domingo, agosto 24, 2008

Backstage de un milagro menor

Por Hernán Casciari

Voy a contar algo que ocurrió hace un mes y que, por un momento, nos pareció un milagro de entrecasa. Podría narrar el milagro sin dar a conocer su lógica interna, escondiéndoles a ustedes la explicación que lo desbarata. Pero no haré eso, porque me quedaría un cuentito fantástico y nada más. Voy a narrar los hechos sin trucos. Ustedes verán a las marionetas pero también los hilos que las mueven. Dicho esto, la historia empieza con una mujer, sentada en un sillón, y sigue con una chica de once años que va en coche por la ruta.
La mujer, que también es mi madre, acaba de echar a todo el mundo de su casa (a los amigos, a los hermanos, a los nietos) porque necesita quedarse sola, llorar sola y esperar sola a que llegue el sueño. Hace cincuenta y dos horas que no duerme. Ahora intenta descansar y se desploma en el mismo sillón donde dos días antes murió su esposo, que también era mi padre.
Es la noche del once de julio, hoy hace un mes. Por primera vez en cuarenta años, esta mujer cierra la puerta de su casa sin que dentro viva nadie más.
El truco comienza en este párrafo, porque a diez kilómetros, por la ruta cinco, van en coche mi hermana, su marido y sus hijos, de regreso a La Plata después del entierro. Es de noche y nadie habla, porque ha sido un día muy triste y después una noche muy larga.
Una chica de once años, que se llama Manuela y es mi sobrina, se recuesta sobre la ventanilla a ver pasar las luces del camino; saca de su mochila un teléfono móvil y se pone a revisar los contactos. Nadie le presta atención.
Volvamos a Mercedes. La mujer que es mi madre aprovecha su primera soledad para desahogarse sin testigos. No ha podido hacerlo antes porque no tuvo un segundo sin compañía, sin abrazos o presencias. Se ha mostrado fuerte en todas partes: serena en el salón y en los pasillos de la casa velatoria, y también entera en las calles del cementerio, frente a la bóveda. Saludó, besó y agradeció a todo el mundo; cabizbaja y líquida, es verdad, pero sin desbordes. Ha durado cincuenta horas sin hacer un solo escándalo en público. Ahora, por fin, está sola.
Se pone a gritar como si la hubiesen quemado.
Lejos de allí, cruzando el peaje de Luján-Mercedes, uno de mis sobrinos observa el celular que maneja Manuela, su hermana. No es el teléfono de siempre, el rosa de juguete, sino uno distinto de color negro, que parece real. El hermano pregunta:
—¿De dónde lo sacaste?
Manuela no le responde y se queda mirando por la ventana. El hermano insiste:
—¿Es un teléfono de verdad?
Entonces Manuela se acerca a su oído y le contesta, en voz muy baja para que sus padres no la escuchen:
—Es el celular del abuelo Roberto —y también dice—: tiene crédito.
Como se ve, lo que va a pasar dentro de un rato no tiene nada que ver con un milagro, pero sigamos con los hechos naturales: en la que fue mi casa, en la que es mi casa, la mujer sigue con sus gritos. No son lamentos al azar, no son aullidos ni onomatopeyas salvajes, sino preguntas retóricas dirigidas a su esposo, en tono de reprobación y con timbre de barítono.
La mujer le reprocha al marido, en voz alta, la poca consideración que tuvo al no haber informado sobre su muerte, tan repentina y a destiempo. Se levanta del sillón y le habla. Las frases que dice no tienen sentido, por lo menos no en el terreno de la lógica, pero a la viuda le bastan y le sobran para desahogarse.
Ella sabe que gritar ¡por qué no me avisaste! no sirve para nada, pero lo dice de todas formas. Y lo repite, y lo repite una vez más, porque los reproches inútiles, en las casas vacías, suenan mejor con la insistencia.
Con el tiempo aprenderá a usar el pensamiento, a conversar en silencio, sin hacer uso de los gestos ni la boca, pero ahora la mujer es inexperta y le habla a su esposo a viva voz. Le habla al sillón, en realidad. Ya no le grita: de a poco la escena se convierte en una conversación típica del matrimonio, en una crisis menor, en uno de los muchos monólogos nocturnos en donde ella siempre gritó y el otro siempre hizo silencio.
—Siempre igual vos —le dice—. Cuando hay problemas, calladito.
En el coche dos de mis sobrinos duermen; Manuela no. Sigue mirando las luces por la ventanilla, con el teléfono todavía en la mano. Se llevó ese teléfono porque nadie más lo iba a usar, y porque ella todavía no tiene uno. Más tarde confesaría que no fue un robo: dos o tres veces quiso pedírselo a su mamá, pero ella siempre estaba llorando o dejándose abrazar por gente. En un momento se lo mostró a su abuela y le dijo, con mucha vergüenza:
—Chichita, ¿lo puedo usar yo ahora?
Y su abuela hizo que sí con la cabeza, pero era un sí a cualquier cosa, no estaba mirando a ninguna parte. Por eso ahora la chica piensa en la abuela triste, en su cara de agotamiento y pena, y siente culpa por haberla dejado sola, en Mercedes. Se despidieron en la puerta, sus padres le ofrecieron quedarse, o que se fueran todos a La Plata, pero la abuela no quiso:
—Alguna vez tengo que estar sola —dijo, y se encerró.
Su abuela es fuerte, piensa Manuela, ella no se habría animado a quedarse sola tan pronto. Es fuerte pero está triste. En once años, en toda su vida, Manuela no había visto nunca a Chichita con los ojos sin brillo. Entonces abre el teléfono y le escribe.
El hilo y las marionetas se unen en este segundo, porque al mismo tiempo que la nieta pulsa la primera letra del mensaje, la viuda, que conversa en casa con su esposo, le está pidiendo una señal al muerto.
—Dame una señal —dice la mujer, que es también mi madre, mirando el sillón vacío.
No es increíble, no es mágico que Manuela escriba su mensaje en este punto de la historia. Bien mirado, es natural. Es cierto que también pudo haber ocurrido primero una cosa y mucho después la otra, incluso con horas de diferencia, pero están pasando las dos a la vez y no debe asombrar a nadie.
La chica escribe en el coche mientras la mujer, en su casa, le pide a su marido —en voz muy alta— que le dé una señal. También le pregunta qué hará ella ahora, sin los hijos y sin él; cómo se recompone la rutina; dónde están las facturas y cómo se pagan; quiere saber si el tiempo cura; pretende que él la ayude a tramitar la pensión; le pide otra vez una señal; le dice que tendría que haber sido al revés, y dentro de veinte años; pero sobre todo al revés.
Mezcla la desesperación filosófica con el planteo doméstico, a veces en la misma frase. Habla con serenidad, pero ya sin control, a la vez que Manuela redacta una frase muy simple, de cuatro palabras, a sesenta kilómetros de allí:
—NO ESTÉS TRISTE, DESCANSÁ —es lo que escribe mi sobrina, y envía el mensaje. Después acomoda la cabeza en el hombro de su hermano, y se queda dormida.
Miremos por un instante cómo viaja el texto hasta un satélite, cómo rebota la frecuencia y se convierte en bytes. Veamos la escena desde todos los ángulos, para asegurarnos de que no hay milagro posible, que todo tiene la lógica del tiempo y del espacio.
Mientras las palabras de su nieta viajan en medio de la noche, la mujer sigue con su monólogo encendido. Sospecha que su esposo resultará un muerto tímido, como lo fue en vida, poco dado a lo trascendental, porque no aparece. Supone que le costará hacerse presente, dejarse ver. Y así se lo dice:
—Vos no sos la clase de tipo que se aparece después de muerto, yo sé que te da vergüenza, pero tenés que hacer un esfuerzo. Vos…
Entonces suena, en la casa vacía, el celular de la mujer. Ella se queda con la palabra en la boca y camina hacia el milagro falso, mientras se pone los lentes de leer de cerca. Observa, en la pantalla del teléfono, una frase imposible, en letras mayúsculas:
ROBERTO HA ENVIADO
UN MENSAJE DE TEXTO
La mujer, que es también mi madre, presiona un botón y repasa las cuatro palabras que hace diez segundos ha escrito Manuela desde el coche.
No estés triste, descansá.
Se queda un rato largo mirando la pantalla, con los dedos inmóviles. No parpadea ni respira. Tiene la luz verde del teléfono en los ojos, y los ojos muy abiertos.
Después la mujer sale del comedor más serena, sin mirar el sillón ni decir una palabra más. Tiene la garganta seca de tanto monólogo. Apaga las luces de la cocina, entra a su cuarto y se acuesta. Se queda dormida y descansa.
Al día siguiente ocurren otras cosas. No todas son maravillosas, pero tampoco todas son horribles.
La historia acaba así, no hay nada más. Podría haber explicado el cuento omitiendo las escenas del coche, y habría salido una historia más o menos prodigiosa, con una viuda que pide una señal y un marido muerto que le responde. Pero no fue así. Conté las cosas como fueron, con el backstage incluido, porque las anécdotas son mejores cuando no tienen nada del otro mundo.

