El planteo no era este preciso pero, decididamente, no se debe soñar. Esos sueños que cunden en las noches o nuestras almas inacabadamente, a propósito no son reales sino ideales, y en ese marco, fuera del pragmatismo, entre lo utilitario y lo esencial, dependerá de qué soñemos, se hayan dispersos y confusos los artilugios que gobiernan las redes de nuestros pensamientos, las redes sociales y las redes con las que atrapamos la misticidad corroída, para abandonarla luego en alguna plegaria condenable, perdida, cotidiana.
Simultáneamente, nuestros esbozos de fantasías, que pueden encontrarse cual transeúntes del divague, atacan nuestra realidad provisoria, potente y contigua, puesto que derivan a que las mentes tomen posesión de nuestro todo y nos subyuguemos a una alteridad ególatra, a un paralelismo siniestro. Es así como, sentados a la mesa, por ejemplo, asentimos, gesticulamos y ejercemos demás acciones como si en verdad estuviésemos allí, cuando en realidad, que no es “la realidad”, sino lo real pero trastocada según la mente trastornada en la que confluyen los pensamientos jugando al anonimato, nos vemos convertidos en mejores, o peores, responsables de causalidades, de series de hecho y sucesos en donde hacemos partícipes a un número inmensurable de personas que, homogéneamente, disfrutan de estar allí, esfera en la que pareciera no haber límites, disquisiciones, inhibiciones, escisiones, categorizaciones.
Tales asuntos tampoco son verídicos en esa realidad simbólica, aleatoria y ultrajada. En lo alternativo hallamos entonces las respuestas a todo…significativamente al todo nunca preguntado; aun así, nos mentimos asiduamente.
Al cabo de minutos – los periodos de horas indicarán patologías psiquiátricas avanzadas- es notable cómo la acción ha progresado en torno nuestro. Otra vez nos hemos perdido de “algo”. Un “algo” quizás poco fortuito, que no nos atavía, que permite, incluso, el uso de cualquier mediación del pensamiento conductista al alcance. He aquí un nuevo problema: ¿cómo ‘conducirnos ’, frente a qué estímulos – respuestas, si no hemos captado los inputs externos, si los emisores en verdad han malgastado tiempo y esfuerzos en un sinsentido por vez reiterada? Sólo nos guiamos por lo conspicuo y exterior y ahora nos exponemos como víctimas de la realidad verdadera cuando un comentario de nuestra distracción irrumpe en la línea metamorfoseada del pensamiento.
Nos preguntamos quién osa interrumpirnos y llamarnos “distraídos” cuando, contrariamente, estamos bien afinados y concentrados en la creación del submundo; el pretérito se escabulle y lo ulterior se profetiza. Mientras evacuamos nuestras mentes soberanas de cualquier hesitación acerca de la crueldad y el nivel de <
De una vez, nos extasiamos con lo oportunamente confiado a nuestra imaginación y creemos estar bebiendo del incólume elixir de la elección, la libertad, etc.. Mas yo me pregunto, inquiero, porque en verdad deseo satisfacer mis necesidades, ¿qué sucede cuando nuestras alteridades creadas, sin suministro más que la imaginación –que no se acaba pero se perturba- comienzan con reticencias, o bien a fascinar sobrecogedoramente, abrumar y matar al ensueño, dejando todo lo sublime a flote, y lo inaudito a la deriva? ¿ qué ocurre si, en vez de contar con un pensamiento constructivista, comenzamos a desbaratarnos, a castigarnos por lo que pensamos que haríamos en tal o cual ocasión, por violar nuestra libertad condicional como individuo inmerso en una sociedad civilizada, como padre, como hijo, y así el orden de las cosas?
Laméntense. Esa imaginación que tanto hemos ponderado, amigos, no es más que nuestra carcelaria prueba de que la voluntad es acotada: mientras más imaginamos, más creamos, y no ha devenido por nada durante siglos que los creativos se asemejan a los locos, pues es una connotación mayoritariamente absurda, mas quienes yerran son, en efecto, los que demasiado imaginan y poco concretan. Facto, facto, facto.*
Una vez más y esclarecido: aquellos que gozan en estados de hipnosis inventadas, que ríen –paralelos- y se desmoronan en llanto –reales- , todavía más lágrimas derramarán cuando ante sus ojos refunfuñe el presente pasado y sin meditar revelen y desnuden su mente traidora.
Amigos: han imaginado pero no han vivido, pues han existido con piloto automático, con excesiva inanición óntica, cual vegetales, en una realidad amalgamada, ya predispuesta al cambio, y se alzaron con el rabo inquieto bajo los mandatos de sus propias conjeturas. Peor aún, pueden hacer daño. El pensamiento no interactivo acumulado tiende a fallar: genéricamente es absurdo e inerte. Entonces, unimos los nodos de pensamiento y nos damos cuenta de su inexistencia en la vívida realidad y rara vez decantamos.
Conjuntamente, falla en el traspaso de lo ideal a lo real; falla en la percepción de la realidad; falla en la ilación y concatenación de los pensamientos; pensamientos malignos; disconformidad con lo real por su aparente diferencia con lo ideal/soñado/pensado; acumulación de realidades apáticas; sinnúmero de frustraciones, sea por inconcebible y descabellado nuestro querer, sea por el encuentro traumático con lo realmente real, o sea por el nefasto pasaje de uno a otro. Invadidos por lo infame, todo lo impoluto creado ha de desaparecer, sobrio de vivencias.
Ahora bien, si no desean ser ustedes quienes yerren, supliquen a sus demandas soslayarse y eviten el llanto, el llanto acumulado, la ira, las anestesias para el sueño (o para soñar) y vivan Carpe diem, menos atormentados. Hagan de sus días un sesgo, no banalicen las horas derrochando recuerdos, ni tampoco apaguen del todo a la bestia centrípeta, egoísta, competitiva: su imaginación.
A.N.
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*NA: El uso deliberado de este vocablo no debe interpretarse políticamente.


