viernes, marzo 24, 2006

Carta abierta a la Junta Militar - Rodolfo Walsh

1. La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años. El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades.El 24 de marzo de 1976 derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban parte, a cuyo desprestigio contribuyeron como ejecutores de su política represiva, y cuyo término estaba señalado por elecciones convocadas para nueve meses más tarde. En esa perspectiva lo que ustedes liquidaron no fue el mandato transitorio de Isabel Martínez sino la posibilidad de un proceso democrático donde el pueblo remediara males que ustedes continuaron y agravaron.Ilegítimo en su origen, el gobierno que ustedes ejercen pudo legitimarse en los hechos recuperando el programa en que coincidieron en las elecciones de 1973 el ochenta por ciento de los argentinos y que sigue en pie como expresión objetiva de la voluntad del pueblo, único significado posible de ese "ser nacional" que ustedes invocan tan a menudo.Invirtiendo ese camino han restaurado ustedes la corriente de ideas e intereses de minorías derrotadas que traban el desarrollo de las fuerzas productivas, explotan al pueblo y disgregan la Nación. Una política semejante sólo puede imponerse transitoriamente prohibiendo los partidos, interviniendo los sindicatos, amordazando la prensa e implantando el terror más profundo que ha conocido la sociedad argentina.2. Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror. Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez, abogado, periodista, observador internacional. El secreto militar de los procedimientos, invocado como necesidad de la investigación, convierte a la mayoría de las detenciones en secuestros que permiten la tortura sin límite y el fusilamiento sin juicio.(1)Más de siete mil recursos de hábeas corpus han sido contestados negativamente este último año. En otros miles de casos de desaparición el recurso ni siquiera se ha presentado porque se conoce de antemano su inutilidad o porque no se encuentra abogado que ose presentarlo después que los cincuenta o sesenta que lo hacían fueron a su turno secuestrados. De este modo han despojado ustedes a la tortura de su límite en el tiempo. Como el detenido no existe, no hay posibilidad de presentarlo al juez en diez días según manda un ley que fue respetada aún en las cumbres represivas de anteriores dictaduras.La falta de límite en el tiempo ha sido complementada con la falta de límite en los métodos, retrocediendo a épocas en que se operó directamente sobre las articulaciones y las vísceras de las víctimas, ahora con auxiliares quirúrgicos y farmacológicos de que no dispusieron los antiguos verdugos. El potro, el torno, el despellejamiento en vida, la sierra de los inquisidores medievales reaparecen en los testimonios junto con la picana y el "submarino", el soplete de las actualizaciones contemporáneas. (2)Mediante sucesivas concesiones al supuesto de que el fin de exterminar a la guerilla justifica todos los medios que usan, han llegado ustedes a la tortura absoluta, intemporal, metafísica en la medida que el fin original de obtener información se extravía en las mentes perturbadas que la administran para ceder al impulso de machacar la sustancia humana hasta quebrarla y hacerle perder la dignidad que perdió el verdugo, que ustedes mismos han perdido.3. La negativa de esa Junta a publicar los nombres de los prisioneros es asimismo la cobertura de una sistemática ejecución de rehenes en lugares descampados y horas de la madrugada con el pretexto de fraguados combates e imaginarias tentativas de fuga.Extremistas que panfletean el campo, pintan acequias o se amontonan de a diez en vehículos que se incendian son los estereotipos de un libreto que no está hecho para ser creído sino para burlar la reacción internacional ante ejecuciones en regla mientras en lo interno se subraya el carácter de represalias desatadas en los mismos lugares y en fecha inmediata a las acciones guerrilleras.Setenta fusilados tras la bomba en Seguridad Federal, 55 en respuesta a la voladura del Departamento de Policía de La Plata, 30 por el atentado en el Ministerio de Defensa, 40 en la Masacre del Año Nuevo que siguió a la muerte del coronel Castellanos, 19 tras la explosión que destruyó la comisaría de Ciudadela forman parte de 1.200 ejecuciones en 300 supuestos combates donde el oponente no tuvo heridos y las fuerzas a su mando no tuvieron muertos.Depositarios de una culpa colectiva abolida en las normas civilizadas de justicia,incapaces de influir en la política que dicta los hechos por los cuales son represaliados, muchos de esos rehenes son delegados sindicales, intelectuales, familiares de guerrilleros, opositores no armados, simples sospechosos a los que se mata para equilibrar la balanza de las bajas según la doctrina extranjera de "cuenta-cadáveres" que usaron los SS en los países ocupados y los invasores en Vietnam.El remate de guerrilleros heridos o capturados en combates reales es asimismo una evidencia que surge de los comunicados militares que en un año atribuyeron a la guerrilla 600 muertos y sólo 10 ó 15 heridos, proporción desconocida en los más encarnizados conflictos. Esta impresión es confirmada por un muestreo periodístico de circulación clandestina que revela que entre el 18 de diciembre de 1976 y el 3 de febrero de 1977, en 40 acciones reales, las fuerzas legales tuvieron 23 muertos y 40 heridos, y la guerrilla 63 muertos. (3)Más de cien procesados han sido igualmente abatidos en tentativas de fuga cuyo relato oficial tampoco está destinado a que alguien lo crea sino a prevenir a la guerrilla y Ios partidos de que aún los presos reconocidos son la reserva estratégica de las represalias de que disponen los Comandantes de Cuerpo según la marcha de los combates, la conveniencia didáctica o el humor del momento.Así ha ganado sus laureles el general Benjamín Menéndez, jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, antes del 24 de marzo con el asesinato de Marcos Osatinsky, detenido en Córdoba, después con la muerte de Hugo Vaca Narvaja y otros cincuenta prisioneros en variadas aplicaciones de la ley de fuga ejecutadas sin piedad y narradas sin pudor (4). El asesinato de Dardo Cabo, detenido en abril de 1975, fusilado el 6 de enero de 1977 con otros siete prisioneros en jurisdicción del Primer Cuerpo de Ejército que manda el general Suárez Masson, revela que estos episodios no son desbordes de algunos centuriones alucinados sino la política misma que ustedes planifican en sus estados mayores, discuten en sus reuniones de gabinete, imponen como comandantes en jefe de las 3 Armas y aprueban como miembros de la Junta de Gobierno.4. Entre mil quinientas y tres mil personas han sido masacradas en secreto después que ustedes prohibieron informar sobre hallazgos de cadáveres que en algunos casos han trascendido, sin embargo, por afectar a otros países, por su magnitud genocida o por el espanto provocado entre sus propias fuerzas. (5)Veinticinco cuerpos mutilados afloraron entre marzo y octubre de 1976 en las costas uruguayas, pequeña parte quizás del cargamento de torturados hasta la muerte en la Escuela de Mecánica de la Armada, fondeados en el Río de la Plata por buques de esa fuerza, incluyendo el chico de 15 años, Floreal Avellaneda, atado de pies y manos, "con lastimaduras en la región anal y fracturas visibles" según su autopsia. Un verdadero cementerio lacustre descubrió en agosto de 1976 un vecino que buceaba en el Lago San Roque de Córdoba, acudió a la comisaría donde no le recibieron la denuncia y escribió a los diarios que no la publicaron. (6)Treinta y cuatro cadáveres en Buenos Aires entre el 3 y el 9 de abril de 1976, ocho en San Telmo el 4 de julio, diez en el Río Luján el 9 de octubre, sirven de marco a las masacres del 20 de agosto que apilaron 30 muertos a 15 kilómetros de Campo de Mayo y 17 en Lomas de Zamora.En esos enunciados se agota la ficción de bandas de derecha, presuntas herederas de las 3 A de López Rega, capaces de atravesar la mayor guarnición del país en camiones militares, de alfombrar de muertos el Río de la Plata o de arrojar prisioneros al mar desde los transportes de la Primera Brigada Aérea (7), sin que se enteren el general Videla, el almirante Massera o el brigadier Agosti. Las 3 A son hoy las 3 Armas, y la Junta que ustedes presiden no es el fiel de la balanza entre "violencias de distintos signos" ni el árbitro justo entre "dos terrorismos", sino la fuente misma del terror que ha perdido el rumbo y sólo puede balbucear el discurso de la muerte (8).La misma continuidad histórica liga el asesinato del general Carlos Prats, durante el anterior gobierno, con el secuestro y muerte del general Juan José Torres, Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruíz y decenas de asilados en quienes se ha querido asesinar la posibilidad de procesos democráticos en Chile, Boliva y Uruguay. (9)La segura participación en esos crímenes del Departamento de Asuntos Extranjeros de la Policía Federal, conducido por oficiales becados de la CIA a través de la AID, como los comisarios Juan Gattei y Antonio Gettor, sometidos ellos mismos a la autoridad de Mr. Gardener Hathaway, Station Chief de la CIA en Argentina, es semillero de futuras revelaciones como las que hoy sacuden a la comunidad internacional que no han de agotarse siquiera cuando se esclarezcan el papel de esa agencia y de altos jefes del Ejército, encabezados por el general Menéndez, en la creación de la Logia Libertadores de América, que reemplazó a las 3 A hasta que su papel global fue asumido por esa Junta en nombre de las 3 Armas.Este cuadro de exterminio no excluye siquiera el arreglo personal de cuentas como el asesinato del capitán Horacio Gándara, quien desde hace una década investigaba los negociados de altos jefes de la Marina, o del periodista de "Prensa Libre" Horacio Novillo apuñalado y calcinado, después que ese diario denunció las conexiones del ministro Martínez de Hoz con monopolios internacionales.A la luz de estos episodios cobra su significado final la definición de la guerra pronunciada por uno de sus jefes: "La lucha que libramos no reconoce límites morales ni naturales, se realiza más allá del bien y del mal". (10)5. Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada.En un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40%, disminuido su participación en el ingreso nacional al 30%, elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar (11), resucitando así formas de trabajo forzado que no persisten ni en los últimos reductos coloniales.Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas, aboliendo toda forma de reclamación colectiva, prohibiendo asambleas y comisiones internas, alargando horarios, elevando la desocupación al récord del 9% (12) prometiendo aumentarla con 300.000 nuevos despidos, han retrotraído las relaciones de producción a los comienzos de la era industrial, y cuando los trabajadores han querido protestar los han calificados de subversivos, secuestrando cuerpos enteros de delegados que en algunos casos aparecieron muertos, y en otros no aparecieron (13). Los resultados de esa política han sido fulminantes. En este primer año de gobierno el consumo de alimentos ha disminuido el 40%, el de ropa más del 50%, el de medicinas ha desaparecido prácticamente en las capas populares. Ya hay zonas del Gran Buenos Aires donde la mortalidad infantil supera el 30%, cifra que nos iguala con Rhodesia, Dahomey o las Guayanas; enfermedades como la diarrea estival, las parasitosis y hasta la rabia en que las cifras trepan hacia marcas mundiales o las superan. Como si esas fueran metas deseadas y buscadas, han reducido ustedes el presupuesto de la salud pública a menos de un tercio de los gastos militares, suprimiendo hasta los hospitales gratuitos mientras centenares de médicos, profesionales y técnicos se suman al éxodo provocado por el terror, los bajos sueldos o la "racionalización". Basta andar unas horas por el Gran Buenos Aires para comprobar la rapidez con que semejante política la convirtió en una villa miseria de diez millones de habitantes. Ciudades a media luz, barrios enteros sin agua porque las industrias monopólicas saquean las napas subtérráneas, millares de cuadras convertidas en un solo bache porque ustedes sólo pavimentan los barrios militares y adornan la Plaza de Mayo , el río más grande del mundo contaminado en todas sus playas porque los socios del ministro Martínez de Hoz arrojan en él sus residuos industriales, y la única medida de gobierno que ustedes han tomado es prohibir a la gente que se bañe.Tampoco en las metas abstractas de la economía, a las que suelen llamar "el país", han sido ustedes más afortutunados. Un descenso del producto bruto que orilla el 3%, una deuda exterior que alcanza a 600 dólares por habitante, una inflación anual del 400%, un aumento del circulante que en solo una semana de diciembre llegó al 9%, una baja del 13% en la inversión externa constituyen también marcas mundiales, raro fruto de la fría deliberación y la cruda inepcia.Mientras todas las funciones creadoras y protectoras del Estado se atrofian hasta disolverse en la pura anemia, una sola crece y se vuelve autónoma. Mil ochocientos millones de dólares que equivalen a la mitad de las exportaciones argentinas presupuestados para Seguridad y Defensa en 1977, cuatro mil nuevas plazas de agentes en la Policía Federal, doce mil en la provincia de Buenos Aires con sueldos que duplican el de un obrero industrial y triplican el de un director de escuela, mientras en secreto se elevan los propios sueldos militares a partir de febrero en un 120%, prueban que no hay congelación ni desocupación en el reino de la tortura y de la muerte, único campo de la actividad argentina donde el producto crece y donde la cotización por guerrillero abatido sube más rápido que el dólar.6. Dictada por el Fondo Monetario Internacional según una receta que se aplica indistintamente al Zaire o a Chile, a Uruguay o Indonesia, la política económica de esa Junta sólo reconoce como beneficiarios a la vieja oligarquía ganadera, la nueva oligarquía especuladora y un grupo selecto de monopolios internacionales encabezados por la ITT, la Esso, las automotrices, la U.S.Steel, la Siemens, al que están ligados personalmente el ministro Martínez de Hoz y todos los miembros de su gabinete.Un aumento del 722% en los precios de la producción animal en 1976 define la magnitud de la restauración oligárquica emprendida por Martínez de Hoz en consonancia con el credo de la Sociedad Rural expuesto por su presidente Celedonio Pereda: "Llena de asombro que ciertos grupos pequeños pero activos sigan insistiendo en que los alimentos deben ser baratos". (14)El espectáculo de una Bolsa de Comercio donde en una semana ha sido posible para algunos ganar sin trabajar el cien y el doscientos por ciento, donde hay empresas que de la noche a la mañana duplicaron su capital sin producir más que antes, la rueda loca de la especulación en dólares, letras, valores ajustables, la usura simple que ya calcula el interés por hora, son hechos bien curiosos bajo un gobierno que venía a acabar con el "festín de los corruptos".Desnacionalizando bancos se ponen el ahorro y el crédito nacional en manos de la banca extranjera, indemnizando a la ITT y a la Siemens se premia a empresas que estafaron al Estado, devolviendo las bocas de expendio se aumentan las ganancias de la Shell y la Esso, rebajando los aranceles aduaneros se crean empleos en Hong Kong o Singapur y desocupación en la Argentina. Frente al conjunto de esos hechos cabe preguntarse quiénes son los apátridas de los comunicados oficiales, dónde están los mercenarios al servicio de intereses foráneos, cuál es la ideologia que amenaza al ser nacional.Si una propaganda abrumadora, reflejo deforme de hechos malvados no pretendiera que esa Junta procura la paz, que el general Videla defiende los derechos humanos o que el almirante Massera ama la vida, aún cabría pedir a los señores Comandantes en Jefe de las 3 Armas que meditaran sobre el abismo al que conducen al país tras la ilusión de ganar una guerra que, aún si mataran al último guerrillero, no haría más que empezar bajo nuevas formas, porque las causas que hace más de veinte años mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán dcsaparecidas sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades cometidas.Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles. Rodolfo Walsh. - C.I. 2845022 Buenos Aires, 24 de marzo de 1977.


