Nat, ¿podrías postear la maniquea Nº1? Acabo de encontrar una impresa, pero no la veo entre mis archivos. Me parece que vendría bien. Siempre y cuando usted quiera, claro.
La encontré. La pongo aquí porque no vale un post. Demasiado pacata.
Más allá del tratamiento del contenido (¡qué buena elección el título de la publicación!), es proverbial el momento en el que fue escrita. Luego vendrían el septiembre de allá y el diciembre de acá.
"Qué pelotudo", fue lo único que repetía mientras releía esto. Me hizo bien. Son de esos encuentros que te hacen pensar antes de reventar impiadosamente un escrito ajeno.
Días atrás me cubrí de tierra mientras revolvía un armario lleno de revistas viejas. Entre muchas y diferentes, encontré unas Humor® de principios de los años 80. En una de ellas, aparecía una historieta de Grondona White que recreaba, en forma ácida y humorística, la visión orwelliana de nuestro futuro que ya no es tal. Y no es tal porque aquella visión futurista no hacía sino hablar de nuestro presente. Es decir, el futuro de Orwell, Grondona White y la revista Humor® de los tempranos años 80 se convirtió hoy en nuestro inefable presente. La historieta estaba muy bien lograda, aunque, aparentemente, aún no han llegado a expulsarnos de una nave espacial sólo por tener una muela podrida, tal como lo representaba uno de aquellos memorables cuadritos. Mejoramiento de la raza, aducían.
Si nos referimos al cerebro original, George Orwell vaticinó en 1984 un presente autoritario, automatizado, con Policías del Pensamiento, censores, pantallas y personas ubicuas y “soplonas”. Muchos aseguran que esa predicción novelera nunca se dio ni podrá darse. La prueba está, dicen, en que la realidad actual nos demuestra lo contrario. Y la realidad es irrefutable. Georgie, cómo te equivocaste. No existe la pantalla ubicua, el partido único, los censores que reconstruyen el pasado según las necesidades presentes, ni la construcción de la realidad a través de mediaciones técnicas. Georgie, 1984 te salió al revés.
La Policía del Pensamiento de Orwell se asemeja al cuerpo de bomberos creado por Ray Bradbury en Fahrenheit 451. Sólo que este escuadrón, en lugar de reprimir pensamientos inadecuados, quema libros. Porque, claro está, los libros te hacen pensar. Si no te pueden quemar la cabeza, hacen arder el papel con que ella se alimenta. Pero eso tampoco sucede hoy. Nadie quema libros para que otros no los puedan leer. Es más, puedo arriesgar la siguiente y oscurantista herejía: existen demasiados libros en busca de lectores incautos (por favor, no me expulsen de la nave, recuerden que eso tampoco sucede hoy). En síntesis, otro libro equivocado. Ray, Fahrenheit 451 te salió al revés.
Stanley Kubrick, basándose en la novela homónima de Arthur C. Clarke, nos hizo ver esa película incomprensible llamada 2001: odisea espacial. Unos simios proto humanos descubren la violencia inmanente al ser humano y de allí nos transportan a la nave espacial que actualmente flota encima de nuestras cabezas. Y ese patético monolito que aparece y desaparece. Por favor…¿dónde están los simios, el monolito, el fémur y el feto? A Stanley no sólo le salió una película aburridísima, sino que también vaticinó todo al revés.
Ayer prendí la tele y miré un rato Gran Hermano. Debo reconocer que formo parte de esa horda de gente con aire intelectual que en público afirma “Nunca miro X” (reemplácese “X” por el nombre del exitoso programa de TV del momento, con alto rating, bajo nivel cultural, muy criticado en diferentes círculos y, por lo general, muy entretenido). En dicho programa, dos jóvenes hablaban entre sí con sus códigos usuales: el sustantivo adjetivo “boludo” intercalado cada tres palabras (por otra parte, estas tres de relleno, muy irrelevantes). Demás está decir que el mismo vocablo es proferido entre las mujeres (¿?). Escuché también la utilización de la “s” al final de los verbos conjugados en pasado de la segunda persona del singular: “vistes”, “fuistes”, “escribistes”, etc. Y, por supuesto, el “tipo que” utilizado hasta para tararear una melodía. Pero estos errores no son pecados capitales. Tampoco lo es una actitud pasiva que roza la muerte ambulante, ni haber leído algo más en la vida que no fuera la parte de atrás del frasco de mayonesa, ni la apatía como bandera, ni el deseo irrefrenable de que te pongan una cámara detrás de la ducha sólo para dormir tranquilo por la noche sabiendo que sos famoso (dormir tranquilo implica que no te importe la otra cámara que está detrás de tu almohada).
