lunes, octubre 27, 2008

Change

Algun día habrá que hablar (decía un famoso periodista deportivo) del humor en tiempos de campaña política. O de la risa como factor fundante. De la ironía. De la sátira como instrumento movilizador.

Ustedes son los publicitarios. Díganme: ¿funciona?


http://www.youtube.com/watch?v=ndzWVnD7-vQ

Mirenlo entero. Son dos.

Una es publicidad, la otra propaganda.

Creo que vale la pena.

sábado, octubre 25, 2008

4 años antes

El Post de Santiago parece que movió muchas cosas en nosotros, visitantes y partícipes de esta increible Ágora extramuros.
LSDA, habló de "Autodiscursividad" y eso es lo que se va a dar también en este caso.

Leyendo los comentarios del Post anterior, volví a recordar lo que sentí el día en que vinieron a la facu a mostrar los ganadores de los Leones de Cannes 08.

Es el comercial de Halo, que a Natalio le recordó un tema que le pasó su hermana a la distancia, a mi me recordó mis primeros "juegos" con la fotografía y una cátedra que cambió mi manera de pensar y de ver por completo.
Lo que voy a compartir está lleno de errores, sacado en baja calidad, con una cámara mala, retocado en Power Point. Pero concepto (Belive) y recurso (Soldaditos) son los mismos.
4 años antes.
















Eugenia Hermida




viernes, octubre 24, 2008

Publicidad y Musica

No se si tiene mucho que ver con el espiritu del blog, pero bueno. Les comento que el profesor Steconni el otro dia comentaba sobre la importancia de la musica en ciertas publicidades. Me quedo la idea dando vueltas en la cabeza, asi que compile unas cuantos avisos donde la muscia (a mi criterio) es muy importante... o por lo menos esta muy bien elegida. Les dejo el link de you tube para que las miren.

1. Heartbeats, de Jose Gonzalez. Fue la publicidad que puso de ejemplo Natalio (la de las miles de pelotitas de colores cayendo)... es de Bravia. http://www.youtube.com/watch?v=Y-qJu20do0o

2. Perfect day, de Lou Reed. Se uso en una campaña de la BBC, en la que intervienen muchos artistas conocidos (como ser el propio Reed, Bowie, Bono, etc) cantando esta canción. http://www.youtube.com/watch?v=WJpQJWpVJds

3. Quelqu'un m'a dit, de Carla Bruni. Se usó hace unos años para una campaña de caldos Knoor, en la epoca a la que nadie sabía quien era Carla Bruni. http://www.youtube.com/watch?v=1DgHk1kgwY0&feature=related

4. Such great heights, de Iron and Wine. Se usó hace dos años para una publicidad de Ford. Este artista es virtualmente desconocido en la Argentina. Intuyo que los que eligieron esta canción para la publicidad la sacaron de la banda de sonido de la pelicula "Garden State". http://www.youtube.com/watch?v=EXSHo4pzgnM

5. All the same, de Sick Puppies. Se usó para toda la campaña de "Free Hughs" (campaña contra la discriminación a enfermos de SIDA). El link que puse es del aviso original (el 1ro), creo que es de Francia. http://www.youtube.com/watch?v=JyCinPNCm64

Eso es todo. Vean y escuchen

Santiago Vardé

domingo, octubre 19, 2008

Santa Bernardina del Monte - Leo Masliah

Hola a tod@s:
Si bien de un tiempo a esta parte existe un aparente distanciamineto entre los Estados Unidos y nuestro país, a partir de hoy tenemos incorporado a nuestra cotidianeidad un rasgo que nos hermana. Al igual que el Gran Pais del Norte, nuestra geografía se encuentra partida y utilizamos dos husos horarios.
Más allá de la efectividad de la medida, esta idea, la del cambio de horario, inspiró a Leo Masliah uno de los artistas uruguayos más originales, a escribir este breve reelato titulado Santa Bernardina del Monte, que podrán encontrar en su libro La Tortuga y otros cuentos
Que lo disfruten.
Héctor


"Para ahorrar energía eléctrica, las autoridades de Santa Bernardina del Monte dispusieron que a la cero hora del día veinticinco los relojes se atrasaran una hora, pasando a marcar las veintitrés horas del día veinticuatro. De este modo la gente que tuviera que levantarse a la hora siete del día veinticinco no tendría que prender ninguna luz, ya que en realidad serían las ocho y el sol estaría ya en plena actividad.
Cuando llegó el momento -la cero hora del día veinticinco- la gente de Santa Bernardina del Monte, obediente como era, atrasó sus relojes una hora. Fueron entonces -o volvieron a ser- las veintitrés horas del día veinticuatro. Una hora después, los relojes volvían a marcar la cero hora del día veinticinco. La gente de Santa Bernardina del Monte, obediente como era, atrasó sus relojes una hora. Volvieron a ser entonces las veintitrés horas del día veinticuatro. Una hora después, los relojes volvían a marcar la cero hora del día veinticinco.
-¿Qué hago, mamá? -preguntó un joven- ¿atraso el reloj?
-Por supuesto, hijo: debemos ser respetuosos de las disposiciones de la autoridad - contestó la madre.
Todos los habitantes de Santa Bernardina del Monte obraron en consecuencia con ese precepto. Pero una hora después los relojes volvían a marcar la cero hora del día veinticinco. Nuevamente los pacíficos habitantes de Santa Bernardina del Monte atrasaron sus relojes una hora. Se pusieron entonces a esperar el transcurso de los sesenta minutos que faltaban para volver a atrasar los relojes. Pero algunos tenían sueño y se fueron a dormir, no sin antes dejar turnos establecidos de tal modo que siempre hubiera alguien despierto a la hora de atrasar el reloj.
A la mañana siguiente seguían siendo las veintitrés horas del día veinticuatro. Una hora después era la cero hora del día veinticinco, e inmediatamente después volvían a ser las veintitrés del día veinticuatro. Faltaban nueve horas para que abrieran las oficinas y los comercios. Una hora después faltaban ocho, pero en menos tiempo del que tardaba un gallo en cantar -y efectivamente había muchos gallos haciéndolo- volvían a faltar nueve. Los habitantes de Santa Bernardina del Monte, de mantenerse este estado de cosas, habrían muerto de inanición. Sin embargo muy otra fue la causa de su muerte. Tres días después del cambio de hora, un funcionario del gobierno central que pasaba por el pueblo interpretó la actitud de los lugareños como huelga general por tiempo indeterminado, y dio parte de ello a sus superiores. Poco después, diez mil soldados entraron con helicópteros y tanques a Santa Bernardina, aniquilando a los insurrectos. Los relojes del pueblo, entonces, quedaron divididos en dos categorías: los que averiados por las balas, estaban clavados en una hora entre las veintitrés y las veinticuatro, y los que seguían marchando libremente, pudiendo llegar hasta más allá de la cero hora sin que nadie los tomara por las agujas para atrasarlos. De todos modos algunas horas después ellos solitos volvían a marcar las veintitrés, como si sintieran nostalgia de sus disciplinados dueños, que en paz descansen."

viernes, octubre 17, 2008

Una debacle muy fácil de prever - Giovanni Sartori

Hola a tod@s:
Cómo siempre polémico, el autor de Homo Videns, opina sobre la crisis de los mercados desde un artículo publicado en el día de la fecha por el diario La Nación.
Atte
Lic. Héctor Omar Díaz

Hasta el momento, no he dicho una sola palabra sobre la actual crisis económica. Esperaba que me iluminaran los economistas. Esperaba, entre otras cosas, que hicieran un mea culpa. Porque el hecho es que la mayoría no previó la catástrofe inminente. ¿Era imposible preverla? Puros cuentos. No sólo era totalmente previsible, sino que, por principio, una ciencia económica que no sabe prever tiene poco de ciencia.
¿Ciencia de qué? Un saber "práctico" que aconseja mal y que prevé peor produce problemas y te deja con ellos.
Muchos economistas se sacan la responsabilidad de encima echándole la culpa al liberalismo "salvaje" que ha predicado la desregulación, la eliminación de las reglas. En su momento escribían que las reglas estaban mal hechas, por lo que había que eliminarlas; pero "desregular" es tan sólo un remedio de corto plazo, y un vacío de reglas no implica que no debamos tenerlas. Por eso, hoy las reglas se hacen más necesarias que nunca.

Los bancos sin supervisión son libres de perjudicar a sus depositantes. El mercado financiero siempre está más colmado de estafadores que de estafados. La disyuntiva no es intervenir o no, sino entre la capacidad de intervenir bien o no.
Leo que las crisis financieras son intrínsecas al capitalismo; que pensar en eliminar los riesgos es una tontería, y que para cada regla existe una manera de transgredirla. Pero lo mismo espero que no sea así.
El mercado es un mecanismo que, para existir y funcionar, debe estar protegido por leyes que eviten los monopolios y que castiguen las transgresiones garantizando la autenticidad de los productos. El mercado no existe si puedo hacer pasar por oro cualquier metal amarillo. De esa manera, ¿cómo vamos a controlar los medicamentos y, más aún, la producción industrial de alimentos? Por lo tanto, el argumento de "hecha la ley, hecha la trampa" es suicida.
No creo que las crisis del "estilo 1930" sean fisiológicas. Como el sistema de mercado es un automatismo que se autocorrige, es normal que tienda a ser cíclico y a sufrir recesiones. Pero si un sistema de mercado que se autodestruye derrumbando todo el sistema económico fuera "normal", entonces nos encontramos ante un sistema mal articulado.
Vuelvo a la pregunta que es la madre de todas las demás: ¿por qué los economistas no previeron adecuadamente ni denunciaron la locura de los subprime, de las hipotecas sin suficiente cobertura? Esos préstamos produjeron la vorágine en la que ahora nos hundimos. Y, sin embargo, todos se mantuvieron callados y dispuestos a aceptar la fábula (el opio) de los "derivados", es decir que el riesgo se minimizaba distribuyéndolo en muchas partes y en todo el mundo. Obviamente (lo dice el sentido común más elemental), eso sólo puede ser así si la "deuda incobrable" no se hace gigantesca. Pero nadie la controló y se hizo gigantesca, y así es como todos nos encontramos en peligro.
Por lo tanto, lo que ocurrió era fácil de prever. Yo mismo me espanté cuando vi, en Estados Unidos, el bombardeo de ofertas de crédito fácil, demasiado fácil. Pero son los economistas los que no se asustaron a tiempo y que ahora deben hacer un examen de conciencia y rever sus propias deficiencias. Porque quien no sabe prever, tampoco sabe prevenir.


http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1060126&pid=5225940&toi=6262

domingo, octubre 12, 2008

La Isla desierta

Entramos, en grupos de 10, ruidos, murmullos, sillas que chocaban las piernas, pisadas sin querer al compañero de adelante, todo en una total oscuridad, pero de esa que ni siquiera con los ojos bien cerrados uno puede lograr.