jueves, agosto 21, 2008

ooh!

Los comunicadores prematuros comenzaron a comunicar.


http://alumnosusal.blogspot.com/


Convendra que comuniquemos?

A muchos de nosotros si.
A muchos de los otros, no.


Y bue.. es lo que mamamos.

jueves, agosto 14, 2008

AOP se distrae



La última vez que nos encontramos Jorge Luis Borges y yo, estábamos muertos.


Para distraernos, nos pusimos a hablar de la eternidad.







Juan José Arreola

jueves, julio 31, 2008

The Pillowman

Había una vez un hombre que no se parecía a los hombres normales. Medía casi 2 mts. y medio de alto y estaba totalmente hecho de almohadas esponjosas de color rosa; sus brazos eran almohadas, sus piernas eran almohadas y su cuerpo era una almohada. Sus dedos eran pequeñas almohaditas y su cabeza era una gran almohada redonda. Los ojos eran como dos botones y su boca era grande y sonriente. Hasta se le podía ver los dientes, que también eran pequeñas almohaditas blancas.
Bien, el Hombre Almohada tenía que verse suave y seguro porque su trabajo era muy triste y difícil...
En los momentos en los que alguna persona estaba muy triste porque había tenido una vida atroz y sólo quería terminar con ella; sólo quería quitarse la vida para así deshacerse del dolor, con una hoja de afeitar, con una bala, inhalando gas, o saltando de algún lugar muy alto... Exactamente en ese momento, el Hombre Almohada lo encontraba, se sentaba a su lado, lo abrazaba suavemente, y le decía: -"Espera un momento"- y extrañamente el Hombre Almohada volvía el tiempo atrás, cuando esa persona era apenas un niño y la vida horrorosa que iba a tener aún no había empezado.
El trabajo del Hombre Almohada era hacer que ese niño o esa niña se suicidara, y así evitar los años de dolor que los llevaría, de todos modos, al mismo lugar: frente a un horno, frente a una pistola, frente a un lago. -"¡Pero nunca escuché de un niño suicidándose!"- podrían decir. Bueno, el Hombre Almohada siempre sugería que lo hicieran de una manera que se viera como un trágico accidente: les mostraba el frasco de pastillas que se veían como caramelos, les mostraba el lugar del río donde el hielo era más frágil, les mostraba la bolsa de plástico que no tenía agujeros para respirar y exactamente cómo ajustarla...
Pero no todos los niños querían seguir al Hombre Almohada. Hubo una niña, muy alegre, quien realmente no creyó cuando éste le dijo que su vida podría ser horrible, que su vida sería así... Entonces lo echó y el Hombre Almohada se fue llorando a mares.
A la noche siguiente la niña escuchó un golpe en la puerta de su habitación y dijo -"¡Andate Hombre Almohada, te he dicho que soy feliz, siempre he sido feliz y siempre seré feliz!"- Pero no era el Hombre Almohada. Era otro hombre y su mamá no estaba... Tiempo después ella se puso muy triste, y cuando tenía ventiún años y estaba sentada frente al horno a punto de suicidarse, le dijo al Hombre Almohada: -"¿Por qué no trataste de convencerme?"- Y él le respondió -"Traté de convencerte, pero eras demasiado feliz"- Y la niña, mientras encendió el gas, gritó lo más fuerte que pudo: -"¡Yo nunca he sido feliz!"-...
Cuando el Hombre Almohada tenía éxito en su trabajo, un niño moría de forma horrible. Y cuando el Hombre Almohada no tenía éxito, un niño tendría una vida horrible, crecería, sería un adulto que tendría una vida horrible, y moriría de forma horrible. Por esta razón, el Hombre Almohada lloraba todo el día.
Fue así que decidió hacer su último trabajo: cargó una pequeña lata de nafta y fue hasta un hermoso arroyo que él recordaba de cuando era niño. Cuando llegó, se sentó bajo un árbol y descubrió que a su alrededor había un montón de juguetes; un autito, un perrito de juguete y un kaleidoscopio. Cerca de allí había una casa rodante y el Hombre Almohada escuchó la voz de un niño que decía: -"Voy a salir a jugar, mamá"- y la mamá dijo: -"No vuelvas tarde para tu merienda, hijo" - "No, mamá,"- respondió el niño. El Hombre Almohada escuchó pasitos que se acercaban.. Pero no era un niño, era un pequeño Niño Almohada que dijo: -"Hola"- y el Hombre Almohada dijo: -"Hola"-. Los dos se sentaron bajo el árbol y jugaron un rato con los juguetes... El Hombre Almohada le contó sobre su trabajo triste y los niños muertos. El pequeño Niño Almohada entendió enseguida , porque él era un niño muy feliz, y sólo quería ayudar a la gente... Y sin decir una palabra más, el Niño Almohada se echó encima la lata de nafta y el Hombre Almohada le dijo -"Gracias"-, el Niño Almohada dijo: -"No hay problema. Le contás a mi mamá que no voy a volver a tomar el té"- y el Hombre Almohada dijo mintiendo -"Sí, por supuesto"-. El Niño Almohada encendió un fósforo, y el Hombre Almohada se sentó allí viendo como el niño se quemaba. El Hombre Almohada empezó a desvanecerse y lo último que vio fue la boca feliz y sonriente del Niño Almohada. Lo último que escuchó fue algo que ni siquiera había contemplado: los gritos de cientos de miles de niños a quienes él había ayudado a suicidarse, volviendo a la vida y teniendo que seguir adelante con sus frías y desdichadas vidas porque él no había estado allí para prevenirlos. Hasta escuchó los gritos de sus muertes, tristemente autoinflingidos, que esta vez, claro, iban a tener que cometer solos.


NS

martes, julio 22, 2008

Genio


Fui a ver Batman.

Como le debo cierto rigor a la certidumbre, quiero aclarar desde la primera línea de este texto naciente que, para mí, Christopher Nolan es el mejor director que tiene hoy la industria cinematográfica hollywoodense. Dije: para mí. Dije: hoy. Dije: Nolan.