Ayer también observé que en la tapa de un gran diario argentino se lucía un título que nos invitaba a ser optimistas gracias a los nuevos miles de millones de dólares que nos prestaban de algún lado inexpugnable y míticamente conceptualizado. Otro título de la misma tapa y del mismo diario rezaba “Estamos ganando la batalla contra….” no me acuerdo qué problemita económico. No me acuerdo porque mis ojos repararon demasiado en las cuatro primeras palabras de ese título. Me pareció que un titular muy similar a ese fue publicado en la tapa de una revista de actualidad de hace unos años atrás. Descubrí la pólvora: tengo la hipótesis de que este tipo de titulares aparece en los medios que mantienen alguna relación con el gobierno de turno.
Ayer escuché por radio a una gremialista docente explicar por qué debían hacer paro todas las escuelas del país para demostrar causa común con unos maestros de una provincia argentina. Solidaridad, le dicen.
De pequeño suponía que hoy estaríamos volando unipersonalmente con adecuadas hélices en nuestras asentaderas. Todo porque les creí a autores como aquellos y sus deformadas visiones futuristas.
White, hoy no nos expulsan de las naves espaciales por tener feas muelas. George, nadie intenta hoy dirigirnos el pensamiento y las acciones. Las organizaciones plenipontenciarias, paternalistas y oscuras no tienen cabida en la realidad. Stanley, hace rato que dejamos de ser simios y de rompernos huesos en la cabeza.
Aunque también es posible que no haya podido entender sus parábolas, y que el hecho de dejarse encerrar en una casa durante tres meses para decir “tipo que me re-cabió” en un confesionario público (¿?), sea lo que exacta y metafóricamente profetizó Orwell medio siglo atrás. Ni qué decir de Bradbury.
No hace falta quemar libros para evitar el pensamiento. No se puede destruir aquello que nunca se tuvo.
4 comentarios:
Siempre y cuando dé con el disquete.
Voy a buscar.
Vos me metés en cada brete técnico-pudoroso...
Recién llego del cine: "nada se acaba hasta que se acaba".
¡Gracias Rocky!
pd: El hecho de que Paulie haya elegido a Sinatra es una joya.
La encontré. La pongo aquí porque no vale un post. Demasiado pacata.
Más allá del tratamiento del contenido (¡qué buena elección el título de la publicación!), es proverbial el momento en el que fue escrita. Luego vendrían el septiembre de allá y el diciembre de acá.
"Qué pelotudo", fue lo único que repetía mientras releía esto. Me hizo bien. Son de esos encuentros que te hacen pensar antes de reventar impiadosamente un escrito ajeno.
La Maniquea
Monopublicación
Agosto de 2001 – Número 1
“4891, 154, 1002”
Días atrás me cubrí de tierra mientras revolvía un armario lleno de revistas viejas. Entre muchas y diferentes, encontré unas Humor® de principios de los años 80. En una de ellas, aparecía una historieta de Grondona White que recreaba, en forma ácida y humorística, la visión orwelliana de nuestro futuro que ya no es tal. Y no es tal porque aquella visión futurista no hacía sino hablar de nuestro presente. Es decir, el futuro de Orwell, Grondona White y la revista Humor® de los tempranos años 80 se convirtió hoy en nuestro inefable presente. La historieta estaba muy bien lograda, aunque, aparentemente, aún no han llegado a expulsarnos de una nave espacial sólo por tener una muela podrida, tal como lo representaba uno de aquellos memorables cuadritos. Mejoramiento de la raza, aducían.
Si nos referimos al cerebro original, George Orwell vaticinó en 1984 un presente autoritario, automatizado, con Policías del Pensamiento, censores, pantallas y personas ubicuas y “soplonas”. Muchos aseguran que esa predicción novelera nunca se dio ni podrá darse. La prueba está, dicen, en que la realidad actual nos demuestra lo contrario. Y la realidad es irrefutable. Georgie, cómo te equivocaste. No existe la pantalla ubicua, el partido único, los censores que reconstruyen el pasado según las necesidades presentes, ni la construcción de la realidad a través de mediaciones técnicas. Georgie, 1984 te salió al revés.