Al principio una sensación de encierro, ahogo por momentos, de no saber donde está uno, donde están los demás, y esas voces que te guían, quienes son, donde están.

De a poco empieza a iluminarse el lugar, se escucha un tango del que no conozco el autor, claramente uno ve a Buenos Aires, sus calles, su cielo, su gente. Y comienza así a desarrollarse la obra, pero una muy particular, en la que uno se siente dentro, como un personaje más. Una obra que realmente logra eso tan increíble a lo que solo se llega leyendo. Pero más.

Por medio del oído, del olfato y del tacto, me sentí en un puerto, en una oficina, en una isla, hasta la China me hicieron llegar, y mucho más.

Lo mejor que lograron fue que no me decepcionara de mi imaginación. Y hablo de esa decepción de cuando uno lee un libro y después ve la película o la ve en teatro y se olvida de los rostros que había imaginado, de los lugares que vió y los sustituye por las imágenes que recibe de creaciones ajenas, muchas veces muy buenas, pero que no dejan de ser ajenas.
Yo había leído la obra, hace mucho, en el colegio, ayer estuve ahí.

“La isla Desierta” de Roberto Arlt interpretada por el Centro Argentino de Teatro Ciego. No puedo más que recomendarlo.
Te: (005411) – 63798596, Zelaya 3006 (esquina Jean Jaures al 700), Abasto, Cap. Fed.




Eugenia Hermida

lunes, octubre 06, 2008

Soy Publicitario y me hago cargo

La publicidad es sin duda una de las formas más curiosas de signarse la vida. Siempre tuve la sensación de que los publicitarios no somos gente del todo normal. Con esto no me quiero etiquetar de excéntrico ni vanguardista. Simplemente me cuesta explicarme que es lo q me llevó a dedicar mi vida al arte de “componer” un mensaje.

A menudo me acecha la sensación de que muchas de las personas que se sintieron inexplicablemente atraídas a dedicar su vida a esta profesión como yo no le tienen el respeto que merece. No ven ningún tipo de responsabilidad en el hecho de comunicar. Lo extraño es que puedo comprender (aunque no me cause ninguna gracia) que algún médico o ingeniero desmerezca esta profesión justificando su ignorancia. Pero me resulta muy desalentador ver la cantidad de chicos que se meten a estudiar publicidad sin ningún tipo de vocación ¿Cómo vamos a exigir que no nos exploten y nos hagan trabajar gratis en una agencia si nosotros mismos no respetamos lo que hacemos?

Pero esta falta de responsabilidad no solo se ve en algunos estudiantes sino también en agencias de primera línea. En este momento me viene a la cabeza una campaña de Frizzé de este año (aquella en las que las burbujitas hablaban) en la cual se ponía al producto como un desinhibidor y se dirigía directamente a los jóvenes. No es que yo sea un puritano ni mucho menos ni que me escandalice que existan este tipo de publicidades. Lo que fue realmente chocante es que los spots los vi en la tanda de Telenoche donde se acababa de emitir un informe sobre el aumento de muertes por el consumo de alcohol entre los jóvenes. Entonces, en el mismo momento en que la opinión pública está tomando conciencia de un problema importante sale Frizzé a decirte “Si no te pones medio en pedo no te vas a divertir”.

No confundan mi postura. Todos los productos tienen que ser comunicados. Pero teniendo en cuanta que se está enviando un mensaje de forma masiva y va a dejar su secuela en un público. Cuando comentaba esto con algunas personas muchas veces me decían: “Bueno…es una publicidad, no pasa nada” ¿Pero saben qué?...Si pasa.

Cualquiera que se haya avocado alguna vez a la tarea de redactar un aviso se habrá dado cuenta (si realmente lo hizo con la dedicación que merece) que cada letra, cada línea, cada color puede cambiar la totalidad del mensaje ¿O a alguno se le va a ocurrir usar la palabra “desaparecido” en una campaña para la República Argentina? Por eso es muy importante fijarse bien en lo que estamos diciéndole a la gente y tenerle el mayor de los respetos a nuestra profesión que es una de las más geniales que existen. Y si…soy publicitario y me hago cargo.

Nacho Bondoni

sábado, octubre 04, 2008

Don't vote / Five friends

Fue grabado hace poquitos días, puesto en YouTube y ya tiene récord de visitas.

A partir de una idea de Leonardo DiCaprio y filmado en su casa por Jaume Collet.

Esta gente del norte me sigue sorprendiendo.



NS

jueves, octubre 02, 2008

La divulgación de la ciencia y la Máquina de Dios

Hola a tod@s:


A veces abordar los temas relacionados con las ciencias duras generan cierto escozor entre aquellos que nos encontramos relacionados a las Humanidades. Sin embargo es competencia de los profesionales vinculados al Periodismo y a la Comunicación Social la popularización de estos saberes a través de los mass media.


Con el fin de quebrar, al menos parcialmente, esta negación los invito a leer la trascripción de la charla emitida en el programa La Mañana entre Víctor Hugo Morales y el Dr. Adrián Paenza.


El tema abordado es la equívocamente llamada "Máquina de Dios", (Técnicamente denominada acelerador de hadrones) de la que mucho se ha hablado, pero que en realidad se sabe concretamente poco.


Espero que disfruten de esta entrevista.


Atte.


Lic. Héctor Omar Díaz


Periodismo Científico


Universidad CAECE


hdiaz@caece.edu.ar



http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0294/articulo.php?art=9713&ed=0294





Paenza: “La humanidad está con un chiche nuevo”












Técnicos de todo el mundo trabajan en distintos aspectos del mega experimento.



Victor Hugo: Hola, Adrián. Hace un tiempo me contaste lo de la “máquina de Dios”, no sé cómo la llaman en los EE.UU.

Paenza: Sí, igual, o también la “máquina de descubrir”, depende cuál sea el grado de exageración para llamar la atención de la gente. En ese momento también te dije cuánto me hubiera gustado estar en este momento en Ginebra.

VH: Así es.

P: Pero no estoy.

VH: Mi problema es que yo entendí todo cuando me lo explicaste, pero ahora no lo sé explicar.

P: Bueno, primero la gente tiene que entender que yo no soy físico, pero sí puedo contar por qué estoy entusiasmado. Y decir lo siguiente: todos nosotros hemos sido chicos alguna vez, y nuestros padres nos han regalado algún juguete. Cuando nos dejaban solos lo que queríamos hacer, además de jugar con él, era desarmarlo; y una vez que estaba desarmado lo que queríamos hacer era ver cómo funcionaban las partes de ese juguete, y empezábamos a romperlo, y a partirlo, y si uno era curioso y lograba que los padres coexistieran con uno y compartieran esa curiosidad, entonces uno podía traer un martillo y desarmar tanto como pueda, hasta lograr ver cuáles eran las partículas más chiquititas. El hombre ahora sigue jugando, y está a la búsqueda de saber cuáles son esas partículas tan chiquititas. En algún momento se pensó que eran las moléculas, después que eran los átomos, y después el hombre se dio cuenta de que los átomos no eran en realidad las partículas más chiquititas, sino que a su vez contenían electrones que giraban alrededor, que había neutrones, protones. Y en algún momento también se supuso que esos protones eran las partículas más chiquitas, y después se descubrió que no, que había partículas aún más chiquititas, y los fotones, y los quarks, y los muones, y un montón de nombres así. Es decir, el hombre está a la búsqueda de saber cómo está hecha la materia, cuáles son las partículas más chiquititas, algo así como el equivalente de cómo está hecho el ADN, cómo son los genes, qué es lo más chiquitito posible.

VH: Ajá...

P: Hay teorías que dicen que las partículas son, en total, trece. La teoría más aceptada habla de que hay trece partículas elementales. Pero de las trece, se conocen doce. De las doce, cuatro fueron descubiertas acá, cerca de Chicago, en el Fermilab. Y resulta que, ésta es la parte interesante, quiero contar cómo es que el hombre se las ingenia a ver si puede generar y descubrir esa partícula que falta y después empezar con la máquina de descubrir otras cosas. Lo que se trata de hacer es lo siguiente: supongamos que uno, debajo de la tierra, va a armar como si fuera un tubo. Un tubo circular, como si fuera una goma de bicicleta o una cámara de auto, solamente que tiene 27 km de circunferencia –27 km es una barbaridad, vale la pena pensar en eso– y está a cien metros de profundidad. Esto se empezó a hacer hace 14 años, y ha costado miles de millones de dólares.

VH: ¿Y qué es lo que se hace?

