
Del otro lado de la reja está la realidad, de
este lado de la reja también está
la realidad; la única irreal
es la reja; la libertad es real aunque no se sabe bien
si pertenece al mundo de los vivos, al
mundo de los muertos, al mundo de las
fantasías o al mundo de la vigilia, al de la explotación o
de la producción.
Los sueños, sueños son; los recuerdos, aquel
cuerpo, ese vaso de vino, el amor ylas flaquezas del amor, por supuesto, forman
parte de la realidad; un disparo enla noche, en la frente de estos hermanos, de estos hijos, aquellos
gritos irreales de dolor real de los torturados en
el angelus eterno y siniestro en una brigada de policía
cualquiera
son parte de la memoria, no suponen necesariamente
el presente, pero pertenecen a la realidad. La única aparente
es la reja cuadriculando el cielo, el canto
perdido de un preso, ladrón o combatiente, la voz
fusilada, resucitada al tercer día en un vuelo inmenso
cubriendo la Patagonia
porque las masacres, las redenciones, pertenecen a la realidad, como
la esperanza rescatada de la pólvora, de la inocencia
estival: son la realidad, como el coraje y la convalecencia
del miedo, ese aire que se resiste a volver después del peligro
como los designios de todo un pueblo que marchahacia la victoria
o hacia la muerte, que tropieza, que aprende a defenderse,
a rescatar lo suyo, su
realidad.Aunque parezca a veces una mentira, la única
mentira no es siquiera la traición, essimplemente una reja que no pertenece a la realidad.
Urondo, Paco, "La verdad es la única realidad", Poemas de batalla, Planeta, 1998
(El poema fue escrito durante la detención en la cárcel de Devoto en abril del ´73)
10 comentarios:
Estoy desconcertado. ¿Por qué tres post seguidos sin firma? Digo, aunque sean preciosas citas de terceros, ¿por qué no aparece el nombre de quien/quienes los cargó/cargaron?
¿Es por el tema en cuestión? ¿Por humildad? ¿Por omisión involuntaria y casual multiplicada por 3?
Pablo me ganó de mano por algunas horas. Acabo de leer el comentario del texto de Feinman donde LSDA se atribuye su difusión.
Aprovecho la ocasión para decir que creo que a partir de abril el backup del blog me toca a mí otra vez (ya se cerró el círculo). Supongo que el archivo debe estar bastante pesado a esta altura. Si lo ven correcto, podríamos guardar el backup hecho hasta el momento y empezar uno nuevo a partir de abril con los comentarios y post que aparezcan a partir del primero de mes. Ante cualquier problema, luego encastramos todo.
Chanfle.
Lo sospeché desde un principio.
Acabo de escuchar en la radio una anécdota atribuida a Santiago Kovadloff. La contó el relator de Radio Mitre para dar una idea de lo que parece ser la inconmensurabilidad del clima previo al "superclásico" (archívese: fútbol, domingo, día otoñal muy apetecible, partido entre Boca y River, mucha gente, supuesta expectativa nacional e internacional, transmisión en directo para China, periodistas y asistentes extranjeros).
Parece que Kovadloff llevó a su hijo muy pequeño a conocer el mar. El pibe, firme en la costa por primera vez, quedó absorto. Sólo atinó a pedirle algo al adulto lindero.
Y lo que pidió fue un "Papá... ayudame a mirar".
Me conozco: quedé como si me hubiese comido una fuente de mousse de chocolate. No puedo escribir nada. Qué espléndido. Qué pena.
Sólo un residuo que quizá sea lo único que esboce al respecto.
Desde la razón, intuyo páginas por crear, un reecuentro con autores señoriales y atorrantes, una nueva pieza en el repertorio de ejemplos para pensamientos más o menos académicos.
Desde la emoción, proyecto que si un hijo mío alguna vez me hace tamaña solicitud sólo podré reaccionar con un reflejo ancestral y prosaico: caeré de rodillas en la arena y me echaré a llorar.
Lo pienso otra vez: confío en la veracidad de la anécdota y me emociono por anticipado.
Por las dudas, ¿vio?
No tengo mucho para decir, pues mi visión es sesgada, subjetiva, necesaria a los fines del acontecer que me tocó vivir. Está impregnada de la visión parcial inherente a cualquier experiencia personal. Ni mala ni buena: sólo la canción que me tocó tocar.
Trabajo desde hace mucho, en parte porque lo elegí, en parte porque la cuota de la facultad apretaba en casa, mi vieja maestra (sí; sépanlo: de algún lado saqué esa sangre), mi viejo despedido por reestructuraciones menemistas y defalcos de los capos del lugar en el que laburó 30 años. Es decir, trabajé para pagarme la facu (plan viejo: carrera/cursada de cinco años) y para tener 10 pesos pa' la salida del sábado. Terminé la facu y me fui de lo de mis viejos en medio de títulos universitarios (Licenciado y Profesor a los 22 años) y trabajos en un par de lados a la vez. Soy conciente de que me sirvió de mucho y que gran parte de lo que soy se lo debo a ese devenir.
Pero no levanto la bandera, pues también soy conciente de que perdí mucho.
Desde el contacto cotidiano con afectos indispensables al vil metal ahorrado si no hubiese tenido que preocuparme primero por obtener lo mínimo para pagar alquileres, impuestos y la comida comunitaria (que durante tres años cobraba realidad una vez al día –Lucas, el amigo muerto en enero, tenía en mente la lista de precios y la procedencia de cuándo ir al Coto en lugar del Norte o el Disco).