Referencias:
(1) Desde enero de 1977 la Junta empezó a publicar nóminas incompletas de nuevos detenidos y de "liberados" que en su mayoría no son tales sino procesados que dejan de estar a su disposición pero siguen presos. Los nombres de millares de prisioneros son aún secreto militar y las condiciones para su tortura y posterior fusilamiento permanecen intactas.
(2) El dirigente peronista Jorge Lizaso fue despellejado en vida, el ex diputado radical Mario Amaya muerto a palos, el ex diputado Muñiz Barreto desnucado de un golpe. Testimonio de una sobreviviente: "Picana en Ios brazos, las manos, los muslos, cerca de la boca cada vez que lloraba o rezaba... Cada veinte minutos abrían la puerta y me decían que me iban hacer fiambre con la máquina de sierra que se escuchaba".
(3) "Cadena Informativa", mensaje Nro. 4, febrero de 1977.
(4) Una versión exacta aparece en esta carta de los presos en la Cárcel de Encausados al obispo de Córdoba, monseñor Primatesta: "El 17 de mayo son retirados con el engaño de ir a la enfermería seis compañeros que luego son fusilados. Se trata de Miguel Angel Mosse, José Svagusa, Diana Fidelman, Luis Verón, Ricardo Yung y Eduardo Hernández, de cuya muerte en un intento de fuga informó el Tercer Cuerpo de Ejército. El 29 de mayo son retirados José Pucheta y Carlos Sgadurra. Este úItimo había sido castigado al punto de que no se podía mantener en pie sufriendo varias fracturas de miembros. Luego aparecen también fusilados en un intento de fuga"
(5) En los primeros 15 días de gobierno militar aparecieron 63 cadáveres, según los diarios. Una proyección anual da la cifra de 1500. La presunción de que puede ascender al doble se funda en que desde enero de 1976 la información periodística era incompleta y en el aumento global de la represión después del golpe. Una estimación global verosímil de las muertes producidas por la Junta es la siguiente. Muertos en combate: 600. Fusilados: 1.300. Ejecutados en secreto: 2.000. Varios: 100. Total: 4.000.
(6) Carta de Isaías Zanotti, difundida por ANCLA, Agencia Clandestina de Noticias.
(7) "Programa" dirigido entre julio y diciembre de 1976 por el brigadier Mariani, jefe de la Primera Brigada Aérea del Palomar. Se usaron transportes Fokker F-27.
(8) El canciller vicealmirante Guzzeti en reportaje publicado por "La Opinión" el 3-10-76 admitió que "el terrorismo de derecha no es tal" sino "un anticuerpo".
(9) El general Prats, último ministro de Ejército del presidente Allende, muerto por una bomba en setiembre de 1974. Los ex parlamentarios uruguayos Michelini y Gutiérrez Ruiz aparecieron acribillados el 2-5-76. El cadáver del general Torres, ex presidente de Bolivia, apareció el 2-6-76, después que el ministro del Interior y ex jefe de Policía de Isabel Martínez, general Harguindeguy, lo acusó de "simular" su secuestro.
(10) Teniente Coronel Hugo Ildebrando Pascarelli según "La Razón" del 12-6-76. Jefe del Grupo I de Artillería de Ciudadela. Pascarelli es el presunto responsable de 33 fusilamientos entre el 5 de enero y el 3 de febrero de 1977.
(11) Unión de Bancos Suizos, dato correspondiente a junio de 1976. Después la situación se agravó aún más.
(12) Diario "Clarín"
(13) Entre los dirigentes nacionales secuestrados se cuentan Mario Aguirre de ATE, Jorge Di Pasquale de Farmacia, Oscar Smith de Luz y Fuerza. Los secuestros y asesinatos de delegados han sido particularmente graves en metalúrgicos y navales.
(14) Prensa Libre, 16-12-76.

jueves, marzo 23, 2006


30 años.

“(…)La figura solitaria de Walsh asediaría siempre a Pablo. Ese hombre, cincuenta años, que no se va del país, que no acepta las ofertas para ir a París o Italia a inaugurar entre fotógrafos y periodistas, entre luces y estridencias el Partido Montonero, ese escritor que se queda en la Argentina, clandestino, en San Vicente, acompañado por su compañera, por Lilia, camuflado de profesor de inglés, ese hombre frágil, pequeño, sanguíneo, irlandés hasta el fondo de su alma, escribe, desde hace tres meses atrás, una carta a la Junta Militar, sin desdeñar el estilo, como aconsejaba Adorno, que decía que escribir sobre el horror y cuidar la forma era inmoral, cosa que no hace Walsh, que se larga a escribir sobre el horror, sobre los más horribles horrores de los que ha tenido el coraje de enterarse, de enterarse y no huir despavorido, sino lo contrario, se queda, escribe, lee a Lilia esa Carta que se inspra en las Catilinarias de Cicerón, que, años atrás, él, tradujera del latín, y cuida el estilo, porque la quiere perfecta a la Carta, porque la Carta, entre muchas otras cosas, la escribe para decir, otra vez, algo que había olvidado entre el estruendo y la huida y el miedo ineludible, que él, ante todo, es un escritor, y que esa Carta se escribe para testimoniarlo, de aquí que se llame Carta de un escritor a la Junta Militar, dado que es un escritor el que le escribe a la Junta, es un escritor el que la mañana del 25 –un día después del primer aniversario del golpe– se despide de su compañera, abandona San Vicente y se va con su Carta y con un revolver patético, un 22 matagatos, matanada, en busca de un buzón, un simple buzón donde meter su Carta, su verdadera arma, hecha de palabras, las armas de un escritor, sus palabras, sus certezas, su indignación, su lucidez y su coraje, él, ahora, busca, solitario, ese buzón, solitario esa mañana del 25 de marzo, solitario en un país artillado, sometido, lleno de cómplices, de culpables y delatores, busca ese buzón, y en ese buzón, para siempre, para la eternidad, mete la Carta, y aparecen entonces los carniceros de la ESMA, porque algo salió mal o porque así debía ser, porque no era posible que fuera de otra forma, porque él era Walsh y los perseguidores hacía rato que lo rastreaban, para torturarlo y matarlo y tirarlo en un basural o en lo más hondo del río, y Walsh está solo y no habrá nadie en el país dispuesto a acompañarlo, y solo mete la Carta en el buzón, y solo saca el 22, y solo hace fuego, y solo recibe la metralla del enemigo, y solo se muere, se muere completamente solo en un país en el que nadie quiere saber nada, y luego, en las redacciones, cuando lean su Carta, algunos habrán de reírse, pero miren al piantado éste, vean el delirio que tenía, mandarle una Carta a la Junta, ¿qué buscaba?, ¿voltear a los generales?, ¿lograr que se arrepintieran?, siempre fue un loco Walsh, un irlandés chiflado, tirá a la mierda ese panfleto, a ver si todavía nos metemos en problemas por ese mesiánico, qué delirio, qué petulancia, qué orgullo, qué gesto al pedo, qué ganas de buscar el martirio, de construir el mito del héroe solitario, qué ganas de joder, sí, sobre todo esto, qué ganas de joder.