P: Por un lado, se empiezan a lanzar rayos, haces de partículas chiquitas para un lado, para que empiecen a girar en redondo. O sea, imagínense que cada vez van acelerando –por eso se llama un acelerador de partículas– y empiezan a girar, supongamos, para la derecha. Es decir, uno está parado en un lugar y los haces empiezan a girar hacia la derecha y luego vuelven, naturalmente, porque giran en redondo; una vez que recorren los 27 km vuelven a pasar por el lugar. Y así uno los va acelerando, en forma electromagnética, pero eso no tiene importancia: los acelera. Después hace lo mismo, pero en sentido contrario. Empieza a mandar haces para el otro lado. Los haces giran hacia el lado izquierdo, ahora. Y en algún momento, se preocupan de hacer lo siguiente: en hacerlos chocar. O sea, reemplazar el martillo. Y reemplazar el martillo es hacerlo de una manera muy particular: es hacer estrellar esos haces, que vienen a una velocidad casi cercana a la velocidad de la luz, con el objeto después de tener cuatro sensores para poder medir cuando esos haces se estrellan –porque vienen de frente como dos locomotoras, pero que producen millones de particulitas en fracciones de segundo cuando chocan–, poder medir todo eso y poder describir, entonces, cuándo chocaron, cuándo se partieron, lo que se ve, cómo se ve, qué son las particulitas más chiquititas. De ésas se conocen doce. ¿Se entendió?
Daniel López: Se entendió bárbaro, Adrián. Esos datos van a ser enviados a 500 instituciones del mundo; entonces, ¿cuándo vamos a poder conocer lo que se descubra?

AP: En realidad, no está claro cuándo. A partir de ahora, además, los descubrimientos van a ser lo que se llama ciencia básica, y uno podría preguntar: “¿Pero para qué se hace todo esto? ¿Por qué habría de concentrar la actividad de 5 mil personas, miles de millones de dólares, 14 años de trabajo? ¿Para qué? ¿Cómo vamos a ser mejores, cómo va a afectar la vida del ciudadano cotidiano, aquel que se levanta hoy a la mañana en la Argentina o en Zambia?”. Cada uno de nosotros es mejor porque el aporte de la ciencia ha logrado cosas, que yo no voy a discutir ahora, pero claramente estamos mejor hoy, como seres humanos, como sociedad, que lo que estábamos hace 100 años. De hecho, estamos hablando vía satélite y se escucha perfecto, no hubo demoras en la llamada; por no contar todas las revoluciones en medicina, en resonancias magnéticas, Internet, etc. Pero todo eso forma parte de un compendio, de un caudal de conocimiento que el hombre va generando y no piensa: “Hoy hago esto porque me va a dar un resultado mañana”. Todo esto va a generar un montón de conocimiento, que en un momento explota en distintas direcciones. Es decir, saber el porqué es como si uno se preguntara por qué, cuando uno es chico, por qué el cielo es celeste o por qué se caen las cosas, por qué un imán atrae algo... De hecho, vivimos contestándonos preguntas; esto es lo que yo creo que tiene valor para la curiosidad del ser humano: poder contestarse preguntas. O sea, con respecto a la pregunta de Daniel, mi respuesta es no sé, pero vos quedate tranquilo que en el momento en que algo nuevo y trascendente se conozca, vos y yo nos vamos a enterar, probablemente al unísono.

VH: Adrián, muchísimas gracias. Lo has hecho bien, para que se pueda entender y uno lo entiende. Cuando aparezca la partícula trece, ¿se sabe qué es lo que vamos a poder detectar de nuevo para conocer nuestra historia, el fondo de la misma?

P: Te respondo como un ávido lector de todo lo que pasa alrededor. Lo que sí vamos a saber es que se confirma la teoría del Big Bang. Eso es lo interesante de la ciencia, la ciencia toma el lugar de predecir el futuro. Un último ejemplo, el que te di esa noche –ahora recuerdo– cuando estábamos comiendo y hacía mucho frío, es el ejemplo que me dieron algunos argentinos que trabajan en el Fermilab, y recuerdo a Gastón Gutiérrez, ¿tengo un minuto más para contar esto?

VH: Sí.

P: El me explicó lo siguiente. Les dije: “¿Pero ustedes cómo saben, cómo pueden predecir que hay una partícula número trece, o lo que sea que no ven?”. Y él me dice: “Imaginate una cancha de fútbol. Suponete que vos ves desde el estadio todo, salvo un ángulo que está tapado por una columna. Esa parte no la ves, como si fuera un córner, un angulito que vos no ves. Cada vez que la pelota se va por ese lugar, en lugar de desaparecer, la pelota vuelve hacia un compañero tuyo. Es decir, cada vez que la pelota se va por ese lugar luego reaparece. Ya el hecho de que reaparezca es raro, porque supuestamente no había nada ahí y la pelota se va afuera. Sin embargo, reaparece rápidamente dentro de tu campo visual y la tiene un compañero tuyo. Entonces, vos tenés derecho a suponer: “Escuchame, en ese lugar que no veo hay un compañero mío, tiene que haber alguien que cada vez que la pelota se va ahí se la devuelve a uno de los nuestros”... Se entiende la imagen, ¿no es cierto?

VH: Ese es el jugador número trece...

P: Ese es el jugador número trece. El que uno sospecha que está, pero no ve. La teoría dice: “Ahí tiene que haber algo”. Ahora es el momento de encontrarlo y decir: “Sí, ahora lo vimos”.

*Diálogo mantenido durante el programa La mañana, de Radio Continental

miércoles, octubre 01, 2008

20 Frases Sobre Comunicación

  1. "Cuando alguien habla demasiado, sus palabras suenan sin oírse." (Konrad Adenauer).
  1. "El tiempo que necesito para prepararme un discurso de 10 minutos es de dos semanas. El que necesito para uno de una hora, es de una semana. Y si quieren que haga uno que dure dos horas ¡estoy listo ahora mismo!" (Woodrow Wilson).
  1. "Encanto más talento más una ligera informalidad, le ayudarán mucho al principio; pero al final de cuentas, es la brevedad la que conquista el corazón del público." (R. Cheney).
  1. "La discreción en el hablar importa más que la elocuencia." (Baltasar Gracián).
  1. "No hables sino cuando estés perfectamente instruido o cuando te veas obligado a romper el silencio. Sólo en este caso vale más hablar que callar; fuera de éste, más vale callar que hablar." (Isócrates).
  1. "La plática que no incita a la acción, más que soportarla, resulta un tormento escucharla." (Thomas Carlyle).
  1. "No hay sendero que lleve a una persona a hacer carrera más rápidamente y a crearse una buena reputación que la destreza del buen orador." (Philip D. Armour).
  1. "Oigo y olvido. Veo y recuerdo. Hago y entiendo." (Proverbio chino).
  1. "Para hacerse comprender lo primero que hay que hacer con la gente es hablarle a los ojos." (Napoleón).
  1. "Pon tu corazón, tu mente, tu intelecto y tu alma incluso en tus más pequeños actos. En esto reside el secreto del éxito." (Swami Sivananda).
  1. "Recuerde que no basta con decir una cosa correcta en el lugar correcto, es mejor todavía pensar en no decir algo incorrecto en un momento tentador." (Benjamin Franklin).
  1. "Siempre hay tiempo para soltar las palabras, pero no para retirarlas." (Baltasar Gracián)
  1. "Un buen orador siempre será un simple hablador y estará perdido si no sabe captar a la audiencia con su corazón y su mente." (Wilson Mizner).
  1. "Una persona que actúa bajo la influencia de sus sentimientos sabe proyectar su yo real de una forma natural y espontánea. Un orador que demuestra interés, sabe despertar normalmente interés." (Dale Carnegie).
  1. "Yo sé que usted cree comprender lo que piensa que yo he dicho, pero no sé si se da cuenta de que lo que usted ha oído no es lo que yo quería decir." (Pierre Rataud de su libro "Técnicas de Venta").
  1. "Querer hablar y oírse no sale bien; y si hablarse a solas es locura, escuharse delante de otros será doblada." (Baltasar Gracián)
  1. "Antes de hablar, piensa lo que vas a decir; la lengua, en muchos, precede a la reflexión." (Isócrates).
  1. "Si no sabéis comunicar bien con los demás, no sabréis convencer ni motivar. Si no sabéis comunicar estaréis mal informados y no podréis dirigir ni controlar con eficacia." (Robert Papin).
  1. "No hables demasiado, que quien mucho habla mucho yerra y da indicios de saber poco. No hay cosa de más peligro ni de menos autoridad que las demasiadas palabras." (Santa Teresa de Jesús).
  1. "Aprendamos a decir las cosas con presteza, claramente, de forma sencilla y con una determinación serena: hablemos poco, pero con claridad; no digamos más que lo que es estrictamente necesario." (Emile Coué).
Por Nacho Bondoni

lunes, septiembre 29, 2008

IMAGINE


Simple, puro, armónico, perfecto. Con muy poca plata y mucho talento se pueden hacer cosas increibles. Como me aconsejó un amigo una vez, subí los parlantes al máximo y disfrutá, de eso se trata.

