jueves, octubre 07, 2010

LLAMADO A LA SOLIDARIDAD


Se necesita con suma urgencia dadores de ideas, formadores de opinión, comunicadores y culturosos que aporten y generen algo en las cabezas de los lectores de este blog quienes están esperando encontrar ideas comprometidas y pensamientos laterales que les hagan un poco de ruido.


Nos está pasando la realidad por arriba de la cabeza y algunos necesitamos entender un poco.
Que no se apague la chispa aopusaleños.

eh

viernes, octubre 01, 2010

Política en la Hiper(des)información

Tenía pensado hacer un texto introductorio. Sin embargo, preferí poner directamente los datos de los hechos ocurridos ayer en Ecuador.

Twitter

C5N

  • "#Alerta: #Ecuador. Policías ocuparon instalaciones de uno de los regimiento más grandes de la capital. Rechazan la eliminación de incentivos"
  • "Máxima tensión en Ecuador: los presidentes de la región se reúnen en Buenos Aires para analizar la crisis http://fb.me/FhdSyXm7"

Telefé noticias

  • "Crisis en Ecuador: la Unasur convocó a una reunión urgente en Buenos Aires http://dlvr.it/6DbdD"

TN

  • "Tensión en Ecuador: más de 800 policías tomaron los cuarteles de Guayaquil, Cuenca, Esmeralda y Quito."
  • "Seguí la crisis en Ecuador al segundo en nuestra lista, con medios del país hermano informando on line http://bit.ly/cjWAM2 "

Telesur

  • "Aeropuerto de Quito cerrado por protestas de Policía"
  • "VP de #Venezuela Es claro que no estamos frente a una huelga de policías. Estamos frente a un golpe de Edo. de laboratiro del Dpto. Estado."

Anibal Fernandez

  • "Ni "revuelta" (La Nación) ni "rebelión policial" (Clarín). El Presidente Correa habla de golpe de estado. UNASUR se reúne esta noche."


Tv (a eso de las 20 hs.)

C7

"Intento de golpe de estado en ecuador"

C5N

"tensión en ecuador: 50 herido y un muerto"

C9

"Inédito: claudia cirardone con Navarro"

C2

"Maradona bla bla bla"

Cronica

"Asistente de Gilda cuenta... "

Tn

"Muerte de matías"

Telesur (vía internet)

"Intento de golpe de estado"

CNN

“Sublevación en ecuador”


Diarios digitales

Clarín

"Correa, rodeado por policías rebeldes en el hospital: "No me siento a salvo"

El presidente de Ecuador, que se consideró "secuestrado", se encuentra en el centro sanitario con un grupo de colaboradores. Alrededor de 200 amotinados cercaron la zona.

Un muerto y varios heridos por los choques en Ecuador

Lo confirmó el ministro de Seguridad Interna. También hay varios heridos. El Gobierno decretó el "Estado de emergencia"."

La Nación

"Correa sobre la revuelta: "Salgo como presidente o como cadáver"

Tras decretar el estado de sitio en Ecuador, el presidente pidió a las fuerzas policiales que encabezan la rebelión que "recapaciten" y advirtió: "No voy a firmar nada bajo presión"; "Me siento secuestrado", agregó desde el hospital; sigue tomado el Parlamento; las protestas comenzaron a raíz de recortes presupuestarios; hay saqueos y robos en las calles"

El Argentino

"INTENTO DE GOLPE DE ESTADO

Rafael Correa podría salir en instantes del hospital donde está secuestrado

Cerca de 20 miembros del Grupo de Operaciones Especiales ingresaron al lugar donde los policías sublevados retienen al presidente de Ecuador. Sería inminente el traslado del mandatario al Palacio Carondelet. Allí, en la sede del Gobierno, hay una importante concentración que lo respalda."

Espero se dé para el debate.

Saludos, Juan

Septemberfest



Otra vez, la lectura. Lectura de septiembre, lectura de invierno mentiroso o de final de primavera, quién sabe. Es difícil pasearse con un libro y abstraerse de su contexto, de su universo de su -dirían en el cine- diégesis. Las cosas toman otra dimensión cuando quedan escritas. Supongamos, por ejemplo, que uno es periodista deportivo, que sufrió más de una vez el escarnio de ir a Ezeiza para intentar hablar con un jugador de fútbol de la Selección Argentina. Supongamos, incluso, que fue al Mundial, porque ama la pelota, porque disfruta del juego. Vamos hacia allí, insistamos en este juego: el grabador preparado, el estudio de reojo a los crápulas de televisión, la multitud de colegas sedientos con los colmillos preparados, los jugadores -reyes de una sesión insólita- que entran, la valla que se clava en la cintura, el ruido, las preguntas, las respuestas de ocasión, el ruido, la valla, un movimiento cada vez más imposible, el asma y el ruido, la maldición cotidiana, qué hago yo acá otra vez, por qué, por qué, por qué elijo sumirme en esta desgracia y por qué regalo mi dignidad a los zapatos de estos superhéroes.

Supongamos, ahora, que uno se encuentra con el escrito de su desventura. Que, desde afuera, una periodista escribe un libro que se llama Apache. Que nombra a Carlos Tévez y le agradece su ayuda a la redacción que uno compuso en un diario lejano. Que cita a gente que a uno le es cercana. Que describe personajes nefastos y de los otros, pero siempre dentro del mundo al que uno pertenece. Supongamos que uno se fascina con el libro más allá de su escritura o de su anécdota.
Trasformemos nuestras vidas, comencemos a pensarlas desde una página raída: "Pablo salió a la calle y enseguida notó que sufriría el calor. Sabía que no podría paliar el hambre: no tenía un centavo en el bolsillo y la bondad de los vecinos desde hace tiempo se había desvanecido". Agreguemos aventura a nuestro sentir de siempre.

Es difícil evitar los universos, sobre todo cuando uno es parte. Y parece claro que hasta el desengaño, la abulia y el dolor toman un matiz de arte cuando terminan registrados. Letra sobre letra, la miseria es brillo.

Pero volemos un poco más, y vayamos a Madrid, y hablemos de Marcelo Luján, un hombre argentino que vive en el exilio voluntario y que ganó un premio de nombre estrambótico: el Premio a la novela negra de la Municipalidad de Getafe. Qué suerte, pienso. Qué locura. Lo publicaron acá y allá. Un libro bien: La mala espera. Getafe, quién supiera, quién pudiera.

Las primeras líneas dan sensación de lejanía. Dice vos, dice estás, dice boludo y se hace el porteño. A este lo premiaron por ser argentino, pienso. Y entro en la lógica de esa novela en la que pasa poco. La anécdota es corta, pasa poco, no hay más, y es inevitable preguntarse cómo puede ser que las páginas pasen y uno siga leyendo. Fácil: el universo, la diégesis, los personajes.

Uno es pobre, uno es espía, uno transita esa Madrid putrefacta de inmigrante y recibe una paliza y escucha las hisotrias y se desvive por los engaños. Se puede respirar, en esa atmósfera cortazariana, la sangre y la envidia y el rubor del policial fallido. Es argentino, es cierto, pero quizá lo premiaron porque escribe bien. Quizá no les importó lo que pasara, sino esta narración interminable que son todas las narraciones posibles, este universo en el que cada uno de nosotros, metidos en el eje de una desesperación cotidiana, busca escapar de sus aulas, de sus computadoras y de esa valla que se clava en la cintura mientras el grabador hace su trabajo y el pensamiento, acuciante, nos lleva a preguntar por qué.

martes, septiembre 21, 2010

La noche y Brassaï

"La noche sugiere, no enseña. La noche nos encuentra y nos sorprende por su extrañeza; ella libera en nosotros las fuerzas que, durante el día, son dominadas por la razón..."
Brassaï


Varias veces me preguntaron cómo sacar buenas fotos de noche, y creo que es como aprender a mirar de nuevo. Yo todavía no lo logro.

Sacar fotos en la noche no sólo requiere de una mirada entrenada y técnica, si no de un entendimiento sutil de la luz, y de un saber estar, sin que se note. Las fotos de Brassaï, no sólo tienen a esos espíritus de las noches frías y solitarias de París, sino, toda la luz de los burdeles, de los excesos y pasiones, de las almas frustradas de día que encuentran en la noche su razón de ser.
Brassaï supo ser invisible y esa es una de las cosas más admirables en los buenos fotógrafos.