Sin embargo, ¿qué hacer cuando uno, al menos, pudo? La cuestión que asediaba a
Pablo tenía una formulación clara, rigurosamente kantiana: si todos, como Walsh, hubiéramos tenido el coraje de ser héroes solitarios, habríamos construido al héroe colectivo. Lo aberrante no era solamente no haberlo hecho, sino no haber planteado jamás la posibilidad. El gesto de Walsh era extremo, pero la ética sólo se construye midiéndose en relación a esos gestos. Fue más fácil decir que estaba loco, que quería construir el mito del escritor mártir, su propio bronce, que pensar –siquiera un instante– qué hubiera pasado si todos hubiéramos escrito nuestra Carta, del modo que fuera.

Para incomodidad de su conciencia moral, Pablo –entre tantos pensamientos que lo cercaban– tampoco podía evitar estos. (…)”



José Pablo Feinman. La crítica de las armas. Norma, Buenos Aires, 2003.

Sólo se me ocurrió este homenaje.
Y el recuerdo.

lunes, marzo 20, 2006

Guerra en Irak

Aldededor de 17,000 mutilados estadounidenses de la guerra de Irak

Esas imágenes que los Estados Unidos no quieren ver
por Agencia IPI

Estas imágenes chocantes nos muestran el costo humano en los Estados Unidos de la bárbara guerra de Irak. No nos imaginemos en comparación con el horror y sufrimiento que debe estar padeciendo el pueblo iraquí. Al ver las terribles fotos de los soldados norteamericanos mutilados, que gozan de una enorme superioridad militar, nos deja perplejos de la matanza que debe estar cometiéndose cada día en ese país.


Miren esta página: http://www.voltairenet.org/article136827.html


Juli

jueves, marzo 16, 2006

“¿Por qué debo estudiar 'cosas' que nada tienen que ver con la comunicación social?”

Suelo utilizar esta belleza escrita por el rector de una universidad en la que trabajo. Se la doy a mis alumnos como material complementario. Jorge Bosch es un notable señor cuyo campo de origen es la matemática. Es epistemólogo, investigador, educador y escritor. Quizá su texto más conocido sea Cultura y contracultura (Emecé, 1992), que hasta hace poco estuvo en todas las librerías amigas. Bosch es un señor que piensa... y ya saben cómo me agrada cruzarme con humanos que piensan. Lo que sigue es un fragmento del prólogo a su libro Introducción a la comunicación. Síntesis humanístico-científica (Edicial, 1998).
No es muy largo.
Lo escribió para nosotros.
NS
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(…) Una de las mayores dificultades del estudio de la comunicación social reside en su manifiesta e irreductible heterogeneidad. Para ser fructífero, ese estudio necesita nutrirse de elementos de muy variada naturaleza, emanados de diversos campos científicos, humanísticos y tecnológicos; más aún: no sólo está signado por una marcada heterogeneidad de elementos sino también por una imperiosa exigencia de unidad y síntesis. El estudioso y el profesional de la comunicación social se ven acosados por una realidad multifacética y a veces caótica, que plantea interrogantes confusos pero demanda respuestas claras e inmediatas. No hay recetas especializadas para desempeñar con éxito esta tarea: si se me preguntara por una herramienta eficaz sólo me animaría a recomendar la cultura. La persona culta es la única que está en condiciones de elaborar estrategias y respuestas apropiadas en una sociedad en la que todas las estrategias y las respuestas elaboradas anteriormente parecen exiguas ante los nuevos desafíos. La cultura, entonces. Pero, ¿qué cultura?
Hoy más que nunca parece necesaria, al menos para el comunicador social, una cultura de síntesis en la que se articulen con íntima concordancia los estilos de pensamiento y de sentimiento propios de la ciencia, del arte, de la tecnología, de las humanidades en general. Esto no significa que el comunicador deba convertirse en un experto en ciencia, en arte, en tecnología y en humanidades, porque tal pretensión, además de evidenciar una ingenua megalomanía, iría exactamente en contra de lo que estoy tratando de propugnar. En efecto: no se trata en este contexto de dar respuestas especializadas a preguntas especializadas, pues para eso están, obviamente, los especialistas. El comunicador, en cambio, debe estar preparado para dar las respuestas que los especialistas no pueden dar: las respuestas globalizadoras, las respuestas de síntesis generalista basada en fundamentos sólidos. Algunos ejemplos quizá contribuyan a precisar este concepto.
Cuando se trata de transmitir a los jóvenes una idea acerca del mundo en que les corresponderá actuar, tarea de alta alcurnia pedagógica, pueden ser útiles las versiones especializadas del economista, el político, el científico, el artista, el filósofo, el tecnólogo, el sociólogo. Pero corresponde al comunicador elaborar una rápida síntesis, un panorama coherente y unificador, que constituya para el joven que escucha una vivencia auténtica, un anticipo integrador que lo ayude a comprender las grandes líneas del futuro que se avecina y el lugar que él puede llegar a ocupar en ese vasto escenario. No necesita el comunicador, para lograr tal compacto y efímero cometido, poseer la profundidad de conocimiento de los especialistas; pero necesita poseer la profundidad de comprensión del significado global de la cultura, que raramente se halla en el bagaje de los expertos. Y necesita también comprender lo sustancial del pensamiento de los expertos, como el retratista avezado que, interpretando lo sustancial de los rasgos físicos y espirituales de su personaje, con unos pocos trazos compone una figura sintética que da cuenta a la vez de la apariencia exterior y del carácter que la anima.
Pero podemos descender a emprendimientos menos espectaculares. Si se trata, por ejemplo, sólo de transmitir una noticia a un público numeroso y heterogéneo, el comunicador se enfrenta también en este caso a un problema de síntesis cultural. Debe conocer con la mayor precisión y certeza posibles el hecho que desea comunicar, y a este conocimiento objetivo debe añadir la intuición casi de carácter estético acerca de la forma en que su público ha de entender su lenguaje; y también debe dominar el idioma como para servirse de los matices y de los giros que mejor contribuyan a hacer surgir en los demás la imagen que él mismo experimenta. Los buenos comunicadores ponen en funcionamiento este complejo mecanismo en forma natural y espontánea; pero esa naturalidad y esa espontaneidad son el fruto de un largo aprendizaje, de una frecuentación integradora de sutiles matices hallados en disímiles exploraciones. Y si se trata simplemente de dar una opinión personal, la del comunicador inteligente debe diferenciarse tanto de la que puede dar el especialista como de la del lego desprevenido a quien un reportero consulta azarosamente en la calle. La opinión brindada por el comunicador, aunque sea breve y sencilla, debe haber sido elaborada a partir de una síntesis cultural que tome en cuenta la diversidad y la complejidad de rasgos de la sociedad contemporánea. Pero, ¿cómo se enseña la síntesis cultural? ¿Mostrando, quizá, sencillos fragmentos de saber extraídos de diversas áreas y acomodándolos luego de manera armoniosa y fácil de recordar? No. De este modo se consigue, en el mejor de los casos, una cultura fugaz y liviana inspirada en el zapping televisivo; y en el peor, una incultura plagada de snobismo y pedantería. ¿Cómo se enseña la síntesis cultural? Creo que el primer paso es la búsqueda de coincidencias esenciales. Simplemente. Tomemos como ejemplo el último cuarto del siglo XIX. Uno de los elementos culturales importantes de ese período fue el impresionismo. Entre todas las características notables de esta actitud espiritual, que se repiten en las diversas artes, rescato en particular la valoración del átomo de la sustancia estética: la pincelada ínfima, el toque escultórico, la palabra poética, la nota musical. Pero esta búsqueda del átomo, de lo irreductible, que se da en el arte del último cuarto del siglo XIX, se da también, curiosamente, en otros ámbitos culturales que parecen muy alejados del fenómeno estético. En la física aparecen, contemporáneamente, la teoría atómico-molecular y la teoría del electrón; en la matemática la inquietud por establecer con rigor los procesos infinitesimales y también la metodología axiomática, que puede considerarse como la indagación de lo sustancial, lo irreductible en la arquitectura lógica de una teoría; en la biología el estudio mendeliano de los factores hereditarios (especie de "axiomática" de la herencia); en la economía la pregunta por el origen del valor y de las magnitudes marginales; en la epistemología comienza a abrirse paso el análisis minucioso de los elementos fundamentales del lenguaje y del conocimiento, que florecerá con plenitud en el siglo XX. Sin exagerar, pues, y sin tratar de hacer de esta fórmula una panacea, se advierte que en el último cuarto del siglo XIX muchos campos culturales (no todos, pero sí muchos) presentan esta coincidencia esencial: la valoración de lo atómico, del constituyente último, de lo más simple e irreductible. He aquí un principio de síntesis cultural. Si se logra individualizar tres o cuatro coincidencias similares se obtiene ya un buen resultado. Otro aspecto es el metodológico; en este caso la idea consiste en elaborar métodos generales que se apliquen a distintas ramas de la cultura (…)
Por añadidura, el comunicador debe saber convencer pero para ello debe empezar por saber convencerse a sí mismo. Debe saber emocionar, pero para ello debe empezar por saber emocionarse. Y debe también ser consciente de que existen muy diversos niveles de calidad de convencimiento y de calidad de emoción. El convencimiento logrado a través de la duda y de la crítica es de mayor calidad que el que se impone por simple autoridad o por moda; la emoción que se logra a través de elaboraciones sutiles y complejas es de mayor calidad que la que proveen los trazos gruesos, burdos y convencionales. En todos los aspectos de la vida, desde la confección de zapatos hasta la meditación sobre el destino del mundo, hay niveles de calidad. No siempre se logra el más alto, pero el comunicador debe someter a permanente crítica el nivel que haya alcanzado. Una vez más, la solución es la cultura. No hay nada que pueda remplazar al contacto directo (aunque guiado, si es necesario) con las grandes obras del espíritu, las grandes ideas, los grandes pensamientos. Hay también una pedagogía para lograr que este contacto sea fecundo, pero tal pedagogía depende en extraordinaria medida de la sabiduría y de la experiencia del maestro (…)