EH

domingo, septiembre 28, 2008

Una mirada marxista sobre la crisis económica de los Estados Unidos

Vía Héctor Díaz (U. CAECE)
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Hola a todos.
En el año 1929 se produce la crisis financiera en Wall Street. Groucho Marx contó su experiencia durante esa debacle accionaria.
Sin desperdicio.
Saludos
Héctor

El Crack del 29 en la mirada de Groucho Marx
La joda ha terminado
"...Muy pronto un negocio mucho más atractivo que el teatral atrajo mi atención y la del país. Era un asuntillo llamado mercado de valores. Lo conocí por primera vez hacia 1926. Constituyó una sorpresa muy agradable descubrir que era un negociante muy astuto. O por lo menos eso parecía, porque todo lo que compraba aumentaba de valor. No tenía asesor financiero ¿Quién lo necesitaba? Podías cerrar los ojos, apoyar el dedo en cualquier punto del enorme tablero mural y la acción que acababas de comprar empezaba inmediatamente a subir. Nunca obtuve beneficios. Parecía absurdo vender una acción a treinta cuando se sabía que dentro del año doblaría o triplicaría su valor.
Mi sueldo semanal era de unos dos mil, pero esto eran monedas en comparación con la montaña que ganaba teóricamente en Wall Street. Disfrutaba trabajando en el teatro pero el salario me interesaba muy poco. Aceptaba de todo el mundo confidencias sobre el mercado de valores. Ahora cuesta creerlo pero incidentes como el que sigue eran corrientes en aquellos días.
Subí a un ascensor del hotel Copley Plaza, en Boston. El ascensorista me reconoció y dijo:
-Hace un ratito han subido dos individuos, señor Marx, ¿sabe? Peces gordos, de verdad. Vestían americanas cruzadas y llevaban claveles en las solapas. Hablaban del mercado de valores y, créame, amigo, tenían aspecto de saber lo que decían. No se han figurado que yo estaba escuchándoles, pero cuando manejo el ascensor siempre tengo el oído atento. ¡No voy a pasarme toda la vida haciendo subir y bajar uno de estos cajones! El caso es que oí que uno de los individuos decía al otro: "Ponga todo el dinero que pueda obtener en United Corporation".
Le di cinco dólares y corrí hacia la habitación de Harpo. Le informé inmediatamente acerca de esta mina de oro en potencia con que me había tropezado en el ascensor. Harpo acababa de desayunar y todavía iba en batón.
-En el vestíbulo de este hotel están las oficinas de un agente de Bolsa -dijo-. Espera a que me vista y correremos a comprar estas acciones antes de que se difunda la noticia.
-Harpo -dije-, ¿estás demente? ¡¡Si esperamos hasta que te hayas vestido, estas acciones pueden subir diez enteros!!
De modo que con mis ropas de calle y Harpo con su batón, corrimos hacia el vestíbulo, entramos en el despacho del agente y en un santiamén compramos acciones de United Corporation por valor de ciento sesenta mil dólares, con una garantía del veinticinco por ciento.
Para los pocos afortunados que no se arruinaron en 1929 y que no están familiarizados con Wall Street, permítanme explicar lo que significa esa garantía del veinticinco por ciento. Por ejemplo, si uno compraba ochenta mil dólares de acciones, sólo tenía que pagar en efectivo veinte mil. El resto se le quedaba a deber al agente. Era como robar dinero.
El miércoles por la tarde, en Broadway, Chico encontró a un habitué de Wall Street, quien le dijo en un susurro:
-Chico, ahora vengo de Wall Street y allí no se habla de otra cosa que del Cobre Anaconda. Se vende a ciento treinta y ocho dólares la acción y se rumorea que llegará hasta los quinientos. ¡Cómpralas antes de que sea demasiado tarde! Lo sé de muy buena fuente.
Chico corrió inmediatamente hacia el teatro, con la noticia de esta oportunidad. Era una función de tarde y retrasamos treinta minutos la apertura del telón hasta que nuestro agente nos aseguró que habíamos tenido la fortuna de conseguir seiscientas acciones. ¡¡Estábamos entusiasmados!! Chico, Harpo y yo éramos cada uno propietarios de doscientas acciones de estos valores que rezumaban oro.
El agente incluso nos felicitó. Dijo:
-No ocurre a menudo que alguien entre con tan buen pie en una compañía como la Anaconda.
El mercado siguió subiendo y subiendo. Cuando estábamos de gira, Max Gordon, el productor teatral, solía ponerme una conferencia telefónica cada mañana desde Nueva York, sólo para informarme de la cotización del mercado y de sus predicciones para el día.
Dichos augurios nunca variaban. Siempre eran "arriba, arriba, arriba". Hasta entonces yo no había imaginado que uno pudiera hacerse rico sin trabajar. Max me llamó una mañana y me aconsejó que comprara unos valores llamados Auburn. Eran de una compañía de automóviles, ahora inexistente.
-Marx -dijo- es una gran oportunidad. Pegará más saltos que un canguro. Cómpralo ahora, antes de que sea demasiado tarde. Luego añadió:
-¿Por qué no abandonas el teatro y olvidas esos miserables dos mil semanales que ganas? Son chirolas. Tal como manejas tus finanzas, aseguraría que puedes ganar más dinero en una hora, instalado en el despacho de un agente de valores, que los que puedes obtener haciendo ocho representaciones semanales en Broadway.
-Max -contesté-, no hay duda de que tu consejo es sensacional. Pero al fin y al cabo tengo ciertas obligaciones con Kaufman, Ryskind, Irving Berlin y con mi productor Sam Harris. Lo que por entonces no sabía era que Kaufman, Ruskind, Berlin y Harris también compraban a crédito y que, finalmente, iban a ser aniquilados por sus asesores financieros. Sin embargo, por consejo de Max, llamé inmediatamente a mi agente y le instruí para que me comprara quinientas acciones de la Auburn Motor Company.
Pocas semanas más tarde, me encontraba paseando por los terrenos de un club de campo, con el señor Gordon. El día anterior, las Auburn habían pegado un salto de treinta y ocho enteros. Me volví hacia mi compañero de golf y dije:
-Max, ¿cuánto tiempo durará esto?
Max repuso, utilizando una frase de Al Jolson.
-Hermano, ¡todavía no has visto nada!
Lo más sorprendente del mercado, en 1929, era que nadie vendía una sola acción. La gente compraba sin cesar. Un día, con cierta timidez, hablé a mi agente acerca de este fenómeno especulativo.
-No sé gran cosa sobre Wall Street -empecé a decir en son de disculpa- pero, ¿qué es lo que hace que esas acciones sigan ascendiendo? ¿No debiera haber alguna relación entre las ganancias de una compañía, sus dividendos y el precio de venta de sus acciones? Por encima de mi cabeza, miró a una nueva víctima que acababa de entrar en su despacho y dijo:
-Señor Marx, tiene mucho que aprender acerca del mercado de valores. Lo que usted no sabe respecto a las acciones serviría para llenar un libro.
-Oiga, buen hombre -repliqué-. He venido aquí en busca de consejo. Si no sabe usted hablar con cortesía, hay otros que tendrán mucho gusto en encargarse de mis asuntos. Y ahora ¿qué estaba usted diciendo? Adecuadamente castigado y amansado, respondió:
-Señor Marx, tal vez no se dé cuenta, pero éste ha cesado de ser un mercado nacional. Ahora somos un mercado mundial. Recibimos órdenes de compra de todos los países de Europa, de América del Sur e incluso de Oriente. Esta mañana hemos recibido de la India un encargo para comprar mil acciones de Tuberías Crane.
Con cierto cansancio pregunté:
-¿Cree que es una buena compra?
-No hay otra mejor -me contestó-. Si hay algo que todos hemos de usar son las tuberías. (Se me ocurrieron otras cuantas cosas más, pero no estaba seguro de que apareciesen en las listas de cotizaciones.)
-Eso es ridículo -dije-. Tengo varios amigos pieles rojas en Dakota del Sur y no utilizan las tuberías.
Solté una carcajada para celebrar mi salida, pero él permaneció muy serio, de modo que proseguí:
-¿Dice usted que desde la India le envían órdenes de compra de Tuberías Crane? Si en la lejana India piden tuberías, deben de saber algo sensacional. Apúnteme para doscientas acciones; no, mejor aún, que sean trescientas.
Mientras el mercado seguía ascendiendo hacia el firmamento, empecé a sentirme cada vez más nervioso. El poco juicio que tenía me aconsejaba vender, pero, al igual que todos los demás primos, era avaricioso. Lamentaba desprenderme de cualquier acción, pues estaba seguro de que iba doblar su valor en pocos meses.
En los periódicos actuales leo con frecuencia artículos relativos a espectadores que se quejan de haber pagado hasta un centenar de dólares por dos entradas para ver My Fair Lady (Personalmente opino que vale esos dólares). Bueno, una vez pague treinta y ocho mil por ver a Eddie Cantor en el Palace. Cantor era vecino mío en Great Neek. Como era viejo amigo suyo cuando terminó la representación fue a verle en su camerino.
-Encanto -dijo Cantor-, ¿qué te ha parecido mi espectáculo?
Miré hacia atrás, suponiendo que habría entrado alguna muchacha. Desdichadamente no era así, y comprendí que se dirigía a mi.
-Eddie, cariño - contesté con entusiasmo verdadero-, ¡has estado soberbio!
Me disponía a lanzarle unos cuantos piropos más cuando me miró afectuosamente con aquellos ojos grandes y brillantes, apoyó las manos en mis hombros y dijo:
-Precioso, ¿tienes algunas Goldman Sachs?
-Dulzura -respondí (a este juego pueden jugar dos)-, no sólo no tengo ninguna, sino que nunca he oído hablar de ellas ¿Qué es Goldman Sachs? ¿Una marca de harinas?
Me tomó por ambas solapas y me atrajo hacia él. Por un momento pensé que iba a besarme.
-¿No me digas que nunca has oído hablar de las Goldman Sachs? -exclamó incrédulamente-. Es la compañía de inversiones más sensacional de todo el mercado de valores. Luego consultó su reloj y dijo:
-Hoy es demasiado tarde. La Bolsa está ya cerrada. Pero, mañana por la mañana, nene, lo primero que tienes que hacer es coger el sombrero y correr al despacho de tu agente para comprar doscientas acciones de Goldman Sachs. Creo que hoy ha cerrado a 156... ¡y a 156 es un regalo! Luego Eddie me palmoteó una mejilla, yo le palmoteé la suya y nos separamos.
¡Amigo! ¡Qué contento estaba de haber ido a ver a Cantor a su camerino! Figúrese, si no llego a ir aquella tarde al Teatro Palace, no hubiese tenido aquella confidencia. A la mañana siguiente, antes del desayuno, corrí al despacho del agente en el momento en que se abría la Bolsa. Entregué el veinticinco por ciento de treinta y ocho mil dólares y me convertí en afortunado propietario de doscientas acciones de la Goldman Sachs, la mejor compañía de inversiones de América
Entonces empecé a pasarme las mañanas instalado en el despacho de un agente de Bolsa, contemplando un gran cuadro mural lleno de signos que no entendía. A no ser que llegara temprano, ni siquiera me era posible entrar. Muchas de las agencias de Bolsa tenían más público que la mayoría de los teatros de Broadway. Parecía que casi todos mis conocidos se interesaran por el mercado de valores. La mayoría de las conversaciones se limitaban a la cantidad que tal y tal valor habían subido la semana pasada, o cosas similares. El fontanero, el carnicero, el panadero, el hombre del hielo, todos anhelantes de hacerse ricos, arrojaban sus mezquinos salarios -y en muchos casos sus ahorros de toda la vida- en Wall Street. Ocasionalmente, el mercado flaqueaba, pero muy pronto se liberaba la resistencia que ofrecían los prudentes y sensatos, y proseguía su continua ascensión.
De vez en cuando algún profeta financiero publicaba un artículo sombrío advirtiendo al público que los precios no guardaban ninguna proporción con los verdaderos valores y recordando que todo lo que sube debe bajar. Pero apenas si nadie prestaba atención a estos conservadores tontos y a sus palabras idiotas de cautela. Incluso Barney Baruch, el Sócrates de Central Park y mago financiero americano, lanzó una llamada de advertencia. No recuerdo su frase exacta, pero venía a ser algo así: "Cuando el mercado de valores se convierte en noticia de primera página, ha sonado la hora de retirarse."
Yo no estaba presente cuando la Fiebre del Oro del cuarenta y nueve. Me refiero a 1849. Pero imagino que esa fiebre fue muy parecida a la que ahora infectaba al todo el país. El presidente Hoover estaba pescando y el resto del gobierno federal parecía completamente ajeno a lo que sucedía. No estoy seguro de que hubiesen conseguido algo aunque lo hubieran intentado, pero en todo caso el mercado se deslizó alegremente hacia su perdición.
Un día concreto, el mercado comenzó a vacilar. Unos cuantos de los clientes más nerviosos fueron presos del pánico y empezaron a descargarse. Eso ocurrió hace casi treinta años y no recuerdo las diversas fases de la catástrofe que caía sobre nosotros, pero así como al principio del auge todo el mundo quería comprar, al empezar el pánico todo el mundo quiso vender.
Al principio las ventas se hacían ordenadamente, pero pronto el pánico echó a un lado el buen juicio y todos empezaron a lanzar al ruedo sus valores que por entonces solo tenían el nombre de tales. Luego el pánico alcanzó a los agentes de Bolsa, quienes empezaron a chillar reclamando garantías adicionales. Esta era una broma pesada, porque la mayor parte de los accionistas se habían quedado sin dinero, y los agentes empezaron a vender acciones a cualquier precio. Yo fui uno de los afectados. Desdichadamente, todavía me quedaba dinero en el Banco. Para evitar que vendieran mi papel empecé a firmar cheques febrilmente para cubrir las garantías que desaparecían rápidamente.
Luego, un martes espectacular, Wall Street lanzó la toalla y sencillamente se derrumbó. Eso de la toalla es una frase adecuada, porque por entonces todo el país estaba llorando. Algunos de mis conocidos perdieron millones. Yo tuve más suerte. Lo único que perdí fueron doscientos cuarenta mil dólares (o ciento veinte semanas de trabajo, a dos mil por semana). Hubiese perdido más pero era todo el dinero que tenía. El día del hundimiento final, mi amigo, otrora asesor financiero y astuto comerciante, Max Gordon, me telefoneó desde Nueva York. Todo lo que dijo fue:
-¡La joda ha terminado!
Antes de que yo pudiese contestar el teléfono se había quedado mudo...se suicidó.
En toda la bazofia escrita por los analistas del mercado, me parece que nadie hizo un resumen de la situación de una manera tan sucinta como mi amigo el señor Gordon. En aquellas palabras lo dijo todo. Desde luego, la joda había terminado. Creo que el único motivo por el que seguí viviendo fue el convencimiento consolador de que todos mis amigos estaban en la misma situación. Incluso la desdicha financiera, al igual que la de cualquier otra especie, prefiere la compañía. Si mi agente hubiese empezado a vender mis acciones cuando empezaron a tambalearse, hubiese salvado una verdadera fortuna. Pero como no me era posible imaginar que pudiesen bajar más, empecé a pedir prestado dinero del Banco para cubrir las garantías.
Las acciones de Cobre Anaconda se fundieron como las nieves del Kilimanjaro (no creas que no he leído a Hemingway), y finalmente se estabilizaron a 2 7/8. La confidencia del ascensorista de Boston respecto a United Corporation se saldó a 3,50. Las habíamos comprado a 60. La función de Cantor en el Palace fue magnífica ¿Goldman-Sachs a 156 dólares? En el punto más bajo de la depresión del mercado, podía comprárselas a un dólar por acción.
El ir al desahucio financiero no constituyó una pérdida total. A cambio de mis doscientos cuarenta mil dólares obtuve un insomnio galopante, y en mi círculo social el desvelamiento empezó a sustituir al mercado de valores como principal tema de conversación..."