Cuando fui a ver su trabajo me paré delante de cada foto como si fuera yo quien estaba en ese lugar, y me costó. No pude, me dio bronca, por que la fotografía requiere de una gran capacidad para meterse en el alma de las personas y de las cosas. Eso me llevó a preguntarme qué hacía tan buenas esas fotos, y me ví en la sala de un museo, todo ese silencio, las luces bajas y apuntando a las fotos. Y lo entendí, esas fotos hablan por sí solas, cada una y todas en conjunto hablan, gritan y llevan al espectador a otro mundo que ya no existe, más que ahí y en la mente de cada espectador.
Además de todo, fotografió y fue amigo de Picasso.

Para sacar fotos hay que saber mirar, para sacar fotos en la noche hay que ser parte de ella.

En el Museo Nacional de Bellas Artes está la muestra hasta el 26/9, se está terminando, vale la pena y la entrada al museo es gratis.


Ah, y ¡feliz día de la primavera!
EugeH


martes, agosto 31, 2010

Lecturas recomendadas


"Querido Desmond:

Tiene razón en haberse enfadado, lo que hice fue una cosa despreciable, una estupidez egoísta, perezosa, imbécil y merezco un castigo. Quiero que me castigue. Venga a mi casa a la misma hora del mismo día de la semana que viene. Si no puede, dígame por e-mail que tardes está libre y escogeré una. Venga a Wharfside Court y a las tres en punto llame al timbre tres veces. No contestaré por interfono, sino que abriré la puerta de la calle: oirá el portero automático. Encontrará sin cerrar la puerta del piso: basta con que empuje para que se abra. Cierre y suelte el pestillo, que se cerrará solo. No me llame. No diga nada. Cuelgue el abrigo en el recibidor. Entre en el cuarto de estar. Las persianas estarán bajadas y el cuarto estará en penumbra. No encienda la luza principal. Habrá una lámpara de mesa con una bombilla roja encendida. Me verá ecorvada sobre la mesa, con la cabeza en un almohadón. Estaré desnuda de la cintura para abajo. No diga nada. Acérquese por detrás y colóquese para azotarme el culo. Quítese la chaqueta y remángese la camisa si quiere. No intente follarme. Esto NO es una invitación a follarme, sino a castigarme. Use sólo la palma de la mano, no una vara ni otro instrumento, pero pégueme todo lo fuerte que quiera y tantas veces como le apetezca. No pare si grito o si sollozocontra el almohadón. Expulse el enfado de su organismo. Cuando esté satisfecho, cuando se sienta purgado, váyase en silencio, tal como entró. Cierre al salir la puerta del apartamento y salga del edificio.

La siguiente vez que nos veamos no diremos nada de lo que ha ocurrido ni hablaremos del libro de la biblioteca. El expediente quedará cerrado. Seguiremos como si nada hubiera pasado. Así está bien.

Alex".


Lodge, David. La vida en Sordina, Anagrama, 2010.

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Este pasaje, elegido adrede, grafica un punto central de una novela que, por momentos, parece una comedia de enredos. El protagonista invitado a azotar es un profesor universitario retirado. Quien pide ser azotada es una alumna de doctorado que -éste es su crimen- marcó con un resaltador turquesa un libro de la biblioteca universitaria. El autor, un inglés genio, se ríe como siempre lo hizo del moralismo británico, de la vida académica y (en este caso en particular, a diferencia de todos sus libros anteriores) de su sordera.

La obra novelesca de Lodge es impresionante. Fue un académico brillante hasta que se hartó de los cócteles y congresos europeos. Escribió. Desde muy joven, trató de plantear quiebres con el acartonado mundo monárquico y católico que lo rodeó de chico. Su ficción evolucionó temporalmente a medida que él fue envejeciendo, y sus conflictos fueron cambiando con la edad.

En sus arranques escribió sobre la postura de la iglesia acerca de los métodos anticonceptivos, desde el punto de vista de un adolescente semi pobre que temía -otra vez- un embarazo indeseado ("La caída del Museo Británico"). Más adelante dibujó una fábula de viaje iniciático hasta Alemania justo después de la Segunda Guerra ("Fuera del cascarón"). Y después encontró el mundo universitario, su nicho para bien y para mal.

En su saga primaria, "Intercambios"-"El mundo es un pañuelo"-"Buen Trabajo"-"Pensamientos Secretos", el hombre introduce, desarrolla y perpetúa personajes con los que uno, como lector, traba alguna relación. El grado de protagonismo de cada uno varía en cada novela. Pero el nivel de narración es excepcional, siempre.

Recomiendo todos estos libros que nombré, así como también "Terapia", quizá su obra más lograda, que terminó para mí de forjar el sentido de una frase que usaba Fontevecchia en medio del conflicto con los trabajadores de Perfil: "No puedo dejar de pensar en Kierkegaard".

Vivo días de mucha lectura. Hace unos meses que no compartía nada con ustedes. Estrictamente, leí a Nothomb ("Antichrista", "Brillante como una cacerola", "Ni de Eva ni de Adán", todos impresionantes), a Baricco (terminé "Los bárbaros"), a un periodista deportivo de nombre Simon Kuper ("Soccernomics), a Tabucchi ("Nocturno Hindú"), a Kapuscinski (también terminé por fin el intragable "Viajes con Heródoto"), a Pérez Reverte ("La carta esférica", regular), a Auster ("Invisible". Auster es como Woody Allen. Te gusta una, te gustan todas), a Hrabal ("Trenes rigurosamente vigilados"), a Bradbury ("Remedio para melancólicos"), a Feinman ("Carter en Vietnam", segunda parte de la colección "Carter", que es básicamente un remake de Apocalypse Now, con su personaje metido en el medio) y a Villoro (autor que le debo a Flor, esta vez "Palmeras de la brisa rápida", una crónica maestra).

De todo, elijo ese pasaje que escribí. Por lo sugestivo y por lo inclusivo. Por su erotismo desencadenado, por la incomodidad nerviosa. Porque, ahí, hay un nudo inescapable.

Sí, bueno. Les dije: estuve leyendo mucho.
¿Ustedes en qué andan?

Saludos.
L>S>D>A

domingo, agosto 22, 2010

jueves, agosto 19, 2010

Ideas para financiar el 82% móvil y no defaultear en el intento




1. Alquilar la Harley Davidson de Boudou frente al zoo porteño. 100 pesitos la media hora.

2. Afeitarle los bigotes a Anibal. Auspicia Gillete. Una buena suma asegurada.

3. Rentar Los Notros como una locación para una peli de terror. Dineral.

4. Lograr un auspicio por cada twit de Héctor Timerman. Un fangote.

5. Remeras con el nuevo look guevarista de Moyano. Salen a carradas.

6. Plantar soja en las tierras gangas del Calafate. Exportación premium.

7. Apostar doble o nada en los casinos de Cristobal.

Creo que no llego. Sobra con:

1. Impuestos a la renta financiera.
2. Retenciones mayores a la industria minera.
3. No more FPT.
4. Mayores aportes patronales.
5. “Dejar de robar por lo menos dos años” By L.B.
O escuchemos a los que saben:

http://www.youtube.com/watch?v=M7joZazuwuU

Saludos a todos.
fv, politizado.

domingo, agosto 15, 2010

Albertina Carri y Marta Dillon: retrato de una nueva familia

El terror de la dictadura, el Bowie del gay power y la búsqueda de libertad se cruzan en la historia de amor de Marta Dillon y Albertina Carri, dos narradoras que, junto con el diseñador Alejandro Ros, gestaron a un niño con nombre de guerrero. La construcción de una nueva familia argentina.

Arriba: Alejandro Ros, Albertina Carri, Furio y Marta Dillon. Abajo: Naná, primera hija de Marta, y su hija Jade. Foto de Fernando Gutierrez.

"Dos mujeres poderosas, brillantes, inmensamente capaces, con todos los recursos a su favor. Y aun así, mirá lo difícil que les ha resultado. Imaginate qué le queda a toda esa gente sola y frustrada que hay en el mundo, sin medios, sin nadie que los ayude, temerosos de perder el trabajo si se atreven siquiera a admitir que son gays; ni hablemos de formar una familia... Los heterosexuales deberían ver que esto no es extraño. Creo que todo el mundo lo va a entender, excepto quizá la Coalición Cristiana y la extrema derecha."
El héroe de folk rock David Crosby a Rolling Stone, febrero de 2000, en una nota que revelaba su paternidad biológica de las dos hijas de la cantante Melissa Etheridge y la cineasta Julie Cypher.