lunes, marzo 13, 2006

La pared del fondo, de Leonardo García Pareja

No le digo más que la verdad, señor. La máquina bajó sin que yo accionara el pedal. Hizo un ruido pegajoso, como una bestia enardecida por un golpe, y después bajó y siguió bajando con mis dedos en la ranura que todavía estaban acomodando el material.
Era bastante tarde porque Gómez ya se había ido y los demás todavía teníamos en las caras esa felicidad estúpida de los últimos cinco minutos que hace que nos parezcamos bastante y que pensemos que estamos ya un poco afuera aunque los ojos nos griten que estamos bien adentro. Entonces el dedo cayó al piso, de golpe, junto con el anillo. Una sirena comenzó a sonar y todos se miraron las manos inmediatamente. Fue un segundo, nada más. Yo también miré mis manos, las comparé y vi que a una le faltaba algo. Era una mano extraña, una mano triste de cuatro dedos. Me parece que en realidad nunca había mirado mis manos hasta ese momento.
Los demás comenzaron a reír, creo que de alegría. Y yo también comencé a reírme, sin poder entender por qué. Pero, ahora que lo pienso, debe haber sido algo parecido a las risas, pero no risas.
Aguilera siempre es el primero en llegar a los dedos. Esta vez lo tomó como si fuera una piedra o una tuerca y me miró como si yo también fuera una tuerca. Me sentí completamente en sus manos. Temí que comenzaran a jugar, como con el dedo de Ramón, que anduvo volando entre nosotros hasta que nos cansamos de verlo girar en el aire.
Pero después pensé en Eusebio, que, gracias a su dedito grasoso, se había comprado una camioneta y un lote en Villa Martelli, y eso que no era un dedo importante. Con este dedo quizá me podría levantar la pared del fondo que da al sur con ladrillos para que no entre tanto frío y me quedaría hasta para comprar una moto azul.
Aguilera acomodó el dedo como si fuera un niño en una caja de cartón y los demás dejaron entonces de reírse o de lo que fuera; y nos fuimos con Aguilera caminando callados hasta el puesto sanitario que está en la lomita, con el dedo sonando en la caja como una piedra roja o como un niño encerrado.
En el puesto lo cosieron y dijeron que quedaría duro y un poco celeste, aunque yo lo veo cada vez más oscuro.
Por eso, señor, quisiera saber si lo mismo voy a tener aunque sea como para levantarme la pared del fondo.
(de Mil mamuts Nº5, disponible en: http://www.milmamuts.com.ar/n5/pared.php o en su kiosko amigo)

viernes, marzo 10, 2006

Estereotípico


(...) Una noche, hace diecinueve años, en una de esas tantas conversaciones absurdas, el poeta Mario Jorge De Lellis, de pronto, dijo:

-¿Se fijaron que todos los charlistas son gallegos?

Estábamos en el café de la calle Tacuarí con Juan Carlos Desanzo y con Andrés Cincugrana, un talentoso cuentista que la publicidad se llevó.

-Sí, señor -dijo Desanzo-, y los musicólogos son todos alemanes.
-¿Y los búlgaros? -pregunté-.
-Fabricantes de yoghurt -contestaron todos-.

Había muchas copas de por medio, pero recuerdo que tuvimos dificultades para ubicar a los dálmatas, los eslovenos y los ácratas, y que todo terminó en una furiosa discusión sobre qué eran los ácratas, si eran arácnidos o coptoos, o apátridas. Sí. Porque eramos absurdos y había copas, y todavía los vascos eran lecheros, los japoneses, tintoreros, y los judíos, sastres. Eran tiempos organizados todavía. Tiempos donde las cosas estaban ordenadas, y a ningún armenio se le hubiera ocurrido ser otra cosa que fabricante de golosinas, y a ningún judío otra cosa que sastre. Eso sí, el hijo del judío tenía que ser médico. Y si el judío tenía dos hijos y uno era vago, el hijo vago podía ser violinista. (...)
Blaisten, Isidoro. Anticonferencias. Editorial Emecé, Buenos Aires, 1983.

jueves, marzo 09, 2006

Raro, como encendido

Cementerio de Tilcara (la muerte a color) o ¿será que asistimos al funeral del blog?

domingo, marzo 05, 2006

Y el ganador es... -por Santiago Roncagliolo

Un sicario israelí arrepentido, un escritor, una pareja homosexual de la Norteamérica rural, un periodista amenazado por la censura del macartismo. ¿Es la lista de entrevistados de un programa cultural de izquierdas? No, son los principales candidatos al Oscar.
Por lo visto, la academia está seria. Si no, miremos la lista del año pasado: un millonario que hace películas y pilota aviones (El aviador), una boxeadora (Million dollar baby), una estrella del soul (Ray) y Peter Pan (Finding Neverland). Había más famosos. Y más acción.
Pero ahora no. Nada de monos gigantes, ni superproducciones, ni películas históricas. De hecho, en un acto de total atrevimiento, las nominaciones a mejor guión incluyen películas de Woody Allen y David Cronenberg ¿Es que se han vuelto todos locos? ¿Con tanto productor gastando $200 millones en películas de inversión asegurada, van a desperdiciar los oscars en baratijas con contenido?
He escuchado dos teorías al respecto.
La primera es técnica: Hollywood gasta demasiado dinero en filmes con una gran promoción que todo el mundo ve el primer fin de semana y luego nunca más. La razón es que ha creado un monstruo burocrático inservible. Por ejemplo: hay tanto dinero en juego que cada productora tiene a unas 32 personas para revisar los guiones. Como cada una de ellas debe justificar su puesto, todas hacen algún tipo de corrección. Al final, el guión es un Frankenstein de lugares comunes sin un autor claro. Y hay que pagar 32 sueldos más. En consecuencia, los contables han empezado a preguntarse si es necesario todo eso, o resulta más rentable contratar guionistas con talento.
La segunda teoría es la profunda: los americanos quieren pensar. Algo raro ocurre en su país, van a guerras que no tienen sentido, gastan un montón de dinero en ellas, los americanos no tienen seguro de salud y además el gobierno les escucha las conversaciones telefónicas. Algo funciona muy mal, pensar al respecto está de moda, y las películas que digan algo sobre la realidad tienen público, más público del que ellas habrían podido imaginar, incluso la de George Clooney, que es en blanco y negro y nadie se dispara.
Existe una tercera teoría: todo es una farsa, y del mismo modo que un año ganó el Oscar American Beauty y poco después Chicago o El señor de los anillos, este año ganará una película profunda y el próximo, alguna con efectos especiales o números de baile.
O quizá sea una mezcla de las tres. El caso es que la ceremonia de los Oscar de este año está de lo más progre. A ver si Philip Seymour Hoffman protesta contra la cárcel de Guantánamo o Ang Lee exige que se retiren las topas de Irak, antes de volver el próximo año nominados por un musical.
Aunque me gusta mucho más el post en el que se refiere a su emoción al ganar (hace unos días) el premio Alfaguara por Abril rojo, posteo esto siguiendo la agenda mediática (aunque se haya quemado un shopping en Avellaneda, aunque hayan violado y matado a una niña en Tres Arroyos). Para los curiosos arriba tienen la url del blog, Pudor (una novelita muyy buena) en su librería amiga y un cuento inédito; "Hospital", en la Mil mamtus de marzo.
Santiago Roncagliolo nació en Lima (Perú) en 1975. Actualmente reside en España. Es colaborador habitual del diario El País y ha trabajado como guionista de cine y televisión.
Ha publicado las novelas Pudor y El príncipe de los caimanes, el libro de cuentos Crecer es un oficio triste y la obra teatral Tus amigos nunca te harían daño. Los derechos de Pudor han sido vendidos para una próxima versión cinematográfica. En 2003 fue elegido Nuevo Talento de la Narrativa por la cadena de librerías FNAC. Además, ha traducido a autores como André Gide y Jean Genet.

miércoles, marzo 01, 2006

Encuesta popularidad de Bush (La Nación, 01/03/06)

La popularidad de Bush, en su nivel más bajo desde 2001
El mandatario reconoció que Ben Laden ayudó a su reelección

WASHINGTON.- La popularidad del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, cayó a su nivel más bajo desde que asumió el cargo, en enero de 2001, mientras el pesimismo de los estadounidenses por la guerra en Irak subió a su nivel más alto, según una encuesta de la cadena CBS divulgada ayer.

Sólo el 34 por ciento de los norteamericanos tiene una opinión positiva de la gestión presidencial de Bush, comparado con el 42 por ciento de hace un mes, según el mismo sondeo. El 59 por ciento, en tanto, tiene una opinión negativa acerca del presidente.

Dos de cada tres encuestados creen que los esfuerzos de Estados Unidos para estabilizar Irak van por mal camino, lo cual representa la peor evaluación registrada hasta ahora por esta encuesta acerca del conflicto en el país árabe.

Por otro lado, en una polémica declaración, Bush admitió haber recibido una ayuda indirecta del jefe de la red terrorista Al-Qaeda, Osama ben Laden, en los comicios de noviembre de 2004, en los que obtuvo su reelección.

Ben Laden había emitido una grabación con diatribas en su contra el viernes anterior a los comicios generales.

En una entrevista publicada en el libro "Estrategia", del periodista Bill Sammon, Bush reveló que había habido una "intensa discusión" en el interior de su campaña sobre si el video de Ben Laden serviría para su victoria contra su contrincante, John Kerry.

"Una interesante intervención por parte de nuestro enemigo" en la contienda electoral: así definió el presidente al video. "Cualquier cosa que llegue al final de una campaña que no está todavía decidida produce toda clase ansiedades -reconoció-. Pensé que ayudaría a recordarle a la gente que si Ben Laden no quiere que Bush sea presidente, algo deber de estar bien con Bush."

Agencias EFE y Reuters

En: http://www.lanacion.com.ar/784749

sábado, febrero 25, 2006

Cuando le pedís que lave el guardapolvo de tu hijo, querés que quede bien blanco. Y cuando le pagás el sueldo, ¿se lo pagás en blanco?

Lo había escuchado en la radio unas cuantas veces y sabía que algo no armonizaba en la semántica de esas pocas palabras con pretendido "punch" propagandístico. Dedicó entonces unos segundos a indagar en las razones de la disonancia percibida. Como no llegó a ningún puerto, se parapetó en la lista de pendientes y fue al mercado a comprar papel higiénico de a cuatro y unos repuestos ABC1 para la maquinita de afeitar ABC1 a la que se le habían gastado los repuestos ABC1. Y yerba, también necesitaba yerba.
–¿Medio o un kilo?
–Depende.
–¿Depende de qué?
–Depende.
–Te parecés al de Jarabe de Palo… dale, cantate una que sepamos todos.

Sumó diez puntos en la Discoplus y se dio cuenta de que estaba enojado.

