En las islas Salomón, en el sur del Pacífico, algunos lugareños practican una forma única de tala de árboles. Si un árbol es demasiado grande para ser talado con un hacha, los nativos lo hacen caer a gritos. (No tengo a mano el artículo, pero juro que lo he leído). Los leñadores con poderes especiales se suben a un árbol exactamente al amanecer y, de pronto, le gritan con toda la fuerza de sus pulmones. Lo harán durante treinta días. El árbol muere y se derrumba. La teoría es que los gritos matan el espíritu del árbol. Según los lugareños, da siempre resultado.
¡Ay, esos pobres inocentes ingenuos! ¡Qué extraños y encantadores hábitos los de la jungla! Gritarles a los árboles, vaya cosa. ¡Qué primitivo! Lástima que no tengan las ventajas de la tecnología moderna y de la mentalidad científica.
¿Y yo? Yo le grito a mi mujer. Y le grito al teléfono y a la segadora del césped. Y le grito a la televisión y al periódico y a mis hijos. Incluso se dice que he agitado el puño y le he gritado al cielo algunas veces.
El hombre de la puerta de al lado le grita mucho a su coche. Y este verano le oí gritarle a una escalera de tijera durante casi toda una tarde. Nosotros, la gente educada, urbana y moderna, le gritamos al tráfico y a los árbitros y a las facturas y a los bancos y a las máquinas…, sobre todo a las máquinas. Las máquinas y los parientes se llevan la mayor parte de los gritos.
Yo no sé lo que hay de bueno en ello. Las máquinas y las cosas siguen en su sitio. Ni siquiera darles patadas sirve a veces para nada. En cuanto a las personas, bueno, los isleños de Salomón pueden apuntarse un tanto. Gritarles a cosas vivas puede hacer que muera el espíritu que hay en ellas. Los palos y las piedras pueden romper nuestros huesos, pero las palabras rompen nuestros corazones.
Robert Fulghum
**NS**
sábado, mayo 17, 2008
Gritame, que me gusta
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
5 comentarios:
Cuando leia el post me pasaron mil millones de cosas por la cabeza, de las cuales seguramente nombreare 1 (agraciados) ya que a medida que pasan los segundos se me olvidan.
Si bien el texto tiene X trasfondo y tematica, lo de gritarle a los arboles para q se mueran me hizo recordar a varios estudios cientificos (y no tb) donde demostraron que las plantas/vegetales son suceptibles al trato que le puede dar un humano.
En un caso, crecieron mayor cantidad de arvejas cuando las hicieron escuchar Metalica y crecio menor cantidad con otros estilos musicales.
En otro caso, las zanahorias a las que se les hablaba a diario y se "acariciaban"las hojitas, salieron con mayor cantidad de vitaminas y mejor forma que a las que solo las regaban.
Es por esto que aplaudo a los sres de la isla Salomon, por haber utilizado un metodo que tantos cientificos en la actualidad se preocupan por decifrar.
Y si.. hay que hablarle a las plantitas... (?)
Pero si..las plabras rompen el corazon. Una pluma hiere tanto o mas que una espada (algo asi como lo que habia dicho aquel Sr.)
vik
Y aura entiendo por qué se me seca el potus...
Cada vez que mi mama viaja por muchos meses, me deja a cargo sus potus.
En las primeras experiencias dudaba si se secaban porque por 2 meses capaz q no les ponia agua.. Pero el agua no funciono.
Cuando empece a limpiarles las hojas se pusieron lindas... y con la musica ni te cuento (?)
ah!
y..
¬¬
Es curioso, desde hace unos 10 años tengo en una agenda (creo, mi primer agenda) la frase "Una palabra hiere más profundamente que una espada", atribuida a R. Burton. Ahora bien, no sabría si de Richard, de Robert, o bien, de Richard Francis Burton, a quien personalmente pensé que correspondía la expresión.
Curioso también es que no suelo leer o escuchar "egregio" (ver posts ulteriores) y sin embargo, en la búsqueda por Robert Burton (writer, not the actor) hallé: ”Nos rascamos donde pica”. Yo estaba no poco molesto con esta enfermedad a la que llamaré mi Señora Melancolía, mi Egregia o mi Genio Maligno, malus genius. Y por esta causa, como aquel a quien le pica un escorpión, sacaría “un clavo con otro clavo”, clavum clavo, calmaría el dolor con otro dolor, el ocio con el ocio…", prólogo de su gran escrito Anatomía de la Melancolía.
Sin más,saludos,
A.N.
Publicar un comentario