Marta Dillon y Albertina Carri habían vivido unas cuantas vidas antes de conocerse y enamorarse una noche en el Urondo. Las dos eran hijas de militantes secuestrados y asesinados durante la dictadura, las dos fueron nenitas fugitivas del terror y sobrevivieron para ser narradoras de su tiempo. Esa noche de agosto de 2005, mientras le entraban de lo lindo a una botella de absenta, la nafta de los poetas malditos y los falsos brujos, el llamado milagro del amor y la calentura se mezclaban con la fuerza de una tragedia en común y el pálpito de un destino. Eran dos creadoras midiéndose la histeria, tocándose un poquito, poniéndose al tanto de sus vidas y de sus obras. Porque si bien ambas eran hijas de desaparecidos, sus caminos no se habían cruzado hasta entonces. Marta fue testigo del secuestro de su madre, un cuadro del Movimiento Revolucionario 17 de Octubre, cuando tenía 10 años. Y Albertina vio cómo se llevaban a sus padres, comandantes de Montoneros, antes de cumplir los 4. Marta, la mayor de cuatro hermanos, heredó el espíritu combativo de la mamá y fue referente de la agrupación H.I.J.O.S. desde su origen. Albertina, la menor de tres hermanas, pasó toda su infancia creyendo que sus padres tal vez estuvieran vivos en alguna parte; nunca activó en una organización, y la forma en que lidió con la orfandad y el vacío de respuestas quedó retratada en Los rubios, una película imprescindible para desmontar el discurso único alrededor de los hijos de los 70.

El 20 de noviembre de 2008, tres años después de aquel primer encuentro que terminó a los besos, Marta mandó un correo a sus contactos. Bajo el asunto "Buenas noticias", el mail decía: "Amigos, amigas, compañeros y compañeras de ruta, de trabajo, de vida, queridxs todxs... Hace mucho que no atiendo el teléfono, ni me comunico con nadie, apenas voy de casa al trabajo. Tanta concentración en el nido era necesaria para preparar la cuna de nuestro querido hijo que por fin, el lunes 17 de noviembre, ha nacido. Se deslizó desde el vientre de su valiente madre después de muchas horas de rogarle, entre pujos y gritos, que asomara su cabeza. Ahora toma la teta como si siempre hubiera estado ahí. Yo sigo sin saber del todo quién soy pero segura de que vale la pena estar aquí. No hace mucho me sentía un poco sola en este sinuoso camino de la vida. Y de pronto, he aquí mi numerosa familia: una hija, un hijo, una nieta, mi amor Albertina que me endulza la vida. ¿Qué más decirles? Excusarme por este acto de exhibicionismo; es que la emoción desborda y está bueno compartirla. Les mando besos, festejen con nosotras, Furio está en el mundo".

Ahora nos encontramos en una preciosa casa del barrio de Saavedra, muy cerca del parque, primer piso por escalera, patio con parrilla, una muralla de libros, bandita de perros -Favorita, Mala y Tres-, dos gatas -Canela y Pepita-, filas de embutidos sobre la mesada de la cocina a punto de saltar a un guiso y las señoras del hogar, Albertina y Marta, echadas en un sillón del living, fumando rubios, hablando de la vida doméstica y de las ventajas y desventajas de trabajar en casa: Carri tiene su estudio en la planta baja y Dillon edita Las 12 y Soy, los suplementos de mujeres y diversidad sexual, respectivamente, del diario Página/12, desde una piecita del primer piso. En la parte posterior de la casa, antes de la siesta de media mañana, un varoncito de veinte meses juega a los cochecitos. Si tenés un poco de suerte (sólo un poco, porque es generoso), te ofrece uno mientras te estampa una sonrisa ganadora. A su lado, en la postura del loto, con un gesto bastante parecido al del pequeño, está Alejandro Ros, autor de las tapas de buena parte de los discos de rock nacional que te compraste en los últimos diez años, de Narigón del siglo a Jessico, de Hijos del culo a Un mañana. El padre del nene.

La escena es cálida y rutinaria, sin demasiada mística, pero sucede mientras redoblan las campanas de una guerra santa, y en ese contexto, este cuadro costumbrista podría fundar una nueva Era de Acuario. Las familias suelen ser campos de girasoles o campos de batalla, y la mayoría alterna su existencia entre las dos variantes, pero lo que se percibe en esta casa es tan natural para cualquiera que se haya criado en un hogar constituido, que el prejuicio del "experimento queer" se rinde ante la sensación protectora y la organización aceitada que infunden las dos madres y el padre.

La vida de Furio empieza con el romance de Marta y Albertina. Pero si buscamos rastros prehistóricos, señales borrosas en el origen de este relato de superación, podemos remontarnos a 1998, año en que Dillon escribió una nota sobre gays y lesbianas de Argentina que habían formado familia en San Francisco. Si bien en Estados Unidos el matrimonio homosexual no es legal, sí existe la figura de la "second adoption", que permite a dos personas del mismo sexo compartir la adopción de un chico. La familia protagonista de la nota era la que habían formado dos mujeres junto con José María Francos, hermano de Fernanda, la primera novia de Marta (y la única hasta Albertina; Marta casi siempre salió con hombres). La hija que nació de aquella unión de tres hoy tiene más de 30 años y dos niños (modo de producción: heterosexual). "Hicieron una inseminación casera a fines de los 70", cuenta Dillon. "Intentaron primero tener sexo pero les daba tanta risa que no pudieron y optaron por la «copa de semen» -según sus propias palabras- y un «rociador de pavos»... una jeringa de uso no médico. David Leavitt cuenta en uno de sus libros, El lenguaje perdido de las grúas, lo difundido de este método en aquel entonces."

Del método de concepción que usaron Dillon-Carri-Ros nos ocuparemos más adelante, cuando el relato nos lleve a una noche de eclipse en un telo bajo la autopista. Lo que podemos decir de aquel 98 es que Alejandro, diseñador gráfico de Las 12, quedó fascinado con la historia familiar de California mientras la plantaba en página. En ningún momento, sin embargo, se le ocurrió que él podría estar involucrado en algo así. En aquella época, ser gay en Argentina anulaba virtualmente la posibilidad de ser padre. Además, la paternidad nunca había sido un anhelo para él. Y tampoco lo era cuando, algunos años después, Marta lo encaró en un pasillo de la redacción para preguntarle si quería tener un hijo con ella y Albertina.

"Ahora parece que sucedió todo muy rápido", dice Carri. "No fue muy complicado tomar la decisión, casi como que estaba escrito. Yo hacía rato que tenía ganas de tener un hijo, pero no había encontrado el formato. Sabía que sola era una locura. Y cuando lo decidimos con Marta, fue ella la que eligió que tuviera un padre. A mí en un principio me parecía un lío; una persona más... Pero después me gustaba la idea de que tuviera una familia fuera de casa. Tené en cuenta que ésta es una familia sin abuelos."

"A mí, la idea de concebir con un semen comprado siempre me hizo un poco de ruido, sin juzgar a quienes lo hacen", agrega Dillon. En ese plan, el perfil casi zen de Ros parecía cuadrar a la perfección: alguien que va liviano por la vida, con una visión positiva de las cosas, afectuoso pero nada posesivo, seguro de sí mismo y con una mentalidad libertaria. "Además -dice Marta-, tenía que entender que era un proyecto nuestro, que nosotras íbamos a decidir las cosas básicas de la crianza... El hecho de que tuviera un padre estuvo pensado como un regalo para Furio, no estaba siquiera en nuestro modelo mental de familia."

No casualmente ellas habían elegido a Ros como maestro de ceremonias de su "casamiento apócrifo". Después de una unión civil con convocatoria récord (la jueza de paz no podía creer la cantidad de gente que entraba esa mañana en el Registro Civil), las chicas arrearon a los íntimos al Urondo Bar, el restorán de Javier, hijo del periodista, escritor y militante desaparecido Paco Urondo. Ros llevaba puesta una túnica y unas orejas de conejita de Playboy, y se disponía a leer una versión ligeramente modificada de los votos religiosos. Estaba tan nervioso que la mayor parte del texto quedó en manos de una amiga, pero finalmente las declaró "mujer y mujer".

Al mediodía el vino ya había hecho efecto entre las contrayentes y los invitados. Había que salir a la pista. En el lugar sólo había dos discos -uno de Madonna, otro de Abba-, una grabación del bolero "Nací para ti" y un vals de Leonard Cohen. Se la pasaron bailando toda la tarde con esos pocos cartuchos. Estaban felices. Y como buenas recién casadas, ya pensaban en los hijos.

"No me acuerdo mucho de mis padres", dice Carri. "No tengo referencias de mí antes ni después. Yo me crie en esa ausencia, rodeada de relatos, cosas que escuché, fotos. Mis hermanas siempre los tuvieron muy presentes e insistieron mucho en sostener su presencia, un poco como hizo Marta. Hay recuerdos que ya no sé si son ficción, hay cosas que creo acordarme pero no sé si las viví o si las construí a partir de esta ausencia tan espesa y dolorosa."

