenario que sugiere la posibilidad de una convivencia entre la paz y la guerra, y que precisamente este escenario sería, bien pensado, el terreno ideal para una globalización. Todo esto para preguntarnos: veamos, ¿el 11 de septiembre murió la globalización o empezó en serio a hacerse real?

viernes, junio 13, 2008

La otra


Cada tanto resulta entretenido leer o escuchar la otra mirada del asunto, estemos o no de acuerdo con ella.
Por favor no me salgan con "viva el campo" o "viva Cristina". Me importa un bledo y me aburre.
Me interesa mucho más discernir cuáles son los discursos fuertes y cuáles los débiles en un determinado momento, cuáles son más mediáticos y cuáles no, cuáles son los "oficiales" (y no necesariamente "gubernamentales") y cuáles no. Y cuáles son todos y unos (o Uno) a la vez.
Agenda, priming, framing y discurso fuerte.
AOP. La mesa está servida.
NS.
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LA NOTICIA WEB (10/06/08)
NO LOS AGUANTO MÁS
por Daniel López Foresi
Independientemente de la ingenuidad política del gobierno nacional y de las dilaciones en resolver el conflicto con el agro, queremos referirnos a la actitud insoportablemente exasperarte de las entidades agropecuarias y de los protagonistas estelares como Alfredo De Angeli.
Jamás en la historia argentina se observó una intransigencia revolucionaria semejante por parte de los representantes del agro. Parece ser –además- que los reclamos del interior desde Rosas hasta hoy jamás tuvieron tanta virulencia. Ni con las dictaduras, ni con Menem, ni con tantas décadas de dominio centralista.
Ver y escuchar diariamente a dirigentes mediocres con acento aristocrático y hasta tilingo unidos en el discurso con "izquierdistas" a la violeta y reaccionarios representantes de una vieja burguesía nostálgica, ya se ha tornado una tarea insoportable. Esa actitud de “gata flora” ante cada aparición presidencial no la vinculamos con una convicción en los reclamos, sino con una tozudez emparentada directamente con las ideologías egoístas de quienes hoy se alzan como defensores de la argentinidad.
En los juicios a los genocidas jamás encontramos a los “humildes productores agropecuarios” y menos que menos a los dirigentes de la Sociedad Rural. Tampoco los vimos regalando su producción a los miles de argentinos que saqueaban supermercados movidos por el hambre. La solidaridad social nunca fue una virtud agropecuaria. Nadie puede dudar de la honestidad del ex titular de Federación Agraria Humberto Volando. Y quienes lo conocimos sabemos que jamás se le hubiera ocurrido compartir tribunas con los referentes de la histórica explotación de los campesinos que representa Miguens. ¿Quién es entonces este nuevo personaje que se presenta como su discípulo y la fonética de su apellido es igual a la de uno de los principales torturadores de la dictadura?
Hoy, una oposición inútil y carente de ideas y un ejército de reaccionarios se montan sobre este conflicto para ocupar algún lugar del escenario. Una de las banderas históricas del espíritu revolucionario fue la “reforma agraria”. Estos especímenes vernáculos del agro la rechazaron siempre: ellos luchan por la reforma fiscal.
No recuerdo que hayan habido manifestaciones rurales para sostener la democracia cada vez que fue amenazada durante los gobiernos de Alfonsín y Menem. Jamás dieron la cara por el resto de la sociedad. Sin embargo, hoy los dirigentes agropecuarios se encuentran sólidamente unidos de la mano de Carrió, Macri, Menem, Rodríguez Saá, Cecilia Pando, Mariano Grondona, Bernardo Neustadt (QEPD), Maria Julia Alsogaray o Jorge Rafael Videla, enfrentándose al Estado que intenta retener parte de sus monstruosas rentas. La guita y el odio a una "zurda posible" los emparenta. La argentinidad, jamás.
No titubean a la hora de dejar al pueblo argentino sin gas-oil, sin productos de primera necesidad y al precipitar una escalada inflacionaria. No les importan ríos de leche arrojados a la basura o kilos de fruta podridos. No les interesa el daño que causan. Solo les importa horadar el poder de un gobierno constitucional, solo para que nadie se atreva a meterles la mano en el smoking.
Quiero y hago esfuerzos por tener un discurso crítico para con el gobierno nacional, pero cada vez que veo y escucho a estos defensores modernos del privilegio, siento la necesidad de expresar mas y más una simpatía que originalmente no sentía por Cristina.
Quizás podemos coincidir con algunos reclamos del campo, pero jamás con esta actitud autoritaria e imperativa de protestar dañando al país. Este artículo no es ni por asomo un análisis concienzudo del fenómeno. Pido que no se lo lea como tal. Es una expresión de un sentimiento social de muchos argentinos. De la mayoría. No los aguanto más... ¿y usted?