Discutió con su seso.
–Es nada más que un aviso institucional –dijo el portador de la decena de puntos en la Discoplus.
–Estás perdiendo tu capacidad de cuestionar lo cotidiano... te desconozco –atacó el voluptuoso gris rosáceo.
–Dame una pista, no te hagas el estrecho.
–Penoso… tan orgulloso estás de mí y tanto debo sufrir yo por vos, salame.

La cosa parecía haber adquirido un ribete beligerante.

–Mirá que largo a Marechal y a Mann y te leo en voz alta El alquimista, ¿eh? –se defendió con zarpazos de ahogado el de la Discoplus.
–Sos un arrogante... me voy. Llamame luego.
-¿Luego de qué?
–Luego de que te hayas preguntado cuántas son hoy las madres que mientras envían a sus hijos a escuelas estatales (con guardapolvo blanco) pueden darse el lujo de tener a una mujer que lave, planche, limpie y cocine en sus casas. Y luego de que derives de allí hacia un pensamiento sobre la contradicción que puede suponer que esas mismas madres que mandan a sus hijos a escuelas que requieren de guardapolvos blancos y estatales sean las que efectivamente trabajan para otras madres que envían a sus hijos a escuelas que requieren de uniformes coloridos y privados. Y, finalmente, luego de que puedas concluir que ese aviso con “punch” le está diciendo que debe pagarle en blanco a su “muchacha” a la misma mujer que es la “muchacha” de aquella que no manda a sus hijos a escuelas guardapolveadas y estatales, sino a las uniformadas y privadas; y luego de que, por lo tanto, concluyas en que ese aviso es de lo más pueril que has escuchado en estos últimos años.
–Aaaahhhh… pero es un poco rebuscado –comentó el de la Discoplus con decena.
–Imbécil –escupió el seso antes de huir con paso de murga y mueca egregia.
–¿Querés un mate? Es de yerba con palo… ¡Hey! ¡Ché! ¡Pará… que empieza marzo! ¡Mirá… te compré Criollitas!
–No seas bajo… eso te lo afanaste de Bendecida.
Y la murga se apagaba ya lejos, lejos.
–¡Ché!
–…
–Carajo… ¿y ahora?


NS

viernes, febrero 24, 2006

upps, había otro post

Si yo te quiero... Sí, te quiero. De verdad. Mamá no nos quería. A vos, sí. Ella no me quería, no. A vos más. ¿Te acordás del día que escondimos las ranas? Ella las odiaba y las escondimos en este sillón. ¡Qué cómodo era el sillón! Antes era cromado y tenía un soporte... ¿Te acordás de las ranas? Las escondimos a la sombra y después las pusimos abajo del almohadón. ¿Te acordás de cómo corrimos? Yo me escondí abajo del taburete del piano de Dora, hablaban de algo... de su embarazo, no llegué a escuchar mucho porque el perro empezó a ladrar. Y así vino la vieja... me arrastró de los pelos hasta el cuarto. Vos no estabas, llegaste después, te habías escondido atrás del reloj de la abuela. Llegaste y me viste la cara así, como un payaso. Así me decía mamá. “Sos tan linda como un payaso”-eso decía. Esa fue la primera vez que me acariciaste. Me dijiste que todo iba a estar bien y yo te contesté: “bombástico”. ¿Te acordás de cómo usaba esa palabra? Me encantaba... Desde que Julieta la había dicho en el colegio, no paramos de repetirla. A vos no te gustaba, me corregías: “se dice fantástico, che”. Pero esa vez, la de las ranas te quedaste callado. Cuando escuchaste que mamá dormía fuiste hasta el living y me trajiste una de las manzanas que estaban en el centro de mesa. Dijiste que a la mañana la repondrías. No querías que pasara la noche sin comer. ¿Te acordás? Te quedaste en mi cuarto y no necesité la muñeca porque vos estabas ahí. Para espantar todo lo malo. Eso me repetía para poder dormir. Sí, desde ahí que me querías. Yo lo supe. Ahí lo supe. Yo también te quiero, ¿sabés? En una época jugábamos al capitán meteórico y a la princesa. ¿Te acordás? Viajábamos juntos por todo el mundo... ¡Qué ingenuos! Estábamos en esta misma pieza y yo me paraba en este mismo sillón y sentía una luminosidad y una frescura que nadie me podía robar. Ni siquiera mamá. Pero después te alejaste un poco. No querías jugar más conmigo. Un día escuché que hablabas con Fito de las tetas de Julieta. Sí, te espié, ¿y qué? Estaba aburrida. Pero yo no soy cobarde. ¡Vos sos el cobarde! Nunca te animaste a decir nada. Ni siquiera a mamá. Nunca te animaste. Y ahora no hablás. ¿Por qué no hablás? ¿No vas a atender el teléfono? ¿No escuchás que no para de sonar? Debe ser esa putita con la que andás, esa belleza, tu sedante, como le decís. Debe ser esa. La que te provoca el ardor, sí, yo escuché cuando se lo decías... ¿No vas a contestar? Igual yo te quiero ¿sabés? Te quiero mucho, por eso lo hice... Vos me obligaste.

Celulares en la Argentina (Clarín, 01/02/06)

TENDENCIA MUNDIAL
Crecimiento explosivo: tres de cada cuatro argentinos ya tienen celular
Es entre los mayores de 14 años. Y su consumo fue lo que más aumentó en 2005.

Luis Ceriotto. lceriotto@clarin.com

Las tres cuartas partes de la población mayor de 14 años de la Argentina tiene hoy un teléfono celular. Así se desprende de la información que ayer difundió el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec): hay 22.156.000 líneas activas, distribuidas primordialmente entre 28,5 millones de habitantes de más de 14 años. Por el momento, los usuarios menores de 14 son una minoría, según admiten en las compañías.

La expansión de la telefonía celular, que es una tendencia mundial, se reflejó a su vez en la cantidad de llamadas por el sistema, que creció 68,8% durante 2005. En la Argentina el celular también se convirtió en herramienta de trabajo. Según el INDEC, la telefonía celular fue el motor que impulsó el alza de los servicios públicos, que en conjunto se expandieron 20,1% el año pasado.

A la vez, los servicios públicos fueron clave en el crecimiento del Producto Bruto (que rondaría el 9%) ya que la industria, en el mismo período, promedió por debajo del PBI: subió 7,7%.

En cuanto a la cantidad de aparatos celulares en uso, los 22,1 millones de líneas sólo son un piso. Cada línea activa significa que hay al menos un teléfono que está destinado en exclusividad a la utilización de la misma. Pero además, hay un segmento de usuarios de tecnología GSM, que pueden llegar a utilizar hasta tres aparatos celulares por línea.

Según difundió ayer la consultora internacional IDC, durante 2005 se vendieron en el mundo 825 millones de teléfonos celulares. En la Argentina, las ventas treparon a 11 millones, según datos de la empresa Samsung. De modo que las ventas en el país equivalieron a 1,3% de las ventas a nivel mundial.

Durante diciembre, las llamadas desde teléfonos celulares se incrementaron 13,2%. Hacia adelante el servicio va hacia un público cada vez más juvenil. Hay indicios en ese sentido:

-Los adolescentes son los principales usuarios de los mensajes de texto, los cuales a su vez son utilizados desde celulares de tecnología intermedia o avanzada. Sólo en diciembre, según datos de Telecom, hubo un tráfico de 845 millones de mensajes de texto. Equivalen a 1,2 mensaje diario por cada uno de los 22,1 millones de usuarios. Desde ya, la mayoría de esos mensajes se concentró durante Navidad y Año Nuevo.

-Movistar, que lidera el mercado con 7,4 millones de usuarios, está dirigiendo parte de su estrategia comercial al público que oscila entre 14 y 18 años. "Son los que empujan las nuevas tecnologías", señalan en la compañía.

-Personal, con 6,2 millones de usuarios, está concentrada en agrandar su base en los usuarios de entre 25 y 45 años. Pero admiten que una porción de sus ventas tienen como destinatarios finales a los hijos pequeños o adolescentes de sus clientes.

-Una compañía de celulares está diseñando, en estos días, el lanzamiento masivo de teléfonos celulares dirigidos a los más chiquitos. Es un aparato con sólo cuatro teclas grandes, con el número preprogramado. Cada tecla tiene el dibujo de un integrante de la familia. (...)

En: http://www.clarin.com/diario/2006/02/01/elpais/p-01301.htm

NS

lunes, febrero 20, 2006

AOP va a la cocina y encuentra una papa muy particular

¿En qué países se celebró el Mundial de 2002?
Japón-Corea

No, no es que las papas Pringles vengan podridas. Es que la marca estadounidense no quiere perderse la fiebre del fútbol y aporta un remedio eficaz para aquellos fanáticos empedernidos que puedan sufrir angustia oral durante algún partido. Sí, ahora las papas vienen con preguntas y respuestas impresas en un dudoso celeste, con un dudoso acento mexicano. Ya llegará el tiempo de las publicidades de gaseosas, cervezas, petroleras, etcétera, etcétera, etcétera. Por ahora tenemos la oportunidad de comernos preguntas y respuestas sobre el Mundial. ¿Será alguna suerte de ardid secreto? ¿Producirá algún (de)efecto colateral?