La escena del secuestro la tiene en la cabeza. Su versión -que quedó relatada en Los rubios- es una mezcla de memoria temprana, reconstrucción y un ojo cinematográfico afilado. "La recuerdo como una película", dice. "No la recuerdo con angustia, sino como algo que le pasó a otro. Llegaba a mi casa con mi hermana del medio, Paula, era de día, y venían unos autos a toda velocidad. Paula me agarró del brazo, porque se dio cuenta de que venían a buscarnos, empezamos a correr, nos tropezamos, nos agarraron de los brazos. Paula lo recontraputeó al tipo, lo pateó, lo mordió, se soltó, se metió en la casa y yo me quedé ahí afuera. Después, mi memoria salta a cuando nos llevaban en el auto, que mi hermana gritaba y decía que en el otro auto estaba mamá, y uno de los tipos decía que no, que se callara, y mis dos hermanas lloraban y yo no entendía por qué lloraban. Pregunté adónde nos llevaban y me dijeron «con tus abuelos», y a mí me dio una alegría bárbara, porque se venía el «malcriadismo»."

Aquel 24 de febrero de 1977, el terrorismo de Estado se cargó a dos enemigos de peso: Roberto Carri, intelectual devenido comandante de Montoneros, y su mujer, Ana María Caruso, comandante segunda de la misma organización. Tratemos de situarnos en la vida real de esos años mitificados y pensar en dos padres jóvenes que, mientras criaban a sus tres chicas, le daban para adelante en la lucha armada. En Los rubios, una compañera de Caruso la recuerda en la cocina de su casa suburbana, las nenas dando vueltas por ahí, y Ana María que revolvía la pasta del gulasch mientras le "hacía el bocho" a su amiga sobre a quiénes había que apuntar. "Parecía Susanita -se ríe la mujer-, pero por momentos era Rasputín."

Después del secuestro, Albertina y sus hermanas se fueron a vivir al departamento de sus abuelos, en Barrio Norte. Durante todo ese año intercambiaron correspondencia con sus padres en cautiverio, hasta que perdieron el contacto. En el verano del 79, las chicas se mudaron al campo con unos tíos. Los años rurales de Albertina, que inspiraron su último largometraje hasta la fecha (La rabia), tuvieron mucho de iniciación en la adversidad, o al menos en el confuso vacío que había dejado el secuestro, y también en el amor redentor de sus tíos. Fueron, mayormente, días felices. A los 10 años volvió a Capital y fue a un colegio de monjas. Haciendo una sinopsis sintética hasta lo maleducado, digamos que después llegó la edad de las respuestas sobre el pasado, las malas noticias del presente, los cigarrillos, las primeras drogas, las salidas, las amistades pulenta, el despertar sexual y un par de años de Letras en Puan. A los 19 cambió por Cine en la FUC y ahí comenzó su prolífica carrera en el gremio, desempeñándose durante varios años como cámara de diversos directores. Fueron tiempos de rodajes, cocaína y mujeres, pero en un viaje a París se enamoró de un chico con el que se casó en una fiesta memorable. Un año después se divorciaba.

Albertina ya era la cabeza rapada más caliente del Nuevo Cine Argentino, una chica capaz de hacer un cortometraje porno con muñecas Barbie en stop motion y después narrar la desaparición de sus padres en un paradocumental donde lo político y lo privado no reconocen diferencias. Cuando estrenó Los rubios, la llamaron del suplemento Radar para entrevistarla. Ros estaba a cargo de la tapa, y decidió que la mejor imagen para ilustrar el tema eran los playmóbiles que protagonizan los separadores animados. Alejandro se presentó en la casa de Carri y dispusieron los muñequitos para las fotos. Marta y Albertina ni siquiera se habían conocido. Ni al más zarpado se le podía ocurrir que el semen de Ros y el útero de Carri, en prodigiosa combinación, terminarían gestando a un bebé con nombre de guerrero. Pero ahí estaban los dos, viéndose las caras por primera vez, jugando a los playmóbiles (los mismos con los que hoy juega Furio) como si, en efecto, todo estuviera escrito en alguna parte.

Dillon aprendió de chiquita a tratar con el peligro. Su mamá, Marta Angélica Taboada, era una abogada militante que activaba en el MR 17. Los meses previos a su detención, la madrugada del 28 de octubre del 76, fueron tiempos de aventura y temeridad para la pequeña. A los 9 años, según describe Laura Ramos en La niña guerrera, un libro de relatos non-fiction, Martita ya conocía técnicas para escabullirse de los grupos de tareas, tenía charlas políticas con las amigas revolucionarias y hacía viajes furtivos hasta Iguazú para sacar a algún compañero por la frontera. Sus padres se habían separado y ella era la única hija mujer de cuatro hermanos, la primogénita, y en esos momentos de complicidad femenina en acción, seguramente se sentaron las bases matriarcales del futuro.

"El secuestro para mí implicó no sólo que ya no estaba mi mamá, sino que ya no estaba nada del mundo que yo había conocido", dice Marta hoy. "Ni esa alegría, ni mis amigos... Fue arrasador."

Después de oír los ruidos del secuestro desde sus habitaciones, los hermanos se mudaron con su padre -también abogado, de pasado peronista y militancia vencida- y durante la adolescencia de Marta alternaron vivienda entre Buenos Aires y Mendoza (ella también pasó una temporada en un internado en Suiza, donde probó por primera vez un poco de la libertad vedada en la Argentina de plomo). Con la desaparición de su madre -detenida en campos como El Vesubio y El Banco-, los lazos que la unían con su familia se fueron desintegrando. "En mi casa, el relato enmudeció completamente", cuenta Dillon. "Entonces yo quedé agarrada a mi memoria y a eso que todo el tiempo está haciendo eclosión en la familia. A todos los hijos e hijas esa historia nos ha influido de algún modo particular, y todos compartimos algo de la experiencia. El aislamiento fue fortísimo para todos, no sólo para mí, que ya era una nena grande y me acuerdo. Por eso fue tan fuerte la experiencia de H.I.J.O.S.: porque era encontrarte con gente a la que no tenías mucho que explicar. Esa fue la parte más poderosa de todo eso, saber que hay un lugar al que pertenecés. Y hay personas de ahí que van a ser mis hermanos siempre."

La adolescencia coincidió con la primavera democrática, el rock, el auge de la merca y la revolución sexual en diferido. Marta cursó un poco de Ciencias Políticas en Mendoza, algo de Sociología en Buenos Aires y, después de un par de trabajos malos, comenzó a ejercer como periodista en el diario Sur. A los 20 se fue a vivir con un chico y a los 21 tuvo a su hija, Naná Dillon, a la que crió básicamente sola mientras el padre trataba de saldar sus cuentas con la ley.

Marta sabía lo que era ejercer la maternidad en pleno combate: lo había aprendido de su vieja. Sólo que, a comienzos de los 90, en lugar de esconder camaradas en el sótano y firmar hábeas corpus para militantes secuestrados, Dillon machacaba olivettis en las redacciones y en su departamento; escribía crónicas policiales y cuentos eróticos, se organizaba con familiares de víctimas de la dictadura y, sin saberlo, diseñaba los orígenes de una pequeña leyenda periodística, rompiendo corazones de lectores y reporteros gráficos con la misma puntería. Los años de fiesta fueron intensos y seguramente inolvidables. Y si bien su convicción libertaria la eximía de comprar moralejas al costo, el resultado positivo de su análisis de VIH, en 1994, le hizo cambiar algunos hábitos. Por esos años el SIDA todavía era el terror, y en la terapia personal de Dillon, además del cóctel farmacológico, la comida saludable y los ejercicios matutinos, sobresalía la columna con que desembarcó en el suplemento No: "Convivir con virus", uno de los grandes aportes del periodismo joven de los 90, una bitácora proto-blogger de supervivencia activa.

A lo largo de su vida, a Naná le preguntaron unas quinientas veces si seguiría los pasos periodísticos de su madre. "Pero no, el periodismo no es para mí", dice con esa voz dulce y ligeramente cantarina que hereda de Marta. Naná trabaja como empleada administrativa en la Secretaría de Derechos Humanos que, cerrando una nueva parábola del linaje, está a cargo de Eduardo Luis Duhalde, abogado del mismo estudio al que pertenecía Taboada, su abuela desaparecida.