Groucho y yo (Groucho Marx)

viernes, septiembre 26, 2008

Opinión Publica 2º noche USAL

Profesor Natalio, que bueno es que haya tomado esta materia en nuestro curso. Mas vale tarde que nunca!!... gracias..

martes, septiembre 16, 2008

Un argentino en la distancia y la OP

Mi padre me preguntaba hoy a 10 mil km de distancia, como veía "la gente" acá lo que pasa con el gobierno, con la valija de Antonini, con Chavez, a lo que le respondí que mi acceso a "la gente" era limitado a las personas con las que hablo diariamente, a los diarios que "me gusta leer" a los programas televisivos "que se pueden ver", a la radio que escucho y a mis propias imagenes mentales de lo que es este mundo, a lo que mi padre me dijo que con eso era suficiente, que podía tener un panorama de lo que pasa y a lo que me vi obligada dar una soberbia respuesta de un "no entendés papa, es mucho mas complicado el tema de la OP" y aclaro que mi padre es un letrado de 56 años. Ahora encuentro una nota del Diario La Nación , sobre una encuesta de OP realizada en el Área Metropolitana, a 680 casos (piensen ustedes cuantas personas viven en el "área metropolitana") sobre "la imagen presidencial" y solo logro confundirme mas.
Me cuesta creerle a las encuestas, o si las creo me pregunto Por que?, creo que sirven, pero que en estos casos solo confunden y forman bandos de ciegos que no saben muy bien lo que realmente cree la mayoría o el resto. Por que el país es muy grande y las opiniones son diversas o no las hay en muchos casos sobre ciertas cosas.
Muchas veces me pasó y sobretodo en las elecciones presidenciales u'ltimas, de verdad creer que todo el mundo tenia que razonar como yo, que había cosas que eran obvias y que no se podían volver a cometer ciertos errores, que las encuestas mentían, y me equivoque, la mayoría del país no coincidió conmigo, coincidio con las encuentas. Acaso yo estoy equivocada, yo estoy confundida? Por que no me representan a mi sola las encuestas? Al final mi padre no tenia razón al preguntarme a mi?, Y al final creo que por ahí sí, ya que a la distancia se puede tener acceso a exactamente los mismos medios que acá. Pero con la diferencia que 'el, esta mas informado, mas leído, pero yo vivo y siento lo que pasa acá, la bronca de la gente, los comentarios de todos los días, la inflación, etc., etc., etc. Eso es estar informado? Me da autoridad para decirle lo que piensa la gente? Por eso cuanto "informan" de verdad las encuentas y los medios, y cuanto puedo captar yo, independientemente de los mismo? no lo se, todavia lo estoy descubriendo.
Aca va la encuesta por si interesa.

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1049992&high=Julio

Pardon pour les accents.

EH

jueves, septiembre 11, 2008

ROMANCE DE LA VENGANZA

Cazador alto y tan bello > como en la tierra no hay dos, > se fue de caza una tarde > por los montes del Señor. > Seguro llevaba el paso, > listo el plomo, el corazón > repicando, la cabeza > erguida, y dulce la voz. > Bajo el oro de la tarde > tanto el cazador cazó, > que finas lágrimas rojas > se puso a llorar el sol… > Cuando volvía cantando > suavemente, a media voz, > desde un árbol, enroscada, > una serpiente lo vio. > Iba a vengar a las aves, > mas, tremendo, el cazador, > con hoja de firme acero > la cabeza le cortó.
> Pero aguardándolo estaba > a muy pocos pasos yo... > Lo até con mi cabellera > y dominé su furor. > Ya maniatado le dije: > –Pájaros matasteis vos, > y voy a tomar venganza, > ahora que mío sois... > Mas no lo maté con armas, > busqué una muerte peor: > lo besé tan dulcemente > ¡que le partí el corazón!
> > Cazador: si vas de caza > por los montes del Señor, > teme que pájaros venguen > hondas heridas de amor... > >

Alfonsina Storni >
Es increible como escribía esta mujer!

domingo, septiembre 07, 2008

El ciego y el publicitario

Siguiendo con los textos ajenos, descubrí a través de una nota que un tío dedicado a la publicidad hizo para Horizonte A la historia del ciego y el publicitario.

Aparentemente, a través de cadenas de mails ha dado la vuelta al mundo. Y en Cannes una versión de este cuento recibió un premio. Posteriormente, el corto "Historia de un letrero" fue acusado de plagio por los creadores de "Una limosna por favor", otro corto muy pero muy parecido creado tiempo atrás.

Más allá de la polémica, me pareció muy buena la historia.

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EL CIEGO Y EL PUBLICISTA


Había un ciego sentado en un andén en París, con una gorra a sus pies y un pedazo de madera escrito con tiza blanca: "Por favor, ayudeme, soy ciego".

Un publicista del área creativa, que pasaba junto a él, se detuvo y se dio cuenta de que había muy pocas monedas en la gorra. Sin pedir permiso, cogió el letrero, agarró la tiza, escribió otro anuncio, volvió a colocar el pedazo de madera a los pies del ciego y se fue.