Hay algo atrapante en su manera de narrar, en su inteligencia avasalladora, que obliga a ver y rever las peliculas que escribe y filma para encontrar sus errores, bucear entre sus guiños y rogocijarse con sus genialidades. Yo me quedo con éstas, que no son pocas.

Como muchos cinéfilos, descubrí su trabajo en Memento, quizá la peor de sus películas. Me interesó lo que vi y seguí su senda. Primero, hacia atrás, donde no había mucho: Following. Luego hacia adelante: Insomnia (mal traducida como Noches Blancas), El gran truco (peli de la que ya hablé y de la que me gustaría seguir hablando siempre) y Batman Begins.

Sinceramente, creo que recién cuando entró al mundo del comic y pudo plasmar lo que él sentía de sobre y por Batman fue que Nolan explotó como un genio. Esa peli fundacional de una zaga que promete ser larga resultó una obra artesanal a gran escala, en la que un director comprometido logró contar una historia interesante con conflictos reales y bajar al héroe de la idealización falsa a la que lo había llevado -entre otros- el gran Tim Burton.

Nolan suele trabajar con el barro, con la humanidad y sus faltas, con los defectos, con la moral, con la fuerza de la repetición, con la angustia, con el cariño, con el espectador. Nolan es un hombre que señala.

Y yo vi Batman.

Vi Batman y me encontré con una película de resultado incierto en la que se mezcla lo posible con lo increíble. Ahí me encontré -admito: a cuentagotas- con la complejidad en el desarrollo narrativo que tanto me gusta. Ahí me encontré con un personaje que encarna lo peor de todos y se erige sin dudas como lo mejor de la película: el Joker de Heath Ledger.

Vi Batman y entendí que lo mejor de mi director favorito es la creación de hombres, de mentes, de momentos de quiebre.

Vi Batman y me sentí incómodo por la fuerza sin reglas, así como de inconciente freudiano, que tiene Ledger, un hombre muerto que hace un papel tan oscuro como inmejorable.

Vi Batman y pensé que Nolan ya no logrará superar dentro de la zaga lo que hizo en su esfuerzo inicial. Pese a los rencores, a los llantos, a las frases, a los chistes, a la magia.

Vi Batman y me encontré con conflictos reales, con sociedades reales y con una conciencia crítica más allá de Hollywood.

Vi Batman, y me convencí de algo que ya sabía: hay hombres que luchan un año y son buenos.

viernes, julio 18, 2008

Efecto colateral


Con el "no" de Cobos, más allá de la pelea entre dos modelos de país que viene comentando L>S>D>A hace tiempo, surgió otra pregunta: ¿Se acabó la Argentina presidencialista, o fue la excepción que confirma la regla?.

Más allá del interés detrás del voto "no positivo", la candidatura presidencial para el 2011, la presidencia de su partido, el "afecto" de la gente y todo lo demás, Cobos pateó el tablero y le dijo "no" a la máxima autoridad del país.

¿Cómo se define eso?

Saludos,
Mati

sábado, julio 12, 2008

Todos los griegos son putos



Martes. Un café de muchas sillas y pocos pero fieles clientes. Siete de la tarde, siete y media quizás. Osvaldo y el Negro están ubicados en una de las mesas del fondo y esperan al resto de los muchachos.

MOZO.- Señores, buenas tardes, ¿Qué van a tomar?

OSVALDO.- Para El Negro lo mismo de siempre, Cacho. A mí tráigame un té con limón, ando medio dolorido del estómago.

EL NEGRO.- (mira a Osvaldo y se ríe) Hombre de café negro tomando té con limón... ¡Té con limón! (Cambia el tono emulando a un cantante de tango) Quién lo hubiera dicho Osvaldo, vos, que nos enseñaste a todos nosotros cómo hacer para no sufrir por una mina. Un té con limón, la verdad que no te lo puedo permitir… Cachito, traele un café negro.

OSVALDO.- (Frunce el ceño primero y luego se toma la panza, con una mueca de dolor) En serio Negro, téngame compasión, comí algo que me cayó mal, no sé qué fue, desde ayer a la noche que traigo una descompostura para el recuerdo…

EL NEGRO.- (mira a Osvaldo, luego al Mozo y hace un gesto de resignación) Bueh, traele el tecito… la verdad que habrás comido como lima nueva viejo, dejate de joder, así no hay estómago que aguante…

OSVALDO.- (mira el reloj) Negro, ¿a qué hora le dijeron que venían los demás? Ya son como las siete y media…

EL NEGRO.- Siempre llegan tarde, dejá, se pierden lo mejor que es estar con nosotros en la previa… Che, hablando de mariconeadas como tu tecito con limón, ¿sabías que todos los griegos son putos?

OSVALDO.- (agita las manos con palmas invertidas de abajo hacia arriba) Afloje con lo de maricón, le pido por favor… es un tecito con limón nada más ¿Nunca tomó una lágrima?

EL NEGRO.- En mi puta vida. Pero no importa. Contestáme lo que te pregunté ¿Sabías que todos los griegos son putos?

(Llega el mozo con el café negro y el té con limón. El Negro mira al mozo)

OSVALDO.- Gracias Cachito, acá el Negro me asegura que todos los griegos son homosexuales ¿Usted que cree?


CACHITO.- No sabría decirle señor, nunca conocí a ninguno ¿Van a comer medialunas?

EL NEGRO.- No, dejá Cacho, seguí tranquilo, no le des bola a Osvaldo que deriva la situación para donde le conviene.



(El Mozo se va caminando con paso liviano, como arrastrado por el viento)





OSVALDO.- (agita con más insistencia las palmas de abajo hacia arriba) Negro, usted está faltando a la verdad. Usted vio conmigo la Eurocopa 2004 de fútbol ¿Me va a decir que los que ganaron aquel torneo pecaron de falta de hombría?

EL NEGRO.- Mirá, no estoy profundamente convencido de eso, porque pusieron como caballo, en eso tenés razón. Pero dejame explicarte, ¿Nosotros nos debemos a nuestros antepasados, no? (Enciende un cigarrillo, echa una bocanada de humo al viento y toma un poco de café negro)

OSVALDO.- (Lo mira atentamente, hace un gesto de aprobación) Sí, la verdad que en eso es genuino: somos igualitos a los tanos y los gallegos. Más a los tanos, creo, por una cuestión de personalidad, pero no podría asegurarlo, es mas bien algo intuitivo…

EL NEGRO.- (Renueva la mueca de aprobación de Osvaldo) Claaaro. Nos vamos entendiendo. Bueno, el otro día estaba mirando un documental en la tele y enganché una historia de griegos y no sé qué más. La cosa es que se estaban cagando a flechazos y espadazos por la batalla de Troya y esas cosas, la verdad que no tenía la más remota idea de quién peleaba. Pero había un tipo recontra cojudo, un tal Aquiles…

(Osvaldo deja abruptamente el café e interrumpe)

OSVALDO.- ¡Sí, Aquiles de Troya! (Se levanta y observando hacia el techo, agita las manos y recita): Un héroe como no hubo nunca, capaz de vencer a un ejército entero, el de los pies ligeros, el del talón endeble…

EL NEGRO.- Ese, ese. La cosa es que le pegó al primero, le pegó al segundo y entró a darle a lo que venía. Parecía un volante de esos todoterreno, como puede ser el Chicho Zapata, el de Central Córdoba. El tipo iba para adelante y no miraba contra quién pegaba (Levanta la mano y atraviesa el aire con una espada imaginaria). Tenía un escudo súper elegante Osvaldito, como un Armani, le quedaba fenómeno. Y entonces el tipo que relataba el documental empieza a hablar del escudo y la mar en coche. Que había metido el Sol, la Luna, el agua, la tierra ahí adentro. Parecía improbable, pero la primera la dejé pasar. Ya a la segunda, me empecé a hacer preguntas ¿Si sos tan cojudo, tantas cosas pones en el escudo? ¿Vas a tirar atrás el equipo? Mirá, vos sabes muy bien que no hay mejor defensa que un buen ataque. Con el escudo empecé a sospechar, empecé a sospechar…

(Agarra la taza y toma un sorbo largo de café negro)

OSVALDO.- Entiendo el punto, pero ¿A sospechar de qué? El escudo era una marca registrada de Aquiles (Vuelve a recitar con una mano en alto): “con triple cenefa brillante y reluciente, provisto de una abrazadera de plata. Cinco capas tenía el escudo, y en la superior grabó el dios muchas artísticas figuras, con sabia inteligencia”. Para que usted entienda Negro, es similar a lo que ocurría con el pelo de Sansón.