miércoles, febrero 15, 2006

Bendecida

¿Volviste, chiquita? ¡Hola, nene! ¿Dónde estuviste? Por allá. ¿Por dónde? Por allá. ¿Otro barrio? Sí. ¿Cuál? No sé cómo se llama… pero mi mamá sabe. ¿Caballito? No. ¿Almagro? No. ¿Belgrano? No… no… ¿Cómo estás? ¡Con calor! Sí, yo también. ¿Te fuiste de vacaciones? No del todo, ¿y vos? Ya te dije, nene, me fui allá. ¿Adónde? ¡Ya te dije! Al otro barrio que mi mamá sabe… ¿Villa Urquiza? ¿Colegiales? No, no… tampoco. Me rindo. ¿Pero qué hiciste ahí? También junté. Entonces no te fuiste de vacaciones. Sí, porque es un lugar diferente. Parecían vacaciones. ¿Juntaste muchas cosas? No, porque todos se habían ido de vacaciones como yo. Así que había menos bolsas y encima las revisaban otros antes. Pero encontré un par de sandalias… ¿Sí? ¡Qué bien! … no me quedan, son muy grandes, así que mi mamá me dejó guardarlas para cuando tenga 13, 14 o más… no sé, 25, 30. Para cuando sea vieja. ¡Falta tanto! Pasa rápido, no te preocupes. Y encima me acabás de acuchillar sin darte cuenta.... ¿Qué es eso? ¿Qué? Eso. No sé… parece una tarta. Mmmhh… me parece que es una empanada. No, es un pedazo de tarta, ¿ves? Sí, tenés razón. Pero no la comas, tiene huevo y hace mucho calor. Por ahí está feo y te hace mal. ¡Nene! ¿Sabés las veces que ya comí? Y está fría. Estuvo en la heladera. No la comas, te bajo unas galletitas como las de antes. No, ya te dije que no me gustan esas galletitas que tenés. Pero son las únicas… Ya sé, por eso no te pido más. Sos malo comprando galletitas. Tenés que comprar esas más chiquitas y ricas. ¿Criollitas? ¡Sí! Pero esas que te doy siempre te las comiste con ganas… Y sí, porque tengo hambre. ¿Qué te pensás? Y si me las das de nuevo, me las voy a comer igual. Mirá que sos complicada, che. Salí. Y dejame comer la tarta. Es lo que encontré yo, así que no quiero que me des nada. Andate, nene. Vamos al quiosco y compramos Criollitas, ¿si? No, no quiero. Tengo tarta. Te enojaste. No. ¿Qué otra cosa tenés además de galletitas? Dejame pensar… eeeh… creo que arroz, pero tengo que hacerlo. Uuuhhh. Eso tarda mucho. Prefiero la tarta. ¿Y si vamos a comprar empanadas? No, hace calor. Las pedimos frías. No, no quiero que gastes plata, ya te dije. Tengo mucha plata. ¡Mentiroso! Si tuvieras mucha plata comprarías otras galletitas, o tendrías más comida en la heladera. Sos demasiado inteligente para tu edad, princesita. Salí. No comas eso, te dije… pucha. Dejame tranquila... ¡uy! ¿ves ese hombre? Sí. El otro día se bajó del auto y me dijo cosas. ¿Qué te dijo? Chanchadas. ¿Pero qué? Chanchadas, me dijo. ¿Y qué le dijiste? Nada. ¿Por qué? Porque no pude. ¿Por qué? Porque cuando lloro no puedo hablar. ... ... No comas eso. Te va a hacer mal. Vamos a comprar algo, dale. Quiero comer lo que encuentro yo. No me gusta pedir. Mi mamá dice que no hay que pedir limosna. Y además a mi mamá no le gusta que hable con chicos. Así que andate. ¿Un helado? Me dijiste que tenés calor... No. Andate y dejame comer. ¿Y si hablo con tu mamá? ¿Por qué nunca me dejás? Ya te dije por qué. Pero le voy a decir que no se enoje… No, andate. Me voy, pero mañana tocame el timbre y te bajo cosas ricas, ¿sí? No sé. Por ahí. Dale. ¡Y una manzana! Me gustan las manzanas. Hace mucho que no como manzana. Te lo prometo. ¿Te acordás el departamento? Quinto… Sexto cé. Sí, ahora me acuerdo. Chau, nene. Esa bolsa es más grande que vos, ¿te diste cuenta? Todas las bolsas son más grandes… es como si estuvieran hechas para que entrara yo. Tengo una botella con agua mineral. Mi mamá ya tiene agua. Y una lata de atún. No puedo comer atún ni esa otra… ¿Caballa? Esa. Me hacen mal. Una vez estuve en el hospital. Chau, andate. Chau. Esperá… ¿Qué? ¿Cómo me dijiste la otra noche? ¿Cuándo? Hace mucho. Esa noche que me llamaste con un nombre raro… No me acuerdo. Me dijiste “Vence…”, “Vendis…” Ah, sí, te llamé “Bendecida”. ¿Y eso qué significa? Significa… “mañana”. Me gusta. Lo sé. Una manzana, acordate. Mañana. Mañana, nene.

("De las brasas de una constelación / al mundo perecedero / Bendecida fue la causa de mi fortuna / Y de la tierra perdida en la infancia / al mundo perecedero / Bendecida fue la causa de mi fortuna").

NS

lunes, febrero 13, 2006

La opinión pública en el discurso periodístico (guay que es largo)

Resumen
El discurso periodístico utiliza a la opinión pública como un módulo recurrente no necesitado de definición ni de reconocimiento teórico, práctica que genera vaguedades, simplismos y evasivas en el desarrollo informativo. Este artículo observa la complejidad inherente a la noción de opinión pública y expone algunas dificultades relativas a su uso periodístico, señalando los problemas de orden ético generados, como consecuencia, en el tratamiento de la información.

Palabras clave
Opinión pública, periodismo, ética, módulo recurrente, lugar común.

Sumario
1. La opinión pública como objeto teórico y periodístico: dilucidación de esferas
2. La opinión pública como lugar común periodístico
3. El recurso de la “traducción”
4. Conclusiones
Bibliografía y links al material periodístico citado

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Entre los filósofos, publicistas y comentaristas que dedi­can sus ratos libres a los asuntos públicos, la discusión acerca de la opinión pública se sostiene con gran estilo. Aforismos, epigramas, axiomas y figuras de dicción em­bellecen el despliegue verbal. Esas metáforas, si bien sirven para adornar la prosa, no ilustran particularmente al lector acerca de la naturaleza de la opinión pública.
Víctor Key, Opinión pública y democracia (1961)
1. La opinión pública como objeto teórico y periodístico: dilucidación de esferas
La más liviana de las exploraciones evidencia que el término “opinión pública” está incorporado al discurso periodístico actual. En sus diferentes soportes y géneros, el periodismo utiliza a la opinión pública como un versátil operador referido a una entidad de descontada existencia empírica. “Opinión pública”, así como otros términos de uso común en los medios informativos, ya no se define ni suscita preguntas sobre su significado, sino que se utiliza bajo la presunción de que entre las partes comunicativas subyace un contrato de lectura homologador del sentido y viabilizador de la información.
En la práctica, la opinión pública es un lugar común periodístico de desempeño referencial polivalente. Puede vérsela actuar como sinónimo de “sociedad”, “gente”, “pueblo” y hasta de la metafórica “calle”. Puede operar como acepción de público receptor del mensaje informativo y persuasivo, o como colectivo ciudadano preocupado por el acontecer sociopolítico. La opinión pública también es citada como fuente de información a partir de las tendencias reflejadas por las encuestas, y en muchas ocasiones es apelada en su referato como cuerpo guardián de la institucionalidad democrática.
Paralelamente, la tradición analítica señala la complejidad inherente a la noción de opinión pública. Esta complejidad, que es un enclave ineludible al momento de abordarla como objeto de estudio científico, también debe ser observada desde la operacionalización pretendida en cualquier señalamiento fáctico. Desde los disímiles bosquejos paridos por el pensamiento iluminista y sus secuelas temporales (expresión de una voluntad general simple y recta para Rousseau, 1762; fuerza política que sostiene o derriba gobiernos para Hume, 1777; fundamento democrático proclive a degenerar en tiranía de la mayoría para Tocqueville, 1835; tribunal de debate público para Bentham, 1838; cuerpo que ejerce una coacción moral sobre la libertad individual para Mill, 1859; etc.), hasta las reflexiones contemporáneas que cuestionan su efectiva existencia empírica como agregado homogéneo o media estadística (Habermas, 1962; Bourdieu, 1973; Gabás Pallás, 2001), la opinión pública resume sobre sí una particularidad epistemológica inseparable de su condición histórica: es inherente a la noción de opinión pública la dificultad de asir en forma universal y acabada la noción de opinión pública.
Desde el punto de vista comunicológico, el estudio de la relación entre la opinión pública y el periodismo encuentra su patriarca más famoso en Lippmann (1922), para quien las imágenes mentales y los estereotipos provistos por la prensa son componentes ineludibles en el estudio de la opinión pública contemporánea. Esta fundación resulta aquí primordial. Por un lado se observa el estreno de una constante histórica normalizada[i] que, hasta la fecha, es materia de recurrente análisis: la “ecología” de relaciones entre los medios de comunicación y la opinión pública (entendiendo a la opinión pública, en este caso particular, como el seno de impacto de la acción y los efectos mediáticos). Por otra parte, este mismo punto fija un distanciamiento con el objeto tratado en este artículo. Así como es profusa la cantidad de trabajos que analizan la relación opinión pública-medios de comunicación, son casi inexistentes los estudios que investigan cómo es utilizada la noción de opinión pública por esos mismos medios.[ii]
Para el desarrollo teorético, el concepto de opinión pública es controvertido y no reducible a una sola significación. Según Price (1992), “desde el advenimiento de las técnicas de encuestas y su aplicación a la opinión pública, a principios del siglo XX, los analistas se han visto continuamente forzados a refinar, adaptar y ampliar viejos conceptos y nociones teóricas a la luz de esfuerzos empíricos de investigación” (Price, 1992/2001: 14). Este diagnóstico de complejidad es pertinente, pues permite comprender que los investigadores se hayan enfrentado “por sus aproximaciones conceptuales, e incluso en sus propias definiciones de opinión pública. ¿Es la simple suma de puntos de vista individuales (Childs, 1939)? ¿O es, por el contrario, un nivel colectivo, producto emergente del debate y la discusión que no puede reducirse a individualidades (Cooley, 1902; Blumer, 1948)? La dificultad de definir la opinión pública como un objeto empírico de estudio quedó mejor expresada, tal vez, por Key, en 1961. ‘Hablar con precisión de opinión pública’, escribió, ‘es un empeño no muy diferente de vérselas con el Espíritu Santo’” (Price, 1992/2001: 14).[iii]
Desde la tradición analítica, entonces, la opinión pública se visualiza con un movimiento pendular que transcurre entre la entelequia y el pragmatismo, entre la racionalidad y la emotividad, entre lo individual y lo colectivo, entre la abstracción sólo concebible desde la especulación y la sumatoria de magnitudes aprehensibles mediante técnicas cuantitativas de recolección de información.
En Habermas (1962), el quiebre con el romanticismo burgués es inexorable: la opinión pública ya no puede seguir siendo asociada con aquella “ficción” del Estado de derecho necesaria para la construcción y la representación simbólica de las naciones e instituciones modernas. La opinión pública es hoy un concepto “sociopsicológicamente disuelto”, pues la sociología aplicada y sus técnicas de investigación de grupos ya no admiten semejantes abstracciones.
En esta línea, son varios los autores que concuerdan en que los sondeos de opinión fueron los grandes resemantizadores de la noción de opinión pública a partir del siglo XX, ya que generaron una corriente de acepciones positivísticas[iv] asociadas al colectivo abstracto original. Si se coincide con Bourdieu (1973) al respecto de la utilización de los sondeos de opinión, debe formularse una categórica crítica de las derivaciones sociopolíticas de la técnica, pues “su función más importante consiste en imponer la ilusión de que existe una opinión pública como sumatoria puramente aditiva de opiniones individuales; en imponer la idea de que existe algo que sería como la media de las opiniones o la opinión media. […] esta opinión pública es un simple y puro artefacto cuya función es disimular que el estado de la opinión en un momento dado es un sistema de fuerzas, de tensiones, y que no hay nada más inadecuado para representar el estado de la opinión que un porcentaje” (Bourdieu, 1973: 1293). De aquí la conclusión del autor de que la opinión pública, al menos desde la visión encuestológica, “no existe”.
La práctica periodística actual, en tanto, omite anexar a su manejo del término “opinión pública” una explicación (sencilla, siquiera) acerca de qué es lo que debe entenderse por él dentro del marco en el que está siendo expuesto. Causa y consecuencia de esta rutina es el establecimiento de un contrato de lectura implícito sobre un vocablo en apariencia univoco pero naturalmente turbio. Y todavía más: no sólo no se define a la opinión pública según la dimensión particular del contexto en el que está siendo utilizada, sino que tampoco se señala la dificultad esencial de toda noción pretendidamente universal de opinión pública.
Para despojar de ribetes de superficialidad o pacaterismo a lo anterior, a esta altura debe admitirse lo siguiente: “opinión pública” no es cualquier término de usual mención periodística, ya que en sendas ocasiones esta entidad es esgrimida como la razón de existencia y el blanco de impacto del ser y hacer periodísticos. Es decir que se utiliza un término (un concepto, al fin) percibido como sumamente valioso y justificante, pero no se lo define, explica o, menos aún, se lo abre al debate. Simplemente se lo usa a manera de módulo iterativo e invariable, y tal la queja de Key (1961), se cae en un presuntuoso embellecimiento discursivo que frivoliza cualquier intento de construcción democrática de una noción en la que puede verse incluido, despóticamente, el individuo que la recibe desde los medios de comunicación.
Ahora bien, todo lo dicho hasta aquí puede inducir al registro de una analogía entre las esferas presentadas. Esto es un error que debe ser evitado. Que exista un estado de diversidad teórica al respecto de la noción de opinión pública no debe hacer creer que el periodismo, al utilizar el término, esté refiriéndose, en su polifuncionalidad discursiva señalada, a aquel estado de diversidad. Mientras que en la esfera teórica la diversidad se sostiene en la complejidad conceptual y en la discusión crítica, en la esfera de la praxis periodística la diversidad se sostiene en la indefinición y en la confusión propias del simplismo, la vaguedad y la coartada argumentativa (es decir, en la promoción de un lugar común contrario al reconocimiento de un estado de complejidad).
Por ello es menester confrontar las modalidades enunciativas de la opinión pública en el discurso periodístico con las bases teóricas que permiten elucidar de qué manera aquellos usos pueden incurrir en problemas éticos fundados en la vaguedad del tratamiento informativo y en el facilismo promovido por la invocación a una entidad dispensadora de adecuadas argumentaciones.