Un amigazo, que nunca se fue de su casa paterna y que es una luz para los negocios, una vez me dijo mientras miraba detalladamente mi biblioteca: "sacá la cuenta: todos esos cientos de libros que compraste y chorrean por todos lados, más lo que pagaste hasta hoy de alquiler, comida, impuestos y viajes... si te hubieses quedado 'allá' tendrías un auto, quizá una casa a medio pagar, y mucha plata en la mano... y hasta podrías haber empezado a trabajar mucho más tarde, como yo, a los 22".
Saqué la cuenta. El tipo tenía razón.
Eso fue hace dos años. Nunca más volví a sacar ese tipo de cuentas. Nunca más volví a sacar la cuenta de los libros que tengo y que compré (lamentablemente, nunca heredé bibliotecas) ni de lo que podría obtener a cambio de ellos.
Sólo estoy seguro de algo: trabajar me hizo ser tan yo que no me imagino ser yo sin haber trabajado desde los 18. Estúpido al fin, prefiero extrañar lo que perdí a no desear lo que pude haber ganado si no lo hubiese intentado.
Y pucha que lloré en mi cama. Lloré a los 18 y lo sigo haciendo a los 31. Eso sí: aquí estoy, trece años después, como la primera vez, con la prepotencia de trabajo que enseñaba Arlt, añorando un día libre para volver a ver el mar que dejé de ver hace años.
Me surgió una duda.
En el comentario anterior escribí "...y defalcos de los capos del lugar...".
Acabo de consultar mis diccionarios y es "desfalco" y no "defalco".
Entré al site de la RAE para ver si hay alguna actualización de la lengua al respecto. Por supuesto, admite y define "desfalco", pero no "defalco".
Entonces es "desfalco", nomás.
Pero... mi word me admite "defalco". Intento averiguar por qué la admite y busco sus sinónimos. No hay nada. ¿A Uds. les pasa lo mismo con su word?
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Así que es Galeano. Más bello todavía. Gracias. Le escribiré al tipo de la radio.
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Claro que es un gozo armar la propia biblioteca.
Y voy a más. Sé que en algún momento –juro que en más de una ocasión empecé a pensar en ello-, y si la Parca se permite semejante prudencia anticipatoria para con mi caso, tendré el placer de ser yo quien ceda mi biblioteca. Me tomaré el trabajo de detallarlo cual papeleta mensual de las expensas. Me tomará semanas, pero será una sensación tan intensa como la de "El milagro secreto" de Borges.
Nada de fundaciones ni ONGs. Personas de carne y hueso (que quizás integren fundaciones y ONGs). Personas. Nombres y apellidos portados por humanos de carne, hueso, alma, emociones, sentidos y mentes a las que saludo reverencialmente. A cada persona uno o más libros, y las razones, por escrito y en buena letra, por las cuales considero que es indispensable que lo/s reciba y posea. Así que nada de irse de aquí antes que yo y obligarme a modificar ese testamento biliográfico. Además de revelar una falta de respeto, ya estaré lo suficientemente crápula y senil como para andar cambiando mis dedicatorias.
[Acabo de recordar un escrito de W. Allen sobre el encuentro de un tipo con su muerte (La Muerte), una parodia del Séptimo sello de Bergman, que está redactada en formato dramatúrgico y es hilarante. En cuento pueda la digitalizo y la cargo]
Y Flor, más de uno de mis textos hacia vos fueron hechos para calar hondo. Sabés lo que te quiero, respeto y admiro desde hace años. Y por ende, es la forma más adecuada de conseguir esa empatía. Un profe que admiro una vez me dijo "No seas el agua que envuelve la piedra, la acaricia y la acomoda suavemente en el lecho del río; sé el ácido que la corroe, el líquido que le molesta, que le arde, que mueve a la acción". Por supuesto, esto sólo es patrimonio de los grandes Maestros (a los que escuchamos o leemos). Pero te juro, y te lo firmo con mi sangre, que por culpa de eso sigo emocionándome cada tanto, peléandome con gente con la que no debería pelear, encontrándome con puetadas por lo bajo que ya me estoy acostumbrando a asimilar (y sacar de ellas lo que más pueda serme útil) y, en definitiva, a ponerte lo que te pongo cuando te quiero decir "Te mojo la oreja, dale, no hinches, hacelo, podés".
PD.
Donde dice "puetadas" debe decir "puteadas".
Acabo de revisar mi diccionario personal del word, ese en el que están las palabras que uno agrega (apellidos, neologismos, tecnicismos, etc.) para evitar que sigan apareciendo subrayadas o señaladas como erróneas. Se me ocurrió pensar que quizá en algún momento agregué "defalco" y por eso no me lo señala como inválido, pero no. No está allí. Por lo tanto, parece que viene aceptada por default en el programa.
Son increíbles las cosas que, antes, una profesora le decía a un posible futuro profesor.
Sé el ácido.
No quiero entrometerme en este ir y venir de sensaciones, sobre todo porque no soy muy bueno en eso (en esto) de sentir.
El mar no es más que un pozo de agua oscura.
En otro momento preguntaré quién, cuándo y por qué putea.
En otro momento preguntaré por qué es más bello si es de Galeano.
En otro momento.
Hay algo paradójico en tanta desmitificación. Me gusta mucho.
La poesía (los poemas... para ser atentos con la distinción que aparece en la tesina de Codagnone) no son mi fuerte.
¿De quién es?
Hasta ahora no encontré, nunca, un poema que me gustara tanto como ese.
Creo haberlo posteado, al menos parcialmente, en otro momento. Por eso mi oración lacónica y sin pistas que Ulrica (que toma café con todos menos conmigo) supo rastrear.
¿Abrazo?
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