EL NEGRO.- ¿El pelo de quién? (Con ambas manos invertidas genera dos pirámides de diez dedos y las agita) ¿Dónde juega ese?




OSVALDO.- (Resignado) Déjelo ahi Negro, no se haga problema, demoraría demasiado tiempo en redondear el concepto. Sólo entienda que para Aquiles el escudo era lo que le daba verdadera fuerza, lo que le imponía rigor escénico.

EL NEGRO.- Ahí está el punto. Yo lo bancaba con la espada, cuando iba al frente, pero cuando empezó a ir para atrás con el escudito, cuando me dijeron que el tipo tenía (emula los gestos y el tono de voz de Osvaldo) el escudo como marca registrada dije: “A este le gusta recibir demasiado. Si no se la come pega en el palo”.

OSVALDO.- Pero Negro, sea bueno, no es tan así la cosa: Aquiles fue héroe de Troya, protagonista célebre de la Ilíada y la Odisea, el hombre más fuerte del mundo para muchos…

(El Negro interrumpe y pone una mano casi a la altura de la boca de Osvaldo)

EL NEGRO.- (Casi gritando) ¡Qué carajo me importa! A mi se me cayó un ídolo Osvaldo, lo seguí como una hora y media y recién al final, con la victoria consumada, el tipo del documental dice casi sin inmutarse: (emula una voz de locutor) “Los griegos toleraban la homosexualidad, de hecho Aquiles y Patroclo tuvieron una profunda amistad, y también un profundo amor entre sí. Aquiles también es famoso por ser el más hermoso de los héroes reunidos en Troya”. Patroclo, trolo. Aquiles, trolo. ¡Era trolo Aquiles! A esa altura, te confieso, estuve a punto de romper la pantalla de un zapatillazo…

OSVALDO.- (con tono sereno) Estimado Negro, es mitología, los griegos tenían un profundo respeto por la belleza del cuerpo, era otra concepción de la vida, no es como ahora, el tema es un poco más complejo.

EL NEGRO.- Dejame de joder, o sos macho o sos maraca. Las medias están para los pies. Entendé que es un ejemplo poco feliz el de este Aquiles para los chicos. Mucha pelea, mucho grito, pero en el fondo se la morfaba. Vos imaginate, me entero que ahora lo están enseñando en la escuela, que querés, me pongo como loco.

(Toma otro profundo sorbo de café y golpea la taza en la mesa)

OSVALDO.- Me parece que usted tiene un problema con la homosexualidad, está muy alterado con el tema. Levante la mirada por las esquinas, por las veredas. A su lado, mucha más gente de la que que usted piensa es homosexual y no tiene nada de malo, por favor, le pido que no sea retrógrado, el suyo es un pensamiento que venció hace bastantes años…

EL NEGRO.- ¿Vos no te la comerás, no? (Se levanta de la silla y trata de mirar el sector donde está sentado Osvaldo) ¿Dónde tenés el escudo, a ver, a ver? Tecito con limón, dolor de estómago, andá maricón…

OSVALDO.- (Señala con el dedo al Negro) Negro, con todo respeto: váyase a la puta que lo re parió. Y cuando llegue, disculpe a su madre de mi parte. (Se levanta de un salto de la silla)


EL NEGRO.- (Con ambas manos como abrazando el aire que lo separa a él de Osvaldo) ¡Pará Osvaldito, sentate! (Señala con el dedo hacia la puerta) Mirá, ahí viene Carlitos, ya están entrando los muchachos, no te calentés.

(Carlitos se acerca a la mesa)

CARLITOS.- ¿Cómo va muchachos? ¿De qué hablaban?

EL NEGRO.- Del escudo de Aquiles, Carlitos, sentate que te explico.

(Osvaldo se levanta de la mesa y mira a Carlitos)

OSVALDO.- Sí, Carlitos, deje que le cuente el Negro. (Mira el reloj) A mí ya se me hizo tarde. Aguántelo usted.

(Osvaldo camina con paso rápido hacia la puerta y abandona el Café)

CARLITOS.- (Observa atento a El Negro) ¿Y a éste qué le pasa, está en pedo?

EL NEGRO.- Dejalo Carlitos, dejalo. No soporta una charla intelectual, está en las boludeces, ¿sabés?. Te pregunto: ¿Vos sabías que todos los griegos son homosexuales?

CARLITOS.- ¿Todos?

EL NEGRO.- Bueno, la mayoría. Sacá a los de la Eurocopa del 2004. Sí, a esos mejor sacalos.




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L>S>D>A, Texto de Bruno Altieri. Gracias Brunito.

lunes, julio 07, 2008

Desencuentro


Hoy, hace unas horas, di lo que podría haber sido el último final de mi carrera. No lo sabré -no sabré si fue el último- hasta la semana que viene porque, como tenía que ser en honor a la incertidumbre, era un escrito.

Sin embargo estoy lejos de la felicidad exultante que me embargó después de todos los parciales y finales anteriores a éste.

También tuve un nervio particular, que precedió con más fuerza y más profundidad que nunca a mi experiencia evaluativa.

Quizá es porque antes, siempre, veía la opción de lo que seguía. El siguiente ya no existe.

¿Y ahora qué?

Se me ocurre que esa es una de las preguntas más inquietantes en una era de sobresaturación. Entre estímulo y estímulo: ¿Y ahora qué? Justo al decidir que uno quiere casarse, tener hijos y vivir con su mujer: ¿Y ahora qué? Cuando se pasa la vida, cuando se viene la muerte: ¿Y ahora qué? Después de dar el último final de la carrera: ¿Y ahora qué?

Este mismo día perdí la billetera. Le di muchas vueltas a la cuestión simbólica de la pérdida del dinero: fue el costo que tuvo, en definitiva, para mí, terminar definitivamente cualquier cursada en esta carrera.

Pero también saldé una deuda que no era monetaria.

Ojalá que apruebe.