2. La opinión pública como lugar común periodístico

Para Sinopoli (2005), uno de los indicadores básicos causantes de desprofesionalidad periodística es la utilización de “módulos invariables y recurrentes […] sobre todo las frases hechas y los lugares comunes” (Sinopoli, 2005: 171). Estos módulos parecen exonerar al periodista de engorrosas o innecesarias descripciones sobre la naturaleza del fenómeno expuesto, pero comportan, en realidad, vaguedades en el tratamiento informativo y la deificación del rótulo en detrimento de la ilustración argumentada. Así, el uso de este tipo de fórmulas simplistas (junto con la descontextualización, el reduccionismo y la fragmentación) diluye o desconoce la complejidad de los hechos a los que se refieren, y “provocan un modelo de realidad único y simplificado que malforma los conocimientos” (Sinopoli, 2005: 156).
La naturaleza del lugar común ya fue estudiada por Aristóteles (IV a.c.), para quien los razonamientos retóricos fundados en los lugares comunes pertenecen al orden de lo creíble o de la verosimilitud, y no al orden de lo verdadero.[v] Así se generan discursos que afectan al auditorio sobre la base de lo ya convenido por un “contrato de lectura” no necesitado de explicaciones coadyuvantes, por una parte, y que descree de los cuestionamientos a su convención, por otra.
El lugar común evita la explicación y la inserción del fenómeno tratado dentro de un mapa contextual próximo a su natural complejidad. El lugar común nubla el cuestionamiento saludable, el pensamiento profundo, la pregunta abierta que revisa lo convenido para indagar en las razones de la convención. De esta manera, la opinión pública, como módulo invariable, arroja un objeto saturado de significaciones confusas, ambiguas y contractualizadas que puede ser visto como un dispositivo agilizador del discurso, pero que es, paradójicamente, “insignificante” en el respeto a la natural complejidad de la noción.
En este “ascenso de la insignificancia” de los términos y significados apropiados por la industria cultural (en este caso, por parte del periodismo), la recurrencia e invariabilidad de la opinión pública es sostenida por el uso desprejuiciado que de ella hacen los periodistas, quienes, en el mismo orden que muchos de los pensadores y escritores contemporáneos atacados por Castoriadis (1993), “traicionan su papel crítico y se vuelven racionalizadores de lo que es y justificadores del orden establecido” (Castoriadis, 1993/2000: 96). El lugar común es, ni más ni menos, uno de los dispositivos por excelencia del pensamiento fácil.
Dado lo anterior se deduce por qué el periodismo incurre en expresiones vagas, simplistas y remanidas tales como:
–“La joven fue abusada y luego asfixiada y el hecho conmocionó a la opinión pública” (Infobae, 04/12/2005);
-“El decreto arrastra una pésima imagen ante la opinión pública…” (Clarín, 26/12/2005);
-“Querían mejorar su imagen ante la opinión pública…” (La Prensa, 20/08/2005);
-“La opinión pública les acepta casi cualquier cosa” (La Nación, 29/12/2005);
-“El tema se instaló en la opinión pública cuando durante la semana pasada la empresa…” (Infobae, 25/01/2006);
-“La opinión pública está escarmentada de la manipulación de los asuntos relacionados con la seguridad…” (Página 12, 24/12/2005);
-“… Se vio en la opción de elegir entre el beneplácito del Gobierno y la reconciliación con la opinión pública…” (La Nación, 08/12/2005);
-“…El gobierno nacional había sondeado a Álvarez, incluso ante la opinión pública, para ocupar cargos…” (Infobae, 10/12/2005);
-“Lo que la opinión pública proyecta sobre la economía es clave para el buen desarrollo de ésta” (Clarín, 15/12/2005);
-“… Los gobernantes adopten actitudes triunfalistas o se sientan legitimados para gobernar en soledad, de espaldas a la opinión pública” (La Nación, 24/12/2005);
-“… Se estrenó en octubre del 2002, y produjo un verdadero impacto en la TV y en la opinión pública…” (Infobae, 07/01/2006).
En todos estos casos puede observarse la utilización de expresiones acomodaticias que incluyen a la opinión pública como un módulo que remite a una entidad indefinida, inexplicada, vaga pero verosímil, factible de ser entendida en cada caso como la sociedad o los ciudadanos en su conjunto; como el público receptor de una transmisión mediática (por lo tanto, improbable de ser la sociedad o los ciudadanos en su conjunto); como la matriz sensible sobre la cual los hechos “impactan”, “conmueven” o “conmocionan” (¿a todos los sujetos sociales? ¿a muchos? ¿a algunos? ¿es empíricamente comprobable o es una suposición y/o deseo del periodista?); como una entidad crítica preocupada por contubernios políticos (¿quiénes están “escarmentados” o adjudican una “pésima imagen a…”?), o como la misma entidad sólo que nada crítica y absolutamente permeable (que “acepta cualquier cosa”) ante un dirigismo verticalista; como un cuerpo aglutinado por un sondeo de opinión (¿realizado entre quiénes?) que aprueba o desaprueba un acontecimiento; como una esfera diferenciada del poder político, de los programadores mediáticos y del sector empresario (¿acaso los actores individuales de estas esferas no pueden conformar también la “opinión pública”?), y etcétera.
Acepciones disímiles, falsamente complementarias en algunos casos y llanamente contradictorias en otros. ¿Qué es la opinión pública según cada periodista y según cada caso? No hay explicación desde el emisor, por lo tanto sólo queda recurrir a la técnica de la sustitución paradigmática y observar la particularidad de cada enunciación. Y tampoco hay cuestionamiento visible desde el receptor. ¿Éste no pregunta o cuestiona porque no puede o no quiere hacerlo, o quizás porque “ya sabe” qué es la opinión pública gracias a la recurrencia del término en el discurso periodístico? Esto último debería ser parte de un estudio de campo que no pertenece a este artículo. Baste aquí con señalar, en este orden, que los ejemplos citados en el párrafo anterior parecen ser esclarecedores de lo que Gabás Pallás (2001) denomina la “resignación al sufrimiento de los estímulos divergentes” ejecutados por los medios de comunicación en la actualidad. (Gabás Pallás, 2001: 180).
Es claro que el periodista no tiene la obligación de ser un especialista en opinión pública para poder citarla en su información, pero sí debe ser consecuente con la complejidad estructural de la noción que decidió incluir en su mensaje, puesto que “el periodista que desconoce los principios disciplinarios para relevar causas, acopiar datos y advertir consecuencias es un periodista desarmado frente a la complejidad, que reduce su trabajo al efectismo retórico” (Sinopoli, 2005: 158). Así como el periodista difícilmente se aventure a incluir en sus dichos el módulo “teoría cuántica” sin traducir un mínimo background científico que haga asible la complejidad de una noción propia de las ciencias duras, ¿por qué sí hacerlo despreocupadamente con una expresión propia de las ciencias sociales? ¿Sólo porque es aprehensible y aceptada desde su presunción como lugar común contractualizado?

