La sumatoria de experiencia, el nunca bien ponderado método inductivo, me señala que nadie va a comentar el texto que voy a postear a continuación. Pero la ilusión es terca, y aunque Flor parezca haber llevado sus letras a otros parajes, confío en despertar en alguna la inquietud o el pensamiento.
Porque a veces es interesante hablar de nosotros a partir de algo que parece muerto. O hasta errado. Hoy no hay otro drama que el campo.
Para seguir con mi línea rigurosa: ni fotos, ni videos.
Yo no sé bien qué pensar. Cuando releo todo me parece una vaguedad, una antigüedad, una paparruchada, un delirio. Sin embargo, algo en el escrito me inquietó. Profundamente.
Saludos.
L>S>D>A
-------------------------------------------------------------------------------------------
Torres gemelas (Alessandro Baricco, publicado como nota al pie en su ensayo Next: Sobre la globalización y el mundo que viene. Diciembre, 2001)
Ya. El 11 de septiembre. Con cierta lógica han sido muchos los que han dicho que la gloalización murió allí. E, indudablemente, un mundo al que ha vuelto la guerra, en que los mercados financieros están contra las cuerdas y la gente tiene miedo de subirse a un avión no es el mejor escenario para imaginarse felices perspectivas globalizadoras. Es decir, hablando en plata: es la negación de cualquier clase de proyecto de este tipo. Por ello, la globalizaciòn ha sido hibernada, por decirlo de algún modo, a la espera de tiempos mejores. Se ha ido evadiendo de los medios de comunicación y de los debates. Si todavía existe, lo hace principalemente de manera silenciosa, curándose las heridas.
Dicho esto, hay cosas con posterioridad al 11 de septoembre que dan qué pensar. Por ejemplo, políticamente nunca se había visto un mundo tan globalizado: tomando partido , casi unánimemente, por los Estados Unidos (N. de L>S>D>A: recordar que el artículo fue publicado dos meses después del atentado a las Torres). ¿Ha habido nunca una guerra en que se haya formado una alizanza tan vastaP Puede ser que la gente tenga miedo de subirse a un avión, pero simul´taneamente está haciendo pruebas para pertenecer a un enorme país global, que se mantiene unido por un único enemigo y por la defensa de los valores fundamentales de la convivencia civil. No está nada mal como entrenamiento para la globalización. Los desperfectos tácnicos se reparan, pero la creación de una conciencia colectiva permanece. No es absurdo pensar que, a largo plazo, el 11 de septiembre se revele más como un preciosísimo aglutinante que como una herida disgregadora. En aquellos días, la gente aprendió lo que seignifica ser ciudadanos del mundo: sin ese sentimiento particular, ninguna globalizacion sería realmente posible. Sentimientos de esta clase se forman en la conciencia colectiva con una lentitud de mutación genética: el 11de septiembre obtuvo en pocos días lo que años de paciente propaganda nunca hubieran pensado obtener. Fueron necesarios decenios para hacernos sentir, por lo menos un poco, europeos. En pocos días, ya todos éramos americanos.
Y luego está la cuestión de la guerra. Pensad en esto: no hay globalización sin paz. Y luego pensad en esto: ¿cuál es la más grande industria del mundo, la que hace circular la masa más grande de dinero? La industria del armamento. Y ahora pensad: ¿podría pasar sin problemas un proyecto de enriquecimiento colectivo que dejara de lado precisamente a los más ricos? Difícil. Y, en efecto, una de las grandes dificultades, que no se han dicho, de la globalización es pasar cuentas con ese problema. Ahora bien: la evolución del 11 de septiembre ha enfocado un modelo de solución posible. Final de ls guerras tradicionales (la globalización no las consiente) e inicio de una nueva guerra, interna, crónica, inevitable: la guerra contra el terrorismo. A falta de fronteras con eventuales enemigos, el gran golem descubre una especie de frontera interior, una primera línea que le discurre por dentro y que está en todas partes, invisible pero ferozmente real. Es un escenario de ciencia ficción, pero se está convirtiendo en algo de horrorosa actualidad. La guerra cambia de cara (y, en efecto, cuesta encontrarle un nombre: el único que se ha encontrado es ese penoso de "la nueva guerra"), pero simultáneamente entra en el tejido de la vida civil con una injerencia impensable. No han pasado más que unos meses y las noticias del frente se han convertido en una constante de nuestro paisaje, al lado de la información meteorológica o la sección de sucesos. Es un modelo de guerra en tiempos de paz. Es el modelo de una existencia posible: un mundo que vive en paz sin renunciar por ello a la guerra.