L>S>D>A

PD: No parece haberles ido muy bien a los muchachos de periodismo en el primer parcial de AOP.

sábado, junio 28, 2008

Alternar

El planteo no era este preciso pero, decididamente, no se debe soñar. Esos sueños que cunden en las noches o nuestras almas inacabadamente, a propósito no son reales sino ideales, y en ese marco, fuera del pragmatismo, entre lo utilitario y lo esencial, dependerá de qué soñemos, se hayan dispersos y confusos los artilugios que gobiernan las redes de nuestros pensamientos, las redes sociales y las redes con las que atrapamos la misticidad corroída, para abandonarla luego en alguna plegaria condenable, perdida, cotidiana.
Simultáneamente, nuestros esbozos de fantasías, que pueden encontrarse cual transeúntes del divague, atacan nuestra realidad provisoria, potente y contigua, puesto que derivan a que las mentes tomen posesión de nuestro todo y nos subyuguemos a una alteridad ególatra, a un paralelismo siniestro. Es así como, sentados a la mesa, por ejemplo, asentimos, gesticulamos y ejercemos demás acciones como si en verdad estuviésemos allí, cuando en realidad, que no es “la realidad”, sino lo real pero trastocada según la mente trastornada en la que confluyen los pensamientos jugando al anonimato, nos vemos convertidos en mejores, o peores, responsables de causalidades, de series de hecho y sucesos en donde hacemos partícipes a un número inmensurable de personas que, homogéneamente, disfrutan de estar allí, esfera en la que pareciera no haber límites, disquisiciones, inhibiciones, escisiones, categorizaciones.
Tales asuntos tampoco son verídicos en esa realidad simbólica, aleatoria y ultrajada. En lo alternativo hallamos entonces las respuestas a todo…significativamente al todo nunca preguntado; aun así, nos mentimos asiduamente.
Al cabo de minutos – los periodos de horas indicarán patologías psiquiátricas avanzadas- es notable cómo la acción ha progresado en torno nuestro. Otra vez nos hemos perdido de “algo”. Un “algo” quizás poco fortuito, que no nos atavía, que permite, incluso, el uso de cualquier mediación del pensamiento conductista al alcance. He aquí un nuevo problema: ¿cómo ‘conducirnos ’, frente a qué estímulos – respuestas, si no hemos captado los inputs externos, si los emisores en verdad han malgastado tiempo y esfuerzos en un sinsentido por vez reiterada? Sólo nos guiamos por lo conspicuo y exterior y ahora nos exponemos como víctimas de la realidad verdadera cuando un comentario de nuestra distracción irrumpe en la línea metamorfoseada del pensamiento.
Nos preguntamos quién osa interrumpirnos y llamarnos “distraídos” cuando, contrariamente, estamos bien afinados y concentrados en la creación del submundo; el pretérito se escabulle y lo ulterior se profetiza. Mientras evacuamos nuestras mentes soberanas de cualquier hesitación acerca de la crueldad y el nivel de <> con las que nuestros contemporáneos, ciertamente poco ilusos e irrisorios, se acercan con promesas que siempre permanecerán en promesas, entornamos los ojos, desviamos la mirada, entumecemos las retinas y regresamos a las ilusiones, al Verbo encarnado en el sueño, a las cruces esfumadas, a las mentes atiborradas de pasiones incandescentes.
De una vez, nos extasiamos con lo oportunamente confiado a nuestra imaginación y creemos estar bebiendo del incólume elixir de la elección, la libertad, etc.. Mas yo me pregunto, inquiero, porque en verdad deseo satisfacer mis necesidades, ¿qué sucede cuando nuestras alteridades creadas, sin suministro más que la imaginación –que no se acaba pero se perturba- comienzan con reticencias, o bien a fascinar sobrecogedoramente, abrumar y matar al ensueño, dejando todo lo sublime a flote, y lo inaudito a la deriva? ¿ qué ocurre si, en vez de contar con un pensamiento constructivista, comenzamos a desbaratarnos, a castigarnos por lo que pensamos que haríamos en tal o cual ocasión, por violar nuestra libertad condicional como individuo inmerso en una sociedad civilizada, como padre, como hijo, y así el orden de las cosas?

Laméntense. Esa imaginación que tanto hemos ponderado, amigos, no es más que nuestra carcelaria prueba de que la voluntad es acotada: mientras más imaginamos, más creamos, y no ha devenido por nada durante siglos que los creativos se asemejan a los locos, pues es una connotación mayoritariamente absurda, mas quienes yerran son, en efecto, los que demasiado imaginan y poco concretan. Facto, facto, facto.*
Una vez más y esclarecido: aquellos que gozan en estados de hipnosis inventadas, que ríen –paralelos- y se desmoronan en llanto –reales- , todavía más lágrimas derramarán cuando ante sus ojos refunfuñe el presente pasado y sin meditar revelen y desnuden su mente traidora.
Amigos: han imaginado pero no han vivido, pues han existido con piloto automático, con excesiva inanición óntica, cual vegetales, en una realidad amalgamada, ya predispuesta al cambio, y se alzaron con el rabo inquieto bajo los mandatos de sus propias conjeturas. Peor aún, pueden hacer daño. El pensamiento no interactivo acumulado tiende a fallar: genéricamente es absurdo e inerte. Entonces, unimos los nodos de pensamiento y nos damos cuenta de su inexistencia en la vívida realidad y rara vez decantamos.
Conjuntamente, falla en el traspaso de lo ideal a lo real; falla en la percepción de la realidad; falla en la ilación y concatenación de los pensamientos; pensamientos malignos; disconformidad con lo real por su aparente diferencia con lo ideal/soñado/pensado; acumulación de realidades apáticas; sinnúmero de frustraciones, sea por inconcebible y descabellado nuestro querer, sea por el encuentro traumático con lo realmente real, o sea por el nefasto pasaje de uno a otro. Invadidos por lo infame, todo lo impoluto creado ha de desaparecer, sobrio de vivencias.
Ahora bien, si no desean ser ustedes quienes yerren, supliquen a sus demandas soslayarse y eviten el llanto, el llanto acumulado, la ira, las anestesias para el sueño (o para soñar) y vivan Carpe diem, menos atormentados. Hagan de sus días un sesgo, no banalicen las horas derrochando recuerdos, ni tampoco apaguen del todo a la bestia centrípeta, egoísta, competitiva: su imaginación.

A.N.
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*NA: El uso deliberado de este vocablo no debe interpretarse políticamente.

miércoles, junio 25, 2008

Más obviedades

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire.

No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca.

Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa.

Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes.

No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.


Por si alguien no lo había leído. Julio Cortázar. Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj. Cada vez es mejor. Cada vez.

Y para colmo, esto



¿Quién posee a quién?

sábado, junio 21, 2008

Obviedades

La sumatoria de experiencia, el nunca bien ponderado método inductivo, me señala que nadie va a comentar el texto que voy a postear a continuación. Pero la ilusión es terca, y aunque Flor parezca haber llevado sus letras a otros parajes, confío en despertar en alguna la inquietud o el pensamiento.

Porque a veces es interesante hablar de nosotros a partir de algo que parece muerto. O hasta errado. Hoy no hay otro drama que el campo.

Para seguir con mi línea rigurosa: ni fotos, ni videos.

Yo no sé bien qué pensar. Cuando releo todo me parece una vaguedad, una antigüedad, una paparruchada, un delirio. Sin embargo, algo en el escrito me inquietó. Profundamente.
Saludos.
L>S>D>A


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Torres gemelas (Alessandro Baricco, publicado como nota al pie en su ensayo Next: Sobre la globalización y el mundo que viene. Diciembre, 2001)

Ya. El 11 de septiembre. Con cierta lógica han sido muchos los que han dicho que la gloalización murió allí. E, indudablemente, un mundo al que ha vuelto la guerra, en que los mercados financieros están contra las cuerdas y la gente tiene miedo de subirse a un avión no es el mejor escenario para imaginarse felices perspectivas globalizadoras. Es decir, hablando en plata: es la negación de cualquier clase de proyecto de este tipo. Por ello, la globalizaciòn ha sido hibernada, por decirlo de algún modo, a la espera de tiempos mejores. Se ha ido evadiendo de los medios de comunicación y de los debates. Si todavía existe, lo hace principalemente de manera silenciosa, curándose las heridas.

