El teatro inunda las calles porteñas, con espectáculos que atraviesan los más variados géneros: comedias, infantiles, revistas, musicales, etc. Esta experiencia inolvidable se convierte en un contacto íntimo con los ancestros que leían obras literarias en tiempos lejanos ante una gran audiencia. Algo similar se vivió en la Biblioteca Nacional, el sábado pasado, cuando Argentores (entidad de autores argentinos) organizó una jornada de teatro leído a cargo de Susana Torres Molina en donde se repasaron textos dramáticos, sainetes y grotescos argentinos escritos en el siglo XX.
Diez minutos después de las cinco de la tarde, una de las salas del establecimiento, que se luce desde adentro por su gran colección literaria y por afuera por su moderna estructura, albergó a aproximadamente 30 personas que en promedio no bajaban de los 45 años.
Luciendo un jogging negro y una musculosa turquesa, y desdibujando la formalidad de la cual hablamos en el primer párrafo, Julieta Díaz fue la primera de las actrices encargadas de la interpretación en entrar al salón. Atrás de ella, Patricio Contreras saludaba a varias de las personas que estaban sentadas en las sillas negras y rojas distribuidas en el mediano lugar. El tercer actor es Omar Núñez, quien remplazó a Juan Palomino, ya que éste a último momento avisó que no iba poder hacerse presente debido a algunos inconvenientes en las grabaciones de “Amas de Casa Desesperadas”.
Una vez sentados en la mesa rectangular, se presentó Ariel Barchilon, quien disertó entre cada obra leída.
Para empezar, Barchilon nos introdujo en su primer túnel del tiempo con el cual nos explicó el entorno en el cual “Almafuerte”, la primera obra en recitarse, fue escrita. Así comenzó un recorrido tan extraño para la actualidad nuestra como la vestimenta juvenil que usaba Contreras: Argentina a principios del siglo pasado era una potencia económica, Buenos Aires era sede de grandes fiestas mundiales y había una fuerte corriente inmigratoria hacia aquí. En tanto solo 50 años la población aumento 7 veces y el 30% de la población era de origen extranjero, y éstos crean los primeros barrios marginales bonaerenses; los famosos conventillos. Luego, los tres intérpretes leyeron la obra que duró la mitad del extenso discurso del introductor. El texto de Salvadora Medina Onrubia ahonda en la relación entre un español, un italiano y una rusa en uno de las peculiares viviendas colectivas de esa época.
Mientras Barchilion comenzaba con el segundo prólogo, Díaz iba por primera vez al baño y Nuñez expresaba su disgusto por esta actitud con un leve mensaje en su parpadeo. La próxima obra fue “El Hijo de Agar”, de J, González Castillo. “Una obra adelantada a su época”, según el disertador. Es que la pobre de Ágar, en “homenaje” a la esclava de Moisés, quedó embarazada de un hombre casado, fue a la cárcel por eso y terminó abortando.
Todos los presentes agradecimos con nuestros aplausos por la excelente lectura y porque el celular de Contreras sonó minutos después de que finalizase la segunda oratoria. Mientras que el actor se retiró de la sala José Luis Ortiz para conversar con el emisor de la interrupción, el conflictuado organizador dio pie a los actores para interpretar “El organito”, escrita en 1925 por los hermanos Discépolo. La obra logró hacer reír a la audiencia y a Julieta Díaz, quien no participó de esta parte. El relato era un grotesco criollo en forma de tango. “Hay humor y mucho dolor entremezclados”, había predecido Barchilion.
El momento bizarro del evento llegó de la mano de “María la tonta” (1920), de Francisco Defellipis Novoa. La protagonista sería la mismísima María, la madre de Jesús. Pero lo anecdótico aquí es que Cristo es María, es mujer. Y no sólo eso, es tonto/a, ramero/a y asesino/a.
Luego de que Díaz visitó el baño por última vez y de que las personas mayores se recuperaran totalmente del texto anterior, se dio lugar a “Tu cuna fue un conventillo”, sainete de Alberto Vacarezza. Otra vez el relato se sitúa en un conventillo, pero aquí se fusionan la poesía y el humor. Los tres actores volvieron a modificar sus tonos de voz para poder adecuarse a la región de la cual sus personajes provenían. Ésta última parte fue la que más carcajadas logró sacar de parte de los espectadores.
Terminado el evento, llegaron los agradecimientos de parte de los organizadores y de los actores.
Una vez que los artistas se desocuparon, se intentó dialogar con la joven actriz de “Derecho de familia”. Se negó excusando: “me estoy yendo”.
Contreras, al terminar de despedirse de la gran cantidad de conocidos en las sillas, los mismos que le habían dado la bienvenida, se prestó a los únicos tres medios que se concurrieron a cubrir el acontecimiento. Volvió a agradecer ante las cámaras y grabadores a Susana Torres Molina por haberlo convocado a la muestra, al igual que sus colegas. Contreras confesó que le encanta leer obras de variados géneros, pero que esta ocasión le sirvió para acercarse a sainetes, rubro casi desconocido por él. “Me sorprendió el texto de Salvador Medina Onrubia, quien era una adelantada anarco feminista”, explicó y añadió que “ya tenía anteriormente una gran admiración por el autor de ‘Tu cuna fue un conventillo’ y los Discépolo”. El actor recordó haber hecho en teatro cada uno de los géneros tratados esa tarde, sobre todo el drama.
Al terminar la conversación con el reconocido actor chileno de 59 años, visualicé a la “loca de amor” que se había quedado dialogando con el notero de “Mañanas Informales”, de Canal 13, canal en donde trabajó este año. Al terminar se me acercó diciendo: “Perdona, no me quiero ir debiéndote”. Díaz contó que antes de este evento sentía “una profunda admiración” por la directora de la lectura, como escritora, directora, dramaturga. También la entusiasmo volver a trabajar con Contreras, con quien compartió elenco en la tira “Ilusiones” y conocer autores argentinos que hasta ese momento no había leído. De los textos que leyó, su preferido fue “El hijo de Ágar” y el de Discépolo. “Me dieron muchas ganas de empezar a comprar libros de éstos géneros para chusmear, porque siempre está bueno eso”, adelantó. Díaz incursionó en pocas obras de teatro, y todas ellas fueron dramas.
Omar Núñez no fue requerido por el canal del Grupo Clarín. Mientras sus otros dos compañeros se lucían ante la cámara fotográfica de un semanario, Núñez se reencontraba con una amiga a la cual le pasó su nueva dirección. Acerca del remplazo de Palomino, aseguró que el único ensayo que tuvo fue el que se hizo tres horas antes en la biblioteca “para hacer una lectura general entre todos”.
Las vestimentas exóticas de las estrellas y las joyas de las señoras mayores hicieron juego en el ascensor del establecimiento y bajaron los tres pisos hacia la planta baja en donde cada estilo tomó su propio rumbo.
D. H.
martes, octubre 24, 2006
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2 comentarios:
Menos éxito mi post que la contramarcha de Julio López.
No crea.
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