No digo, obviamente, que éste fuera el objetivo del 11 de septiembre. Digo que el 11 de septiembre ha originado este tipo de respuesta, y que esta respuesta dibuja un escenario que sugiere la posibilidad de una convivencia entre la paz y la guerra, y que precisamente este escenario sería, bien pensado, el terreno ideal para una globalización. Todo esto para preguntarnos: veamos, ¿el 11 de septiembre murió la globalización o empezó en serio a hacerse real?
sábado, junio 21, 2008
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
6 comentarios:
En una nota un poco más liviana, encontré pequeños escritos que había olvidado en los márgenes de mis apuntes de Historia del Periodismo (2006).
Se ve que me había sumido en una suerte de borrachera, porque dos de tres están incompletos y no entiendo qué quise decir. Pero me resultaron graciosos y quería ver si alguien puede darme un pronóstico más cierto para mi locura.
Ahí van.
1)
En estos días estoy
con el placer desplazado.
Miro calle, hojas, colectivos
y las mujeres no son
ni espaldas ni ppernas.
Miren si andaré con
con la líbido
invertida
que
(FIN)
La única conclusión a la que pude llegar es que no ver el sentido de tocar gente en el subte debía estar íntimamente relacionado con que tenía la libido invertida.
2)
Mi profesora de comunicación
habla de supertemas
como si tuvieran poderes.
Pregunta de televisión
y se me acaban los libros.
Política, Policiales, Clima
(FIN)
3)
No veo el propósito
de tocar gente en el subte
aunque resulte imposible salir.
Prefiero quedarme ahí, internado.
Una vez abracé a una
chica y le dije
No me dejes,
me bajo en Pueyrredón
En una nota un poco más liviana, encontré pequeños escritos que había olvidado en los márgenes de mis apuntes de Historia del Periodismo (2006).
Se ve que me había sumido en una suerte de borrachera, porque dos de tres están incompletos y no entiendo qué quise decir. Pero me resultaron graciosos y quería ver si alguien puede darme un pronóstico más cierto para mi locura.
Ahí van.
1)
En estos días estoy
con el placer desplazado.
Miro calle, hojas, colectivos
y las mujeres no son
ni espaldas ni ppernas.
Miren si andaré con
con la líbido
invertida
que
(FIN)
La única conclusión a la que pude llegar es que no ver el sentido de tocar gente en el subte debía estar íntimamente relacionado con que tenía la libido invertida.
2)
Mi profesora de comunicación
habla de supertemas
como si tuvieran poderes.
Pregunta de televisión
y se me acaban los libros.
Política, Policiales, Clima
(FIN)
3)
No veo el propósito
de tocar gente en el subte
aunque resulte imposible salir.
Prefiero quedarme ahí, internado.
Una vez abracé a una
chica y le dije
No me dejes,
me bajo en Pueyrredón
Casi siete años de eso.
Hoy no hay otro drama que el campo y no hay globalización sin paz.
Me gustó el tercero de los textos marginales recobrados.
El 9-11 y sus consecuencias buscan fundamentar la teoría de la paz democrática. La guerra se ve como la forma "natural" de llegar al estado más pacífico y global posible. ¿Naomi Klein tenía razón?
Por otro lado, también me gustó el tercer texto recuperado. Y el final del primero es imponente.
En principio, celebro la repercusión.
Sinceramente, no sé quién es Naomi Klein.
El tercer texto recuperado es el único que parece tener unidad. Al menos, el único completo.
Matías: ¿Imponente la líbido invertida?
En breve prometo postear alguna otra cosita.
Este ensayo de Baricco es muy muy muy bueno. Al menos eso me parece, porque el autor nunca tiene ínfulas de profesor. Solamente piensa en su escrito y comparte con el lector su cadena de pensamientos que -admite- puede ser errada.
Recomiendo la novela Seda del mismo autor.
Acepto recomendaciones de lectura de libros que no superen las 150 páginas.
Abrazo
P.
Imponente el que final, la conclusión inconclusa.
Naomi Klein es una escritora anti-globalización. Estuvo en la pasada feria del libro y leí algo sobre ella, aunque no fui a su charla y no tengo ninguno de sus libros. Sólo se que tiene toda una bibliografía crítica dedicada al proceso globalizador.
Yo estoy debiendo también un post un poco más cualitativo que el de Zambayonny, je.
Publicar un comentario