viernes, febrero 24, 2006

upps, había otro post

Si yo te quiero... Sí, te quiero. De verdad. Mamá no nos quería. A vos, sí. Ella no me quería, no. A vos más. ¿Te acordás del día que escondimos las ranas? Ella las odiaba y las escondimos en este sillón. ¡Qué cómodo era el sillón! Antes era cromado y tenía un soporte... ¿Te acordás de las ranas? Las escondimos a la sombra y después las pusimos abajo del almohadón. ¿Te acordás de cómo corrimos? Yo me escondí abajo del taburete del piano de Dora, hablaban de algo... de su embarazo, no llegué a escuchar mucho porque el perro empezó a ladrar. Y así vino la vieja... me arrastró de los pelos hasta el cuarto. Vos no estabas, llegaste después, te habías escondido atrás del reloj de la abuela. Llegaste y me viste la cara así, como un payaso. Así me decía mamá. “Sos tan linda como un payaso”-eso decía. Esa fue la primera vez que me acariciaste. Me dijiste que todo iba a estar bien y yo te contesté: “bombástico”. ¿Te acordás de cómo usaba esa palabra? Me encantaba... Desde que Julieta la había dicho en el colegio, no paramos de repetirla. A vos no te gustaba, me corregías: “se dice fantástico, che”. Pero esa vez, la de las ranas te quedaste callado. Cuando escuchaste que mamá dormía fuiste hasta el living y me trajiste una de las manzanas que estaban en el centro de mesa. Dijiste que a la mañana la repondrías. No querías que pasara la noche sin comer. ¿Te acordás? Te quedaste en mi cuarto y no necesité la muñeca porque vos estabas ahí. Para espantar todo lo malo. Eso me repetía para poder dormir. Sí, desde ahí que me querías. Yo lo supe. Ahí lo supe. Yo también te quiero, ¿sabés? En una época jugábamos al capitán meteórico y a la princesa. ¿Te acordás? Viajábamos juntos por todo el mundo... ¡Qué ingenuos! Estábamos en esta misma pieza y yo me paraba en este mismo sillón y sentía una luminosidad y una frescura que nadie me podía robar. Ni siquiera mamá. Pero después te alejaste un poco. No querías jugar más conmigo. Un día escuché que hablabas con Fito de las tetas de Julieta. Sí, te espié, ¿y qué? Estaba aburrida. Pero yo no soy cobarde. ¡Vos sos el cobarde! Nunca te animaste a decir nada. Ni siquiera a mamá. Nunca te animaste. Y ahora no hablás. ¿Por qué no hablás? ¿No vas a atender el teléfono? ¿No escuchás que no para de sonar? Debe ser esa putita con la que andás, esa belleza, tu sedante, como le decís. Debe ser esa. La que te provoca el ardor, sí, yo escuché cuando se lo decías... ¿No vas a contestar? Igual yo te quiero ¿sabés? Te quiero mucho, por eso lo hice... Vos me obligaste.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Es anónimo?

Anónimo dijo...

¿qué anda pasando con las identidades? ¿acaso importan?

Anónimo dijo...

Sí, tiene ¿qué?

Anónimo dijo...

Ese post también es raro.