Naná superó a Marta en términos de maternidad precoz: tuvo a Jade hace tres años, a los 20, con lo cual Marta fue abuela antes de tener a Furio, su segundo hijo. Y lo que permite que un borrego de un año y medio sea el tío de una rubiecita de 3. Naná se separó del padre de Jade cuando la beba tenía seis meses, y hoy vive con un MC de 24 años y su hijo de 4. De pronto Naná, la que heredó el nombre de la heroína de Emile Zola, es, a los 23 años, la joven matriarca de una familia tipo.

Naná se crio entre pancartas, asambleas interminables y escraches a genocidas. Del mismo modo en que su abuela había involucrado a Marta en la actividad política, ella se vio inmersa en las marchas por juicio y castigo desde muy pequeña. "Me acuerdo de una charla en la que mi mamá me contó que a mi abuela se la habían llevado por pensar distinto de los militares", dice Naná ahora. "Y yo le decía: «¿Y cómo sabemos que eso no va a volver a pasar?». Y mi mamá me decía que no, que ahora el pueblo es más fuerte, blablablá. «Pero si pasa -le decía yo-, a nosotras nos van a hacer pelota.» Me daba un miedo terrible. Y mi mamá resolvió esa conversación diciéndome: «Bueno, Nani, mirá, si los militares vuelven al poder, te juro que el primer avión que sale nos lo tomamos nosotras». Y ahí me quedé tranquila. Lo único que me faltaba era que mi mamá se quisiera quedar a combatir."

Cuando Marta empezó a salir con Albertina, Naná todavía dormía en el cuarto adolescente de su casa en La Boca. "Al principio mi mamá me decía que había conocido a un «director de cine» -cuenta Naná-. No sé exactamente por qué, porque yo ya le había conocido una pareja mujer, Fernanda, cuando yo tenía 9 años. En ese momento mi mamá tampoco me lo dijo de entrada, y ahí sí fue todo un tema, me molestó muchísimo. Porque yo creía que era la amiga, hasta que un día las descubrí in fraganti. Eso fue terrible, y empecé a hacerle la vida imposible. Después me sentí culpable porque, con los años, antes de que llegara Albertina, yo sentí que Fernanda había sido una de las mejores parejas de mi mamá. Con los novios hombres que vinieron después, Dios. ¡cómo quiero a las mujeres!"

Carri quedó tocada después de aquel encuentro con Marta en el Urondo. Tiempo después escribiría sobre aquellas horas posteriores al flechazo: "La mezcla de Rivotril y absenta me está haciendo pésimo, debería volver a la cocaína, me dije, y eso hice, durante los días que no me llamó". El comienzo del romance fue descontrolado, lo más parecido a "alguna película de Tarantino -en palabras de la propia Carri-, porque la vida cuando emociona tanto se parece un poco a la muerte".

Después de la mudanza, los viajes y la unión civil, después de convertirse en una verdadera pareja, era el tiempo de la procreación. La primera vez que se reunieron con Alejandro para hablar seriamente del proyecto, había un cuarto elemento infiltrado, y la cosa no terminó bien. Ros estaba con su novio de entonces, que en realidad no quería saber nada del tema. "Terminamos todos peleados, y dijimos «no, así no hay manera»", recuerda Dillon. "Pero estuvo mejor", dice Alejandro, que al poco tiempo rompió y volvió a aparecer como el semental del triángulo. "En ese tiempo se asentó la decisión. Podía haberse disuelto, y no."

Desde que Furio llegó al mundo, las preguntas que flotaban en el viento eran: ¿cómo lo hicieron?, ¿inseminación?, ¿sesiones de sexo pragmático? "El sexo normal nunca estuvo en los planes", descarta Dillon con una sonrisa, poniéndole un límite concreto a la cuestión. Los primeros intentos fueron caseros. Iban a la casa de Alejandro, él les daba un frasquito con el esperma -por lo general con algún diseño alusivo, un mapa de Tokio forrando el envase o una etiqueta rotulada con el nombre FURYO- y, con una jeringa normal, la pareja hacía el procedimiento a puertas cerradas. "Nosotras habíamos hablado con la ginecóloga, a ver cuánto duraba el semen, esas cosas", cuenta Marta. "Y nos dijo que duraba 48 horas fuera del hombre y cinco días dentro del cuerpo de la mujer. Después de ese primer ensayo, que nos pareció demasiado hippie, hicimos dos intentos con un médico. Pasábamos a buscar el frasquito por lo de Ale y nos íbamos a un consultorio. Previo a eso, a Alber le hacían ecografías para ver cuándo ovulaba."

Las sesiones en el consultorio desalentaron a Albertina: "Después de la segunda vez, yo dije «no, así no». Exponer tu cuerpo a la medicina nunca es lo mejor, y menos en este caso. Era todo muy desangelado". Sin embargo, el paso por el método científico les permitió saber las fechas de ovulación, y también aprendieron a inseminar dentro del cuello del útero mediante una sonda. La evolución del rociador de pavos, digamos. El do it yourself de la concepción con macho in absentia.

Con el conocimiento de su lado, las chicas viajaron a Cabo Polonio -"nuestra playa torta, casera, seminudista"- y después de unos días cayó Ros para aportar lo suyo. La muy promovida magia de "el Cabo", con su horizonte tan vasto y su famoso desprecio por la energía eléctrica, prometía grandes cosas para el plan de gestación. En un par de noches de fogón, baile, risas y pastillas, la inseminación dejó de ser un procedimiento mecánico para convertirse en un momento de amor y celebración. "El intento fue tan divertido que ya era un desastre", recuerda Dillon. "Nos reíamos, el espéculo salió volando; creo que la mitad del frasquito quedó afuera", cuentan entre risas.

Volvieron a Buenos Aires ilusionadas y Albertina viajó a Berlín para presentar La rabia. Cuando se indispuso, la frustración empezaba a tocar un primer límite. "Yo dije: «Hacemos un intento más y paramos, porque empezaba a ser un poco angustiante»", rememora Carri. Dillon agrega: "Pensá que seis intentos son seis meses de tu vida que se cuentan de a quince días. Quince esperando la inseminación, quince esperando a ver si quedaste embarazada. Tratás de no tomar alcohol, de hacer vida sana... Y nosotras tampoco somos tan recatadas en ese sentido".

En esa búsqueda de la fertilidad placentera, el siguiente intento fue menos chic y más ligado a la fecunda tradición de la porteñidad sexual. "Nos fuimos a un telo", dice Marta, como si eso lo hubiera destrabado todo. En una noche de eclipse lunar, las chicas pasaron por lo de Alejandro y retiraron un frasquito estampado con la leyenda "OUTLET". Fueron al albergue temático Osiris, por la zona de Puerto Madero, bajo la autopista, y entraron en la habitación egipcia. Era tan espantosa que salieron corriendo y le pidieron al conserje que las cambiara. El tipo les dijo que la tenían que pagar igual, se pelearon un rato, pero al final terminaron pagando dos habitaciones de 250 pesos para evitar la egipcia. "Después de esa vez fuimos a comer y ahí tuve la clara sensación de que quería tener un hijo", dice Marta. "Por momentos, dudaba, porque bueno, a los 40 años, estando tan bien las dos solas. Pero después de esa noche de hotel tan empática y divertida, tuve la sensación de que se formaba en mi cabeza la imagen."

Semanas después, Dillon escribió en su diario de embarazo, dirigido al poroto que germinaba en la panza de su mujer: "En el Cabo rezamos, en el telo lo hicimos. ¿No es un excelente comienzo?".

Estamos en un campo de detención del ejército japonés, Segunda Guerra Mundial, y el capitán Yonoi, herido en su honor por no haber sido mártir, maneja el pelotón de prisioneros británicos con el rigor sensible de su tremenda katana. Todo va más o menos bien -mutilados, ejecuciones por homosexualidad, lo rutinario en estos casos- hasta que llega Jack Celliers y le mueve la estantería. Celliers es un soldado inglés de mirada intensa, rebelde, misteriosamente bello, con un pasado lleno de secretos y un código marcial propio. Pero, aun con sus pestañas de geisha y su fajina entallada, Yonoi es todo un reprimido; está claro que Celliers lo vuelve loco, y entre la atracción prohibida y el comportamiento renegado del inglés, el japo empezará a dibujar las líneas de su haraquiri sentimental.