Dicho esto, hay cosas con posterioridad al 11 de septoembre que dan qué pensar. Por ejemplo, políticamente nunca se había visto un mundo tan globalizado: tomando partido , casi unánimemente, por los Estados Unidos (N. de L>S>D>A: recordar que el artículo fue publicado dos meses después del atentado a las Torres). ¿Ha habido nunca una guerra en que se haya formado una alizanza tan vastaP Puede ser que la gente tenga miedo de subirse a un avión, pero simul´taneamente está haciendo pruebas para pertenecer a un enorme país global, que se mantiene unido por un único enemigo y por la defensa de los valores fundamentales de la convivencia civil. No está nada mal como entrenamiento para la globalización. Los desperfectos tácnicos se reparan, pero la creación de una conciencia colectiva permanece. No es absurdo pensar que, a largo plazo, el 11 de septiembre se revele más como un preciosísimo aglutinante que como una herida disgregadora. En aquellos días, la gente aprendió lo que seignifica ser ciudadanos del mundo: sin ese sentimiento particular, ninguna globalizacion sería realmente posible. Sentimientos de esta clase se forman en la conciencia colectiva con una lentitud de mutación genética: el 11de septiembre obtuvo en pocos días lo que años de paciente propaganda nunca hubieran pensado obtener. Fueron necesarios decenios para hacernos sentir, por lo menos un poco, europeos. En pocos días, ya todos éramos americanos.

Y luego está la cuestión de la guerra. Pensad en esto: no hay globalización sin paz. Y luego pensad en esto: ¿cuál es la más grande industria del mundo, la que hace circular la masa más grande de dinero? La industria del armamento. Y ahora pensad: ¿podría pasar sin problemas un proyecto de enriquecimiento colectivo que dejara de lado precisamente a los más ricos? Difícil. Y, en efecto, una de las grandes dificultades, que no se han dicho, de la globalización es pasar cuentas con ese problema. Ahora bien: la evolución del 11 de septiembre ha enfocado un modelo de solución posible. Final de ls guerras tradicionales (la globalización no las consiente) e inicio de una nueva guerra, interna, crónica, inevitable: la guerra contra el terrorismo. A falta de fronteras con eventuales enemigos, el gran golem descubre una especie de frontera interior, una primera línea que le discurre por dentro y que está en todas partes, invisible pero ferozmente real. Es un escenario de ciencia ficción, pero se está convirtiendo en algo de horrorosa actualidad. La guerra cambia de cara (y, en efecto, cuesta encontrarle un nombre: el único que se ha encontrado es ese penoso de "la nueva guerra"), pero simultáneamente entra en el tejido de la vida civil con una injerencia impensable. No han pasado más que unos meses y las noticias del frente se han convertido en una constante de nuestro paisaje, al lado de la información meteorológica o la sección de sucesos. Es un modelo de guerra en tiempos de paz. Es el modelo de una existencia posible: un mundo que vive en paz sin renunciar por ello a la guerra.

No digo, obviamente, que éste fuera el objetivo del 11 de septiembre. Digo que el 11 de septiembre ha originado este tipo de respuesta, y que esta respuesta dibuja un escenario que sugiere la posibilidad de una convivencia entre la paz y la guerra, y que precisamente este escenario sería, bien pensado, el terreno ideal para una globalización. Todo esto para preguntarnos: veamos, ¿el 11 de septiembre murió la globalización o empezó en serio a hacerse real?

viernes, junio 13, 2008

La otra


Cada tanto resulta entretenido leer o escuchar la otra mirada del asunto, estemos o no de acuerdo con ella.
Por favor no me salgan con "viva el campo" o "viva Cristina". Me importa un bledo y me aburre.
Me interesa mucho más discernir cuáles son los discursos fuertes y cuáles los débiles en un determinado momento, cuáles son más mediáticos y cuáles no, cuáles son los "oficiales" (y no necesariamente "gubernamentales") y cuáles no. Y cuáles son todos y unos (o Uno) a la vez.
Agenda, priming, framing y discurso fuerte.
AOP. La mesa está servida.
NS.
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LA NOTICIA WEB (10/06/08)
NO LOS AGUANTO MÁS
por Daniel López Foresi
Independientemente de la ingenuidad política del gobierno nacional y de las dilaciones en resolver el conflicto con el agro, queremos referirnos a la actitud insoportablemente exasperarte de las entidades agropecuarias y de los protagonistas estelares como Alfredo De Angeli.
Jamás en la historia argentina se observó una intransigencia revolucionaria semejante por parte de los representantes del agro. Parece ser –además- que los reclamos del interior desde Rosas hasta hoy jamás tuvieron tanta virulencia. Ni con las dictaduras, ni con Menem, ni con tantas décadas de dominio centralista.
Ver y escuchar diariamente a dirigentes mediocres con acento aristocrático y hasta tilingo unidos en el discurso con "izquierdistas" a la violeta y reaccionarios representantes de una vieja burguesía nostálgica, ya se ha tornado una tarea insoportable. Esa actitud de “gata flora” ante cada aparición presidencial no la vinculamos con una convicción en los reclamos, sino con una tozudez emparentada directamente con las ideologías egoístas de quienes hoy se alzan como defensores de la argentinidad.
En los juicios a los genocidas jamás encontramos a los “humildes productores agropecuarios” y menos que menos a los dirigentes de la Sociedad Rural. Tampoco los vimos regalando su producción a los miles de argentinos que saqueaban supermercados movidos por el hambre. La solidaridad social nunca fue una virtud agropecuaria. Nadie puede dudar de la honestidad del ex titular de Federación Agraria Humberto Volando. Y quienes lo conocimos sabemos que jamás se le hubiera ocurrido compartir tribunas con los referentes de la histórica explotación de los campesinos que representa Miguens. ¿Quién es entonces este nuevo personaje que se presenta como su discípulo y la fonética de su apellido es igual a la de uno de los principales torturadores de la dictadura?
Hoy, una oposición inútil y carente de ideas y un ejército de reaccionarios se montan sobre este conflicto para ocupar algún lugar del escenario. Una de las banderas históricas del espíritu revolucionario fue la “reforma agraria”. Estos especímenes vernáculos del agro la rechazaron siempre: ellos luchan por la reforma fiscal.
No recuerdo que hayan habido manifestaciones rurales para sostener la democracia cada vez que fue amenazada durante los gobiernos de Alfonsín y Menem. Jamás dieron la cara por el resto de la sociedad. Sin embargo, hoy los dirigentes agropecuarios se encuentran sólidamente unidos de la mano de Carrió, Macri, Menem, Rodríguez Saá, Cecilia Pando, Mariano Grondona, Bernardo Neustadt (QEPD), Maria Julia Alsogaray o Jorge Rafael Videla, enfrentándose al Estado que intenta retener parte de sus monstruosas rentas. La guita y el odio a una "zurda posible" los emparenta. La argentinidad, jamás.
No titubean a la hora de dejar al pueblo argentino sin gas-oil, sin productos de primera necesidad y al precipitar una escalada inflacionaria. No les importan ríos de leche arrojados a la basura o kilos de fruta podridos. No les interesa el daño que causan. Solo les importa horadar el poder de un gobierno constitucional, solo para que nadie se atreva a meterles la mano en el smoking.
Quiero y hago esfuerzos por tener un discurso crítico para con el gobierno nacional, pero cada vez que veo y escucho a estos defensores modernos del privilegio, siento la necesidad de expresar mas y más una simpatía que originalmente no sentía por Cristina.
Quizás podemos coincidir con algunos reclamos del campo, pero jamás con esta actitud autoritaria e imperativa de protestar dañando al país. Este artículo no es ni por asomo un análisis concienzudo del fenómeno. Pido que no se lo lea como tal. Es una expresión de un sentimiento social de muchos argentinos. De la mayoría. No los aguanto más... ¿y usted?

miércoles, mayo 21, 2008

Quererse mucho a través de los años

"Las cosas que dejé", por Zambayonny


Zambayonny se presenta como un juglar que no disfraza lo vulgar con palabras dulces. Adquirió algo de fama gracias a la Metro, donde Matías Martin y Cabito lo recibieron y lo recomendaron para Cava 71. De ahi llegó a Mañanas Informales, y de ahi lo levantaron RSM y TVR. En YouTube es un éxito: ya consiguió 65 mil visitas en una semana.

