
Y una cree, estúpidamente, que se le guardarán raras ausencias, no en lo esencial pero sí en lo simbólico, como si no fuera infinitamente más fácil arrasar con los símbolos que con los hechos pasados y acaecidos, y éstos se suprimen o borran sin excesivo esfuerzo, basta con estar resuelto y sujetar las remembranzas. Una no cree que él no vaya a tener un nuevo amor o una amante dentro de poco tiempo, no cree una que no la esté ya esperando sin saber que la espera, o incluso buscándola con el cuello erguido y la mirada alerta sin saber que busca, ni que no lo haga ilusión pasiva la aparición previsible de quien aún carece de rostro y nombre y por tanto los encierra todos, los posibles y los imposibles, los soportables y los nauseabundos. Y sin embargo, sí cree una incongruentemente que a ese amor nuevo a amante no lo llevará él con los niños a casa, ni a nuestra cama que ya es sólo suya, y que lo verá casi a escondidas como si el respeto hacia mi recuerdo aún reciente se lo impusiera o se lo implorara –un susurro, una fiebre, un rasguño-, como si él fuera un viudo y yo fuera una muerta merecedora de duelo a la que no se puede sustituir tan pronto, todavía no, amor mío, espera, espera, no es aún tu hora y no me la arruines, dame tiempo y dáselo a ella, a esta muerta, su tiempo que ya no avanza, dáselo para difuminarse, deja que se convierta en fantasma antes de ocupar tú su sitio y ahuyentar su carne, déjala convertirse en nada y aguarda a que no quede olor en las sábanas ni en mi cuerpo, deja que lo que fue no haya sido. Cree una que él no admitirá así como así a esa mujer a nuestras costumbres, y a nuestro retrato, que no permitirá que sea ella de repente quien lo ayude a preparar la cena –deja, ya haré yo las tortillas- y quien se siente junto a él y los niños a ver un video –nadie en contra de Tom y Jerry-, ni que sea ella quien se asome de puntillas luego –estás rendido, ya voy yo, no te muevas- a apagar las luces de los dos cuartos, tras comprobar que mis niños se han dormido con un Tintín en las manos que se deslizó sin sobresalto hasta el suelo o con un muñeco sobre la almohada al que asfixiará el diminuto brazo de los sueños simples.
7 comentarios:
Agradable.
NS
Más perturbador que agradable, ¿no?
Lo del Tintín en la mano me suena a España, es más todos estos textos me recuerdan a como escriben los españoles. ¿La autora (suponiendo que sea mujer) es española?
Saludos,
Marcos.
No, pertubador no.
¿Inquietante?
NS
mmhh, es mujer me juego 100%.
Basta de misterio!!!!
EH
Si esto no es de Javier Marías se le parece mucho, casi demasiado.
Parece que no estamos destinados a conocer quién es el/la autor/a de estas crónicas.
Lo lamento muchísimo.
NS
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