viernes, octubre 01, 2010

Septemberfest



Otra vez, la lectura. Lectura de septiembre, lectura de invierno mentiroso o de final de primavera, quién sabe. Es difícil pasearse con un libro y abstraerse de su contexto, de su universo de su -dirían en el cine- diégesis. Las cosas toman otra dimensión cuando quedan escritas. Supongamos, por ejemplo, que uno es periodista deportivo, que sufrió más de una vez el escarnio de ir a Ezeiza para intentar hablar con un jugador de fútbol de la Selección Argentina. Supongamos, incluso, que fue al Mundial, porque ama la pelota, porque disfruta del juego. Vamos hacia allí, insistamos en este juego: el grabador preparado, el estudio de reojo a los crápulas de televisión, la multitud de colegas sedientos con los colmillos preparados, los jugadores -reyes de una sesión insólita- que entran, la valla que se clava en la cintura, el ruido, las preguntas, las respuestas de ocasión, el ruido, la valla, un movimiento cada vez más imposible, el asma y el ruido, la maldición cotidiana, qué hago yo acá otra vez, por qué, por qué, por qué elijo sumirme en esta desgracia y por qué regalo mi dignidad a los zapatos de estos superhéroes.

Supongamos, ahora, que uno se encuentra con el escrito de su desventura. Que, desde afuera, una periodista escribe un libro que se llama Apache. Que nombra a Carlos Tévez y le agradece su ayuda a la redacción que uno compuso en un diario lejano. Que cita a gente que a uno le es cercana. Que describe personajes nefastos y de los otros, pero siempre dentro del mundo al que uno pertenece. Supongamos que uno se fascina con el libro más allá de su escritura o de su anécdota.
Trasformemos nuestras vidas, comencemos a pensarlas desde una página raída: "Pablo salió a la calle y enseguida notó que sufriría el calor. Sabía que no podría paliar el hambre: no tenía un centavo en el bolsillo y la bondad de los vecinos desde hace tiempo se había desvanecido". Agreguemos aventura a nuestro sentir de siempre.

Es difícil evitar los universos, sobre todo cuando uno es parte. Y parece claro que hasta el desengaño, la abulia y el dolor toman un matiz de arte cuando terminan registrados. Letra sobre letra, la miseria es brillo.

Pero volemos un poco más, y vayamos a Madrid, y hablemos de Marcelo Luján, un hombre argentino que vive en el exilio voluntario y que ganó un premio de nombre estrambótico: el Premio a la novela negra de la Municipalidad de Getafe. Qué suerte, pienso. Qué locura. Lo publicaron acá y allá. Un libro bien: La mala espera. Getafe, quién supiera, quién pudiera.

Las primeras líneas dan sensación de lejanía. Dice vos, dice estás, dice boludo y se hace el porteño. A este lo premiaron por ser argentino, pienso. Y entro en la lógica de esa novela en la que pasa poco. La anécdota es corta, pasa poco, no hay más, y es inevitable preguntarse cómo puede ser que las páginas pasen y uno siga leyendo. Fácil: el universo, la diégesis, los personajes.

Uno es pobre, uno es espía, uno transita esa Madrid putrefacta de inmigrante y recibe una paliza y escucha las hisotrias y se desvive por los engaños. Se puede respirar, en esa atmósfera cortazariana, la sangre y la envidia y el rubor del policial fallido. Es argentino, es cierto, pero quizá lo premiaron porque escribe bien. Quizá no les importó lo que pasara, sino esta narración interminable que son todas las narraciones posibles, este universo en el que cada uno de nosotros, metidos en el eje de una desesperación cotidiana, busca escapar de sus aulas, de sus computadoras y de esa valla que se clava en la cintura mientras el grabador hace su trabajo y el pensamiento, acuciante, nos lleva a preguntar por qué.

5 comentarios:

flor dijo...

en estos días lo entrevisto a Carlitos.

Sí, yo.

yo.

Y no es la entrevista que quisiera.

Ni en pedo.

Tengo que sacarle un secreto.

Preferiría hablar de otras cosas.

Las cosas que me pasan por estar trabajando para publicitarios.

Sólo Mailer puede llamarse a sí mismo Mailer.

Anónimo dijo...

Ojo: dícese "Calito".

Qué pendejo tan inteligente, talentoso y adorable, y no lo digo al estilo revista Gente con tal de sacar una tapa que venda bien.

Ese muchacho es más complejo de lo que una circunstancia de moda podría tapear.

Anónimo dijo...

Mirala a la flor, ahí, con "Calito", definitivamente un cruce cultural. Interesante. Ya tienen fotógrafo??
eh

Anónimo dijo...

Uh. Me olvidé de firmar el comentario anterior.





(Este charco no tiene borde, después del agua hay más agua...)



NS.

flor dijo...

eh, lamentablemente sera via mail.

(no me andan las tildes en blogger, ¿a uds, les pasa lo mismo?)

Y s´´i Nat, complejisimo. Me encantaria hacer una entrevista acorde... quizas en alguna otra ocasion.

igual espero estar a la altura de las circunstancias.