La película es de 1983 y se llamó Merry Christmas, Mr. Lawrence, aunque casi todo el mundo la conocía como Furyo, una voz japonesa que representa a un joven rebelde y pandillero. Dirigida por Nagisa Oshima y protagonizada por David Bowie (Celliers) y Ryûichi Sakamoto (Yonoi), Furyo es un relato con final trágico y cargado de tensión homoerótica, y para Dillon, como para muchos jóvenes de la época, fue transformador. "Esa película fue un fetiche de mi temprana adolescencia, primero porque Bowie con su juego de géneros y su estética era algo que me encandilaba mientras vivía en la oprimente Mendoza del fin de la dictadura", dice Marta. "En la película, además, él es un rebelde, cosa que no tengo que explicar demasiado. ¡Y esa imagen de su cabeza en la playa con los pelos parados y los ojos azules!"

Furyo fue el primer nombre en el que pensaron. Y no es difícil imaginar a Carri en acuerdo absoluto, considerando que los discos de Sakamoto -autor del soundtrack del film- la acompañaron toda la vida. El gran artista japonés, además, le cedió a Albertina el tema "Amore" para Los rubios (que cierra con la versión de "Influencia" de Charly García). Tampoco es difícil encontrar la conexión entre aquel Bowie y la obra gráfica de Ros, el tipo que modernizó el diseño en Argentina. "Es un nombre fuerte, guerrero, distinto de todos", dice Dillon. "Fuimos y vinimos mil veces. Pero terminamos creyendo que era un buen legado con el que enfrentar al mundo, a pesar de que el mundo en general se atreve a cuestionar el nombre elegido en voz baja y alta como si alguien más tuviera derecho. Sabemos que él lo va a resignificar a su modo, como sucede con todos los nombres."

No todo fue tan fácil de acordar. El esquema parental de 2 + 1 provocó durante el embarazo algunas discusiones. "El primer choque se dio porque Ale quería presenciar el parto. El parto es una cosa muy íntima, y la verdad es que el proyecto era de nuestra pareja", cuenta Marta. "Algún día se los voy a perdonar", dice Alejandro con una risita, más divertido que despechado.

Aquel 17 de noviembre de 2008, las contracciones empezaron a las seis de la mañana y Furio salió al mundo a las once de la noche. Fue un parto largo, natural y hecho en casa, en el mismo living de Saavedra donde estamos ahora, y cualquiera que haya sido testigo de la odisea de un nacimiento debería respetar el umbral de dolor de Carri, que se bancó el trámite sin anestesia peridural. Y, por si fuera poco, dispuso dos cámaras para filmarlo todo. El resultado: tomas oscuras y confusas, gritos de aliento, emoción y dolor. Como deber ser: "Un relato no lineal", en palabras de Albertina. "Pero no puedo ver esas imágenes ahora, me parece que le pasó a otra persona."

"Toda esa secuencia es como tomarte una droga en la que entrás y no para", comenta Dillon. "Fueron como doce horas... Alber caminando en bolas por toda la casa; de pronto estábamos regando las plantas y al rato ella agarrándose de la partera con una contracción. Yo siento que parí con ella, hice fuerza todo el tiempo, y en el momento en que salió sentí una especie de desconcierto. Porque decís «ése es mi hijo» y a la vez te da una extrañeza... Más porque yo tenía la experiencia del parto, de cuando nació Naná, y ahí es todo más inmediato. En cambio, esta vez hubo un momento como de adopción."

Los dos partos de Dillon -el que vivió en carne propia y en el que hizo de copiloto- no pudieron ser más distintos. El de Naná, en un sanatorio, terminó con una enfermera clavándole un Lexotanil, diciéndole "tenés que descansar" y llevándose a la recién nacida a pasar la noche en la nursery. "Cuando me la trajeron a la mañana, me desperté con el olor del meconio y recién ahí caí: «¡Tengo una hija!»." Cuando nació Furio, en cambio, llamaron por teléfono a Alejandro para que fuera corriendo, pusieron la mesa, sirvieron una carne medio quemada que tenían en el horno y descorcharon un champagne. Con Furio succionándole una teta, Albertina le preguntó al neonatólogo si podía tomar una copa para brindar. "Y... después de esto, lo mínimo que podés hacer es emborracharte", le dijo el doctor. Así que ahí estaban las dos madres, el padre, el neonatólogo, la obstetra y la partera cenando a la medianoche con los primeros llantos del bebé como musiquita de fondo. "Nos acostamos y Furio durmió toda la noche arriba mío", recuerda Marta. "Alber estaba muerta, durmiendo al lado."

Alejandro Ros, tucumano, hijo de un patrón de finca y de una bailarina, llamó para contarle a su padre que había tenido un hijo con una amiga. "¿Y cómo sabés que es tuyo?", le preguntó el viejo. "Mirá, papá: es mío", le aseguró Ale. Don Ros, un hombre duro, cerró la conversación con dulzura: "No importa de quién sea. Si lo querés, está todo bien".

Las cosas van bien para la familia. En el barrio casi todos asumen la doble maternidad con bastante naturalidad, pese a que Norma, la carnicera, siempre le tira a Marta un "¿Y, cómo anda tu amiga?". "Ay, Norma, no es mi amiga, es mi esposa", le dice Marta, aunque la corrección no vaya a surtir mucho efecto. "Pero no es vivir en conflicto permanente", aclara Albertina. "La mirada externa a veces percibe que uno trae un hijo al mundo para estar en guerra. La verdad que no es así. Es todo muy natural."

El mes pasado, la recta final del proyecto de Ley de Matrimonio Igualitario activó la gigantesca maquinaria de la Iglesia para imponer su cosmovisión sobre los derechos civiles. Convocatoria de firmas en colegios, sermones, multitudinarias marchas de feligreses, llamados a "la conciencia" de los representantes del pueblo. En el medio había familias reales que seguían criando chicos reales con derechos restringidos.

Este año Furio empezó a ir a un "jardín rodante", una alternativa pre institucional en la que un grupito de chicos sub-2, a cargo de una "seño", se junta a jugar y a socializar turnando la sede en las distintas casas. A Dillon se le ocurrió convocar a los padres de los amiguitos de Furio a la marcha del 28 de junio. Carri dudó: a diferencia de Marta, su instinto de militante no-orgánica le sugería que era una invitación demasiado comprometida para una relación en pañales. Pero al final repartieron la notita, y la reacción superó las expectativas. "La respuesta fue conmovedora", escribió Marta unos días después, en una columna en el diario. "Apenas llegamos a la plaza estaban todos ahí, los adultos y los niños, desafiando el frío con mate y galletitas. Fue una caricia inmensa que hayan dejado en claro que no se trataba de un compromiso personal con nosotras, sino con la construcción de un mundo más amplio para la generación a la que estamos acompañando a crecer."

¿Qué diferencia a esos padres de familias tradicionales de los miles y miles de católicos que hablaban del orden natural y de la Ley de Dios en la marcha de la víspera de la votación? No sólo ciertos reflejos progresistas por su condición sociocultural. La gran diferencia es que los papás del jardín rodante de Saavedra tuvieron la oportunidad de conocer a Furio y a sus madres. Y a su padre. El demonio homo que turba el sueño de muchos creyentes, en cambio, no tiene cara ni historia. Sólo tiene sexo, un sexo desviado y contagioso, dispuesto a contaminarlo todo y a pervertir la inocencia de los niños. Esa ignorancia que se resume en la pregunta de Mirtha Legrand a Roberto Piazza, sobre el peligro de que dos padres gays violen a su hijo varón.

"El gran tema son los hijos", apunta Dillon. "Hay una idea de hagan en la cama lo que quieran, pero nada de chicos. Como si una pareja y una familia fueran sólo una cuestión de la cama."

"Eso es lo que hay que desarticular", dice Carri. "Ser lesbiana no es exclusivamente lo que hacés en la cama, sino que también es una postura política, por sobre todas las cosas."

"Es una elección vital", completa Marta. "Y sin duda, todo sexo es político. Esas expresiones de cómo uno prefiere vivir son públicas, no privadas. No es una cuestión de la intimidad decidir ser gay o lesbiana. Es una expresión de identidad."

En la tarde del 14 de julio, el día de la votación histórica, mientras los porotos en la Cámara Alta se contaban de a uno, Marta y Albertina se daban calor en la Plaza de los Dos Congresos. Se tomaron un par de tragos y, a pedido de alguien del INADI, subieron al escenario. Carri salió de su perfil bajo habitual y desenfundó: "¡Vivan los putos, vivan las tortas, vivan las travas, vivan los transexuales, vivan los intersex!", mientras la platea le devolvía el eco de su arenga. Y cerró bien arriba: "Ya que todos hablan en nombre de los niños, yo también lo voy a hacer: ninguno se merece tener una madre como Mirtha Legrand". La multitud coreó: "¡Vieja puta!". Así terminó el acto del INADI.

