Soy quien comete una infidencia ahora.
Me reencontré con un escrito del profe Máximo Paz al que hace mucho tiempo adjunté un brevísimo comentario. Viene a colación de un enojo compartido por unas específicas situaciones también compartidas.
Naturalmente, es el texto de Paz el que vale. Mi comentario es sólo una gota en su inefable océano.
Y a pesar de lo que reza el último comentario, nunca volví a inspirarme. Quizá para mejor.
El melancólico link es: http://literariamente.blogspot.com/2005/10/dilogo.html
Saludos,
NS.
sábado, agosto 19, 2006
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8 comentarios:
O sea:
"Ahora, yo le pido que esto último no lo confunda. Puede que el docente probo prefiera la sombra en un día fulgurante, pero al entrar aula, querido amigo, su alma se enciende. Su piel cambia, sus ojos se iluminan en forma sobrenatural, profunda. Algo le ocurre, es otro animal, electriza su pensamiento. No crea que exagero: es que está bien conciente de lo que sucede y de la extática transformación que en ese momento opera."
¿Suena muy personal, muy privado? No; miren bien. Miren de nuevo. Vean. Relean. Escudriñen. Se los dice uno de los más fieles combatientes de la causa "Me resisto hablar públicamente de mi vida privada".
Mañana estarán en otro lado, mañana harán otra cosa, mañana le dirán "te amo" a otra persona. Mañana olvidarán. Sólo se trata de un par de horas durante menos de un rato en una facultad. Unas palabras, unos textos, una banqueta incómoda. Unos parciales de rigor y a otra cosa.
Trámite. Burocracia. Sistema.
¿Suena muy personal, muy privado? No; miren bien. Miren de nuevo. Vean. Relean. Escudriñen. Esta es fruta de otro huerto.
Es la chispa adecuada tan difícil como anhelada. La chispa que hiere tanto como sana.
Son los juguetes perdidos.
Sé (creo) que no está dirigido a mí. Pero qué belleza.
N.
Creo que está pintando la demencia.
Lo digo, más bien, porque se me complica un poco escribir con esta camisa de fuerza y estos dos enfermeros al lado.
Pesqué algunos retruques encantadores, sí.
Y tu texto me hizo recordar una de aquellas clases del 2002. No tengo el recuerdo completo, pero creo que la situación se disparó una mañana en la que, por alguna razón, había pocos alumnos en clase. Les pedí una palabra a cada uno e hice una lista en el pizarrón. Creo que vos dijiste "Saer" o "garufa" (o ambas, o fueron dos clases distintas -ahí tengo el bache-). La idea era armar un texto coherente con esos términos. Lo del caos y el orden era el soporte "teórico", creo. Fue hace mucho.
Pero me acuerdo que salió bonito.
Creo que eran los ejercicios de pensamiento lateral. Esos que sirven para incentivar la creatividad y para aprender canales alternativos de solución a un problema. Los había usado en mis primeras clases del 98, luego los abandoné cuando comencé a dictar las materias teóricas. Volví a retomarlos en ese curso del 2002, cuando me llamaron a último momento para dar la parte práctica de Com. Soc. III.
Y nunca más.
Lo que sucedió fue que aquella vez meché los problemas con algunas preguntas locas y/o paradójicas.
Recuerdo que una de las preguntas era la clásica "¿Por qué los kamikazes usaban casco?"(*). Luego de muchas respuestas muy formales, interesantes y detallistas, el mendocino de adelante lanzó un escueto y contundente "Para la foto".
Me reí. Disfruté. Fue uno de los momentos más felices e intensos de mi vida docente.(**)
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(*) Tiempo después me dijeron que la pregunta es falaz, porque los kamikazes no usaban casco. Nunca lo chequeé.
(**) Tiempo después ese mismo tipo me haría pasar uno de los momentos más dolorosos e intensos de mi vida docente.
Emocionante.
Y (**) es lo que ya sabés: "Natalio... me voy; largo la carrera".
satamente
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