Yo todavía no terminé de armar una opinión sobre este personaje. A los que le interese saber un poco más de él, tienen información en zambayonny.wordpress.com

Saludos
Mati

sábado, mayo 17, 2008

Gritame, que me gusta

En las islas Salomón, en el sur del Pacífico, algunos lugareños practican una forma única de tala de árboles. Si un árbol es demasiado grande para ser talado con un hacha, los nativos lo hacen caer a gritos. (No tengo a mano el artículo, pero juro que lo he leído). Los leñadores con poderes especiales se suben a un árbol exactamente al amanecer y, de pronto, le gritan con toda la fuerza de sus pulmones. Lo harán durante treinta días. El árbol muere y se derrumba. La teoría es que los gritos matan el espíritu del árbol. Según los lugareños, da siempre resultado.

¡Ay, esos pobres inocentes ingenuos! ¡Qué extraños y encantadores hábitos los de la jungla! Gritarles a los árboles, vaya cosa. ¡Qué primitivo! Lástima que no tengan las ventajas de la tecnología moderna y de la mentalidad científica.

¿Y yo? Yo le grito a mi mujer. Y le grito al teléfono y a la segadora del césped. Y le grito a la televisión y al periódico y a mis hijos. Incluso se dice que he agitado el puño y le he gritado al cielo algunas veces.

El hombre de la puerta de al lado le grita mucho a su coche. Y este verano le oí gritarle a una escalera de tijera durante casi toda una tarde. Nosotros, la gente educada, urbana y moderna, le gritamos al tráfico y a los árbitros y a las facturas y a los bancos y a las máquinas…, sobre todo a las máquinas. Las máquinas y los parientes se llevan la mayor parte de los gritos.

Yo no sé lo que hay de bueno en ello. Las máquinas y las cosas siguen en su sitio. Ni siquiera darles patadas sirve a veces para nada. En cuanto a las personas, bueno, los isleños de Salomón pueden apuntarse un tanto. Gritarles a cosas vivas puede hacer que muera el espíritu que hay en ellas. Los palos y las piedras pueden romper nuestros huesos, pero las palabras rompen nuestros corazones.

Robert Fulghum

**NS**

martes, mayo 06, 2008

En primera persona



La verdad es que esta nueva campaña de Nike me pareció buenísima. Es una idea, a mi entender, "simple", que juega con el deseo de cualquier fanático del fútbol de sentir lo que siente una estrella mundial y que tiene un "target" bastante amplio: A mi viejo le encanto, a mi hermano mayor le encanto, a mi me encanto.

Obviamente, la aparición de figuritas como Cristiano Ronaldo, Rooney o Ibrahimovic le suman bastante a la idea.

En fin, algo que llama bastante la atención.

Saludos

Mati

martes, abril 01, 2008

Un Oasis



Entre tantas cacerolas, piquetes ,discursos de D'Elia y demás yerbas, dejo el nuevo comercial de Cabral para Cadbury.

Tiene bastante color, por lo que creo que te va a gustar Flor.

A mi me sonó a Los Autos Locos.

Saludos

Mati.

miércoles, marzo 26, 2008

El último intento

Estoy enojada (y podría resultar febril). No lo puedo evitar, todavía no he aprendido a aplacar cierta violencia en mi discurso enojado. Escribo con una mano averiada, curiosamente, la izquierda. Me la lastimé ayer, cuando se desplomó una reposera de lona en la que me había sentado, mientras se escuchaban, a lo lejos, unos tibios cacerolazos de fondo. En realidad, no debería estar escribiendo a dos manos, pero me desperté a las cinco de la mañana y como no tenía otra cosa que hacer me puse a trabajar con la derecha porque el dolor era terrible. Ahora que el dolor se aplacó puedo escribir hasta que vuelva. El enojo me duele más que la mano. ¿Qué me enojó? En realidad, me vienen enojando varias cosas desde hace unas semanas. No entiendo la postura de los terratenientes que protestan en las rutas. Ya sé, me van a decir que no son terratenientes. ¿Alguien vio a un pequeño productor en esas rutas? Yo no. Me enojan las cacerolas al pedo, por cualquier cosa, la sensación de que cierto sector de la sociedad se siente más poderoso protestando con sus cacerolitas en Olivos o en la Plaza de mayo (la Plaza de mayo, che). Quizás, por una vez en su vida sientan la adrenalina de una marcha (aunque, seguramente ya lo sintieron en las de Blumberg). Me enojan los insultos en los carteles “Cristina: hacete coger por un pingüino” o los “Zurda de mierda” o las remeras de marca con inscripciones de marca que dicen: “Yo no la voté”. Yo tampoco, ¿y?. Me enoja la actitud matona de D´elía y de su gente. Me enoja el amarillismo de los medios, que sean tan previsibles... Es tan fácil darse cuenta cuáles son los intereses detrás de las noticias. Me enoja que todas las personas con las que hablé y a las que le planteé mi postura, no tuviera firmeza para sostener la suya. Me dan pena la fragilidad de sus argumentos. Siento que así no puedo hablar. Me enoja la dicotomía forra a la que se intenta volver: “campo o ciudad”, tan forra como la de: “civilización o barbarie”. ¿Volvemos otra vez a los conceptitos de Sarmiento?. Me enoja una vez más, una y otra vez, como en el Mundial, la “argentinidad al palo”. No voy a ponerme de ese lado. No voy a marchar a ningún lugar si no es por algo justo, algo en lo que crea. Siento que decir hoy que estoy a favor de las retenciones para la soja, aunque quizás habría que hacer algunos ajustes en la distribución me hace aparecer como una hereje. Sin embargo, nunca voy a vender mis ideas, ni mis palabras. No pienso venderme, aunque sea la única en el mundo que piense determinada cosa. Llámenlo terquedad o como quieran. El valor de las ideas y de las palabras es tan importante... por eso no entiendo cómo y por qué alguien, con un enojo casi irracional, le dice a una persona que lleva la investidura presidencial que se haga coger o que es una zurda de mierda (cuando por estos días se cumplen 32 años de la última dictadura militar). Me enoja oler a muerto y que todo este me haga acordar a El matadero, de Echeverría. Se están subestimando las palabras, las investiduras, el poder oficial y el de la oposición. Se están subestimando los gestos, pero nada me molesta más que se subestimen las palabras.

lunes, marzo 24, 2008

El terrorista muerto

Lo vi hace unas semanas y lo volví a ver hace un rato. Nunca deja de hacerme reir. Uno de los hallazgos de la 2.0.

martes, marzo 11, 2008

La vida es un milagro

Bueno, a esta altura habrá que aceptar que una de las cosas que más me gustan (o que me atraen) en esta vida es el color (y los experimentos visuales, con luz, con agua...).

Así que va este spot (vía julián gallo, vía adverlog, vía dropkick monkey).