Al caer de la tarde, el publicista volvió a pasar al lado del ciego que pedía limosna. Su gorra, ahora, estaba llena de notas y monedas. El ciego reconoció las pisadas del publicista y le preguntó si había sido él quien había reescrito el letrero, sobre todo queriendo saber lo que él había escrito.

El publicista respondió: "Nada que no esté de acuerdo con su anuncio, pero con otras palabras". Y, sonriendo, continuó su camino.

El ciego nunca supo lo que estaba escrito, pero su nuevo letrero decía: "Hoy es primavera en París y yo no puedo verla".
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HISTORIA DE UN LETRERO


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Siempre me gustó pensar que uno lleva su vocación a todos lados, y que el trabajo de uno, más allá del beneficio económico y la realización personal, puede ayudar a un tercero.

Hace mucho que no escribía y venía prometiendo un artículo un poco más profundo que el de Zambayonny. Espero haber cumplido.

Por último, también encontré googleando algo interesante para aquellos que sienten que siembran semillas de girasol en la arena: Geraea Canescens, o la audacia de la esperanza.

Saludos,
Mati

martes, septiembre 02, 2008

China: Capital Humano

Planeta Deporte

La prueba de la Gran Muralla

Por David Owen Financial Times
Martes 2 de setiembre de 2008


Hace dos años y medio, Tanni Grey-Thompson me dijo que los Juegos Paralímpicos de Pekín podrían representar la oportunidad más importante que ha tenido China de hacer cambios sociales para las personas discapacitadas. La más destacada atleta británica en silla de ruedas agregó: "No creo que tengan idea del efecto que les causarán los cuatrocientos cincuenta atletas discapacitados que irán a Pekín. Las cosas cambiarán".

Poco antes de que empiecen los Juegos, cosa que ocurrirá el sábado, Grey-Thompson está sentada en una pizzería de la capital china, confesando que se ha convertido en fanática de Pekín. Su declaración puede explicarse a partir de una serie de sucesos que, en el curso de las últimas semanas, han revelado que las actitudes de Pekín respecto de los minusválidos son favorables cuando se las compara con otros sitios. El último de esos episodios fue que el esposo de Grey-Thompson consiguió que en una bicicletería arreglaran sin problemas una pinchadura de su silla de ruedas por apenas 80 peniques. "En cualquier otro lado -dice ella-, hubiéramos tenido que recorrer siete u ocho kilómetros para que nos dijeran: «No hacemos estas cosas», o: «Son veinte libras»."
Habitualmente no resulta fácil definir cuáles son los beneficios que una ciudad anfitriona obtiene de los Juegos Olímpicos. Pero ese problema no se plantea esta vez en el caso de los Juegos Paralímpicos. Ellos se han convertido en una herramienta poderosa para lograr que una ciudad sea más "vivible" para sus habitantes y visitantes minusválidos.


Un ex funcionario griego de alto nivel me dijo que, antes de que fueran mejorados los hoteles de Atenas al prepararlos para los Juegos de 2004, sólo había alrededor de 40 habitaciones con accesos para sillas de ruedas en toda la ciudad. "Ahora, hasta la Acrópolis es accesible para personas discapacitadas", me explicó.Por supuesto, no debería hacer falta algo tan extravagante como un festival deportivo global para que se hicieran esas mejoras. Sin embargo, en el mundo real es difícil conseguir herramientas tan eficaces como un plazo inmutable y la inminente atención de un público global para lograr que los planificadores urbanos entren en acción.
En el caso de Pekín, las experiencias de Grey-Thompson sugieren que los preparativos han sido exhaustivos. Retirada ahora de las competencias paralímpicas, la deportista, que ha ganado varias medallas doradas, ha tenido tiempo de explorar la ciudad con su familia.


Durante un paseo de más de quince kilómetros, explica, sólo encontraron una sola vereda sin cordón preparado para sillas de ruedas. "Por todas partes, hay indicaciones táctiles para ciegos -dice-. Aparentemente, esta semana terminan con las mejoras para hacer el subterráneo accesible Son muy hábiles para hacer todo con gran rapidez." Debo decir que mi investigación revela que eran muy necesarias estas mejoras, por lo menos en un área: un colega destacado en Pekín me informa que las pocas instalaciones para minusválidos existentes en las líneas de subterráneo más antiguas, como las rampas, son aisladas y con frecuencia están interrumpidas por tramos de escaleras.

"Nunca en mi vida he visto a alguien discapacitado tomar el subte en China", dice.Grey-Thompson también está impresionada por la sensibilidad de sus anfitriones chinos. "Ningún chino me ha tratado de manera condescendiente desde que estoy aquí. Te aceptan tal como eres, te observan y aprenden. En casa, todo el mundo me trata de manera condescendiente, y ha sido igual desde hace veinte años."¿Pero Pekín puede pasar el test de la Acrópolis? Como Atenas cuatro años atrás, la ciudad anfitriona de estos Juegos Paralímpicos está situada cerca de una de las maravillas del mundo: la Gran Muralla china.Como ocurre en el caso de la Acrópolis, es algo tan espectacular que exige ser visitado. Pero durante mi propia visita a la muralla, en un lugar llamado Simatai -que, debo admitir, no es el acceso más próximo-, el último tramo a pie hasta llegar a la muralla era tan empinado que no vi cómo podría ser accesible para los deportistas paralímpicos que convergerían en la capital.

Lo que me dijo Grey-Thompson sobre este punto me dejó atónito. Sí, fue a sentarse en la Gran Muralla. Y eso porque después de ascender parte del camino en un funicular, tres hombres -dos choferes y un traductor- la llevaron en andas "fácilmente dos kilómetros" para recorrer el último tramo empinado. "Si hubiera estado en mi país -dice-, no hubiese llegado ni a cinco kilómetros de un lugar con las características y la altura de éste." Tal vez, no debería haberme sorprendido tanto: después de todo, ésta es la nación más populosa del mundo, y la potencia de sus recursos humanos ha sido evidente en la manera en que ha enfrentado toda clase de desafíos en este año singular, especialmente en la apertura de los Juegos.Puedo imaginar que habrá cantidad suficiente de robustos portadores para ofrecer a los atletas paralímpicos un servicio similar al que le proporcionaron a Grey-Thompson, en particular durante los últimos días de los Juegos Paralímpicos, cuando seguramente será mayor la demanda de visitas a la Gran Muralla. Sin embargo, los usuarios de sillas de ruedas que visiten la ciudad, tal vez, no sean tan afortunados. Grey-Thompson dice que quiere "regresar dentro de un año para ver cuál es la actitud reinante, y si se han producido más cambios". Si puede volver a sentarse en la Gran Muralla, eso será, por cierto, motivo de celebración.

Traducción: Mirta Rosenberg

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1045417&high=planeta

sábado, agosto 30, 2008

De esta miel no comen las hormigas

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INFORME > GOSSIP GIRLS
Para ellas, el lujo no es vulgaridad

La nueva generación de herederas que se miran en el espejo de los shows de ricos & famosos. ¿Querés ser Paris Hilton?

Txt. Nicolás Artusi. Producción: Victoria Cerruti

Pop Princess, sustantivo.
I.a. Término para designar a popstars americanas surgidas entre 1999 y 2002.
b. Desde el 2004, aplicado a estrellas de reality shows con influencia en la cultura de masas, como The Hills y Laguna Beach.
II. Uso extendido: toda heredera de una familia real del pop.

Oxford English Dictionary.
......................................................
Viernes, mediodía. El salón del McDonald's de Olivos parece el comedor del Elite Way School, aquel colegio de ficción donde la niña rica se declaraba rebelde, way: de un lado y otro del mostrador, todos de uniforme. Acá se impone el bilingüe y ahí donde "McNugget" se pronuncie con dicción británica habrá una alumna del Northlands. O del St. Charles. Come on, girls: las chicas se prestan a la modesta invitación del Sí!, que paga el almuerzo, y el cronista juega a ser testigo invisible de las charlas de estas princesas: "En mi colegio hay una chica peruana. Pobre".


En el prime time televisivo, Susana Giménez invita a embajadores de las últimas "tribus urbanas", y pregunta: "¿Qué es un cheto?". Chica emo: "Alguien que tiene mucha plata y va a comer a Las Cañitas". Susana: "¡Entonces yo soy cheta!". Si es cierto que las chetas ya llegan a los 60 años, ahora es el tiempo de las "Gossip Girls": estimuladas por una ola de programas como The OC, Laguna Beach, The Hills y, claro, Gossip Girl, una nueva generación de herederas que defienden su derecho a ser ricas, cursan los últimos años de la secundaria (dirán "high school") y se miran en el espejito, espejito, de Paris Hilton o Lauren Conrad, la "pop princess" 2.0: para ellas, el lujo no es vulgaridad.

"Tenemos en común un patrón de belleza: rubias, flacas y a la moda", se enorgullece Sofía (sólo acepta el convite de una Sprite. Cero): "En Gossip Girl muestran una parte de la historia: sólo la vida ideal, pero los ricos también tienen problemas". Carolina recuerda estas vacaciones en Nueva York, donde derrochó en doce pares de zapatos. Y si alguna zafa de la zancadilla progre del cronista ("¿cuánto vale un boleto de colectivo?") con la honestidad de la que sólo se mueve en remise ("ni idea"), Inés festeja las ocurrencias de Casi Angeles, donde los ricachones del colegio Rockland tienen la lengua aceitada: "A la pobre le dicen 'aceituna': negra, chiquita y rapidita". Risas. "¡Aguanten los huérfanos!", será la reacción de la mesa ante el brulote, aunque Carolina se sincera: "En la vida real, seríamos del Rockland".

Hipersexuadas aun en la minoría de edad, más divinas que populares, todas con vocación artística (¡actuar, cantar, bailar!), las gossip girls sueñan con ser (casi) famosas mientras un fotolog las pueda convertir en estrellas ("Cumbio es una grasa, salió en Policías en acción", coinciden) y el Facebook multiplique la ilusión de tener un millón de amigos. "Gossip Girl capturó el zeitgeist, o espíritu de esta época", resumió Vanity Fair, la revista de mayor densidad de millonarios por centímetro cuadrado: "El punto exacto donde se unen el sex appeal y la sociología pop".
Mientras la Avenida del Libertador se empapela con afiches que acusan "montonera, mentirosa, atea y grasa", a cinco cuadras de la Quinta Presidencial de Olivos, las gossip girls hablan de la Presidenta: "La odio".

