
Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo.
Salvador Elizondo, El Grafógrafo
Salvador Elizondo, El Grafógrafo
4 comentarios:
¿Era demasiado?
Rococó, tal vez.
A mí sí, la verdad. Tomé un libro de Vargas Llosa (La tía Julia y el escribidor) y noté que él citaba este fragmento antes de comenzar la novela.
Interrumpí de inmediato la lectura, queriendo compartir este juego con alguien: lo compartí con ustedes.
No retomé el libro del tan querido peruano, pero razoné acerca de este post y de otra frase que me llamó la atención en un libro de Lodge, autor que descubrí recientemente (y recomiendo):
"Creo que descubrí la causa de la brecha generacional. Ellos son jóvenes".
Más allá de que se aplique o no. Eso pensé a partir de esta situación. Y eso quise decirles.
P.
La fuerza se mide en la firmeza de palabra y en la sobrada convicción. Escribo. Y tengo tanta conciencia de mi escritura que escribo que escribo. Ya en esa primera palabra está implícito el juego y el discurso. No puedo comunicar que escribo sin escribirlo. Pero, de alguna otra manera, cualquier palabra comunicaría lo mismo. "Digo", escribo. "Pienso", escribo. La palabra queda ridiculizada porque la supera el acto. Pero a la vez, sólamente se puede volver acto a través de la comunicación de la palabra. Imagino que me veo escribir que escribo. La nada del no-hecho y de lo no-dicho se postra ante la factualidad de lo que sí se enuncia. Se gira en el vacío, se caricaturizan las pretensiones. Se postula: "Allí donde sobran las palabras y los hechos, lo único que puede salvarnos es lo que falta: una palabra o un hecho".
Es sólo un juego de palabras. O un juego de opiniones. O un juego de espejos borgeano. O un juego de hechos.
Quizá he bebido demasiado.
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