La Policía del Pensamiento de Orwell se asemeja al cuerpo de bomberos creado por Ray Bradbury en Fahrenheit 451. Sólo que este escuadrón, en lugar de reprimir pensamientos inadecuados, quema libros. Porque, claro está, los libros te hacen pensar. Si no te pueden quemar la cabeza, hacen arder el papel con que ella se alimenta. Pero eso tampoco sucede hoy. Nadie quema libros para que otros no los puedan leer. Es más, puedo arriesgar la siguiente y oscurantista herejía: existen demasiados libros en busca de lectores incautos (por favor, no me expulsen de la nave, recuerden que eso tampoco sucede hoy). En síntesis, otro libro equivocado. Ray, Fahrenheit 451 te salió al revés.
Stanley Kubrick, basándose en la novela homónima de Arthur C. Clarke, nos hizo ver esa película incomprensible llamada 2001: odisea espacial. Unos simios proto humanos descubren la violencia inmanente al ser humano y de allí nos transportan a la nave espacial que actualmente flota encima de nuestras cabezas. Y ese patético monolito que aparece y desaparece. Por favor…¿dónde están los simios, el monolito, el fémur y el feto? A Stanley no sólo le salió una película aburridísima, sino que también vaticinó todo al revés.
Ayer prendí la tele y miré un rato Gran Hermano. Debo reconocer que formo parte de esa horda de gente con aire intelectual que en público afirma “Nunca miro X” (reemplácese “X” por el nombre del exitoso programa de TV del momento, con alto rating, bajo nivel cultural, muy criticado en diferentes círculos y, por lo general, muy entretenido). En dicho programa, dos jóvenes hablaban entre sí con sus códigos usuales: el sustantivo adjetivo “boludo” intercalado cada tres palabras (por otra parte, estas tres de relleno, muy irrelevantes). Demás está decir que el mismo vocablo es proferido entre las mujeres (¿?). Escuché también la utilización de la “s” al final de los verbos conjugados en pasado de la segunda persona del singular: “vistes”, “fuistes”, “escribistes”, etc. Y, por supuesto, el “tipo que” utilizado hasta para tararear una melodía. Pero estos errores no son pecados capitales. Tampoco lo es una actitud pasiva que roza la muerte ambulante, ni haber leído algo más en la vida que no fuera la parte de atrás del frasco de mayonesa, ni la apatía como bandera, ni el deseo irrefrenable de que te pongan una cámara detrás de la ducha sólo para dormir tranquilo por la noche sabiendo que sos famoso (dormir tranquilo implica que no te importe la otra cámara que está detrás de tu almohada).
Ayer también observé que en la tapa de un gran diario argentino se lucía un título que nos invitaba a ser optimistas gracias a los nuevos miles de millones de dólares que nos prestaban de algún lado inexpugnable y míticamente conceptualizado. Otro título de la misma tapa y del mismo diario rezaba “Estamos ganando la batalla contra….” no me acuerdo qué problemita económico. No me acuerdo porque mis ojos repararon demasiado en las cuatro primeras palabras de ese título. Me pareció que un titular muy similar a ese fue publicado en la tapa de una revista de actualidad de hace unos años atrás. Descubrí la pólvora: tengo la hipótesis de que este tipo de titulares aparece en los medios que mantienen alguna relación con el gobierno de turno.
Ayer escuché por radio a una gremialista docente explicar por qué debían hacer paro todas las escuelas del país para demostrar causa común con unos maestros de una provincia argentina. Solidaridad, le dicen.
De pequeño suponía que hoy estaríamos volando unipersonalmente con adecuadas hélices en nuestras asentaderas. Todo porque les creí a autores como aquellos y sus deformadas visiones futuristas.
White, hoy no nos expulsan de las naves espaciales por tener feas muelas. George, nadie intenta hoy dirigirnos el pensamiento y las acciones. Las organizaciones plenipontenciarias, paternalistas y oscuras no tienen cabida en la realidad. Stanley, hace rato que dejamos de ser simios y de rompernos huesos en la cabeza.
Aunque también es posible que no haya podido entender sus parábolas, y que el hecho de dejarse encerrar en una casa durante tres meses para decir “tipo que me re-cabió” en un confesionario público (¿?), sea lo que exacta y metafóricamente profetizó Orwell medio siglo atrás. Ni qué decir de Bradbury.
No hace falta quemar libros para evitar el pensamiento. No se puede destruir aquello que nunca se tuvo.
Publicar un comentario