Sofía: -El otro vi a la hija en Rumi y le quise pegar.

Inés: -¿Fue en el Mini Cooper?

Todas: -Ay, qué horror.

La conciencia social se insinúa en el imperio de la carne picada ("una chica de mi colegio se enteró de la crisis del campo cuando viajó con la gira de hockey", se escandaliza Inés) y, como una ironía para el Gobierno que se anunció setentista, corren a la Presidenta por izquierda: "Con todos los pobres que hay... ¡ella está mejor vestida que Carla Bruni!".

En el mediodía del McComedor, la gossip girl se apronta para el turno tarde, con el jumper aún en la mochila: se cambiará en el baño. ¡Esto es valor! En el campus, las materias extracurriculares ("Robotics", "Scottish Dancing", "Magic Club") competirán con las disputas entre "casas", al estilo de la escuela Hogwarths, y con los restos de la alta suciedad: "Entre ricos se discrimina a los menos ricos. Los que tienen mucha-mucha plata, como los del colegio Lincoln, tratan a los otros de grasas y negros, aunque sean gente normal", analiza Sofía. Y si "odio música en mi idioma" será máxima para la habitué de la matiné de Sunset y Ku, el mundo ideal sólo queda al Norte, del conurbano y del continente: "¡Mis amigas no conocen el Obelisco!".

http://www.clarin.com/suplementos/si/2008/08/29/3-01748263.htm


NS

viernes, agosto 29, 2008

El crimen organizado hace que la Argentina sea ya un "sicariato"

Nota de Opinión. Por Alvaro Abós
Publicada en el diario La Nación el 29/08/08

El crimen organizado hace que la Argentina sea ya un "sicariato"
El Estado, impasible frente a este avance

Por Alvaro Abós Para LA NACION
¡Ni Dashiell Hammett podría haber imaginado un comienzo de novela así! En un desolado baldío de extramuros, un vecino descubre tres cadáveres acribillados. Corresponden a tres ciudadanos ejemplares. Buenos padres de familia que cuentan con sólidos ingresos y modernos autos. Viven en Pilar o en otros barrios de la clase media acomodada. El hallazgo tiene todos los ingredientes para convertirse en un "caso" que fascine a la opinión pública: truculencia, misterio y unas víctimas con las cuales la opinión pública biempensante puede sentirse identificada: los ejecutados no son unos ladroncitos cualquiera; el triple crimen no parece un ajuste de cuentas entre hampones, sino que salpica a "gente como nosotros". Después se sabrán otras cosas. Como en un thriller...
Pero esta novela argentina no sucede en el Poisonville de Cosecha roja. No hay un detective privado que resuelva el misterio. El investigador es el Estado. Por lo tanto, falla una de las reglas del género, la que prescribe que un crimen siempre debe ser resuelto.
Ojalá me equivoque, pero, ¿se resuelve algún crimen en la Argentina? El propio gobernador de la provincia pareció aliviado cuando dijo que el de General Rodríguez "es un crimen de la mafia", como diciendo: "No nos compete". O "nos supera". Por cierto que le compete, pues ¿hay algo más preocupante para la sociedad que la impunidad del crimen organizado?
Con el episodio de General Rodríguez nos desayunamos de que la narcomafia opera hace tiempo en el país. De que los barones del crimen internacional entran y salen como Pancho por su casa. Conforme lo han difundido profusamente en TV los opinadores "mafioespecialistas" que de inmediato proliferaron como hongos, la Argentina pasó de ser un país de tránsito para el narcotráfico a ser un país de cultivo. Como corresponde a nuestra nunca bien ponderada velocidad idiomática, se creó un neologismo: el "sicariato", país del sicario, es decir, paraíso del crimen por encargo. En eso se habría convertido la Argentina.
Estas y otras escalofriantes revelaciones no parecieron alarmar demasiado al ministro de Justicia, convencido como está de que el Estado ya ha asestado fuertes golpes a la mafia. ¿Qué golpes? De paso, mientras escuchábamos sus opiniones sobre tráfico ilegal de medicamentos y otros horrendos delitos, nos hemos desayunado con que, para el ministro, el "paco" no es una droga peligrosa. De hecho, el ministro de Justicia ni siquiera está seguro de que el "paco" exista ya que "no se sabe bien de qué sustancia está hecho".
Pero, entonces, ¿qué aspiran a la vista de cualquiera miles de chicos de la calle? ¿Una lavanda aftershave ?
Entre las actividades de Forza, uno de los tres asesinados en el baldío de General Rodríguez, estaba la gestión de un laboratorio que supuestamente falsificaba medicamentos, establecimiento que donó 200.000 pesos a la campaña electoral de la Presidenta. Una opinión pública ya sensibilizada por episodios como la valija de Antonini, sobre el que aún estamos esperando explicaciones, o por tantos otros casos de corrupción denunciados y nunca dilucidados, ha registrado, atónita, este nuevo eslabón de una turbia cadena ya muy larga.
Pero no es a las actividades de una de las víctimas del triple crimen a lo que quiero referirme, sino a la situación que el homicidio desnuda: el Estado está abdicando su obligación de garantizar la seguridad de sus ciudadanos. Es cierto que el narcotráfico es una lacra mundial, y por lo tanto sería ingenuo despotricar por que este flagelo salpica nuestras costas. Es cierto que el narcopoder es un jinete del Apocalipsis que se pasea rampante por el universo mundo. Sin embargo, una cosa es admitir la magnitud de un problema y otra es consentir la inacción ante él.
El crecimiento de la criminalidad suma a demasiados connacionales en el terror. Por grave que sea el problema, aún peor es comprobar que no basta con lo que hace el Estado para afrontarlo.
¿Ha creado el Estado cuerpos especiales de seguridad para enfrentar nuevas formas de delito? ¿Qué refuerzos presupuestarios destina el Estado a ese combate? ¿Ha inaugurado nuevas cárceles a tono con los avances mundiales en seguridad penitenciaria? ¿Utiliza -y cómo, si lo hace- los avances de la tecnología virtual para proteger a la población? ¿Se han abierto y/o diseñado escuelas y universidades que estudien estas cuestiones? En tal caso, ¿ cuándo esos profesionales estarán en actividad? ¿Es cierto que para el Estado es más importante perseguir el tránsito de narcóticos (o sus sustancias preparatorias) que su acopio o su fabricación?
Mientras redacto este artículo, un título en los diarios me llama la atención. Informa que se nombrarán magistrados especializados en la lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico, que se prepararán cuerpos de seguridad dotados de tecnología ultrasofisticada y que está a la firma un acuerdo nacional que suscribirán jueces, gobernadores, alcaldes, funcionarios, políticos y organizaciones sociales para hacer frente, todos juntos, a la lacra criminal. Pero esto sucede... ¡en México!
Hace ya un cuarto de siglo que la Argentina dejó atrás la pesadilla de la dictadura. Los policías que hoy combaten el delito en las calles del país estaban en el vientre de la madre o jugando con sonajeros cuando Bignone le puso la banda a Alfonsín. Hemos tenido tiempo de sobra no sólo para depurar las fuerzas de seguridad, sino para crear otras, desde cero. Unas fuerzas de seguridad democráticas, que batallen con eficacia contra el crimen.
Nada parece haberse hecho. En cambio, proliferan torvas memorias que a cada momento interfieren en el que debería ser un objetivo prioritario del Estado: proteger a la población. Hubo, en los albores de la democracia, un comisario llamado Juan Pirker, jefe de la Federal, que se puso a la tarea. Un policía ejemplar. Concitó el apoyo de la sociedad, que lo acompañó en lo que parecía una cruzada. Lamentablemente, aquel hombre se inmoló. Su salud no soportó la magnitud del reto. Un infarto masivo lo abatió sobre su despacho.
El Gran Buenos Aires es hoy una llaga que causa vergüenza a cualquier argentino bien nacido, porque allí pobreza y crimen se entrelazan. Mientras que la cantidad de villas miseria del segundo cordón ha crecido cuatro veces desde 2003, en uno de sus partidos emblemáticos, San Martín, se produce un robo cada cuarenta segundos.
Todo Estado de Derecho tiene dos deberes convergentes e irrenunciables: investigar y castigar los crímenes cometidos por fuerzas de seguridad en el pasado y controlar cualquier extralimitación en la represión actual del crimen. Pero incentivar climas de sospecha y hostilidad hacia los cuerpos de seguridad de un Estado de Derecho, basándose en el pasado, es un suicidio. No comprender la demanda de seguridad que hoy formula la población, sea cual fuere su condición social, es un error político garrafal. La protección ante el crimen no es de derecha ni de izquierda. Es un anhelo de cualquier comunidad. Tan legítimo y acuciante como la protesta contra la inequidad del ingreso o la ofensa de la pobreza.
El triple homicidio de General. Rodríguez y sus detalles macabros serán leídos por los medios de comunicación como un relato espeluznante. Es inevitable, porque la realidad, como siempre, es más imaginativa que cualquier ficción. Pero detrás del lívido rostro de esta novela policial de la realidad, existe un asunto de Estado. La mafia le dejó al asesinado Forza, en la puerta de su farmacia, una silla de ruedas, como tétrica advertencia de que le iban a tirar a las piernas. Le tiraron a la cabeza.
Francis Ford Coppola estuvo varios meses en Buenos Aires, caminando por sus calles, metiéndose en todos los rincones de la ciudad mientras preparaba y luego filmaba una película que aún nadie ha visto, pero que él tituló Tetro . El país del desolado baldío de General Rodríguez es un tétrico escenario criminoso. Ford Coppola, como gran artista de este tiempo, descifra la realidad mejor que cualquier funcionario o sociólogo de época. El leyó una Argentina que es tétrica.