Product : Schweppes
Agency : George Patterson Y&R, Melbourne
Editor: Jack Hutchings @ The Butchery
Executive Creative Director: Paul Catmur
Creative Director: Ben Coulson
Art Director: Ben Couzens
Copywriter: Jim Ingram
Agency Producer: Romanca Jasinski
Producer: KAREN SPROUL
Director : Garth Davis
Prod. Co. : EXIT FILMS
Country : Australia
Other Credits : DOP: Greig Fraser
Production Designer: Lucinda Thomson
Post House: Digital Post
Colourist: Edel Rafferty @ Digital Pictures, Melbourne
VFX Post Production: Fin Design
Senior Flame Compositor: Richard Lambert
Music Supervision: Level Two Music
Track: To Build a Home, Cinematic Orchestra


Flor

sábado, marzo 08, 2008

Queremos tanto a Frank

Bobby Brown (subtitulado).



O las delicias del sueño yanqui. Rock con todas las letras.

sábado, marzo 01, 2008

Conexionate, maula

Cristina dijo “conexidad” al menos dos veces.
Fui al diccionario.
Está “conexidad”.
Me molesta que en el diccionario esté “conexidad”.

Conexidad. (de conexo). 1. f. p. us. conexión.

¿Acaso no bastaba ya con “conexión”?

Se ve que no.



Qué frustrariedad.

NS

miércoles, febrero 20, 2008

Eco eco eco eco eco

Ya lo deben haber leído mil veces, pero ¿no es genial?
Y el tipo lo escribió en ¡1967!


Langosta.

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La batalla por la supervivencia del hombre como ser responsable en la Era de la Comunicación no se gana en el lugar de donde parte la comunicación sino en el lugar a donde llega. Si he hablado de guerrilla es porque nos espera un destino paradójico y difícil, a nosotros, estudiosos y técnicos de la comunicación: precisamente en el momento en que los sistemas de comunicación prevén una sola fuente industrializada y un solo mensaje, que llegaría a una audiencia dispersa por todo el mundo, nosotros deberemos ser capaces de imaginar unos sistemas de comunicación complementarios que nos permitan llegar a cada grupo humano en particular, a cada miembro en particular, de la audiencia universal, para discutir el mensaje en su punto de llegada, a la luz de los códigos de llegada, confrontándolos con los códigos de partida.





(Eco, Umberto. "Para una guerrilla semiológica")

viernes, febrero 08, 2008

Ficció

La leche cae, como hervida, sobre las sábanas. Paso en puntas de pie, voy por unas naranjas. Escucho sus ronquidos. Abajo, el ring raje y las chicas que no se dejan ante las amenazas histéricas de las bombuchas. Abajo, algún ritual judío y el piropo que vomita un peón que carga telas. Cuando vuelvo, él sigue roncando y la leche se ha secado. Tendré que cambiar las sábanas. Suspiro. No por la tarea doméstica sino por la certeza de que yo no supe pasarla tan bien.

miércoles, enero 16, 2008

¿El tema del verano?

La Rolling Stone sacó un párrafo en su edición de enero asegurando que el tema de Sean Kingston "Beautiful Girls" era el tema que "vas a cantar y bailar en todos lados", como diría CTI. Después de pasearme por la costa argentina, creo que la revista estuvo bastante equivocada. Si bien sonó en uno o dos bares, temas más "bailables" contaron con muchos más adeptos que el del adolescente nacido en Miami. "Pasame la botella", "Si yo no te vuelvo a ver" y "Su florcita" superaron ampliamente en los boliches a cualquier otro candidato.

Para una revista especializada en música, un prónostico un tanto errado.

Por mi parte, de los temas no "bailables" que sonaron en mi cabeza durante estas semanas de enero me tendría que quedar con "Ella dijo" de Estelares, que a su vez me hizo repasar y volver a adoptar "Aire". Pero Sean Kingston quedó bien lejos.



Saludos
Mati

sábado, diciembre 29, 2007

Una mierda

A solas con uno mismo
Por Osvaldo Ardizzone (*)

Cuando hayas perdido la sinceridad.
Cuando te vuelvas convencional y claudiques hasta de tus más queridas convicciones.
Cuando te elabores los argumentos para justificar tus miserias y, además, las justifiques.
Cuando sacrifiques la amistad por el poder.
Cuando festejes el humor de los mediocres como la pobre copera lo hace con sus clientes.
Cuando te acostumbres a juzgar a los demás por la calidad de la ropa que visten.
Cuando mires con conscupicencia la mujer del amigo que te brinda la mesa, el techo y hasta el lecho.
Cuando juzgues despreciativamente a un borracho.
Cuando te erijas en juez inflexible de una prostituta.
Cuando te sientas respetuoso de la ley nada más porque pagas tus impuestos al día.

Cuando te inclines por lo que te conviene y no por lo que realmente sientas.
Cuando después de tres días consecutivos adviertas que ni una sola vez levantaste los ojos al cielo.
Cuando digas con la voz impostada del aforista que deben existir los pobres y los ricos, los triunfadores y los fracasados, los dirigentes y los dirigidos. Y agregues con la misma impostada presuntuosidad que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen.
Cuando te refieras a la gente y no te sientas incluido en ella.
Cuando pronuncies por primera vez la palabra negro con asco.
Cuando te sientas ufano y orgulloso de ser blanco.
Cuando llegues a gerente y además te sientas gerente.
Cuando a fuerzas de proclamar tus desprejuicios desemboques sin escrúpulos en el crimen.
Cuando dejes tus tarjetas en los velatorios para que nadie dude de tu puntualidad.
Cuando entones canciones de protesta porque está de gran moda cantarlas.
Cuando tus más queridos sueños literarios, cuando la fresca espontaneidad de tu primer soneto desemboquen en la prosa gris y árida de un memorándum ejecutivo.
Cuando asistas sin inmutarte a un desalojo.
Cuando proclames ante tus hijos tu brillante carrera de triunfador.
Cuando dejes de concurrir a los parques.
Cuando dejes de mirarle los ojos a las muchachas.
Cuando ya no te quede la posibilidad de un asombro ni un resto de candor, ni una lágrima para una pena ni el estremecimiento para un abrazo de hermano, ni el valor para jugarte en un gesto.
Cuando pierdas la facultad de arrepentirte.
Cuando seas incapaz de perdonar.
Cuando te sientas vacío para querer.
Cuando maquines por primera vez.

Entonces, ¿de qué te servirá el poder, de qué el dinero, de qué los amoríos fáciles, de qué las frases huecas, de qué tu vida?

Porque entonces, con solo mirarte ante el espejo, comprobarás que te has transformado en lo que se dice, comúnmente, una mierda.


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(*) Conocí a Ardizzone hace muchos años. Creo que fue más o menos para la época en que murió. Leía sus notas deportivas en impresos viejos. Posiblemente en El Gráfico, pero no estoy seguro. Luego me encontré con su veta más lírica (poemas, esfuerzos literarios, algunas letras de tango). Estimo que LSDA puede brindar una mejor biografía. Quizá "A solas con uno mismo" asome como un texto predestinado a circular en asquerosos powerpoints con musiquita de Keeny G de fondo. Ojalá que no, pues no me gustaría verlo fallecer en un powerpoint de 5 MB y 30 diapositivas con crisantemos pelotudos y música de telo.

NS

sábado, diciembre 15, 2007

El secreto del nombre

“Tic tac efímero / Luces efímeras, / pero te creo”

A partir de hoy, mi gentilicio es “salvadoreña”.
Lo sé, me salvé solita, pero tu nombre,
la estrella de tu nombre nunca dejó de guiarme.
Desde esta noche soy salvadoreña
Asame y dame un beso
(En este momento soy tuya,
sólo se necesitan una boquita de pez y un anzuelo).