A las dos de la mañana, las chicas esperaban el resultado en un bar, agotadas, heladas y nerviosas. Daniel Filmus se cruzó con Dillon, que lo atacó a preguntas. "Estábamos un voto arriba, pero según el senador podía revertirse y terminar en derrota", cuenta Marta. "Nos fuimos, no íbamos a aguantar el frío con amargura. Nos metimos en la cama y entre sueños miramos el resto del debate hasta la hora de la votación."

El final feliz estuvo en la tapa de todos los diarios, en los videographs, en los bares. La discusión había ganado la calle y otra vez se respiró clima de política grande en una madrugada de narices frías y corazones en llamas. "No podíamos creer el resultado", dice Marta. "Queríamos salir gritando a la calle pero era imposible. Alber me preguntó si me quería casar con ella y nos dormimos."

A la mañana siguiente Marta vio a Furio -ahora sí: Furio Carri Dillon, o Dillon Carri, como ellas decidan- con otros ojos. "¡Voy a ser la mamá legal de mi hijo!", me escribió Marta la mañana del 15, mientras revisaba las 34 llamadas perdidas y los 25 mensajes de texto que le quemaban el celular. "No termino de explicarme qué ha cambiado, pero estoy emocionada a más no poder." No era el final de la historia. Era un nuevo comienzo.

Mientras editaba a los tacos los textos que llenarían la edición más emocionante de Soy, Marta le dijo a Albertina que tenían que hacer una gran fiesta, la fiesta que se habían prometido. Nada de dos discos de Abba y Madonna, nada de "Nací para ti" en repeat. "No podemos hacer tantas fiestas, nos tenemos que casar, eso ya va a ser una fiesta importante", le dijo Albertina. "Bueno, para eso hay tiempo", dijo Marta. "No tanto: tenés que adoptar a Furio", le recordó Albertina. Y Marta se puso a llorar como una nena.


por Pablo Plotkin, Rolling Stone

http://www.rollingstone.com.ar/nota.asp?nota_id=1294010

domingo, agosto 08, 2010

Hoy compré un CD

Hacía frío, estaba nublado, caía la tarde. Merodeaba por la calle Junín, frente al cementerio de la Recoleta. Estaba cansado de caminar y me acurruqué en una de esas bolas de cemento que algunos usan de banqueta. Me cerré el buzo hasta arriba. El pelo flameaba siguiendo el viento. Unas gentes con unos violines eléctricos se pusieron a tocar pegados al paredón. Me gustó lo que salía y decidí quedarme un rato. A los 15 minutos miré el reloj y me di cuenta de que había pasado una hora y media. Me toqué la cara y noté que en algún momento de esos 15 minutos (u hora y media) había llorado. Recordé el segmento de la película The man from earth en el que surge la pregunta sobre cómo medir el tiempo. “Los relojes miden el tiempo”, dice una. “No, los relojes no miden el tiempo. Los relojes miden a otros relojes. La referencia de un reloj es otro reloj”, le responden a esa una. Borges otra vez, cavilé brusco en medio de mi sueño dentro del sueño.
Me dolía la cola por haber estado sentado en esa bola de cemento incómoda. Esperé a que terminaran y fui a saludarlos. Muy breve, no quería que se dieran cuenta de que estaba emocionado, o de que tenía mucho frío. Los fines de semana hablo muy poco. El CD salía 30 pesos, pero lo pagué 50. El “Gato” me regaló una sonrisa que sé que la tendré conmigo toda la semana.
Me cubrí la cabeza con la capuchita del buzo y me escapé lo más rápido posible.

El grupo se llama Aqualáctica. Están los sábados y domingos por la tarde en el paredón de Junín.

http://www.youtube.com/watch?v=fsD3tSorueg&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=2s3Mof_pDzY&feature=related

http://www.aqualactica.com/

Hoy me pasó algo curioso: compré un CD.

NS

miércoles, agosto 04, 2010

Pablo, ahora me toca a mí

The man from earth (2007).

"...escrita por Jerome Bixby y dirigida por Richard Schenkman. El guión fue concebido por Bixby en la década de 1960 y se terminó en su lecho de muerte en 1998. Ausente de los circuitos comerciales, el productor agradeció su distribución por canales torrent... Toda la película está rodada en la misma casa y su porche, prueba de su bajo presupuesto y de su elaboración prácticamente artesanal. Se basa en la conversación de los personajes para mantener la trama, sin efectos especiales ni escenas de acción... Un discurso intelectual entre un hombre y sus colegas de trabajo, en su despedida como docente universitario. En las horas que transcurren, las reacciones de sus amigos científicos son muy variadas y van surgiendo preguntas, cuestiones y revelaciones de todo tipo... La película se ha dado a conocer, principalmente, mediante la descarga en redes P2P, convirtiéndose en una película de culto... Sinfonía nº 7, 2º movimiento de Ludwig van Beethoven..."

http://www.youtube.com/watch?v=VQbJ95zbWY8




Una casa, unos sillones y un grupo de culturosos conversando. Escribir, filmar y actuar con un presupuesto de $9,99. Imaginar un guión y unos diálogos y una dialéctica y un suspenso y unos personajes y un ambiente que no se parecen ni un poco a la Inception de Nolan.









O quizá se parecen demasiado.

O a mí me parece que se parecen demasiado.

O peor, tal vez me parezca que algunos personajes que habitan ambas películas se me parecen demasiado parecidos a mí, me parece.







Me tocaba a mí, Pablo.




(Ah, si quieren pueden rastrear y ver la película).




Abrazos.

NS

martes, agosto 03, 2010

Genius




Cada vez que este hombre toma una cámara se producen maravillas. Su nombre es Cristopher Nolan. Hoy parece estar de moda por su última creación, Inception. Traducida como El origen.

Me encantaría hablar y decir. Mejor vayan a verla y discutamos con conocimiento de causa. Se trata de una historia intencionalmente compleja contada de una manera excepcionalmente simple.

Me asombré con la construcción narrativa, también con los modos de filmación. También con el manejo del discurso y el matiz que se puede dar por contexto a una frase repetida. Me fui contento del cine por ver una obra lograda, producto de una cabeza en funcionamiento. Seguramente la tildarán de pretenciosa, porque es inteligente.

En algún punto me hizo acordar al gesto de genialidad de los hermanos Cohen en su oda al judaísmo, A serious man. Nolan es un hombre serio. Se toma en serio su oficio, su arte, su campo de influencia y de trabajo, su -dicen en inglés- craft.

Hace un tiempo, el diario Perfil agregaba en la crítica de cada película una mini sección llamada Links. Allí se nombraban dos o tres ejemplos de películas similares a la criticada, o bien obras que tuvieran algún tipo de relación para que el lector pudiera ubicar el género de lo que iba a ver.

Los links que se le pueden otorgar a Inception, para mí, son bastante obvios: Matrix y Eternal sunshine of a spotless mind.

Del director de las últimas dos Batman, del director de Memento, The Prestige (El gran truco), Insomnia (Noches Blancas) y Following, otra genialidad. No se la pierdan y vuelvan a contarme.

jueves, julio 29, 2010

Discusiones de politicos via Twitter






Twitter conversations between...
@fulgenciobatista & @fidelcastro





fulgenciobatista @ fidelcastro

Barbudo vas a durar poco. Me voy p Sto Dgo. Pero volveré.
Zafte p que t bancan los red, sino no me aguantas 1 round.
T vas a tener q esconder tras ese argento gallito p cuando vuelva. LOSER!




Posted about 51 years ago.








fidelcastro @ fulgenciobatista

Milico facho, tomate un Ron y dormite una siesta histórica. Anda a llorarle al Tío Sam. La isla es nuestra. Estas acabado :)EE

Posted about 51 years ago.





jueves, julio 22, 2010

Google Translate


Ejercicio 1:

Me pregunto cómo quedará este texto si lo traduzco del español al chino, y luego nuevamente al español usando Google Translate.

GOOGLE TRANSLATE

No sé cómo poner este texto, si usted traduce del español al chino y luego traducido al español a través de Google.


Ejercicio 2 (Eduardo Galeano):


Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá. Pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable.

GOOGLE TRANSLATE

Son las pequeñas cosas. No elimina la pobreza, no para sacarnos del subdesarrollo, en lugar de la socialización de los medios de producción e intercambio, en lugar de privada cueva de Alibaba. Pero tal vez la alegría de esta liberación, y traducirlas en acción. Después de todo, sobre la verdad, el cambio, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad está cambiando.