Por si alguno le interesa acá hay un link a la nota y uno a una mini bibliografía de Alvaro Abós publicada por la Fundación Konex en 2004

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1044297&pid=4977658&toi=6276

Saludos, Rosario Gonzalia

domingo, agosto 24, 2008

Backstage de un milagro menor

Por Hernán Casciari

Voy a contar algo que ocurrió hace un mes y que, por un momento, nos pareció un milagro de entrecasa. Podría narrar el milagro sin dar a conocer su lógica interna, escondiéndoles a ustedes la explicación que lo desbarata. Pero no haré eso, porque me quedaría un cuentito fantástico y nada más. Voy a narrar los hechos sin trucos. Ustedes verán a las marionetas pero también los hilos que las mueven. Dicho esto, la historia empieza con una mujer, sentada en un sillón, y sigue con una chica de once años que va en coche por la ruta.
La mujer, que también es mi madre, acaba de echar a todo el mundo de su casa (a los amigos, a los hermanos, a los nietos) porque necesita quedarse sola, llorar sola y esperar sola a que llegue el sueño. Hace cincuenta y dos horas que no duerme. Ahora intenta descansar y se desploma en el mismo sillón donde dos días antes murió su esposo, que también era mi padre.
Es la noche del once de julio, hoy hace un mes. Por primera vez en cuarenta años, esta mujer cierra la puerta de su casa sin que dentro viva nadie más.
El truco comienza en este párrafo, porque a diez kilómetros, por la ruta cinco, van en coche mi hermana, su marido y sus hijos, de regreso a La Plata después del entierro. Es de noche y nadie habla, porque ha sido un día muy triste y después una noche muy larga.
Una chica de once años, que se llama Manuela y es mi sobrina, se recuesta sobre la ventanilla a ver pasar las luces del camino; saca de su mochila un teléfono móvil y se pone a revisar los contactos. Nadie le presta atención.
Volvamos a Mercedes. La mujer que es mi madre aprovecha su primera soledad para desahogarse sin testigos. No ha podido hacerlo antes porque no tuvo un segundo sin compañía, sin abrazos o presencias. Se ha mostrado fuerte en todas partes: serena en el salón y en los pasillos de la casa velatoria, y también entera en las calles del cementerio, frente a la bóveda. Saludó, besó y agradeció a todo el mundo; cabizbaja y líquida, es verdad, pero sin desbordes. Ha durado cincuenta horas sin hacer un solo escándalo en público. Ahora, por fin, está sola.
Se pone a gritar como si la hubiesen quemado.
Lejos de allí, cruzando el peaje de Luján-Mercedes, uno de mis sobrinos observa el celular que maneja Manuela, su hermana. No es el teléfono de siempre, el rosa de juguete, sino uno distinto de color negro, que parece real. El hermano pregunta:
—¿De dónde lo sacaste?
Manuela no le responde y se queda mirando por la ventana. El hermano insiste:
—¿Es un teléfono de verdad?
Entonces Manuela se acerca a su oído y le contesta, en voz muy baja para que sus padres no la escuchen:
—Es el celular del abuelo Roberto —y también dice—: tiene crédito.
Como se ve, lo que va a pasar dentro de un rato no tiene nada que ver con un milagro, pero sigamos con los hechos naturales: en la que fue mi casa, en la que es mi casa, la mujer sigue con sus gritos. No son lamentos al azar, no son aullidos ni onomatopeyas salvajes, sino preguntas retóricas dirigidas a su esposo, en tono de reprobación y con timbre de barítono.
La mujer le reprocha al marido, en voz alta, la poca consideración que tuvo al no haber informado sobre su muerte, tan repentina y a destiempo. Se levanta del sillón y le habla. Las frases que dice no tienen sentido, por lo menos no en el terreno de la lógica, pero a la viuda le bastan y le sobran para desahogarse.
Ella sabe que gritar ¡por qué no me avisaste! no sirve para nada, pero lo dice de todas formas. Y lo repite, y lo repite una vez más, porque los reproches inútiles, en las casas vacías, suenan mejor con la insistencia.
Con el tiempo aprenderá a usar el pensamiento, a conversar en silencio, sin hacer uso de los gestos ni la boca, pero ahora la mujer es inexperta y le habla a su esposo a viva voz. Le habla al sillón, en realidad. Ya no le grita: de a poco la escena se convierte en una conversación típica del matrimonio, en una crisis menor, en uno de los muchos monólogos nocturnos en donde ella siempre gritó y el otro siempre hizo silencio.
—Siempre igual vos —le dice—. Cuando hay problemas, calladito.
En el coche dos de mis sobrinos duermen; Manuela no. Sigue mirando las luces por la ventanilla, con el teléfono todavía en la mano. Se llevó ese teléfono porque nadie más lo iba a usar, y porque ella todavía no tiene uno. Más tarde confesaría que no fue un robo: dos o tres veces quiso pedírselo a su mamá, pero ella siempre estaba llorando o dejándose abrazar por gente. En un momento se lo mostró a su abuela y le dijo, con mucha vergüenza:
—Chichita, ¿lo puedo usar yo ahora?
Y su abuela hizo que sí con la cabeza, pero era un sí a cualquier cosa, no estaba mirando a ninguna parte. Por eso ahora la chica piensa en la abuela triste, en su cara de agotamiento y pena, y siente culpa por haberla dejado sola, en Mercedes. Se despidieron en la puerta, sus padres le ofrecieron quedarse, o que se fueran todos a La Plata, pero la abuela no quiso:
—Alguna vez tengo que estar sola —dijo, y se encerró.
Su abuela es fuerte, piensa Manuela, ella no se habría animado a quedarse sola tan pronto. Es fuerte pero está triste. En once años, en toda su vida, Manuela no había visto nunca a Chichita con los ojos sin brillo. Entonces abre el teléfono y le escribe.
El hilo y las marionetas se unen en este segundo, porque al mismo tiempo que la nieta pulsa la primera letra del mensaje, la viuda, que conversa en casa con su esposo, le está pidiendo una señal al muerto.
—Dame una señal —dice la mujer, que es también mi madre, mirando el sillón vacío.
No es increíble, no es mágico que Manuela escriba su mensaje en este punto de la historia. Bien mirado, es natural. Es cierto que también pudo haber ocurrido primero una cosa y mucho después la otra, incluso con horas de diferencia, pero están pasando las dos a la vez y no debe asombrar a nadie.
La chica escribe en el coche mientras la mujer, en su casa, le pide a su marido —en voz muy alta— que le dé una señal. También le pregunta qué hará ella ahora, sin los hijos y sin él; cómo se recompone la rutina; dónde están las facturas y cómo se pagan; quiere saber si el tiempo cura; pretende que él la ayude a tramitar la pensión; le pide otra vez una señal; le dice que tendría que haber sido al revés, y dentro de veinte años; pero sobre todo al revés.
Mezcla la desesperación filosófica con el planteo doméstico, a veces en la misma frase. Habla con serenidad, pero ya sin control, a la vez que Manuela redacta una frase muy simple, de cuatro palabras, a sesenta kilómetros de allí:
—NO ESTÉS TRISTE, DESCANSÁ —es lo que escribe mi sobrina, y envía el mensaje. Después acomoda la cabeza en el hombro de su hermano, y se queda dormida.
Miremos por un instante cómo viaja el texto hasta un satélite, cómo rebota la frecuencia y se convierte en bytes. Veamos la escena desde todos los ángulos, para asegurarnos de que no hay milagro posible, que todo tiene la lógica del tiempo y del espacio.
Mientras las palabras de su nieta viajan en medio de la noche, la mujer sigue con su monólogo encendido. Sospecha que su esposo resultará un muerto tímido, como lo fue en vida, poco dado a lo trascendental, porque no aparece. Supone que le costará hacerse presente, dejarse ver. Y así se lo dice:
—Vos no sos la clase de tipo que se aparece después de muerto, yo sé que te da vergüenza, pero tenés que hacer un esfuerzo. Vos…
Entonces suena, en la casa vacía, el celular de la mujer. Ella se queda con la palabra en la boca y camina hacia el milagro falso, mientras se pone los lentes de leer de cerca. Observa, en la pantalla del teléfono, una frase imposible, en letras mayúsculas:
ROBERTO HA ENVIADO
UN MENSAJE DE TEXTO
La mujer, que es también mi madre, presiona un botón y repasa las cuatro palabras que hace diez segundos ha escrito Manuela desde el coche.
No estés triste, descansá.
Se queda un rato largo mirando la pantalla, con los dedos inmóviles. No parpadea ni respira. Tiene la luz verde del teléfono en los ojos, y los ojos muy abiertos.
Después la mujer sale del comedor más serena, sin mirar el sillón ni decir una palabra más. Tiene la garganta seca de tanto monólogo. Apaga las luces de la cocina, entra a su cuarto y se acuesta. Se queda dormida y descansa.
Al día siguiente ocurren otras cosas. No todas son maravillosas, pero tampoco todas son horribles.
La historia acaba así, no hay nada más. Podría haber explicado el cuento omitiendo las escenas del coche, y habría salido una historia más o menos prodigiosa, con una viuda que pide una señal y un marido muerto que le responde. Pero no fue así. Conté las cosas como fueron, con el backstage incluido, porque las anécdotas son mejores cuando no tienen nada del otro mundo.

jueves, agosto 21, 2008

ooh!

Los comunicadores prematuros comenzaron a comunicar.


http://alumnosusal.blogspot.com/


Convendra que comuniquemos?

A muchos de nosotros si.
A muchos de los otros, no.


Y bue.. es lo que mamamos.

jueves, agosto 14, 2008

AOP se distrae



La última vez que nos encontramos Jorge Luis Borges y yo, estábamos muertos.


Para distraernos, nos pusimos a hablar de la eternidad.







Juan José Arreola