domingo, octubre 12, 2008

La Isla desierta

Entramos, en grupos de 10, ruidos, murmullos, sillas que chocaban las piernas, pisadas sin querer al compañero de adelante, todo en una total oscuridad, pero de esa que ni siquiera con los ojos bien cerrados uno puede lograr.

Al principio una sensación de encierro, ahogo por momentos, de no saber donde está uno, donde están los demás, y esas voces que te guían, quienes son, donde están.

De a poco empieza a iluminarse el lugar, se escucha un tango del que no conozco el autor, claramente uno ve a Buenos Aires, sus calles, su cielo, su gente. Y comienza así a desarrollarse la obra, pero una muy particular, en la que uno se siente dentro, como un personaje más. Una obra que realmente logra eso tan increíble a lo que solo se llega leyendo. Pero más.

Por medio del oído, del olfato y del tacto, me sentí en un puerto, en una oficina, en una isla, hasta la China me hicieron llegar, y mucho más.

Lo mejor que lograron fue que no me decepcionara de mi imaginación. Y hablo de esa decepción de cuando uno lee un libro y después ve la película o la ve en teatro y se olvida de los rostros que había imaginado, de los lugares que vió y los sustituye por las imágenes que recibe de creaciones ajenas, muchas veces muy buenas, pero que no dejan de ser ajenas.
Yo había leído la obra, hace mucho, en el colegio, ayer estuve ahí.

“La isla Desierta” de Roberto Arlt interpretada por el Centro Argentino de Teatro Ciego. No puedo más que recomendarlo.
Te: (005411) – 63798596, Zelaya 3006 (esquina Jean Jaures al 700), Abasto, Cap. Fed.




Eugenia Hermida

4 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Qué decir, no?
Ahora voy a tener que ir para comentar algo.

Anónimo dijo...

Ay, Eugenia. No hay que ir al teatro. Es tan peligroso como la literatura.

Eugenia Hermida dijo...

...y la música y...
Estamos perdidos entonces...

Anónimo dijo...

Si gente, tengan cuidado. La cultura es un viaje de ida. Y para eso no hay clínicas de rehabilitación.