Durante transcurso del último año me encontré respondiendo siempre, de alguna u otra manera, la misma pregunta: ¿Y ahora, qué? Creo que es la quintaesencia de mi vida, la piedra angular de mi melancolía. Toda incertidumbre genera cierto ardor estomacal, quizá por eso uno se aferra con tanta energía a la rutina y busca en las excepciones -viajes, por ejemplo- la ilusión de algo que será diferente, renovador y liberador.
Sin embargo la incerteza siempre vence. No hay manera de que un inquieto encuentre calma o consuelo en el cambio de territorio. Uno ES, donde quiera que sea. A medida que es, duda. Quiere saber qué pasa y qué va a pasar, o qué pasó. O por qué, o cuándo, cómo, por cuánto tiempo, cuánto cuesta, a dónde lleva, estaré perdido, buscaré toda la vida, me quedaré solo, moriré mañana, comeré caliente esta noche, andará la ducha, estará esta chica, por qué no me contesta el mail, lograré ese ascenso, ganará boquita, pasaré el examen, llegaré con el pago, lloverá el fin de semana, iremos a Mardel: ¿y ahora, qué?
La capacidad para lidiar con lo inesperado parece ser absolutamente vital para poder aprovechar el presente. Es decir, si uno pasa demasiado tiempo preocupándose por lo que viene ("¿Y ahora, qué"?) se pierde buena parte de lo que ya vino. Claro que, enroscado como siempre, uno nota la situación y quiere forzarse a disfrutar de un ahora que no disfruta, lo cual agrega una preocupación al atribulado cerebro, en lugar de aportar una solución que calme.
Hace dos semanas me instalé en un departamento de Londres. Quizá algunos de ustedes recuerden que, a principios del año pasado, una enfermedad que golpeó a un familiar -un cáncer de mi suegro- llevó a que suspendiera un viaje, justamente a Inglaterra.
Pasaron dos operaciones, mil exámenes y muchas buenas y malas noticias. Mi novia consiguió una pasantía en un museo londinense y decidimos venir tres meses. Pero el cáncer volvió a aparecer, y algunas corridas más tarde empezamos a replantearnos todo el viaje.
Finalmente pudimos venir, a la expectativa de una operación que no sabemos si se realizará o no (faltan algunos estudios para determinarlo). Todas las noches dormimos con la posibilidad de volvernos al día siguiente. Mientras ella hace su rutina museológica, yo paseo por un país pequeño y amable, tan distinto a esta ciudad furiosamente cosmopolita.
Tengo tiempo: un mes de vacaciones que me servirán para caminar la ciudad, y ver otras, salvo que. Salvo que algo. Para los que tienden a idealizar, les digo: esa libertad de movimiento en soledad es apabullante. (¿Y ahora, qué?).
Me muevo y me muevo. Voy. Vengo. Voy. A veces llego a lugares como Salisbury, Bath, Cardiff, Stonhenge, Brighton o la mismísima Oxford que ven en la foto.
Ni el título ni la imagen son casuales. Yo estoy ahí, pese a la ausencia aparente. Pueden descifrar donde si miran con atención. Un poco como me pasa a mí con el deseo, con la alegría y con el disfrute en estos minutos lluviosos de un país ajeno que me abre los brazos.
Besos a todos.
L>S>D>A
10 comentarios:
y ahora que pasa, ¿eh?
así empeiza la naranja mecánica de burguess, (también ... reversionado, el tema de los violadores, 1,2, ultraviolento). Tu texto me llevó hasta esa primera página, como un acceso directo de windows. Me hace pensar. Queremos saber. El saber es sufrimiento. Entonces somos personas que sufren. Pero también el saber el movimiento, inquietarse por una (aunque sea) respuesta. Entonces somos play mobils. La libertad, aprisiona. La joda en la respuesta es todo el tiempo y el trayecto hasta encontrarla. Es el medio. Seún un excelente corto "la consumación es la enemiga del deseo". Y si se prueba frenar? y si se prueba ser atemporal? Sin tiempo ... no hay un "ahora que?" que acose, por que no habría ahora. Es imposible, pero ... tal vez posible "durante un rato". Pensar: ahora estas en Londres, no siempre se puede, no todos pueden, cada segundo es un grano de oro que se consume. Mejor aprovecharlo.
Ojala que la enfermedad se vaya, se emancipe por su cuenta y no vuelva.
saludos
adeu!
Hoy a la tarde, cuando vi el post me alegré, escribí mucho, en un comentario que me gustaba como había escrito, que me mostraba y que expresaba lo que me había parecido esto que escribís. Pero mi pc del trabajo se colgó, y todo se borró...Y ahora?
Decía, algo como que me gusta lo que escribís, que cae justo en un momento en mi vida en la que me pregunto mucho eso. Que yo tambi, que amigos blogueros me vieron en ataque de locura medio border en un momento no hace mucho. Yo viví lejos un tiempo y ahí, también pensé mucho. Que estando lejos definí cosas en mi vida muy importantes, como mi carrera, la fotografía y que quería estar con él.
Todo esto como breve resumen de lo que se borró.
Allá estás acompañandola en ese "nos volveremos mañana?".
Y que me quedaba con esto: "La capacidad para lidiar con lo inesperado parece ser absolutamente vital para poder aprovechar el presente"
De más está decir la envidia por que vos estás ahí y yo en la Baires calurosa de enero. Y que cada vez me gusta más como escribís.
Cuando vuelvan todos, hay juntada, no se discute más.
Saludos cansados.
eugeh
Gracias, Diego. Gracias, Euge.
Aclaro que en efecto yo estoy en esa foto que posteé. Por lo que veo, hasta ahora ninguno de ustedes vio dónde.
Diego, la clave está precisamente en lo que decís: suspender el tiempo y pensar en el ahora. Pero si llego a plantearme que "cada segundo es un grano de oro que hay que aprovechar", con el nivel de exigencia que cargo probablemente termino suicidado bajo el peso de la impaciencia.
Un abrazo a todos y prometo escribir alguna cosita más (¿de la extranjería, del miedo al terrorismo?).
P
es que justamente "el oro" es metafora, hay que aprovechar para tirarlo por los aires, nada tiene que atar a nada. Me arriesgo a jugar a este "donde esta wally" y digo ...en.... la cabina telefónica?
(me paree un escondite propicio y muy londinense)
Mi vida, cual péndulo de Foucault, oscila entre pasado y futuro. Por suerte, irremediablemente aquel recorrido tiene una estación instantánea en el presente. Es el estar y no estar.
Brillante lo tuyo, Pablo.
Te adivino en el fondo, estacionado, como una sombra, en aquella majestuosa entrada.
Abrazos.
fv
Hermoso eso que escribiste.
Te cuento que mi sueño de toda mi vida es ir a Londres.
Y como diego me arriesgo a decir que si no sos el de la cabina de teléfono cambiandose para salir como Superman, creo que tambien podes ser el que cruza la puerta de espaldas y todo de negro.
¿Adivine?
Pará, en la foto, aparecés como Pablo o como la "Langosta"? Porque así, no te encontramos ni en joda, somos todos chicatos los blogueros!
eh
hablá por vos euge, yo veo bárbaro!
Igual lo mio, es una excusa para usar anteojitos lindos sesentosos!
Ya sé que me peleas!
eh
estoy pensando, langosta, que algo tengo que pedirte de londres, pero son casi las dos de la mañana y no recuerdo qué.
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