3. El recurso de la “traducción”

En el ejemplo comparativo anterior se utilizó la palabra “traducir” al momento de referirse al quehacer periodístico que acerca al público las nociones naturalmente complejas del pensamiento científico o del conocimiento teórico. Es necesario ampliar aquí esta concepción.
Si bien el discurso periodístico no es el mismo que el de las ciencias, esto no excluye que su tratamiento de los términos o fenómenos estudiados por las ciencias deba ser desmadrado del contexto original bajo la presunción de que cualquier referencia a él resultará incomprensible o vana para el público. En este punto, Domínguez Rubio (2001) traza la diferencia entre el discurso científico y el de circulación destinado a los no expertos en la materia específica, y alerta sobre los reduccionismos tergiversadores que pueden cometerse al momento de “alivianar” divulgativamente fenómenos de notable complejidad original. En lo específico, esto implica que el periodista no está llamado a ser un perito en el tema que aborda, pero “lo que sí implica es que para hacer entendibles los lenguajes científicos estos hayan de ser traducidos. […] En este punto, Moscovici tiene razón cuando dice que la traducción no se trata de una degradación del significado del término, en el sentido de un empobrecimiento, de pérdida de información, sino de una transformación radical de su significado…” (Domínguez Rubio, 2001: 6).[vi] Lo dicho supone que la traducción/transformación no se direcciona según un molde rígido e incuestionable (pues estaría cayéndose nuevamente en el pensamiento acrítico), sino que se abre a la asimilación a partir del reconocimiento de esquemas representacionales móviles e interdisciplinarios que abordan los fenómenos y los iluminan desde una complementariedad componedora de significado. Así, “esto no quiere decir sino que el significado no queda fijado, siempre permanece abierto y redefinido en distintos contextos y procesos” (Domínguez Rubio, 2001: 7).
Entonces, la naturaleza de los fenómenos obliga a su cabal mención en tanto hechos, procesos o nociones nacidos de esquemas de complejidad inherentes a su tratamiento y ocurrencia; caso contrario, se promueve un reduccionismo perverso (aunque quizá verosímil en términos aristotélicos) que privilegia la función fática por encima de una comunicación acorde con las verdaderas implicancias del acontecer. “Traducir” es consignar didácticamente que el objeto tratado es estructuralmente complejo y no soluble en la expresión de rótulos simplistas y recurrentes, ya que “cuando nos enfrentamos con fenómenos tan complejos que no permiten su reducción a fenómenos de orden inferior, sólo podremos abordarlos estudiando sus relaciones internas, esto es intentando comprender qué tipo de sistema original forman en conjunto” (Lévi-Strauss, 1978/1986: 28). En este sentido, y en los términos específicos de Bosch (1998) dedicados al comunicador social en general y el periodista en particular, resulta que éste debe formarse en una “cultura de síntesis” que integre la diversidad y complejidad de los rasgos de la sociedad contemporánea y sus avances en el pensamiento científico. De esta manera, la utilización de fórmulas remanidas y vocablos estereotipados dejará paso una concientización de los alcances de las dificultades teóricas que se esconden, entre otros ejemplos reconocibles, tras la vaguedad residente en “la opinión pública está escarmentada” y “la opinión pública está harta de”, o el reduccionismo velado –“inexistencia” en términos de Bourdieu– que se aloja en “según el último sondeo la opinión pública no está de acuerdo con”, o la frase hecha –hiperbólica y despótica– esbozada en “un acontecimiento que conmueve a la opinión pública”, o la evasión argumentativa que se esgrime impunemente en “para la opinión pública fulano tiene mala imagen”, “zutano es corrupto” o “mengano es el culpable” (pues el periodista, al no reconocerse como parte de la opinión pública, consigue proyectar en esta entidad lo que él parece no querer admitir ni fundamentar).
No se trata, entonces, de confeccionar un tratado sobre la opinión pública cada vez que el periodista decida incluir este término y noción en el cuerpo de la información. Se trata, en cambio, de tomar un conjunto de precauciones que reconozcan y comuniquen la natural complejidad de origen del objeto. O sea, “traducirlo y trasformarlo” en orden a los esquemas contextuales que dan origen, forma y aplicabilidad a la opinión pública. En este sentido, algunas claves:
-Saber que la opinión pública ha sido diferenciada histórica y teóricamente de “sociedad” o de “gente”, por ejemplo, es un buen comienzo. ¿Cuántas veces se perciben intercambiables estos términos dentro del discurso periodístico?
-De igual manera, reconocer que no es lo mismo hablar de opinión pública que de “público receptor” o “audiencia”. Y en el caso de que se los acepte como sinónimos, explicar por qué se “traduce” a la opinión pública de esa forma en esa circunstancia.
-Saber que cuando se le asigna un rol crítico y controlador a la opinión pública se está optando por una concepción histórica ilustrada que es bien diferente a otras grandes tendencias que adjudican a la entidad un estado de patente emotividad y volátil desempeño. En este caso, hay una componenda de esquemas que la “traducción” debe referir. Lo mismo vale para el caso inverso.
-Aclarar que un sondeo de opinión pública no es igual a la opinión pública, sino una herramienta que, con sus limitaciones, observa algunos ítems simples y acotados dentro de un probable clima de opinión que puede haber sido generado en el mismo momento de su medición (profecía autocumplida).
-Escapar a la tentación de utilizar a la opinión pública como un tercero disociado de la individualidad de quien lo enuncia. Cada vez que se dice “la opinión pública tal cosa” hay un distanciamiento en el que debe repararse y que reza que “la opinión pública son los demás, no yo”. Al “traducir” esta situación se salvan las evasivas argumentativas fundadas en el desplazamiento de las propias ideas u opiniones.

En síntesis, debe promoverse un reconocimiento orientado a la comunicación didáctica de un mensaje que respete la naturaleza del fenómeno al que se alude, evitando, de esta manera, la vaguedad y el simplismo propios de los módulos invariables y recurrentes que tergiversan el abordaje y la comprensión de la realidad.

4. Conclusiones

Como fue expuesto en la primera parte de este trabajo, “opinión pública” es un término clave para el periodismo, dado que a esta entidad se la esgrime como uno de los factores clave que componen y condicionan la actividad del informante profesional.
El diagnóstico diferenciador de las esferas teórico-analítica y práctica señala, por comparación, la liviandad con la que es utilizada la noción de opinión pública por parte del periodismo. Esta liviandad, irrespetuosa para con la complejidad inherente a un objeto de estudio interdisciplinario, revela que existe una contradicción entre la pretensión de profesionalidad del periodismo y su displicencia al momento de anclar y explicar el significado de la entidad en la que se embandera. Si “ser profesional no tiene grados. No se puede ser más o menos profesional. Se es o no se es” (Sinopoli, 2005: 156), entonces las frases hechas, los módulos invariables, las confusiones semánticas, los sinónimos que no son tales y las reducciones sustanciales demuestran que la opinión pública es, periodísticamente, un salvoconducto discursivo que atenta contra la profesionalidad del comunicador y socava las bases del entendimiento configurador de realidad social. Es que “en suma, la vaguedad procedimental, clave de la desprofesionalización del periodismo, es la consecuencia segura de una información fragmentada y, por lo tanto, tergiversada, que deviene sin remedio en la interpretación inconciente y en el juicio infundado” (Sinopoli, 2005: 172).
Sobre la base del reconocimiento del estado en el que se encuentra el debate teórico e investigativo sobre la opinión pública, se hace necesaria una “traducción” que respete la complejidad estructural del objeto mientras lo hace accesible al público. Accesibilizar y divulgar; no simplificar, reducir o fragmentar. Y para esto no es indispensable ser un experto en opinión pública (o en teoría cuántica), sino haberse preparado en una “cultura de síntesis” que posibilite reconocer la existencia de realidades y fenómenos mucho más complejos que aquellos que un lugar común permite reseñar.
Natalio Stecconi, febrero de 2006
Notas

[i] En el sentido kuhniano.
[ii] Aunque no en la misma línea de este artículo, puede encontrarse un referente en McQuail, Denis (1992). La acción de los medios. Buenos Aires, Amorrortu. Aquí el autor analiza cómo es concebida desde los medios la noción de “interés público”. Por otra parte, y siendo estrictos con el término “opinión pública”, en muchas de las obras dedicadas al tópico hay alusiones introductorias sobre la recurrencia del vocablo en el discurso mediático, pero esto es expuesto sólo como una observación y no como objeto de análisis.
[iii] Las obras citadas por Price son: Childs, H. (1939), “By public opinion I mean…”, en Public Opinion Quarterly n° 4, pp. 53-69; Cooley, C. (1902), Human nature and the social order. Nueva York, Scribner; Blumer, H. (1948), “Public opinion and public opinion polling”, en American Sociological Review n° 13, pp. 542-554; Key, V. (1961), Public opinion and american democracy. Nueva York, Knopf. p. 8.
[iv] En el sentido habermasiano.
[v] Aunque es ostensible que en muchas ocasiones verosimilitud y verdad pueden ir juntas, para Aristóteles los lugares comunes eran patrimonio exclusivo de la primera, puesto que eran prohibitivos en toda episteme fundada en el pensamiento elaborado.
[vi] La obra citada por Domínguez Rubio es: Moscovici, S. (1998). “The history and actuality of social representations”, en Flick, U. The psichology of the social. Cambridge, Cambridge U.P.

Bibliografía

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Links al material periodístico citado (consultado entre el 15 y el 30 de enero de 2006)

http://www.clarin.com/diario/2005/12/15/opinion/o-03501.htm
http://www.clarin.com/diario/2005/12/26/elmundo/i-02601.htm
http://www.infobae.com/notas/nota.php?Idx=226273&IdxSeccion=0
http://www.infobae.com/notas/nota.php?Idx=227188&IdxSeccion=0
http://www.infobae.com/notas/nota.php?Idx=231426&IdxSeccion=0
http://www.infobae.com/notas/nota.php?Idx=234857&IdxSeccion=0
http://www.lanacion.com.ar/763140
http://www.lanacion.com.ar/767339
http://www.lanacion.com.ar/768419
http://www.laprensa.com.ar/tapa/nota.asp?ed=1802&tp=7&no=58911
http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-60846-2005-12-23.html

jueves, febrero 09, 2006

No dar nada por sobreentendido,
no aceptar lo que sea como inexorable
y, menos aún, resignarse a que las cosas
ocurrirán siempre del mismo modo.

lunes, febrero 06, 2006

Aviso


Gente, por si no se dieron cuenta, el blog está raro. Se borró el post de Juli. A mí me borra los comentarios que hago. No creo que sea nada intencional porque la moderación de comentarios no está habilitada.
Por favor, si alguien tiene problemas, avise. Así sabemos de qué se trata.
Flor

Sin título

Hoy, voy a ser yo después de mucho tiempo. Hoy, 4 de febrero del 2006, tal vez el día que más lloré en mi vida. Voy a pedir disculpas por mi horrible escritura, pero no hay forma que me salga mejor.
Hoy me levante con ganas de luchar por lo que quiero, por lo que más ame en mi vida. Hace exactamente un año atrás, mi ex novio y yo terminábamos nuestra relación de cinco años aproximadamente.
Estos últimos 365 días pensé en cómo empezar una nueva vida sin él, pero me fue inútil encontrar la solución, no sólo porque no apareció otra persona, sino porque no quise buscarla. Él fue mi primer novio, mi primer y único todo y siempre creí que seria el ultimo.
Hoy fui a buscarlo, una vez más, para decirle cuan importante era en mi vida, fui a pedirle que empecemos de nuevo. Me equivoqué, volví a sentirme una idiota, volví a hurgar en sus cosas y a enterarme de otras que no quería, volví a llorar, volví a sufrir y volví para atrás.
No se ni porque escribo esto, tal vez es una forma de hacer catarsis, es la primera vez que me expongo así, yo sólo quería volver a empezar y volví a terminar.
Espero que sepan entender. Sólo necesitaba escupir todo mi dolor, me senté en la compu, abrí el blog y me salió esto.
Tal vez sea la charla que tuvimos ayer con Flor, jugarnos y luchar por nosotros mismos o quizá sea este síndrome incurable de quererlo tanto, como diría Arjona.
Pido disculpas…

Saludos

Juli