GOOGLE TRANSLATE

Se trata de las pequeñas cosas. No elimina la pobreza, y no dejarnos salir del subdesarrollo, que en los medios sociales de producción y de cambio no, la cueva de Alibaba privado. Pero tal vez la alegría de esta versión, y traducido a sus acciones. Después de todo, la verdad, el cambio, o incluso un poco, es la única manera de probar que la realidad está cambiando.
GOOGLE TRANSLATE

Se trata de las pequeñas cosas. No erradicar la pobreza, el subdesarrollo y no dejarnos salir de los medios sociales de producción, no ha cambiado, la cueva de Alibaba privado. Pero tal vez la alegría de esta liberación, y la práctica. Después de todo, la verdad, cambiar o incluso pequeños, es la única manera de probar que la realidad está cambiando.
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L>S>D>A
La idea original, acá.

martes, julio 20, 2010

El último hombre y el fin de la historia (una reflexión berreta sobre la posmodernidad)

Para comprender esta Copa del Mundo hay que escuchar una respuesta de Maradona en la única conferencia de prensa que tuvo que afrontar después de una derrota. “¿Por qué los jugadores más destacados de hoy, ya sea Rooney, Messi, Cristiano Ronaldo o Kaká no se ponen el equipo al hombro como hacían Platini, Pelé o usted mismo?”, le preguntaron a Diego. “Las cosas cambiaron mucho, ahora todo es más colectivo”, respondió el diez. Su lectura resultó ser precisa hasta el detalle: alcanza con mirar al campeón para saber que el DT argentino tiene razón.

¿Quién es, acaso, la estrella de España? ¿Xavi, Iniesta, Villa, Piqué, Puyol, Casillas? ¿Para quién está fabricado su juego? ¿A quién beneficia? Villa hace los goles, pero no sería nada sin la creación de Xavi e Iniesta, que no podrían jugar si Xabi Alonso y Busquets no recuperaran la pelota. Estos, a su vez, se apoyan en una línea defensiva de confianza -Piqué, Puyol- que tiene detrás a Casillas, un arquero que sacó la cara por el equipo cuando tuvo que hacerlo. El esfuerzo es conjunto, se apoya a quien tiene la pelota para que siempre cuente con opciones de pase y se privilegia al toque horizontal y al cambio de ritmo como arma predilecta para vulnerar una defensa. España teje su telaraña. No juega para nadie más que para el equipo y logra que aquella antigua frase de Alfredo Di Stéfano cobre una vigencia particular: “Ningún jugador es tan bueno como todos juntos”.

Esta tendencia queda confirmada por el rendimiento de los cuatro países que terminaron en los puestos más altos del torneo. Holanda se apoyó en Sneijder y Robben, pero armó su fortaleza real desde el desarrollo sostenido de una idea que no los excluía: sacrificio para recuperar la pelota, escasa distancia entre líneas, prolijidad defensiva y movimiento perpetuo para multiplicar las ofertas de pase a la hora de tener la pelota. Ni hablar de Alemania, que desde Muller, Schweinsteiger, Podolski y Klose construyó un andamiaje en el que el desarrollo físico fue utilizado en función de un plan específico.

Ahora bien, ¿a qué responde exactamente esta ideología futbolística? ¿Por qué surge en este tiempo con mayor fuerza? ¿Por qué en la cima del Mundial no hay Eusebios, Hagis, Zidanes y Valderramas? En principio, habría que decir que la tendencia parece surgir de un ámbito que sobrepasa al fútbol, y al deporte incluso. Se trata de un fenómeno sociológico más abarcativo que comienza a notarse con la transición que suponen el fin de la modernidad y del romanticismo: el abandono de la profundidad, de la individualidad y del genio.

La idea está expuesta con bastante claridad por un autor italiano, Alessandro Baricco, en su libro Los Bárbaros. Es un libro editado en 2006, que para mí predice sin defectos el Mundial que pasó. Yo retoco apenas los nombres, pero él escribe, por ejemplo: “En el fútbol, si renuncias a Maradona es porque has creado un sistema de juego menos cerrado, en el que la grandeza del individuo es, digamos, redistribuida entre todos, y en el que la intensidad del espectáculo se encuentra diseminada”. Casi un mandamiento mundialista. Hablamos de la primacía colectiva, y podemos agregar que el pase corto sustituyó como elemento de desequilibrio a la gambeta durante el torneo. Messi fue apenas influyente a partir de sus apiladas. Dicho de manera cruda, no fue Maradona. Y no lo fue porque no debe serlo, no puede serlo. Hoy, el sistema social en el que se mueve -y por tanto, los sistemas futbolísticos en los que brilla- solicitan otra cosa de él. Que sea parte de un engranaje mayor.

Messi (como Cristiano Ronaldo, como Kaká) abusó de su talento individual: eso lo alejó de la eficiencia. El genio no encaja en la estructura colectiva. Y esto también tiene que ver con una estructura social imperante: si antes uno podía dedicar su vida a los vericuetos de la literatura anglosajona del siglo XIV, si se especializaba en ello y dejaba en aquel campo la vida, si se esforzaba para agotar al máximo cada referencia, quedaba transformado en un genio particular: contaba con profundidad de conocimiento en un aspecto específico. Hoy, la profundidad no es tan importante como la circulación. La posmodernidad, la multiplicidad de estímulos livianos, termina definiendo individuos que se forman muy rápido, y saben muy poco de muchísimas cosas. En el fútbol se pide circulación rápida de pelota, así como circulan rápido las ideas. También se pide velocidad. El genio resulta demasiado esforzado, la profundidad es lenta. Los engranajes colectivos reemplazan a este tipo de piezas en pos de una construcción que las supera. Volvamos a Baricco: “Iniesta hace circular la pelota, Messi la hace desaparecer. A lo mejor te encanta, seguro, pero es el sistema el que tiene que vivir, no él”. Messi murió en la lógica de este sistema.

¿Cuál es la consecuencia? De nuevo, Baricco: “Si todos hacen de todo, es difícil que todos consigan hacer de todo muy bien; y de ahí la famosa tendencia a la medianía. Sergio Ramos no defenderá tan bien como Beckenbauer, pero ¿cuántas cosas más hace? La regresión de una aptitud genera una multiplicación de posibilidades”. La observación es maravillosa porque nos deja entender el valor actual de la polifuncionalidad. También porque explica la mayor parte de los éxitos tácticos que se vieron en Sudáfrica. Permite comprender, por ejemplo, que los mejores cuatro conjuntos contaran con al menos un lateral que funcionó durante todo el torneo como opción ofensiva: Ramos en España, Lahm en Alemania, Van Bronckhorst en Holanda y Fucile en Uruguay. Incluso si no se trata de futbolistas particularmente hábiles con la pelota en los pies, cumplieron su parte al ampliar la cancha, al ensanchar el campo de ataque, al ocupar su lugar en ofensiva. Y es que aún sin volantes por los costados, Alemania y España atacaron por las bandas gracias a sus laterales y defendieron con ímpetu por obra y gracia de los relevos y del orden táctico.

Esta cuestión también explica, sin más, la tendencia de los delanteros a asistir en defensa: Kuyt, Sneijder y Robben, Podolski y Klose, Cavani y Forlán, en menor medida Villa, Torres y Navas: todos en algún momento colaboraron con la gestión de recuperación de su equipo. Todos multiplicaron posibilidades. Lo mismo podría decirse del famoso doble cinco. Se destacaron Arévalo Ríos y Pérez, también De Jong y Van Bommel, ni hablar de Schweinsteiger y Khedira. O del cuádruple cinco español: Busquets, Xabi Alonso, Xavi, Iniesta, que cumplieron al máximo con las exigencias del nuevo paradigma, recuperaron como defensores y cargaron al equipo desde sus posibilidades creativas. Todos ellos se impusieron (colectivo sobre individual) a los solitarios recuperadores, por más talentosos que fueran. Pregúntenle a Mascherano: los sufrió en el duelo ante Alemania.

Justamente los germanos, junto con el campeón resultaron los reyes de esta dinámica participativa, casi sin posiciones fijas. De nuevo, Baricco: “En los límites de un juego en equipo, el viejo fútbol vivía de muchos duelos personales y de una división esencial de las tareas. El fútbol moderno parece haberse obstinado en romper esta parcelación de sentido, creando un único acontecimiento en el que todos participan , constantemente”.

Los ejemplos son futbolísticos, la causa es sociológica. España y Alemania fueron los portadores de una sentencia que interpreta la época en la que les toca jugar. Esa sentencia resultó ser un paradigma del éxito: “Un sistema está vivo cuando el sentido se encuentra presente en todas partes, y de manera dinámica: si el sentido está localizado e inmóvil, el sistema muere”.

L>S>D>A. Revista Un Caño, Número 27.